• Conozca a qué realidad se enfrentan quienes consideren -o se vean forzados a- laborar fuera de sus oficinas o lugares de trabajo

Cada vez más venezolanos trabajan desde casa. Es una realidad a la que se suman a diario más personas gracias a varios motivos que han configurado una suerte de “tormenta perfecta”.

El factor de mayor peso es la aparición del covid-19, que obligó a la población en todo el mundo a guardar largos periodos de cuarentena. En el caso puntual de Venezuela, se pasó de un aislamiento estricto los primeros meses a otro más relajado, cuyas reglas parten siempre de las ideas de Nicolás Maduro.

Pero esta no es la única razón. Venezuela, por sus características actuales, es un mercado con profesionales competentes y “mano de obra barata”, atractivo para empresas del exterior en áreas como diseño gráfico, programación, periodismo y todo lo referente al marketing digital.

Luego entran las dificultades de movilización para una buena parte de los ciudadanos debido a la falta de bolívares en efectivo y la escasez de transporte, además de la irregular disponibilidad de combustible -gasolina y ahora diésel-, que se padece más en estados como Zulia, Táchira y Bolívar.

Para el teletrabajo se necesitan varias cosas, explica Fran Monroy, periodista especializado en tecnología. Es primordial tener una buena conexión a Internet, equipos de computación que aguanten la carga diaria de trabajo. También una alta dosis de organización en el hogar.

Esta metodología de trabajo, aunque llegó a Venezuela de manera forzada, trae consigo beneficios según Monroy. “(Teletrabajar) implica mayor libertad, mayor productividad si sabes distribuir tu tiempo, compartir más con tus hijos”, apuntó.

El hecho de trabajar desde casa no significa que los gastos disminuyan. Por el contrario, entran en juego otras variables, como el mayor desgaste de artefactos tecnológicos personales tales como smartphones, tablets, computadores de escritorio o laptops.

Por otro lado, es inevitable que aumente la renta periódica en conectividad fija o móvil, gracias al incremento en el consumo de datos. En algunos casos, las empresas cubren los gastos operativos y ponen los equipos. No obstante, es más la excepción que la norma.

Hasta un tercio de su sueldo para pagar Internet

Kevin Arteaga es un comunicador social que se mueve entre las ciudades de Valencia y Naguanagua, estado Carabobo. “Tengo dos trabajos que me generan un ingreso mensual de 300 dólares. No cuento con una conexión fija de Internet, por lo que dependo exclusivamente de un bam -dispositivo portátil que da Internet inalámbrico a un número limitado de equipos- y de mis datos móviles para trabajar, porque además, para realizar mi trabajo necesariamente requiero Internet. Puedo llegar a gastar hasta 100 $ al mes en Internet. Ninguna de las empresas en las que trabajo me garantiza equipos o conexión, eso debo cubrirlo por mi cuenta”.

Cuenta que es un golpe duro a su bolsillo mes a mes, pero en ocasiones saca partido de la hiperinflación. “Cuando llega la factura, aprovecho que es en bolívares y al cabo de una semana ya el monto se ha devaluado, aunque sea un poco”, dice en entrevista para El Diario.

Esos 100 dólares no le garantizan un servicio de calidad, lo que cataloga como frustrante. Además, la conectividad empeora cuando hay fallas de electricidad, situación que con la llegada de las lluvias se presenta con mayor frecuencia.

Un esclavo del “modo avión”

El ingeniero en sistemas José López trabaja como programador para una empresa fuera del país. Vive en una zona apartada del estado Lara en la que no tiene acceso a Internet de banda ancha fija, fibra óptica o satelital, por lo tanto, depende exclusivamente de los datos de su teléfono.

Tiene dos líneas pospago de proveedores diferentes que destina exclusivamente para Internet, que alterna de acuerdo a la calidad de la conectividad de cada una. “No menos de cinco veces al día pongo el teléfono en modo avión para ver si el Internet reacciona cuando se pone lento”, expresa.  Mensualmente paga entre 40 y 60 $ de renta entre ambas. Todo depende de qué tantos “megas” haya consumido.

Cuando se le va la luz, queda incomunicado por completo. Por ello, debe salir a un café o a cualquier sitio donde pueda trabajar, ya que tiene entregas a diario. Esto le ocurre una o dos veces al mes. Cuestión que le reporta gastos adicionales.

Foto referencial

Un acto de fe

Andreina Castellanos es una joven del estado Táchira que trabaja y estudia al mismo tiempo. Usa datos y el Internet inalámbrico de su hogar. Si se queda offline, va a casa de algún familiar para cumplir con sus responsabilidades, tanto laborales como académicas.

Tengo trabajando online tres meses. Desde hace más de 20 días no tengo wifi y gasto aproximadamente tres dólares cada dos días para poder usar los datos. El servicio de Internet satelital que estoy contratando vale al mes 20 dólares y tengo tres megas de velocidad”, explicó para El Diario.

Castellanos no tiene sueldo fijo. Depende exclusivamente de la comisión que gana por cada venta que realiza a través de Internet. Por tal motivo, califica la inversión del servicio satelital como “un acto de fe” porque, así como hay días muy buenos, hay otros en los que no factura nada.

Estos testimonios coinciden en varios aspectos: sus protagonistas tienen un plan A, B y hasta C para sacar adelante su trabajo, todos cuentan con más de una opción de conectividad por si alguna falla, y los costos que acarrea teletrabajar son muy variables. Todo depende de las circunstancias y el tipo de oficio de cada quién. 

Sin embargo, los tres coincidieron en que pagar el servicio de Internet les representa un sacrificio -independiente de lo mucho o poco de su factura mensual-, en un país en el que hasta hace poco el costo de conectarse a la web era irrisorio -aunque con una calidad muy inferior-.

Este factor ha mejorado en comparación con otros años, pero no ha evitado que Venezuela se encuentre entre los últimos puestos del mundo en cuanto a velocidades de descarga según el Índice Global de Prueba de Velocidad de Speedtest -sitio web que permite medir la calidad y velocidad de  una conexión a internet-, con 6,87 megabits por segundo (Mbps) en conectividad móvil (lugar 138 de 140) y 16,26 Mbps en conexión de banda ancha fija (puesto 142 de 177).

Los promedios de velocidad de descarga en el mundo son de 48,4 Mbps -móvil- y 98,67 Mbps -banda ancha-.

Por tales motivos, el teletrabajo cuenta con una serie de ventajas y quita de encima varias preocupaciones propias del trabajo en la oficina, pero plantea por otro lado una cantidad de retos con características particulares, que vienen dados por la actualidad del país.

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