• El arquitecto y poeta caraqueño publicó su libro Tierra de gracia reloaded con la editorial El Taller Blanco. En él escribe sobre la ciudad que sufre diariamente, y la Venezuela que alguna vez vivió y que ahora idealiza

De tierra de gracia a tierra de nadie. El poeta Hernán Zamora emerge de la laguna de sus pensamientos interiores para intentar esbozar a Venezuela desde la añoranza. Tanto por el recuerdo de lo que alguna vez vivió, como por las posibilidades de todo lo que pudo ser y nunca ocurrió.

Esta exploración de la patria ideal y la real la representa en su más reciente libro, Tierra de gracia reloaded, el cual fue publicado a finales de abril por la editorial colombo-venezolana El Taller Blanco Ediciones. Forma parte de la colección Voz Aislada, que reúne a autores de ambos países y entre los que destacan Yolanda Pantin, Edda Armas, Jacqueline Goldberg, Adalber Salas Hernández, Igor Barreto, entre otros.

Es el undécimo libro de Zamora, quien en el año 2000 ganó el XII Premio de Poesía Fernando Paz Castillo por su primer poemario, Desde el espejo del baño (2000). Desde entonces figuran en su historial los títulos No somos nuestros (2003), La casa de las hormigas (2004), Cantos cardinales (2007), A contrasombra, padre (2012), Fuego inútil (2014), 39 grados de cielo en la tierra (2015), Ofelia en la retina (2015), ¿Respira, quién en el umbral? (2017) y Orfeado insilio (2019).

El término reloaded, que significa “recargado” en inglés, además de una referencia a la segunda parte de la trilogía fílmica de Matrix, tiene para su autor una resonancia profunda. Explica que proviene de una necesidad de reforzar, de volver a un lugar perdido y el choque que genera con la realidad impuesta. También agrega que al ser una palabra extranjera, importada, le permitía enfatizar el contraste que ese choque genera desde un tópico tan propio como el del país idealizado.

“Lo que intentaba buscar, recargar, en última instancia, sería la esperanza de poder vivir… En un país donde vivir pareciera, cada vez más, ser una añoranza. La esperanza de una rebeldía, o la rebeldía de una esperanza”, explica.

El libro cuenta con un texto a modo de epílogo escrito por la poeta Eleonora Requena. En él describe la obra de Zamora como un “soundtrack caraqueño”, una sinfonía que parte de la estridencia, pasa por el amor ultrajado y finaliza con una nostalgia conciliadora. Está compuesta en tres movimientos, o poemas centrales, que son Tríptico para una Veneztroika, Caracas de amor otra historia y un homónimo, Tierra de gracia reloaded

Paraíso perdido

Para Zamora, la “Tierra de gracia” —nombre dado por Cristóbal Colón a la costa de lo que hoy es Venezuela— es todo un tema para la poesía, la sociedad y nuestra propia percepción de la identidad nacional.

Señala que ese nombre se convirtió en la metáfora de un paraíso perdido que muchos se empeñan en buscar. También al que esperan regresar para reencontrarse con todo lo que fueron y a lo que pertenecieron. Es una expresión problemática, comenta, pues al empeñarse (o despeñarse) en ella se corre el riesgo de quedar anclado en el pasado. 

Relata que Tierra de gracia reloaded comenzó en el año 2014, precisamente uno de los más convulsos política, social y económicamente para el país. Los borradores de esos primeros poemas fueron agrupados bajo el título provisional de ¿Qué te pasa Caracas?, siendo la base de la segunda parte del poemario actual. En 2015 se reunió con el músico y poeta Daniel Atilano, con el fin de realizar una estructura en un espacio desmantelado del Centro de Arte Los Galpones, y que sería una alegoría de Venezuela bajo la frase de «país en construcción». Allí se le ocurrió el nombre final de su libro.

El texto estuvo listo en 2019, cuando su autor decidió presentarlo ante diferentes concursos literarios. Al no resultar ganador, se dedicó a pulir sus versos durante el año siguiente, hasta recibir la propuesta de El Taller Blanco. «Me plantearon que quizás para el último trimestre de 2020 podríamos publicarlo, así que lo trabajé con esa meta en mente. Por las dificultades propias del tiempo que estamos viviendo, pudieron publicarlo el 20 de abril de 2021», indica.

Un lago silencioso

Zamora cuenta que su poemario nació de la rabia, un sentimiento que confiesa detestar. La incapacidad de poder disfrutar de Caracas como cualquier otro habitante en el mundo lo haría con su ciudad, se convirtió en un cúmulo de tristezas y frustraciones que decidió encausar hacia algo positivo. Así terminó disipando lo que sentía a partir de construir con palabras.

Desde ese sentimiento de rabia que, en medio de la noche, y hacia una madrugada de aquel año, fue despejándose, aliviándose, y convirtiéndose en una nueva sensación de paz, de concordia, de esperanza», destaca.

Para entender el origen de sus versos, el escritor considera preciso explorar las diferencias entre el arte y la poesía. Define el arte como un proceso creador, mientras que la poesía constituye una de las formas más profundas de acción del pensamiento humano. Algo que surge de la intuición y el impulso vital de las emociones, y que se traduce en las imágenes que escriben.

«La poesía es el nombre que le damos al profundo lago de nuestras intuiciones. Un lago de pensamientos ocultos, dormidos, incrustados en la última pared de la caverna en la que somos», declara.

Aunque afirma que la escritura (como todo arte) es en sí mismo un proceso, la poesía proviene de la escucha activa de aquellas resonancias internas y que se convierten en un resplandor o un presentimiento. «La vida convirtiéndose en lluvia de meteoros dentro de nosotros, cayendo en ese lago al cual acudimos desde un silencio», compara.

Vivir la ciudad

Además de poeta, Zamora es arquitecto. Profesor asociado de la Universidad Central de Venezuela (UCV) desde 1998 y coordinador de investigación de su Facultad de Arquitectura y Urbanismo, conoce bien la fibra de la que están hechas las ciudades.

Para él, las ciudades son una fuente de posibilidades, una magnífica invención humana. Sin embargo, como ciudadano, asegura que habita y padece en una capital que por acción de sus gobernantes se convirtió en un espacio hostil para la vida. «Reconozco que me cuesta vivir la ciudad con calma, no me relajo en ella. Me siento aturdido, temeroso, permanentemente amenazado», dice.

Esto se aprecia en su poema Caracas de amor otra historia, que comienza precisamente con la pregunta que por un tiempo le dio nombre: «¿qué te pasa Caracas?». A lo largo de sus versos, el autor destila todas esas emociones comparándola con una relación tóxica, un amor abusivo e incluso un cuerpo inerte, moribundo. A veces le grita con odio, en otras la rememora entre un sinfín de referencias a calles y anécdotas. Un verso dice:

«Ya no sabes qué eres/ confundida entre lo marcial y progresista/ parloteando una y otra vez/ esa vieja historia de odalisca y sultán/ con tus arterias envenenadas de miseria/ tu rabia cada día más incontenible/ compinchada con los que te adulan/ mientras te sodomizan».

Pura bulla

Tríptico para una Veneztroika es la parte con la que comienza el libro. Se compone de tres fragmentos que son: Poco antes, Menos ahora que antes/Más ahora que quizás y Quizás. Juntos resumen perfectamente las últimas décadas en una secuencia de gritos, onomatopeyas y eslóganes de campañas políticas.

En su epílogo, Requena considera a este poema como una narración de la historia reciente de Venezuela a través de un vocerío carente de significado, y su descenso hasta las formas más perversas de opresión, en un sistema que ya no puede seguirse llamando democrático.

«Suenan como un disco rayado, yuxtapuestas, alternadas por el jingle electoral pegajoso, voces que terminan siendo el mismo resto, la ocurrencia de una eficaz propaganda política que cala su aparato en la memoria urbana, en la memoria de un país», analiza. 

Al respecto, Zamora confiesa que no puede responder si los venezolanos históricamente son más seguidores de consignas que de ideas. Al menos generalizando y metiendo a todos los ciudadanos del país dentro de un mismo saco. Pero lo que sí hace es dejar al aire dos preguntas: ¿por qué nos movimos, como sociedad, a partir de una ideas cuyos predicados nos dirigían hacia la destrucción de lo conocido? ¿Por qué la transformación de lo que conocíamos tuvo que perseguirse creyendo que podía erigirse desde las ruinas de lo conocido? 

Aunque la historia mundial está llena de ejemplos de naciones y civilizaciones que se enrumbaron hacia su autodestrucción, el arquitecto y escritor partió de su propia memoria para registrar lo que considera como «los predicados de lo que fuimos».

Muy lamentablemente, creo, nos ha tocado vivir el momento del final de lo que llamábamos República de Venezuela y que no sé qué quedará de ella, no sé en qué se convertirá. Me avergüenza decirlo, pero lamentablemente es lo que presiento. Ojalá esté equivocado y no sean más que los disparates murmurados por alguien que solo mira las sombras moverse sobre la pared», apunta.

Desde el insilio

A lo largo de su vida, Zamora ha vivido y conocido muchas ciudades. Algunas familiares como Ciudad Bolívar (a la que preferiría que conservara su antiguo nombre, Angostura), Puerto Píritu, Upata o Maracaibo; y otras más universales, como Nueva York, Buenos Aires o París. En todas resalta la importancia de poder recorrerlas y vivirlas para sentirse parte de ellas.

A la «Tierra de gracia» que describe en su libro solo la conoce a través de la idealización. Paisajes solemnes que reflejan todas esas ciudades del interior del país que alguna vez vió con sus propios ojos, pero que ahora desconoce y dibuja a partir de lo que ha escuchado que son, fueron o podrían ser. Esta visión soñadora que tiene de las maravillas naturales que se esconden en la geografía contrastan con el panorama más bien desolador que escribe de la capital.

«No puedo soñar Caracas, vivo con ella y decido despertar en ella cada día aún. Todo lo que va quedando de Venezuela es un sueño, aún lúdico, aún hermoso, en mi imaginación. Una Tierra de Gracia que se sueña en mí», asevera. 

A veces peor que el exilio, es la sensación de sentirse un extraño en la propia tierra en la que se vive, y que ha sido etiquetada con el nombre de insilio. Una sensación que muchos venezolanos han aprendido a experimentar, y de la que Zamora no se siente ajeno. 

¿Se puede ser extranjero en su propia tierra?

— Es la sensación que experimento y que, pienso, hay razones ciertas para que así sea. Es la sensación del insilio. Uno deja de conocer el país en el que cree que había vivido. Y ese desconocimiento se une al desconocimiento real que uno tiene al no poder ir a los paisajes que lo conforman. El traslado es un riesgo de asaltos y accidentes irresolubles. Me he transmutado en extranjero al desconocer el paisaje en el que estoy y viviendo en él como estuviese fuera. Exiliado del ahí que me contenía, me convertí también en un insiliado.

Aun así, en su poema final, el que precisamente le da nombre al libro, el arquitecto deja un destello de esperanza. Una invitación a recordar que más allá de las ruinas perduran los paisajes que hicieron a los conquistadores españoles escribir crónicas casi de fantasía. Como reseña Requena: «solo desde ahí será posible la recuperación de la voz individual, la del discurso que resignifica lugares, palabras y sus íntimos significados».

Y el poema justo cierra: «Aquí y allá/ ahí y acá/ sea lejura o cercanía/ horizonte o añoranza/ en el idioma que cuidemos/ en el que nos reciba o encontremos/ haremos de esta tierra gracia/ sobre las ruinas de lo sufrido».

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