• El ganador del Latin Grammy estrenó Itinerante, su tercer disco de estudio, registro del artista justo después de partida de Venezuela y establecerse en Irlanda. Foto: Alex Urdaneta

Según el diccionario de la Real Academia Española, itinerante significa ambulante, ir de un lado a otro constantemente. 

Hace pocos días, el cuatrista Miguel Siso estuvo en Suiza. Allá se reencontró con los escenarios, con el público, después de tanta pausa pandémica. Acaba de cumplir tres años en Dublín, la capital de Irlanda, donde está asentado, pero con la inquietud constante del que quiere adentrarse en más, bien sea a través de los caminos recorridos, o también en todo lo que llega a él, muchas veces sin buscarlo.

Quieto o andando, ha sido un viajero. Nació en Puerto Ordaz, pero antes de su partida a husos horarios europeos, vivió en Caracas. Triunfó en Las Vegas en 2018 cuando por su disco Identidad ganó el Latin Grammy que otorga la Academia Latina de Artes y Ciencias de la Grabación de Estados Unidos. Ahora, vuelve con más obra: el disco Itinerante

Es un álbum en el que contó con el pianista Jhonny Kotock, el baterista Adolfo Herrera  y al contrabajista Manuel Alejandro Sánchez. Pero como si quisiera hacerle honor al título de la obra en todos los sentidos, sus manos también deambularon no solo en notas y géneros, sino en instrumentos. 

En la bienvenida del disco, en la canción «Itinerancia», Miguel Siso se regocija en el cuatro de siempre y su famoso cuatro triple, pero también en la guitarra, el bajo, la bandola llanera, el ukelele, el tres cubano, los teclados y la percusión. 

Es un disco que contó también con otros artistas invitados, y en la ingeniería de grabación estuvieron Vladimir Quintero y Carolina Santana, la venezolana que formó parte del equipo premiado con el Oscar por el sonido en Sound of Metal. Fue grabado en Abbey Road Institute en París.

Ahora, Miguel Siso planea salir a distintos países para promocionar Itinerante. «Pero ha sido complicado. Acá se planifica con mucha antelación. Muchas personas que quedaron pendientes antes de la pandemia, han sido las primeras en la cola».

Miguel Siso tocando la guitarra
Foto: Alex Urdaneta

Itinerante, un disco que alude al camino, al viaje con temas como «Regreso a casa», «Itinerancia», «Tonada de la nostalgia». Es el disco de un músico que se fue a otros lugares, pero que ahora también busca otros sonidos

—Exactamente. Siempre digo que los discos son una fotografía que toma el compositor en una época. Ahora hablamos de una foto distinta a la de 2018. Aquella vez me despedí de Venezuela, dije hasta pronto. Fue un álbum que compuse para agradecerle al país lo que me había dado: la música. En este disco quizá recojo un poco cómo ha sido el proceso de adaptación. He aprendido un nuevo idioma, me he adaptado a otra cultura. No solo he tenido que estar con la cultura irlandesa, sino con muchas más. Tengo amigos brasileños, cubanos, colombianos, españoles. Abro un poco más ese espectro sonoro de la música que normalmente hacía con el cuatro, antes más enfocado en las raíces tradicionales venezolanas.

—Claro, además en Identidad, su segundo disco, buscaba afianzarse como compositor, con todas las canciones de su autoría. En el primero solo hay cuatro temas, los demás son versiones. En este me imagino que hay mucha mayor confianza

—Sí, totalmente. La siembra del cuatro fue un álbum coproducido con Cheo Hurtado. Eso me permitió tener esa cuota. Una obra que vi con cuatro temas venezolanos, cuatro latinoamericanos y cuatro míos. Para Identidad tenía rato componiendo. Este nuevo trabajo, como dices tú, tiene esa confianza de haber tenido un disco que tuvo además un reconocimiento bien bonito del público, de la crítica. Entre los comentarios que recibí estaban los que se referían a mi forma de componer, personas que decían que les gustaba el sonido y el discurso. 

—¿Cómo cambia la forma de hacer música cuando uno se va a otro país? ¿Cómo influyen las experiencias de los viajes?

—Tengo la fortuna de tocar un instrumento que me mantiene cerca de mi país. En ese sentido, la inspiración de la música venezolana nunca faltará. Pero ciertamente, hay mucha nostalgia, ganas de estar con la familia, en mi tierra con un clima diferente. Todo eso es determinante para el resultado de una pieza, o como musa. Creo que lo que cambia es que he estado en contacto con otras culturas. He tenido que estudiar nuevos patrones musicales, otros instrumentos. El artista es parte de lo que respira, recibe y come. Eso poco a poco se convierte en el lenguaje personal del artista. Sin duda, la música venezolana está siempre conmigo, y se notará esta influencia. Y bueno, la nostalgia como lo más determinante. 

-Un proceso que también involucra otros instrumentos como la guitarra, el ukulele y el tres cubano

-En Venezuela hice carrera como cuatrista. Si bien aquí el cuatro no es un instrumento completamente necesario, como lo es allá, ha estado ganando espacios. He tocado en grupos con el cuatro y es bien recibido. Hay grupos que tienen su formato armado con guitarra, ukulele o bajo. Entonces, he tenido que adaptarme a esos instrumentos. Ha sido divertido, un proceso de aprendizaje que me ha hecho crecer como músico, así como me ha permitido tener un enfoque mayor sobre los instrumentos de cuerda. Siempre estuve como amarrado al cuatro, no de manera obligada, sino personal. Pero si la vida te pone en estas circunstancias, hay que aprovechar y aprender de lo que nos toca vivir.

—¿Y qué le toca vivir como músico en este momento?

—Me encantaría pensar que seguir aprendiendo de lo que recibo culturalmente, además de crear a través de eso. Componer, llevar el cuatro a otras fronteras para que se conozca más. Eso sería un sueño. Hacer la música que me sale del corazón con todo lo que recibo para que el público conozca el sonido del cuatro, así como de la música latinoamericana en general.

Expansión del cuatro

Miguel Siso en París con la ingeniera de sonido Carolina Santana
Foto: Alex Urdaneta

—¿En qué momento se encuentra el cuatro en ese proceso de internacionalización como instrumento?

—En el mejor momento de la historia. La evolución ha sido notoria. Bueno, evolución es una palabra delicada. Significa que algo queda atrás y no vuelve. Hemos visto mucho crecimiento en la exposición. Antes no eran tantas las personas dedicadas a desarrollarse como cuatrista, con la intención de tener una carrera. Hoy en día no solo los consigues en Venezuela, sino en otros países de Europa, América Latina, así como en Estados Unidos. Paulatinamente incluyen el cuatro en otras producciones, piden que el cuatro esté presente en la música de otros artistas. Quizá cuando la guitarra se creó no se pensó que iba a estar presente en el 80% de la música universal. Al cuatro le falta mucho, pero ese desarrollo lo daremos lo que apostamos por él. Se convertirá en un instrumento reconocido como cualquier otro.

—De los instrumentos de cuerda que tocó en Itinerante, ¿cuál fue el segundo con el que se sintió más cómodo y virtuoso?

—(Ríe) Bueno, a mí me encanta el bajo. Ha sido un instrumento que me apasiona. Siempre digo que soy el peor bajista del mundo. En Itinerante hay un tema en el que toqué todos los instrumentos, y el bajo fue con el que me sentí más cómodo. Fue un sueño hecho realidad. 

—¿Qué es el virtuosismo en un instrumento?

—¡Wow! Esa es una palabra que puede ser polémica. Mucha gente piensa que ser rápido o interpretar piezas más difíciles. Eso puede ser una parte, pero una muy pequeña. Hay virtuosismo del sonido. Tocar tres notas y que el virtuosismo dependa de lo que logres. También está la capacidad interpretativa al acompañar. Es una palabra que envuelve todo: conocimiento, saber qué hacer en cada situación y tener claro que te corresponde musicalmente. Cuando dominas eso, eres un músico virtuoso.

—¿Cuando se compone hay peligro de que la búsqueda del virtuosismo atente contra la canción?

—En mi caso no. Trato de que mi música sea completamente melódica, en la que la armonía sea como ese traje que viste a la melodía, y que tenga espacio para la improvisación. Procuro trabajar cada melodía como protagonista de cada tema. También decoro esa melodía con ritmos y con la armonía que corresponde. Luego dejo espacio a cada músico para que pueda crear en torno al tema expuesto.

—Hay una canción que surgió en la ducha, «Regreso a casa», justo en Las Vegas después de la ceremonia del Latin Grammy

—(Ríe). Sí. Fue un día de mucha emoción y tensión. Al día siguiente, cuando me levanté y me duché, tenía mucha paz, alegría, pero también nostalgia por no vivir ese momento con mis padres. Me preguntaba también qué venía después. Entonces surgió una melodía y pensaba en la armonía. En una nota de voz podía grabar la melodía, pero la armonía debía registrarla de manera urgente. Me saqué el jabón, mientras cantaba en voz alta. Salí. Le dije a mi esposa que me ayudara a grabar. Hice la primera parte. Una vez llegué a casa, retomé el tema. Fue el primero que terminé para este disco. Para mí los segundos temas de cada álbum son muy especiales. No sé la razón. 

Sobre el hogar

El cuatrista venezolano en estudio junto con Jhonny Kotock y Manuel Alejandro Sánchez
Foto: Alex Urdaneta

—Y noto en Itinerante dos homenajes. En «De allá vengo» la añoranza por la casa y  «Somewhere In The World», al lugar en el que vive ahora

—Bueno, el homenaje a la casa está en «Tonada de la nostalgia», que es más sensible. «De allá vengo» es sin duda sobre Puerto Ordaz, la tierra en la que nací. Es un calipso fusionado con elementos del jazz. Es el sonido que planteo en este álbum, no tan venezolano o tradicional, sino fusionado con todo lo que he recibido acá. Y sí, «Somewhere In The World» es para Irlanda, por haberme recibido y hacerme sentir en casa, una cultura de la que apenas empiezo a aprender, una manera de mezclar la música irlandesa con la tradición venezolana.

—En «Quita los males» Marcial Istúriz canta que siguen haciendo música a pesar de las dificultades. ¿Cuáles son las dificultades para los músicos en estos momentos?

—Sin dudas toda esta situación del coronavirus, que nos ha dejado fuera de los escenarios por un buen rato. Tuve un año y un poco más sin pisar uno. Hace pocos días toqué en Suiza. Volví a respirar. Nos hemos reinventado con conciertos virtuales para mantener la presencia en redes, pero nunca será igual. Para los músicos ha sido terrible. Necesitamos vivir esa magia única que ocurre en una tarima. Seguimos haciendo música a pesar de las dificultades, esperando que vengan tiempos mejores. 

—Sí, estuvo por allá con el maraquero Manuel Rangel

—Así es. También estuvo Roberto Koch. Teníamos muchos tiempos sin tocar juntos. Conocí también a varios músicos venezolanos que tienen rato en Europa como Julio D’Santiago y Robert Marcano. El protagonista de este concierto fue Carlos Adarmes, un excelente fagotista que se graduó de su segundo máster en Zurich. Fue un concierto muy exigente y con música bonita.

—Parte de Itinerante se grabó antes de la pandemia. Tengo entendido que hay dos temas que surgieron durante el confinamiento

—Bueno, «Quita los males» fue el principal tema surgido en la pandemia. Quise hacer una invitación a músicos que estaban lejos de los escenarios. Fue una manera de descargar en medio de todo. El otro es «Itinerancia», el último que compuse después de haber grabado todo. Decidí hacer una pieza en la que pudiera tocar todos los instrumentos, y así dibujar lo que he vivido en los últimos años como multinstrumentista, y que sirviera como introducción al disco. Sentía que faltaba ese color. 

—¿Y «El cardenal» fue un tema que siempre pensó para Alexis Cárdenas?

—Sí. Fue una propuesta que le hice. Decidí componer algo para que él tocara. Está dedicado a él, un traje hecho a la medida para que mostrara su virtuosismo. A él le encantó. Me pidió la partitura para empezar a trabajar. Luego nos pudimos ver en París para comenzar las sesiones justo antes de la pandemia.

—¿Quién grabó el sonido del agua que se escucha en «Palabras del río»

—Un primo que está en Puerto Ordaz que se llama Raúl Quero. Grabó el paso de agua que está en las piedras del Parque La Llovizna. Me hubiese encantado hacerlo en persona. (Ríe).

—¿Va por el Latin Grammy este año?

—Bueno, no es la búsqueda, pero si viene, bien recibido será. Muchas personas me preguntan si no es mucha presión haber ganado uno y pensar que este disco también tiene que hacerlo. Creo que más bien ha sido una inspiración saber que mi trabajo fue bien recibido por la academia. Siento que cuando uno le pone todo ese amor a una producción, obtendrá buenos frutos. La grabación quedó espectacular por todo el aporte de los músicos. Todo eso llevó la idea que tenía a un nivel mucho más alto.

—No se presenta en Venezuela desde los Premios Pepsi Music de 2019. ¿Cuál sería la primera canción en interpretar acá de regresar a un escenario?

—¡Wow! Nunca me había hecho esa pregunta. Creo que sería «De borbón a las patillas», que es el tema que le dedico a mis padres en Identidad. Me hace sentir en casa, un agradecimiento a ellos que han sido mi apoyo para luchar por mi sueño, ellos que me inspirarían mucho más a volver a mi país. 

—¿Es la música la casa que nunca se abandona?

—En mi caso, sin dudas. Bueno, no es una casa. Creo que es parte de mi alma, vive dentro de mí. Cada día siento que se manifiesta de diferentes formas, a veces con alegría, otras veces con tristeza o añoranza. Está siempre presente en mi corazón.

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