• Todo comenzó en un bar de Nueva York, Estados Unidos, en el año 1969. Luego de una redada de la policía, iniciaron una serie de disturbios de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales para reclamar por su derechos y poner fin al abuso policial

El 28 de junio de 1969 la policía irrumpió en el pub Stonewall Inne del barrio neoyorquino de GreenWich Village. El bar, como de costumbre, estaba repleto de gays, lesbianas, drag queens y transexuales. El reloj marcaba la 1:20 de la madrugada. Quienes estuvieron allí aseguran que en el momento en el que entró la policía sonaba la canción Over the rainbow, tema de la película El Mago de Oz, interpretado por la actriz Judy Garland, quien pasó a la posteridad como un ícono LGBT+. Quizás fue un presagio o un mito creado luego para agrandar una leyenda.

Los policías entraron de forma violenta al lugar. 13 personas fueron arrestadas; otras esposadas e introducidas en carros policiales. Todo esto con la excusa de que eran inmorales.

El pub Stonewall Inne era propiedad de una mafia genovesa que pagaba para saber cuándo se producirían las redadas. Para acceder al bar las reglas eran claras: debía conocer al encargado de seguridad o “verse gay”. Lo que se veía adentro era toda una rareza de alto riesgo por aquellos años en Estados Unidos. En la pista de baile podían bailar juntas personas del mismo sexo, algo que era ilegal. Para advertir la llegada de la policía, se daba una alarma para encender las luces. Pedían documentos, revisaban a las drag queens y hacían arrestos.

Pero aquella noche no hubo alarma y todo acabó en violencia.

Entre las personas estaba Marsha P. Johnson, una mujer transgénero, afroamericana y trabajadora sexual, con su amiga Sylvia Rivera, una mujer trans latina. “La gente de la calle y las drag queens estaban al frente del movimiento. En Stonewall, Marsha y yo nos enfrentamos a la poli. El movimiento empezó al día siguiente”, contó Rivera en una entrevista recuperada para el documental La vida y muerte de Marsha P. Jhonson para Netflix.

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Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera durante una protesta.

Juntas empezaron unas protestas alegando la violencia policial, además de la discriminación que sufrían a diario y la precariedad a la que estaban sometidas por no encontrar trabajo. El hecho derivó en unos disturbios que duraron varios días -conocidos como Los disturbios de Stonewall- y, décadas más tarde, en la celebración del 28 de junio como el Día Internacional del Orgullo LGBT+.

La santa

Marsha P. Johnson nació en Nueva Jersey el 24 de agosto de 1945. Fue la quinta de una familia de siete hijos. Sus padres, el trabajador de la General Motors Malcolm Michaels y la ama de casa Alberta Claiborne, la llamaron Malcom Michaels. No fue una infancia fácil.

El pequeño Malcom, a quien llevaban frecuentemente a la African Methodist Episcopal Church, siempre se sintió diferente. Cuando tenía cinco años de edad, se puso un vestido de mujer. Aunque aquello fue una revelación de lo que sentía, no lo volvería a hacer hasta años más tarde. Lo que nunca cambió fue su fe: siguió frecuentando iglesias católicas y de otras creencias, y algunos de sus seguidores más fervientes la llamaban “Santa Marsha”, por su generosidad con las demás personas. Otros dicen que era una persona espiritual, muy sensible, que hacía ofrendas influenciada por la santería.

Su periplo en las calles neoyorkinas, entre los rascacielos y el ruido de la gran ciudad, comenzó en 1966. Dos años antes había llegado de Nueva Jersey tras graduarse en la escuela secundaria. A los 11 años de edad comenzó a vivir en la calle. Años más tarde reveló que durante su infancia fue abusada sexualmente por un adolescente de 13 años de edad.

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«Poder para la gente».

En Nueva York se ganaba la vida con trabajos esporádicos. No tenía hogar, por lo que se prostituía. Empezó a diseñar sus propios trajes drag queen. En poco tiempo la reconocieron dentro de la comunidad LGBT+ y su vida cambió para siempre. “No era nadie, nadie, hasta que me convertí en drag queen. Eso es lo que me hizo en Nueva York, eso es lo que me hizo en Nueva Jersey, eso es lo que me hizo en el mundo”, aseguró en una entrevista Marsha P. Johnson.

Sylvia Rivera

Nacida el 2 de julio de 1951 en Nueva York, desde sus primeros años tendrá una vida trágica. Su padre la abandonó y su madre se suicidó cuando Sylvia tenía tres años de edad. De ascendencia puertorriqueña y venezolana, luego se mudó con su abuela, quien no aceptó su verdadera identidad: desde su infancia se sentía mujer y usaba maquillaje.

Con 11 años de edad empezó a vivir en la calle. De inmediato se relacionó con la comunidad de drag queens. Ya de adulta, por un tiempo vivió en un lote abandonado del que fue desalojada por la policía. Fue entonces cuando una de sus tantas amigas la acogió en su casa y comenzó a trabajar en una iglesia y revivió su vida política.

Rivera, al igual que Marsha P. Johnson, formó parte de los movimientos en contra de la guerra de Vietnam, y a favor de los derechos civiles, feministas, y los derechos de los afroamericanos y de los hispánicos con Young Lords y Black Panthers. Juntas cofundaron Street Transvestite Action Revolutionaries (STAR), para ayudar a los transgéneros.

En uno de sus discursos habituales en una plaza pública, resaltó la importancia que habían tenido las drag queens en el movimiento LGBT+. Y aseguró que el movimiento gay mainstream les había dado la espalda. Por su activismo, en el año 2000 fue aclamada en Italia como madre de las personas LGBT+.

Falleció el 19 de febrero de 2002, debido a un cáncer de hígado.

“No le hagas caso”

En principio, sus trajes, a diferencia de las high drag que vestían ropa cara y adornos finos, consistían en sombreros y pelucas extravagantes, algunos de ellos con flores gigantes o incluso frutas. Su reconocimiento le permitió refinar su vestimenta. Iba siempre con cejas delineadas, labios pintados de rojo y siempre con tacones. De Malcom solo quedaban resquicios: así le llamaban cuando, por momentos, la voz se le hacía gruesa, se volvía violenta y buscaba peleas.

En 1970, un año después del episodio en el pub Stonewall Inne, recibió un disparo y presentó su primera muestra de enfermedad mental. Salía desnuda por Christopher Street para que luego la detuviera la policía. También tenía una condición que la hacía distraerse con facilidad, como atestigua el documental de Netflix.

De resto, siempre era Marsha P. Johnson. Hasta su nombre tenía sentido. En una ocasión, delante de un tribunal, el juez preguntó a Marsha qué significaba la “P.” del nombre. Johnson ofreció su respuesta habitual: “Pay it, no mind” (“No le hagas caso”), la cual era la contestación que le soltaba a todos aquellos que cuestionaban su identidad. A un juez le causó tanta gracia que la dejó libre. Pero esa fue una rara excepción a las muchas veces que estuvo presa. Las dejó de contar a partir de las cien. Después de un mes en libertad, Marsha volvía a las calles.

En cuanto a su identidad, si bien se definía a sí misma como drag queen, gay o travesti, ya que en la década de los años 1960 y 1970 el concepto de transgénero no se utilizaba. No obstante, investigaciones posteriores enfocadas en la vida de la activista la han catalogado como gender-non-conforming o género no conforme.

Solidaridad hecha activismo                     

Un año después de los incidentes en Stonewall, Johnson y su amiga Sylvia Rivera cofundaron Street Transvestite Action Revolutionaries (STAR) y se comprometieron a ayudar a los jóvenes transgénero sin hogar. Esta fue la primera organización de Estados Unidos dirigida por una mujer transgénero negra y fue la primera en abrir el primer refugio de América del Norte para jóvenes LGTB+. Johnson y Rivera pagaban todos los costos con su propio dinero, fruto del trabajo sexual.

El alcance de STAR creció tanto que brindó servicios a personas LGTB+ sin hogar en la ciudad de Nueva York, Chicago, California e Inglaterra durante la década de 1970. Sin embargo, luego se disolvió.

En 1975 fue fotografiada por Andy Warhol como parte de una serie de polaroids titulada Señoras y caballeros.

Pero su activismo no quedó allí. En la década de 1980 se unió de manera activa al movimiento ‘ACT UP’ (Aids Coalition to Unleash Power), grupo que trabajaba visibilizando la pandemia del VIH-SIDA con el fin de obtener legislaciones favorables y ayudar a los portadores del virus; asimismo, pretendían generar un impacto positivo en busca de soluciones. También se unió a movimientos en contra de la guerra de Vietnam, así como a favor de los derechos civiles, feministas, y de los afroamericanos.

Muerte o asesinato

Marsha P. Johnson fue encontrada muerta en el río Hudson, cerca del muelle de West Village, el 6 de julio de 1992. Tenía 46 años de edad. La Policía de Nueva York lo catalogó como un suicidio. Sus familiares, junto a miembros del movimiento LGTB+, realizaron numerosas manifestaciones para que se investigara a fondo lo ocurrido.

El caso volvió a abrirse en 2012 como posible homicidio, gracias a la campaña realizada por la activista Mariah Lopez y a Victoria Cruz, una defensora de víctimas de delitos del Proyecto Antiviolencia de la Ciudad de Nueva York (AVP). Hasta ahora no ha sido esclarecida la razón de su muerte ni existen imputados por el caso.

En el río Hudson, donde se encontró su cadáver, hay una fuente para honrar la memoria de Marsha P. Johnson. Su legado, hoy más que nunca, es enaltecido por millones de personas en el mundo. 

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