• Los créditos al consumo, el hipotecario o el de vehículos ya casi no existen. La banca vive de sus clientes corporativos para intermediar asfixiada por un encaje legal excesivo. El nuevo negocio del sistema está en las comisiones por transacciones y servicios, mientras la economía está perdiendo una palanca fundamental de crecimiento. Foto: José Daniel Ramos

La banca es definida como el sistema circulatorio de la economía. Es el sector cuya función básica es la intermediación financiera, que no es otra cosa que captar el ahorro de individuos y empresas para prestarlos a otros agentes económicos para financiar actividades productivas, comerciales y el consumo.

El gran problema en la actualidad es que la banca venezolana ha dejado de cumplir esa función y hay dos indicadores que permiten comprobar esta situación. El primero es el índice de intermediación financiera y el otro es el coeficiente del encaje legal.

¿Por qué estos indicadores son relevantes? Al cierre del primer semestre, según cifras procedentes de la propia banca recopiladas por Aristimuño Herrera & Asociados, el índice de intermediación financiera fue de 17,11%, lo que quiere decir que, en conjunto, los bancos prestaron 17 de cada 100 bolívares que recibieron en depósitos.

Para tener idea de lo que esto significa, el economista y experto en riesgo financiero, Leonardo Buniak, dijo a El Diario que las cifras históricas de intermediación se ubicaban en 50% o 60%; es decir, los bancos venezolanos prestaban más de la mitad de los depósitos, en las décadas de los ochenta y noventa del siglo pasado.

¿Y qué está pasando con el resto de los depósitos que la banca no presta?

El 85% de ellos -85 bolívares de cada 100- se congelan en el Banco Central de Venezuela (BCV), a través del encaje legal, una reserva que los bancos deben mantener con el fin de asegurar la cobertura de cualquier problema con los retiros de los clientes. 

El encaje legal en Venezuela es, de lejos, el más alto de América Latina. Justamente como medida de apoyo al crecimiento de sus economías, severamente afectadas por la pandemia de covid-19, lo que han hecho los países de la región es reducir sus exigencias de encaje legal, con el objetivo de liberar la capacidad de otorgar créditos por parte de la banca.

La proporción de encaje legal en América Latina se mueve entre 8% y 12%, indica Buniak, quien resalta el caso de República Dominicana, donde este indicador es equivalente a solo 4% de los depósitos bancarios. 

Bolívar | ¿Quién recibe créditos de la banca en Venezuela?
Foto: El Diario

Si los bancos prestan la economía crece, porque las actividades productivas se dinamizan; pero también el crédito es esencial para estimular el consumo, porque permite que las personas puedan demandar bienes y servicios sin descapitalizarse, aparte de incrementar su capacidad adquisitiva.

El economista senior de la consultora Ecoanalítica Luis Arturo Bárcenas aclara que el crédito al consumo puede tener, en un contexto como el venezolano, un saludable efecto social. “Sin crédito, la gente tiene menos mecanismos para contrarrestar la subida de precios. Antes se usaba el crédito para hacer mercado, comprar línea blanca, emprender arreglos en el hogar, pago de colegiaturas y cursos. Los créditos rotatorios eran muy útiles porque incrementaban eficientemente la capacidad de gasto. Aquellos locales comerciales que no venden bienes esenciales se ven más afectados que el resto” por esta ausencia de crédito al consumo.

¿A quién le presta la banca?

Al cierre de junio, la cartera de crédito de la banca ascendió a 905,2 billones de bolívares. Alrededor de 60% de esa cantidad es destinada a la cartera comercial; es decir, préstamos a empresas, los cuales, por cierto, están indexados a la tasa de cambio oficial. Esto significa que lo que los acreedores deben pagar se ajusta mensualmente a la variación del tipo de cambio.

Fuentes del sector bancario apuntaron a El Diario que la demanda de estos préstamos ha caído en más de 50%, debido a que ya el crédito no es barato, a pesar de que el régimen de Nicolás Maduro mantiene reguladas las tasas de interés en niveles muy inferiores a la marcha de la inflación. 

La distorsión viene de malas políticas arraigadas, como el control de todos los precios y el establecimiento de las carteras obligatorias, que llegaron a representar más de 40% de los préstamos totales. La banca no era libre para manejar los riesgos de la mayoría de sus créditos y, además, con las tasas prácticamente el dinero se regalaba.

Ya eso no ocurre, pero en un entorno recesivo y de devaluación constante y alta, pocos clientes ven un beneficio en pedir un crédito cuyo costo aumente a la par del dólar. 

“Lo poco que los bancos pueden prestar se ha fundamentado principalmente en el crédito comercial que, como sabemos, está indexado al dólar y esto ha permitido que se produzca cierta dinámica en el crédito bancario, porque el resto de las carteras están técnicamente congeladas”, puntualiza Buniak.

¿Quién recibe créditos de la banca en Venezuela?

Las fuentes bancarias sostienen que no hay demanda nueva de créditos comerciales, sino que la cartera se recicla con un número determinado de clientes, que renuevan sus líneas de crédito a través de negociaciones particulares con los bancos. El mercado de valores ha crecido como resultado de esta situación.

La cartera de tarjetas de crédito cerró junio con 15,9 billones de bolívares, lo que equivale a solo 1,75% de los préstamos totales. Los préstamos hipotecarios solo llegan a 3,4 billones, 0,37% de la cartera. Los créditos vigentes para compra de vehículos suman 1,17 billones de bolívares, un 0,13% de los préstamos totales.

La cartera de microcréditos que, en teoría debe suponer un impulso medular para la pequeña empresa, se ubicó en 36 billones de bolívares, apenas 4% de la cartera al cierre de junio.

La única área en la cual hay una expansión importante es la cartera agrícola que, en el último año concluido en junio, se ha incrementado en 1.731%; sin embargo, alcanza a 36 billones de bolívares, los cuales a la tasa de cambio oficial del cierre de reporte representaban 11,2 millones de dólares, muy lejos de los 1.500 millones que, según Fedeagro, requiere la producción agrícola para reactivarse de manera consistente

La banca pública presta menos

En un escenario de desintermediación financiera generalizada, la banca del Estado presta aún menos que la privada. Según Leonardo Buniak, mientras el sector privado intermedia entre 14% y 15% de sus depósitos, las entidades gubernamentales solo prestan 7% u 8%, y básicamente a la producción de alimentos.

La banca privada concentró 74% de la cartera de crédito al cierre del primer semestre.

“Sin duda, tenemos una fuerte disminución de la demanda de créditos de un sector productivo contraído, porque la actividad económica, como ya sabemos, está severamente afectada en casi 80% de contracción del PIB en los últimos siete años. Estamos hablando de que el PIB de Venezuela no supera 47.000 millones de dólares, cuando era de 300.000 millones en el año 2013”, explica Buniak.

“Eso explica que el mercado sea mucho más pequeño y la banca es un reflejo del país. La banca crece y se desarrolla en tanto y en cuanto crezca la economía. Así que, obviamente, frente a una contracción tan importante en el nivel de la actividad económica, era esperable un contracción en el nivel de la demanda del crédito bancario”, siguió el economista y consultor.

Sin incentivos

Esta situación ha transformado el modelo de negocio bancario. Ahora la banca no depende del crédito para sobrevivir, sino de las comisiones que cobra por servicios, por lo que las escasas inversiones del sistema están dirigidas a fortalecer los medios de pago y las herramientas transaccionales.

Lo concreto es que, con una estructura de tasas controladas y un encaje legal asfixiante, en un entorno de crisis económica, la banca tampoco tiene incentivos para prestar. Al respecto, el economista Luis Arturo Bárcenas señala a El Diario que “los créditos al turismo y la manufactura han caído 98% en la cartera; microcréditos han caído 82% y los créditos hipotecarios en 56%, por las restricciones que hay con la pandemia, menor actividad y altos riesgos”.

La banca venezolana tiene, para la situación en la que está, una morosidad baja de 2,34% del total de la cartera, con una provisión de cobertura de la mora de 191,6% del total de préstamos. Esto significa, en términos concretos, que el sistema tiene un excedente adecuado sobre cada bolívar prestado, en caso de mora o impago, indican los expertos consultados.

En este sentido, Bárcenas advierte que no es tan sencillo para la banca regresar al modelo tradicional de intermediación sin ponderar los riesgos que enfrenta, especialmente de incrementar exponencialmente la morosidad.

“Las tarjetas crédito se llenan de polvo”

“Mis tarjetas de crédito están llevando polvo”, dijo una clienta con tres plásticos activos consultada por El Diario. Esta es la razón por la cual los límites de tarjetas de crédito, en promedio, no sirven para comprar un desayuno o, en la mayoría de los casos, un café.

Los bancos, en general, actualizan selectivamente los límites de crédito, pero están limitados por la disponibilidad de liquidez y regulaciones de riesgo de cartera. Un empresario del sector manufactura dijo a El Diario que había logrado subir los límites de sus tarjetas -no especificó el número- a niveles de 500.000 bolívares por plástico.

¿Quién recibe créditos de la banca en Venezuela?

Las únicas tarjetas de crédito que se mueven en el país son las internacionales, dijo una fuente bancaria, quien señaló su preocupación por la caída de este segmento. “Será muy difícil recuperar el crédito al consumo”, indicó.

La banca venezolana, luego de perder 90% de su tamaño en ocho años, es una de las más pequeñas de América Latina. Su cartera de crédito es equivalente a 281 millones de dólares al cierre del primer semestre. 

El registro más reciente de la Federación Latinoamericana de Bancos (Felaban) cifra la cartera de la banca de Bolivia en 24.169 millones de dólares; la de Honduras en 14.638 millones y la de República Dominicana en 19.537 millones de dólares.

Entonces, la gran pregunta que se hacen los expertos es: ¿Cómo la banca venezolana podrá apalancar un proceso de recuperación económica, por más sanos que sean sus indicadores de capitalización, rentabilidad y gestión? Todavía no tienen respuesta. 

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