• La cantante se sorprende por cómo sus canciones pueden conmover a las personas que la siguen. Cuenta que alguien terminó una relación nociva gracias a uno de sus temas. Prepara un EP llamado Siento. Trabaja para consolidarse como cantante | Foto: Vanessa Benítez

Desde niña la música ha estado en su formación, pero no fue entre notas y letras que se hizo famosa. Las redes sociales se convirtieron en su primer escenario, una tarima en la que los instrumentos son otros, la pantalla táctil en la que es fundamental romper la cuarta pared para vincularse con el espectador. Adiós a la vida privada. 

En Youtube, Instagram y ahora TikTok, Dani Barranco empezó a reunir a miles de seguidores que se convirtieron en espectadores de su experiencias: anécdotas en discotecas, salidas al cine, rutinas faciales y demás cuentos en la vida cotidiana de una joven.

Hija del vendedor de arte Luis Barranco y de la actriz Rosamaria “Nana” Ponceleón su vida no ha estado para nada desvinculada de la creación. Y ahora hay un plot twist en el que protagoniza otro acto, que si bien representa un vuelco, no se desliga de sus inquietudes iniciales, aquellas en las que su educación formal incluía canto, cuatro y solfeo.

Dani Barranco prepara el lanzamiento de su EP. Titulado Siento, saldrá el 1° de octubre de este año. Algunas canciones están disponibles en redes, con sus respectivos videoclips. Una prueba de fuego, sin dudas, pero que hasta ahora no solo genera expectativas, sino que cada vez recalca la determinación por un futuro en la música. 

“Desde el año pasado estoy trabajando en las canciones y el concepto general. Se llama Siento porque cada canción tiene el nombre de una emoción. Es un EP que se pasea por varios géneros. Por ejemplo ‘Orgullo’ es un afrobeat, la más urbana que he sacado. ‘Amor’, una balada pop y ‘Odio’, un trap que termina con rock. El resto son otros géneros, varios”, detalla para El Diario la cantante, a quien muchos conocieron también por su aparición en programas como Entregrados y De a toque

Dani Barranco cuenta que Siento servirá además para evaluar qué le gusta más a su público, qué sonidos son mejor recibidos, y seguir las señales para futuros caminos en el estudio. 

Dani Barranco
Foto: Vanessa Benítez

—Un trabajo para explorar la dinámica con el público.

—Exacto. Además, tengo rato queriendo trabajar con otros ritmos. Me di la libertad de grabar un EP que tenga mi esencia, que la gente empiece a conocerme a través de la música, que sepa mi historia por una canción, pero que también, aquellas personas que me siguen desde hace tiempo, vean que puedo contar mi vida a través de canciones. Me gusta sentarme, escribir la letra, sentarme con otros compositores, compartir mis historias y que ellos compartan las suyas, y así plasmarlas.

—Si bien se llama Siento, hay un especial subrayado en el amor, el orgullo y el odio. ¿Por qué?

—El primer sencillo fue “Orgullo”. En 2019 saqué música urbana, y decidimos dar un brinco hacia algo más experimental y alternativo. Ese tema fue una transición perfecta porque no es reguetón, pero tampoco completamente alternativo. Luego vinieron “Amor” y “Odio”, que no estaban previstos para el EP. Fueron escritos hace pocos meses, pero el EP está hecho desde diciembre de 2020. Cuando escribimos “Amor”, todo estaba muy ligado al momento que vivía públicamente. Sentí que era el momento correcto para publicar. Luego vino “Odio”, que originalmente se llamaba “Cobardía”. Aunque el odio suene feo, es real y humano. Por eso salieron en ese orden, pero no significa que sean los más relevantes del EP.

—Han pasado más de tres años del que podríamos decir fue su debut musical. ¿Qué ha cambiado desde “Por el boquete” hasta ahora?

—Bueno, “Por el boquete” fue una broma. (Ríe).

—Claro, pero está ahí. El que busque en Spotify lo consigue como su primera canción, y no necesariamente conoce la historia

—Sí, ha sido un tema. No me arrepiento para nada, pero no considero que sea el inicio de mi carrera, sino más bien parte del contenido que hacía en redes. Después de eso empecé a pensar que esto era lo que realmente quería. Yo estudié en un colegio musical, donde estuve en la coral, en clases de canto con Mirna Rios. Decidí compartir esas canciones que grabé entonces, pero después de 2019, que empezó a ponerse seria la cosa con los shows, me di cuenta de que no necesariamente estaba haciendo la música que me gusta. Paré por un año, hasta que encontré a GG Dejala Caer (Gabriel Guillermo Pérez), mi productor. Nos sentamos un día en el estudio, hablamos mucho, nos abrimos. Hicimos click. Nos sorprendimos mutuamente con la necesidad de hacer música que nos guste sin pensar en entrar en un playlist, así el tema para algunas personas sea pesado, triste o denso. He madurado muchísimo. Ahora puedo decir qué quiero.

—En las canciones recientes se notan otras inquietudes. Además, suenan diferente a lo hecho antes

—Sí, total. Siento que finalmente logré imprimir mi esencia en la música. Sentarme con otros compositores, personas que puedan brindar perspectivas, ideas que tal vez no se me hubiesen ocurrido a mí. Han sido procesos para complementarnos bien. Siempre he trabajado con gente muy cercana. Me gusta meterme en un estudio, decir cómo me siento. A veces pasa que llegamos a un sitio y todos estamos con el mismo sentimiento. Conectamos por un concepto y dejamos que todo fluya por ese camino.

—¿Hay un propósito establecido para desligarse de esos contenidos jocosos de sus inicios para ser más reconocida como cantante?

—No es consciente. Fíjate que el año pasado hice mucho contenido frente a la cámara, pero no se me daba. Yo digo que soy muy payasa. (Ríe). Pero sentía que me estaba costando mucho. Estaba pasando por otros procesos. Hoy te puedo decir que me cuesta más que nunca. Soy súper payasa y me gusta hablar, pero no lo volvería a hacer como en 2018 y 2019. Quiero que mi propósito sea otro. También sentía que la gente pensaba que yo era alegre todo el día, y eso le restaba a lo demás que también soy, que pesa mucho más que ese lado cómico. Soy una variedad de cosas, y sentía que no estaba siendo sincera conmigo.

—Parece entonces que hay un propósito de llevar un mensaje. ¿Cuál sería?

—Bueno, el mensaje desde que me percaté que quiero abrirme más, siempre ha sido no solo ponerse uno de primero, y trabajar en la salud mental, sino también ser honesto, real con uno mismo. Eso es lo que me ha llevado a estar en paz con lo que significa tener una vida pública. Ahora se habla mucho del amor propio. En “Odio”, al final del videoclip incluí un término que usan psicólogos para brindar ese tipo de información. Viví un proceso de madurar emocionalmente y lo he compartido con las personas para que puedan tener esas herramientas. Deseo que mi experiencia sirva para ayudar a alguien, y si no, que alguna persona simplemente se sienta comprendida con lo que estoy viviendo. Eso igual me llena.

—¿Ha vivido la experiencia de una persona que la escuche y se sienta identificada?

—¡Sí! Es común cuando escribes letras con historias tan reales, como “Orgullo”, que es la historia clásica del papá y la mamá que no aprueban la vida de su hijo o hija porque no hacen lo que ellos quieren. Eso es muy común. No lo viví con mi papá, pero mi mamá sí. También lo vi con profesores de la universidad, mamás de amigas que me cuestionaban porque yo tenía el pelo rosado. Gracias a “Orgullo” me han llegado varias anécdotas. No es una canción triste, pero habla de un tema fuerte, al igual que el video. Leí mensajes de personas que se sintieron identificadas, que lloraron. Hace poco en una farmacia una muchacha se me acercó para decirme que después de escuchar “Amor”, dejó una relación que le hacía daño. Cuando eso pasa, me sorprende cómo todo esto puede trascender a un nivel en el que te metes en la vida de una persona, de una manera positiva y bonita. No tienes ni idea. 

– ¿Y cuál es el precio a pagar por tener una vida pública?

– Hay comentarios que te dejan de afectar. Primero, debes saber de quiénes vienen. Luego, ves cómo lo manejas. El precio a pagar es que prácticamente todo lo van a criticar. Escuché una entrevista a la argentina Lali en la que decía que se dio cuenta de que su carrera sería difícil cuando subió una foto. Entonces, tres personas le dijeron que se veía anoréxica, mientras otras tres decían que estaba gorda. Y así es. Unos dicen que es blanco, otros que negro y otros afirman que es gris. No puedes complacer a todo el mundo. Lo más difícil es llegar a esa conclusión, aceptarla, y vivir con ella. Cuando lo logras, puedes estar en paz.

—¿Qué reflexión sacas de las polémicas que puedan surgir en redes?

—Déjame pensar bien esto. (Ríe). En Twitter han hablado de mí por varias cosas. Nadie sabrá quién es realmente Daniela Barranco, sino la gente cercana y yo. Esa es la opinión que realmente importa. Prefiero quedarme mil veces más con los seguidores que están conmigo porque les gusta mi música y mis historias. Pero esos comentarios que no tienen nada positivo, los ignoro.

—Con esta canción reciente, “Odio”, trabaja un género que deseaba desde hace un tiempo: el rock. Un punto importante quizá fue la colaboración en “Tempo” con Gran Radio Riviera, una banda de otro tendencia

—Significó mucho. Ellos estuvieron dispuestos a trabajar conmigo en los premios Pepsi Music, y eso derivó en esta colaboración. Yo nunca había podido entrar en el área alternativa de la música. Ahora quiero hacer un rock completo, no solo el final de una canción. 

Niñez musical

— Volvamos a esos años de la niñez, las clases con Mirna Ríos, esos momentos en lo que comenzó en la música

— Primero, el colegio en el que estudié tenía como base principal la música. Desde pequeña me enseñaron solfeo, cuatro, flauta. Toqué violín, chelo y guitarra. En la coral subí a los primeros escenarios. Sufro de pánico escénico, y eso lo aprendí a manejar. Me di cuenta de que era mi sueño. Recuerdo una experiencia. Creo que tenía 13 años de edad. Estaba en clase con Mirna Ríos y nos llevaron a cantar al programa Portada’s, de Venevisión. Esa fue la primera vez que entré a un canal de televisión. Todo me sorprendió. Pero crecí y me mudé a otro país. Me cayó la realidad encima. Terminé estudiando psicología, pero gracias a Dios la vida me llevó al mundo de las redes sociales.

— Hablamos del Emil Friedman

— Sí, claro

— ¿Ejerció psicología?

— No. De hecho, estudié Psicología el primer año y medio. Irónicamente lo tuve que dejar porque estaba muy deprimida. No iba a clases. Raspé. Luego, las redes sociales me fueron sacando de ese hueco y me cambié a Artes de la Comunicación. 

— Se ha convertido en una referencia para personas jóvenes, que no solo se ven identificadas en sus letras, sino que también encuentran en la música una opción como carrera. ¿Qué consejo le da a esos jóvenes que quieren comenzar en la música? Hablamos de un oficio que puede ser adverso por temas como financiamiento y disciplina

—Estoy orgullosa porque solita he logrado llevar mi carrera adelante. Me refiero a lo económico. No soy millonaria ni tengo millones de dólares para invertir en mi profesión. Todo lo he hecho con los pocos recursos que se pueden tener en Venezuela, y con la gente que realmente me ha apoyado. Incluso, hablo de personas que no me han cobrado nada ni yo tampoco, que están desde el día uno y estarán hasta el mil. Creo que lo importante al comenzar es tener a gente que quiera crecer contigo. Luego, las cosas vienen solas. El segundo consejo, es tener un buen abogado. (Ríe).

—¿Por qué?

—La música es un asunto de muchos contratos, de muchas vertientes legales que debes tener claras. Así como un contrato te puede elevar la carrera, también puede hundirte. 

—¿Quién le dio ese consejo?

—Creo que fue Taylor Swift en una entrevista. (Ríe). Pero es muy real. El año pasado tuve una mala experiencia de trabajo. Gracias a Dios, estoy rodeada de mucha gente que me quiere. Ese fue el consejo que se quedó grabado en mi mente.

Dani Barranco
Foto: Vanessa Benítez

—Hace rato comentó que finalmente tomó las riendas de la música que quiere hacer. ¿Al principio se dejó llevar por las tendencias del momento o era la gente a su alrededor?

—Creo que en ese momento era una Daniela muy insegura, que no tenía muy claro lo que quería. Son personas que trabajaron conmigo y me apoyaron, pero siento que no alcé la voz cuando debía. Gracias a Dios ahora tengo seguridad. Si algo no me gusta, prefiero retirarme, decir que no va conmigo. Así evito tener que cantar esa canción en vivo eternamente. 

—¿Hay alguna canción que no volvería a cantar?

—No sé si no la volvería a cantar, es un debate que tenemos para mis shows. Se trata de «Shot». (Ríe). No sé si incluirla. A mucha gente le gustó, es una buena canción, pero no siento que vaya mucho con mi personalidad. 

—¿Ha pensado en explorar en otro país?

—Una de las cosas que hicimos hace poco fue una gira de medios en México. Fue hace como tres meses. El plan es quizá ir para allá y expandir la plataforma. Por ahora me quedo en Venezuela hasta que tenga una buena base en otro país. Ya viví esa experiencia de irme, entender la dificultad, pero ahora estoy enfocada en tener esta base en Venezuela. Apenas tengo pocos meses con mi nuevo proyecto musical. Así que considero que me falta mucho por trabajar acá.

—¿Qué está escuchando ahorita?

—Ayer no paré de escuchar a Jack Harlow que es americano. No solo me parece guapo, sino que la música es buena. (Ríe). Drake acaba de sacar también un álbum. Escucho Billie Eilish, hay algunas canciones de Justin Quiles que jamás superaré y H.E.R.

—¿Cómo se ve en cinco años?

—¿Sabes cuál es mi sueño? Espero que en cinco años sea así: no tener una casa fija. Tener varias. (Ríe). Vivir viajando. Sería lo ideal para mí.

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