Como todo ser vivo, el Imperio Galáctico está destinado a desfallecer hasta desaparecer. Es una evidencia que, para cualquier sistema de gobierno, la eternidad no es una posibilidad viable. La única solución para aquellos que se sientan en la cúspide de la pirámide es dilatar el proceso de auge y consecuente caída. Pero distinto es saberlo entre silencios y decirlo a viva voz: el Imperio caerá y, tras el evento, sobrevendrá un período de 30 mil años entre las sombras. A esta verdad ineludible se enfrenta Hari Seldon, padre de la Psicohistoria –ciencia que combina la historia, la psicología y las estadísticas matemáticas con el objetivo de predecir el comportamiento de las poblaciones en masa–. O vale decir: vuelve a enfrentarse, porque esta vez Seldon lo hace en la piel de Jared Harris que, junto a otros actores de renombre (Lee Pace, Lou Llobell, Leah Harvey, Laura Birn, Terrence Mann y Alfred Enoch), le da vida en la pantalla chica a la adaptación de Fundación del ya mítico Isaac Asimov.

Dirigida por David S. Goyer y producida por Apple TV+, la historia (serie) mantiene su encanto y el mundo descripto originalmente: las torres de Trantor; los páramos de Términus; la biblioteca de la Universidad de Streeling; las vestimentas imperiales; las centenas de culturas, ritos e idiomas correspondientes a los incontables planetas que conforman el Imperio; la alusión a las guerras robóticas milenos antes del presente; incluso el Primer Radiante: el dispositivo donde Seldon graba sus ecuaciones, y que luego despliega holográficamente frente a sus ojos para revisar los avances realizados. Eso, si además tenemos en cuenta que las locaciones corresponden a filmaciones en escenarios naturales de Islandia, Irlanda, Malta o Alemania, entre otros, y no en gran medida a estudios y pantallas de colores, le da un atractivo todavía más elevado.

La filosofía y la política que tanto han marcado a Fundación continúan vivos en espíritu y mensaje sin importar que ciertos detractores se opongan al cambio racial o de género sobre algunos personajes principales –como es el caso de Gaal Dornick, Salvor Hardin o el frío Eto Demerzel–, aunque para eso habría que entender que dicha modificación es una manera de adaptarse a los tiempos que corren, una época inclusiva donde cada papel heroico o simplemente protagónico no se ve relegado al hombre blanco como sí sucedía a mitad del siglo pasado cuando Asimov produjo la mayor parte de su obra. Hay ajustes en torno a la trama, por supuesto, que responden a una economización de tiempos al momento de narrar (un ejemplo claro es Raych Seldon acompañando a su padre adoptivo hasta la vejez) pero que, así y todo, le dan un aire fresco que para nada entorpece el desarrollo del argumento y que ayuda a volverlo un producto fácilmente consumible por un público general y no solo por los fanáticos acérrimos.

Lo más destacable, si cabe, podría ser que el emperador Cleón no es uno sino una Dinastía Genética –Alba, Día y Ocaso–, una tríada de clones de Cleón Primero separados en edades diferentes. En clara alusión a la realidad –algo que al trabajo de Asimov jamás le ha faltado si tenemos en cuenta que la base para su famoso Imperio Galáctico es ni más ni menos que el Imperio Romano–, esta manera de representar a las cabezas de un sistema despótico traducen el traspaso de poder de muchos gobiernos actuales en manos de los mismos personajes políticos una y otra vez, justamente como si de una dinastía se tratase.

“Las matemáticas más avanzadas son como un sexto sentido. El cálculo correcto nos permite ver lo que vendrá sobre el horizonte. Y si tenemos suerte, puede ayudarnos a prepararnos para ello”, narra Gaal Dornick.

Entre matemáticas, historia, psicología y sociología, la Psicohistoria es una herramienta que, aunque agorera por sus predicciones, cumple también una función esperanzadora: al adelantarse a los treinta mil años de barbarie tras el derrumbe, Hari Seldon plantea reducir dicho período a tan solo mil. ¿Cómo? Con una Fundación aplicada a la cimentación de una Enciclopedia Galáctica que, con el conocimiento recopilado, ayude a reconstruir la civilización. Si lo logra, si los tiempos lo acompañan, y de qué manera, es una interrogante que únicamente el futuro puede responder.

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