• El cantante y guitarrista Santiago de la Fuente cuenta cómo la agrupación prepara un disco conceptual para 2022. Relata que están en el proceso de entender su proyecto como empresa, mientras vislumbran planes más allá de la música

Cuando en octubre de 2018 Anakena participó en el Festival Nuevas Bandas, hubo una disrupción en esa edición del certamen. Un espacio que suele ser escenario para el rock y también para el pop con intenciones indie, repentinamente se vio envuelto en una propuesta que sin prejuicios hacía de la bachata un encuentro, una invitación a comulgar con todos esos ritmos que de distintas maneras también forman parte del ideario caraqueño y urbano.

Tres años han pasado desde entonces, y Anakena se ha convertido en una de las bandas más prolíficas de la escena venezolana. Han sabido muy bien cómo aprovechar cada momento, siempre con la libreta preparada para anotar más futuro. No hay tiempo para sentarse a descansar y esperar.

En 2019 estrenaron su disco homónimo. Poco más de media hora de canciones que representaron el registro de un trabajo que como músicos comenzó en 2016. Han colaborado con los colombianos de Alkilados, han aparecido en HTV. Sus conciertos no pasan inadvertidos. 

Cuando un año después de su triunfo en el Festival Nuevas Bandas estuvieron como invitados en la exhibición de agrupaciones, hasta los más fervientes metaleros presenciaron con atención cada canción para luego decir: “Suenan muy bien”.

Santiago de la Fuente es uno de los cantantes de Anakena junto con Mikel Maury, con quien también escribe las canciones. Ambos vocalistas se han convertido en una dupla elocuente, alegre y amena que le dan letra a sentimientos distintos, mientras la música es realzada también por el bajista Antonio Romero y el percusionista Carlos “Mara” González. 

El cantante habla sobre este momento que ha atravesado el grupo, además sobre cómo la pandemia ha sido insumo para lo que viene en 2022, que comienza con estrenos y presentaciones en Chile y Argentina entre enero y febrero. 

¿En qué momento se encuentra Anakena actualmente?

—¡Uf! Creo que estamos en un momento de transición y redescubrimiento. Han sido un par de años bien complicados. Más allá de lo que ha pasado en el mundo, creo que un segundo disco es un momento de retos. ¿Cómo puedo hacer para repetir las cosas que funcionaron en el primero, pero sin ser muy repetitivo? ¿Cómo doy algo nuevo sin alejarme lo suficiente para que la gente no sepa quien soy? Es un desafío complicado para todo segundo disco. Y además que nos haya tocado en esta situación tan complicada, nos ha hecho confundirnos un poco. Ha sido un año difícil a nivel de trabajo. Nos ha costado mucho crear con orden. En el primer disco teníamos todo muy claro. Es momento de ser más fuertes que nunca para tomar las decisiones correctas. 

Habla también de transición. ¿A qué se refiere?

—La transición más fuerte es la banda como empresa. Ya no somos una bandita caraqueña que toca en cualquier bar. Organizamos giras y colaboraciones con artistas internacionales. Eso implica una seriedad importante en el proyecto. Requiere más compromiso de los integrantes. No es que pueda tener un trabajo y la música es un hobby. Este es el trabajo. Ese es el momento en el que estamos: viendo si esto es lo que vamos a hacer el resto de nuestras vidas o por lo menos en el futuro medio. 

¿Cómo será ese segundo disco?

—Lo veo como un disco muy raro, conceptual, bien largo. Son 14 canciones, con muchos géneros como siempre. Nunca le hemos temido a los géneros, y ahora menos. Tenemos una salsa, un merengue y otros en los que no hemos incursionado como el trap, así como R&B y hip hop. Le hemos puesto mucho cariño. Si algo nos dio esta encerrona fue tiempo para crear. Lo hemos curado muy bien. Nos hemos tomado el momento para hacer las cosas musicalmente como son. Estudiar las maquetas, los arreglos. Está mucho más preparado en producción.

Acaba de decir algo  que me llama la atención. Dice que es un disco conceptual. El primer álbum de ustedes está muy bien logrado, es una buena carta de presentación. Dime si estoy equivocado, pero siento que es una recopilación de canciones hechas en distintos momentos. Ahora puedo ver que preparan un disco con una temática más definida

—Sí, 100% correcto. El primer disco fue un conjunto  de canciones que de una manera u otra tienen sentido porque la hicimos nosotros, pero son de épocas muy diferentes. Pocas se hicieron en el mismo momento de nuestras vidas. Por eso se llama Anakena. Cuando las escuchábamos, no había ninguna palabra que se nos ocurriera que describiera el disco. No logramos una sola que explicara todas las canciones. Las de este disco todas se escribieron en el mismo par de años. Con el anterior, teníamos las canciones y fue inventar un concepto. En este teníamos un concepto que sirvió para escribir las canciones. Es muy narrativo. Cuenta la historia de Wilson, este personaje imaginario que Mikel y yo inventamos. Somos muy de escribir con base en experiencias, cosas que nos pasan a nosotros, a amigos, historias que escuchamos por ahí. En pandemia no vivimos nada, entonces no sabíamos de dónde sacar inspiración. Inventamos este personaje y estas vivencias imaginarias. No es que todas sean así, pero tienen esa línea narrativa. Es su historia de amor y las perspectivas al momento de contar una historia. Hay un lado que vamos a llamar “carita triste”, con puras canciones así, de esa parte tóxica. Y está otro lado llamado “carita feliz”, que es una manera de ver esa misma historia desde una perspectiva distinta. Existe esa dualidad.

¿Pensó que sería tan rápido este crecimiento? ¿Estaban tan seguros de lo que hacían como banda?

—Para nada. Hacíamos lo que pensábamos que teníamos que hacer y ya. Una virtud que hemos tenido como banda es que hemos sido organizados con nuestro futuro. Siempre tenemos seis meses planeados por adelantado. Hablo de proyectos, ideas, objetivos, lanzamientos. No siempre se cumplen, pero no vamos resolviendo. Si uno es constante, trabaja y trabaja, con el tiempo las cosas van pasando. También hay un factor suerte. No lo voy a negar. Tal vez hablamos con las personas indicadas. Muchas cosas. El Festival Nuevas Bandas nos abrió muchas puertas. El hecho de que Mikel y yo hayamos vivido en España nos facilitó otras cosas. A pesar de que la diáspora es muy triste, ha hecho que tengamos público en otros lugares a una edad muy prematura para una banda. También está el hecho de que en Venezuela había un vacío de poder musical. Nadie estaba haciendo mucho. Entonces nos tocó un momento de poca competencia. Fue una combinación de factores que nos ayudaron a crecer muy rápido. Ha sido difícil asimilarlo. A veces me cuesta comprender que estoy en Madrid en una sala con 700 personas. Me pregunto qué está pasando. Siempre nos concentramos en ahora qué vamos a hacer. A pesar de ser agradecidos, nunca estamos conformes. Siempre queremos más. 

¿Cuál considera que fue el detonante para lo que es ahora Anakena?

—Han sido pequeños hitos que se han sumado. Hay unos más grandes que otros. El Festival Nuevas Bandas nos abrió una cantidad de puertas que no esperábamos. Nosotros no nos sentimos desmotivados, pero sí nos preguntamos qué hacía una banda de bachata, de pop caribeño, en ese escenario. Pero en esa inseguridad estuvieron nuestras fortalezas. Nos apoyaron mucho desde la fundación en cuanto a prensa. Nuestra primera gira de medios fue gracias a eso. Casualmente habíamos estrenado sencillo esa misma semana. Pero el detonante verdadero fue el septiembre de 2019 cuando regresamos a Venezuela a estrenar nuestro disco. Un conjunto de cosas que fueron una locura. Recuerdo que en dos meses sumamos 10.000 seguidores en Instagram. Los números de reproducciones en Youtube se cuadruplicaron en un semestre. El estreno del disco, la gira colegial con Cúsica, el Cúsica Fest. También debo mencionar el hecho de que Venezuela se dolarizara. Hubo muchos eventos. Sacamos “Cinco”, un sencillo importantísimo. Fue como cuando juntas muchas olas en el mar y se vuelve una grande. Creo que no fue un gran hecho, sino la suma de pequeños factores que nos ayudaron en ese momento. Empezó a verse que Anakena estaba de moda. No sé qué pasó, porque todavía tengo mis dudas. (Ríe).

Sin ánimos de comparar, pero una de las agrupaciones que busca captar esas emociones en distintos géneros es Los Amigos Invisibles, que en cierta forma también se vincula con Daiquirí y Adrenalina Caribe. ¿De dónde se nutre Anakena?

—Sinceramente si hablamos en el ámbito nacional, nuestra inspiración más cercana es Rawayana, sin lugar a dudas. No tanto musicalmente, porque somos relativamente distintos en algunas cosas, pero sí en lo estético. También vemos cómo son sus videos, su comunicación, el marketing. Los Amigos Invisibles también lo son en lo musical. Y aunque no sean géneros similares, también tomamos mucho de Los Mesoneros y Viniloversus. Por casualidad hoy estuvimos en la grabación de una tesis de unas amigas que trabajan el tema del V-Rock. Hablamos sobre eso. Éramos unos chamos de 15 años cuando veíamos a La Vida Bohème y Viniloversus, nuestros héroes. Nos dieron esa inspiración. Pensar que si ellos podían estar ahí, nosotros también. Eso ha sido un motor brutal. Además, muchas de las cosas que hacemos se las preguntamos a ellos. Le decimos que nos comenten qué hicieron cuando vivieron determinada situación por la que ahora atravesamos, por ejemplo. 

¿Por qué considera que “Guayaba” es la canción más popular y exitosa de Anakena?

—Bueno, principalmente en plataformas digitales. Cuando empezamos fue justamente el momento en el que Spotify empezó a volverse un monstruo. Cuando sacamos el EP en 2016, Spotify cambió las reglas del juego. Nosotros nos montamos en esa ola de una sin querer. No tenía ni idea de que era eso. Pero Mikel, que entonces vivía en España, nos dijo que lo subiéramos a esa plataforma. Yo no sabía cómo hacerlo. Buscamos y fue más sencillo de lo que pensamos. El hecho de haber estado desde temprano nos ayudó mucho. “Guayaba” fue la primera canción nuestra que entró en una playlist editorial de Spotify. Nos ayudó mucho. Para un músico independiente es lo mejor que puede pasar. En Spotify es la que tiene más reproducciones, más de 1,2 millones. Hay amigos que nos han enviado videos. Una prima que vive en México me mandó una grabación en un bar de Acapulco en el que sonaba el tema. Pero siempre digo que “Sanguchito” es la canción que nos cambió. Fue la primera que nos puso a sonar. 

¿Qué versiones de sus canciones que nunca pensaron encontrar les han llegado por redes sociales u otro medio?

—El año pasado en Navidad hicimos un concurso llamado la Anakenavidad. Consistía en que el ganador iba a salir en una canción de Navidad de nosotros con SanLuis. Solo tenían que hacer un cover nuestro. No tienes idea de la cantidad de cosas increíbles que vimos. Casi 300 o 400 participaciones en una semana. Vimos versiones en Argentina, Chile, España, Brasil con todos los instrumentos por haber. Fue muy bonito conectar con toda esa gente y pensar en la idea de que una persona se sentó a sacar una canción nuestra, incluso más allá del tema de la recompensa del concurso. Es cuando dices que hay talento en todos lados. Recuerdo a un barquisimetano en Argentina que tocó “Carita triste” con un saxofón. Lo hizo increíble. Vimos versiones en flauta, flamenco, de todo.

¿Tienen fecha para el lanzamiento del disco?

—Para mediados del año que viene, más hacia el primer semestre. Queremos sacar un par de sencillos más. En enero deberíamos retomar los estrenos que paramos por la gira. 

¿Qué colaboraciones con artistas internacionales veremos?

—Por ahora nada definido. Estamos esperando respuestas. Nos encantaría tener más participaciones internacionales. Ya tenemos la de Alkilados, y ahora tratamos de concretar músicos de España, Argentina, México, además de venezolanos, obviamente. Hay que manejar este tema con cuidado. Es delicado. 

¿Venezuela se está quedando pequeña para ustedes?

—No creo, para nada. Todavía nos falta mucho. Cada día me doy cuenta del trabajo que nos falta en Venezuela. En esta gira pautamos por primera vez en Maracaibo. Nos queda tanto. Hablo de Puerto Ordaz, Mérida, Barquisimeto, San Cristóbal. Queremos ser una banda que gira por Venezuela. El país lo merece. Queremos ser esa banda que no se olvida de su país.

¿Cómo le gustaría que vean a Anakena en 20 años?

—Quisiera que la gente nos siga escuchando. (Ríe). El mayor reto de los músicos es seguir siendo vigente, reinventarse año tras año, disco tras disco. Ese es el reto eterno del arte. Eventualmente se te acaban las ideas y hay que ver cómo seguir. Me gustaría que nos vieran como una banda que apostó por seguir viniendo a Venezuela, traer música al país. Nos gusta también incentivar el talento, la parte educativa, lo ecológico. Teníamos una línea de merch que quitamos para hacer otra con ropa sostenible. Deseamos ir más allá de la música, tener impacto social. No digo que vamos a cambiar el mundo, pero sí aprovechar esa influencia que poseen los artistas para mejorar las cosas. Ese es uno de nuestros próximos pasos.

¿Habla de crear una academia musical?

—Puede ser de música, pero también de industria musical, que hace falta mucho en Venezuela. Apoyar iniciativas educativas. Dar la oportunidad de becas. Por ejemplo, si alguien quiere estudiar tour management, entonces que sea nuestro pasante y se venga de gira con nosotros. La educación es la base de todo. 

Fotos cortesía de Blanca Santos

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