• A través del podcast “Un 2 de vainas”, Morales se conecta con discursos y reflexiones sobre la cultura pop que florece en los márgenes de la capital. En entrevista para El Diario, comenta sobre cómo la migración y las redes sociales han permitido a muchos caraqueños reencontrarse con su identidad

De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española, la palabra “vaina” tiene varias acepciones. Más allá de una especie de funda o envoltura, reconoce el significado al que están habituados los hablantes de Venezuela, Colombia y Centroamérica. Ese es: “Cosa o asunto cuyo nombre se desconoce, no se recuerda o no se quiere mencionar”. Aunque está registrada como un simple coloquialismo, en Venezuela se cataloga como una mala palabra. Una grosería desterrada del lenguaje refinado, por más que esté viva en el habla cotidiana.

Ali Morales está en desacuerdo con hacer del lenguaje un tabú. Tiene un podcast llamado “Un 2 de vainas”, aunque no falta entrevistador que, delante de las cámaras, le cambia el nombre por “Un par de cosas”. El proyecto, que nació como una serie de videos en redes sociales con reflexiones sobre diferentes aspectos de Caracas y la actualidad, es ahora un canal de entrevistas en YouTube, donde ya está por finalizar su primera temporada.

“Es un proyecto que al final del día termina siendo como una respuesta, un desahogo. Una posibilidad de que desde mis habilidades técnicas, desde un espacio sencillo y con un mínimo de recursos se puedan decir cosas muy poderosas”, comenta el realizador audiovisual en entrevista para El Diario.

En su podcast, Morales busca precisamente una reconciliación del lenguaje y la identidad, pero sin pretensiones filosóficas o existenciales. Simplemente mostrar sin estigmas ni eufemismos la cultura de la Caracas en la que se mueve. La ciudad que existe en la ribera oeste del río Guaire, más allá de Plaza Venezuela, y que rara vez sale en televisión cuando no es en un noticiero o campaña política.

Parte del alma

Ali Morales: “La heterogeneidad de Caracas es súper poderosa para aquellos que comprenden su narrativa”
Foto: Cortesía

Morales se define como “politólogo de carrera, y amante de lo audiovisual por pasión”. Se formó en la Escuela Nacional de Cine, en Dirección y Dirección de Cinematografía, por lo que el querer incursionar en el cine era una aspiración natural para él. Comenzó haciendo una adaptación del cuento La Ascensión, de Federico Vegas; sin embargo, tuvo su primer choque de realidad al no poder completar el proyecto por falta de presupuesto.

“Hice un crowdfunding y quebré. De 5.000 dólares que necesitaba recaudar, reuní solo 50. Pero la verdad es que eso también me hizo entender cómo funcionaba todo este sistema y que si uno quiere contar algo, requiere de un nicho, de una audiencia y una plataforma para ser escuchado. Yo creo todavía en mi proyecto, arrechamente, creo en toda la gente involucrada, pero siento que este no es ahorita el momento para hacerlo”, cuenta.

Por ese motivo asegura haberse convertido en un “artesano de la imagen”, trabajando en proyectos independientes como freelance. Por ejemplo, es director del video musical Cuando los malandros lloran, de la banda Çantamarta; también de un documental sobre el mundo de las drag queen caraqueñas, que aún está en desarrollo. “Cuando haces audiovisual siempre hay algo que le pertenece a uno. Dejas una parte de tu emocionalidad y tu alma en ese proyecto, aunque no se parezca necesariamente a lo que tú dices”, agrega. En ese sentido, dice que “Un 2 de vainas” forma una parte de su alma con la que ha trabajado en su intento por abrirse paso dentro de la industria.

Amar el cine siendo latinoamericano, siendo pobre, queriendo ser realizador audiovisual es una cosa compleja. Requieres de poder estar vinculado, que la gente reconozca tu trabajo y logres como esas charreteras (distinciones) oficiales. Que logres ese nivel de certificación de que puedes manejar narrativas o tipos de imágenes”, señala.

Algo qué decir

Curiosamente, o quizás como una sucesión de hechos, el concepto del podcast surgió por el concierto “En tu cuarto”, de Servando y Florentino. Una de las muchas acaloradas discusiones creadas en Twitter donde volaban comentarios desde la viabilidad de los conciertos virtuales en plena pandemia de covid-19, hasta la ideología política de los hermanos Primera. “Yo sentía que tenía un punto crítico sobre eso, pero comunicacionalmente, en general, la gente no estaba haciendo una reflexión de nada de lo que estaba pasando por allí”, apunta Morales. Allí decidió grabarse exponiendo sus argumentos y nació el primer “Un 2 de vainas”.

Así, las redes sociales se convirtieron en la válvula de escape para destilar diferentes opiniones sobre la cotidianidad. Reconoce que en la actualidad el oficio de creador de contenidos está lleno de retos. En la constante marea de información que corre por las redes sociales, para mantenerse a flote se necesita estar produciendo de manera frecuente y estar al día de las tendencias del momento. Morales aprovecha este sistema para poner temas de discusión sobre la mesa, como usar el fichaje del director técnico José Néstor Pékerman para hablar sobre la Vinotinto. 

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No obstante, rehúye del término influencer, pues afirma que no influencia a nadie, sino que más bien busca conectar con el público ofreciendo contenidos con un valor discursivo, y que inviten a reflexionar sobre los procesos sociales que hay detrás de las cosas que el venezolano normaliza. Dice que eso se refleja en las cifras de su canal, donde cada video tiene muchísimas más reproducciones de lo que él tiene de seguidores en sus cuentas.

Ali Morales: “La heterogeneidad de Caracas es súper poderosa para aquellos que comprenden su narrativa”
Foto: Cortesía
El interés está en lo que digo y no sobre mi persona. Creo que eso siempre es una manera de asentarse en la tierra y saber cuál es mi responsabilidad con respecto a lo que estoy haciendo, y entender cómo sobrellevar este proceso. Es una aventura, y no soy el único que anda en ese peo de entender cómo es el venezolano. Al final esto es un beta aristotélico, pero de manera colectiva. Entre todos nos preguntamos quiénes somos”, dice.

En una oportunidad, después de hacer un episodio sobre la cultura del graffiti, un artista de ese medio lo describió en un comentario como “un pure (viejo) que habla vainas de Caracas”. Morales quedó prendado con eso, al punto de ser así como se presenta en su cuenta de Twitter, a pesar de tener 36 años de edad. Lo asume en el otro significado de “pure” (padre), por la visión paternalista de sus reflexiones. También supo que allí estaba el nicho al que tenía que apuntar. 

Aprendiendo a ser caraqueño

Morales es hijo de inmigrantes. A los 10 años de edad, se mudó a Colombia con ellos y no fue sino hasta los 19 que regresó a Caracas. En ese tiempo, con una adolescencia vivida en otro país, se encontró con una realidad completamente distinta, un lenguaje caribe que debía recuperar y una sociedad en constante transformación. En resumen, tenía que volver a aprender a ser venezolano.

“Cuando yo llegué, lo primero a lo que me enfrenté fue a cómo adaptarme a la cultura caraqueña, o sea, entender qué era un caraqueño. Ahorita eso lo puedo plantear con qué significa la velocidad caraqueña, o entender qué es la velocidad. Pero nada, sin mucha reflexión, sino más como un hecho de supervivencia me tocó hacerlo”, indica.

Ali Morales: “La heterogeneidad de Caracas es súper poderosa para aquellos que comprenden su narrativa”
Foto: EFE

Por ejemplo, relata que en esa época trabajaba en una cadena de comida rápida en Plaza Venezuela. En una oportunidad, su gerente, al verlo sin hacer nada, le dijo a otro empleado “a este pana sí le gusta echar el carro”. Él, todavía configurado en la jerga colombiana, creyó que el jefe lo estaba felicitando porque trabajaba más rápido que un auto. En realidad significaba todo lo contrario. “Yo tenía acento colombiano y argotes semánticos de la costa, y cuando estaba aquí la gente no me entendía, y yo no entendía a la gente. Hablaba y se cagaban de la risa”, agrega.

Ese proceso de inserción cultural generó en él un interés por comprender los fenómenos sociales que moldean la ciudad. Más en la zona en la que residía: la popular parroquia Catia, en el extremo oeste de Caracas. Moverse en esa ladera le hizo no solo sentirse identificado con sus formas, dialectos y colores, sino también aprender a ver con otros ojos la cotidianidad. Aquellas cosas que para otros eran tan normales que resultaban tácitas, para Morales se convirtieron en un punto de reflexión que ahora expresa en su podcast.

La ciudad marginada

Ali Morales: “La heterogeneidad de Caracas es súper poderosa para aquellos que comprenden su narrativa”
Foto: Cortesía

Apegándose a la definición de la RAE, se puede decir que Caracas está llena de vainas. Una ciudad ecléctica que se debate entre lo patrimonial y distópico, donde la percepción cambia en el cruce de cada esquina. Sin embargo, en las últimas décadas, una de las dinámicas más notables en el Área Metropolitana es esa barrera que separa el este y oeste, como un muro de Berlín invisible. Una frontera que no solo separa al Distrito Capital del estado Miranda, sino que también separa clases sociales, estilos de vida y hasta maneras de comportarse y relacionarse con los demás. El viejo chiste de que los conductores solo respetan los semáforos cuando llegan a Chacao.

La forma en la que se distribuye la ciudad no es perfecta, pues Petare, el barrio más grande de Venezuela, está en el extremo más al este, y zonas acomodadas como La Florida persisten en el oeste. Sin embargo, esta división ha quedado arraigada en la cultura caraqueña, al punto de generar estigmas y estereotipos sobre los habitantes de cada lado.

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Igualmente, fenómenos como los altos índices de criminalidad que llevaron a Caracas a ser una de las ciudades más peligrosas del mundo, han contribuido a estos modelos de discriminación mutua, donde se tachan las zonas rojas del mapa y se levantan prejuicios contra el motorizado de lentes oscuros, o de vestimenta asociada a la construcción social del malandro caraqueño.

Como politólogo, Morales rechaza que se vea a la inseguridad como el origen del miedo de muchos caraqueños a adentrarse en el oeste. Por el contrario, señala que la delincuencia es una consecuencia del proceso histórico de marginalización que vive la sociedad caraqueña. Dice que basta una toma aérea de la capital para ver el cinturón de barrios que rodean el valle, con todo un ecosistema que ha crecido excluido del desarrollo urbano. Un fenómeno que también está presente en otras ciudades latinoamericanas, como Bogotá o Río de Janeiro.

“La forma como se construyó terminó marginando a la gente. Y además hay otro fenómeno, que es uno bien claro, de que Caracas es la segunda aglomeración urbana de Latinoamérica. Hay demasiadas personas en pocos metros cuadrados. Y eso genera que naturalmente nuestra forma de relacionarnos sea violenta, porque necesitamos el espacio del otro. Depredamos el espacio del otro”, argumenta

Conociendo al otro

Ali Morales: “La heterogeneidad de Caracas es súper poderosa para aquellos que comprenden su narrativa”
Foto: Cortesía GiaKlone

“Creo que con el pasar del tiempo y vivir muchísimas experiencias, cuando mi mundo se amplió más allá del oeste, empecé a entender que habían modelos de discriminación de la ciudad”, apunta Morales. Agrega que además de las marginación física, existe también una marginación mediática latente en los medios de comunicación, los cuales no solo invisibilizan a esa otra ciudad que habita en zonas populares, sino que muchas veces mantiene estereotipos. Representaciones que, aunque se aborden desde la ficción o la comedia, a su juicio poseen muchas veces una carga racista, machista y homofóbica.

Tu código de vestimenta, tu código de conducta, tu manera de hablar va a definir no solamente tu procedencia, sino que también cómo te relacionas de nuevo con ese espacio. Entonces esa dinámica tiene dos matices: o tú te enfrentas a ella desde una visión donde tú te sientes marginado y te defiendes ante lo que te ataca; o utilizas justamente el desconocimiento de la propia identidad a la que tú perteneces como una herramienta de enlace con el otro”, razona.

Por eso en los últimos años Morales ha optado por abrirse al mundo. De ser el chico de Catia, a interactuar dentro de su medio audiovisual con gente de distintas clases sociales, pero sin dejarse marginar por ser quien es. Por eso habla de la manera que le es natural sin maquillajes, y viste de la forma que siente cónsona con su identidad. Y por eso también, desde “Un 2 de vainas”, intenta deconstruir la imagen negativa de los tukys (subcultura urbana equivalente a los cholos en México o flaites de Chile) o cualquier otro grupo marginado. Más que derribar mitos, es permitirle al público conocerlos y cambiar sus paradigmas.

“De ahí provienen cosas como ‘el beta’ de que los argots semánticos que yo uso constantemente para comunicarme los uso como manera expresiva mía. Cuando la gente me dice hablo como medio malandro, yo le digo que no mano, que esa es la forma como yo me expreso y como yo me siento. Eso no me quita mi capacidad intelectual ni de reflexión”, destaca.

Reconectando espacios

Ali Morales: “La heterogeneidad de Caracas es súper poderosa para aquellos que comprenden su narrativa”
Foto: Cortesía

Para Morales, el metro es un punto de encuentro para todos los caraqueños. Un factor homogeneizador donde la gente puede recorrer la ciudad de oeste a este compartiendo un mismo vagón sin aire acondicionado. Y aun así, existen personas en la ladera este que jamás han dado un paso más allá de Chacaíto. Señala que la marginación no es un fenómeno exclusivo de los cerros, sino que también se puede ver en las urbanizaciones más empinadas, donde han construido burbujas ajenas al resto de la ciudad.

En esa búsqueda de conocer al otro que lo desconoce, cuenta que suele llevar a sus amigos más foráneos al oeste. Ver sus caras de fascinación al comer shawarmas en un local árabe en Plaza Sucre le hizo descubrir que la ciudad es un ente con múltiples caras que sonríe a quienes saben moverse por sus calles. “Cuando vi eso comencé a entender que la heterogeneidad de esta ciudad es súper poderosa para aquellos que comprenden su narrativa, y qué realmente componen nuestra identidad”, afirma.

En este sentido, Morales explica que actualmente están presentes dos fenómenos que lentamente están rompiendo las barreras culturales de Caracas, permitiendo reconectarse con los espacios. El primero, menciona, es la migración. Un momento histórico que desde el 2015 afecta por igual a venezolanos de todas las clases sociales. Asevera que en la diáspora, lejos de las etiquetas y esquemas bajo los que vivían, muchos han podido reencontrarse con sus raíces para construir una identidad común. “Esa mirada desde afuera de quienes han vivido aquí, y que se han tenido que encontrar con otros y sentirse iguales, a pesar de no venir de los mismos lugares”, añade.

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El otro factor han sido las redes sociales, que poco a poco han derrumbado los modelos de comunicación unidireccional de los medios tradicionales. Apunta que el auge del contenido “a lo Luisito Comunica” ha permitido a muchos jóvenes atreverse a explorar rincones insospechados de su ciudad, descubriendo espacios que años atrás habían sido relegados por diferentes razones, como el centro. A su vez, esto ha permitido reactivar un poco el sector comercial, donde los negocios locales se renuevan para generar una oferta acorde a ese nuevo público. Incluso, acota, se ha abierto un nicho de tours para gente del este que jamás ha visitado el otro lado de Caracas.

Ali Morales: “La heterogeneidad de Caracas es súper poderosa para aquellos que comprenden su narrativa”
Foto: Cortesía

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—Hay sectores del este que ahora ven toda la movida del oeste como algo exótico, hasta pintoresco, cuando en realidad ya tiene toda la vida allí

—Te lo digo siendo muy sincero: una vaina que detesto, incluso cuando la gente lo hace por ignorancia, y trato de controlarme y por eso comunico mucho, para no decir que hablo que jode, es porque desde la ignorancia uno puede terminar haciendo exotización de la miseria. Hay gente de hecho que tiene eso como práctica social. Yo siento incluso que todo este tema de la migración permite que la gente se de cuenta de que no somos el centro del mundo. Los fenómenos que vivimos, que atravesamos, tienen un porqué, un desarrollo y contribuyen a una transformación histórica.

—Nosotros los venezolanos nos merecemos una cultura histórica lejos del partidismo político. Nos merecemos una cultura histórica conectada con la explicación de nuestros fenómenos. A mí cuando me preguntan de qué trata “Un 2 de vainas” yo siempre digo que es la contribución a ese hueco histórico que existe sobre estos fenómenos de la cultura pop venezolana que no están documentados. Y creo que por ahí va esa vuelta.

—También se puede decir que por la misma marginación que hay en el país, por años se negó en los medios a elementos como el Hip Hop o hasta los matinés y las motos, que también forman parte de la cultura pop

—Ese es precisamente el beta. Pero eso responde a un tema de intereses. Los venezolanos, específicamente los caraqueños que están en la movida cultural, siempre han tenido una mirada hacia afuera, y eso ha tenido que ver con el tema del fenómeno del rentismo y de quiénes migraban anteriormente. Cuando tú miras todos los proyectos antes del año 2000, generalmente tienen una visión introspectiva del artista. Entonces tú te pones a pensar, ¿quiénes tenían posibilidades para ser artistas? Bueno, los que tenían condiciones para serlo. ¿Y quienes podían ser artistas vivían esos elementos de la cultura pop que tú estás hablando? No, ellos no los vivían. Todo eso quedaba fuera de la esfera cultural.

Después del 2000, en algún punto, hubo un nivel de internacionalización de artistas de otros tipos y ellos empezaron también a trasladar, a evidenciar parte de esa cultura. Yo creo que el punto más alto de todo eso mano es justamente la migración. La gente empezó descriptivamente a entender que la venezolanidad no radica en marcas, sino en fenómenos. Y esa vaina ahorita es que está comenzando a tomar un valor. Y se empieza a crear entonces un respetou0022.

Creando narrativas

Ali Morales: “La heterogeneidad de Caracas es súper poderosa para aquellos que comprenden su narrativa”
Foto: Cortesía

Morales dice que a pesar de las exigencias del mercado, para él ser un creador de contenido es mantener viva la discusión. Por eso cada episodio de su podcast involucra un proceso de investigación previa que, admite, toma su tiempo y no se suele ajustar a los patrones de consumo generales. Aun así, ha logrado cosechar una buena cantidad de seguidores con los que busca abrir nuevos canales de comunicación. 

Luego de terminar la primera temporada de 10 capítulos, el realizador aspira expandirse en otras plataformas como Spotify, donde inició en noviembre de 2021, así como en un formato semanal que le permita ser más directo en su relación con el público. “Es un reflejo de una discusión sobre el país, y esa discusión no ha terminado”, dice. Igualmente, Morales está involucrado en otros proyectos que le permitan generar alianzas y visibilidad, como presentador en eventos o incluso, no descarta algún día armar un stand up. “Estoy como hackeando el sistema”, comenta entre risas.

Aunque sus emprendimientos cinematográficos siguen presentes, reconoce que permanecerán suspendidos mientras dure la pandemia y la falta de recursos económicos. Mientras tanto, desde su espacio seguirá diciendo vainas. Y como la RAE, deconstruyendo las muchas y cambiantes concepciones del lenguaje. Como él mismo apunta en Cuando los malandros lloran: “Capaz malandrearle a la vida sea dar un paso al frente, para sacar adelante lo mejor de nosotros”.

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