• Los líderes territoriales del Partido Popular aceptaron que el todavía líder de los populares continúe en la presidencia con la condición de que deje vía libre al gallego Alberto Núñez Feijóo para que sea elegido en el próximo congreso extraordinario del partido

Pablo Casado logró extender su presidencia en el Partido Popular (PP) y tendrá la salida digna que buscaba. Luego de horas en la que se presumía su renuncia ante la presión de varios de sus colegas de partido, llegó a un acuerdo con los líderes más prominentes de los populares para aguantar al frente del partido hasta el congreso extraordinario del partido, que se celebrará los días 2 y 3 de abril. Lo hicieron, eso sí, bajo la condición de que no se presente para renovar su presidencia y en cambio apoye al gallego Alberto Núñez Feijóo.

“Me habré podido equivocar, pero no he hecho nada malo”, dijo el todavía presidente del PP en el cónclave en el que decidieron su continuidad, de acuerdo con fuentes de El País. Casado ratificó entonces que no ordenó espiar a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, tal como trascendió en los medios de comunicación y que originó la fractura definitiva en el PP. “Os pido que no hagáis más sangre de la necesaria”, dijo en la reunión con los líderes territoriales del partido.

Casado ganó la pulseada al menos en cuanto a prorrogar su salida. Días antes había dicho a sus dirigentes afines: “No sé por qué me tengo que ir. No he hecho nada”, según fuentes de El País. Incluso varios diputados habían pedido su dimisión públicamente, como la expotavoz Cayetana Álvarez de Toledo. Por otra parte, su secretario general, Teodoro García Egea, también había renunciado. García Egea fue de los principales señalados por el supuesto espionaje a Ayuso.

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Hasta el congreso extraordinario de abril, la coordinación general del PP quedará a cargo de la actual portavoz parlamentaria, Cuca Gamarra. Mientras que el presidente del comité organizador será el eurodiputado Esteban González Pons.

El último adiós en el Congreso

Casado ya se había despedido el miércoles 23 de febrero desde el Congreso de los Diputados, en la habitual sesión de control al gobierno. A pesar de las dudas de si asistiría al pleno, el líder del PP hizo un discurso con aires de despedida, en el que pidió al presidente del gobierno, el socialista Pedro Sánchez, “ensanchar el espacio de la centralidad sin necesidad de pactos con los que no creen en España ni de alianzas con los que han atentado contra ella”. Y añadió: “Espero que el Gobierno se ponga al servicio del interés general con respeto a las instituciones, a la unidad nacional y a la igualdad de todos los españoles”.

Diputados del PP aplauden a Pablo Casado al terminar su discurso. Foto: Bruno Thevenin.

Inmediatamente después de las palabras de Casado, los diputados del PP se pusieron de pie para aplaudirlo, aunque estuvo lejos de ser una ovación cerrada como en otros discursos. Los aplausos de muchos de los diputados populares fueron una paradoja, puesto que horas antes habían pedido la dimisión de Casado y atizado contra su liderazgo.

Sánchez respondió a Casado deseándole “lo mejor en lo personal”, a pesar de las diferencias políticas. Pero hasta allí llegó la cortesía. Reprochó al exlíder del PP haber puesto en duda la legitimidad de su gobierno y aprovechó, eso sí, para advertir que no haría leña del árbol caído: se comprometió “solemnemente” y por “sentido de Estado” a no sacar provecho de la crisis del PP y convocar elecciones anticipadas. “Queremos conseguir la confianza de los españoles basándonos en nuestro mérito y no en la debilidad de nuestros adversarios”, dijo el presidente del gobierno.

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No hubo réplica. Después de la respuesta de Sánchez, Casado se mantuvo en silencio, se puso de pie y, con paso apresurado, salió del Congreso. La soledad en la que ha estado en las últimas horas se evidenció también en ese momento: solo tres diputados fieles a él (Ana Beltrán, Pablo Montesinos y Antonio González Terol) lo acompañaron, mientras que otros aplaudieron tímidamente como señal de despedida.

Pablo Casado sale del Congreso de los Diputados, en Madrid. Foto: Bruno Thevenin.

La sesión de control prosiguió sin mayores alusiones a la crisis del PP. Solo Inés Arrimadas y Edmundo Bal, del partido Ciudadanos, despidieron a Casado. “Quiero desear lo mejor en lo personal al señor Pablo Casado y mucho acierto a la próxima directiva del Partido Popular, que es un partido muy importante para nuestro país”, dijo la líder de los liberales.

Núñez Feijóo a la vista

Casado tiene sustituto desde hace varios días. O al menos eso parece.

Desde que estalló la crisis con Ayuso, el nombre que maneja la prensa española para reemplazarlo, haciendo eco de filtraciones dentro del PP y de declaraciones de importantes dirigentes y exdirigente, es el actual presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo. El gallego es de los activos más importantes de los populares, y algunos lo ven como el ideal para pacificar al PP en medio de esta crisis y llevar al partido nuevamente al gobierno, en las elecciones generales previstas para 2023.

A diferencia del año 2018, cuando Mariano Rajoy salió de la presidencia del PP y de España con una moción de censura, Feijóo no se ha descartado para asumir el liderazgo de los populares. En aquel año, muchos lo apuntaban como posible sucesor de Rajoy por ser experimentado, pero declinó la posibilidad y finalmente eligieron a Casado.

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Pablo Casado resistirá en la presidencia del PP hasta abril pero su liderazgo está sentenciado
Pablo Casado, Alberto Núñez Feijóo e Isabel Díaz Ayuso. Foto: David Castro.

“Esa vez no podía controlar los tiempos. Le marcaron una agenda y él se apartó. Ahora es distinto. Hay margen para celebrar el congreso y organizar las cosas”, señaló una fuente del PP a El País.

Feijóo presumiblemente alternará la presidencia del Partido Popular con la de la Xunta de Galicia, que gobierna desde 2006 tras ganar cuatro elecciones de manera consecutiva obteniendo mayoría absoluta. Al no ser diputado del Congreso, no podría rivalizar cara a cara con Sánchez, como sí lo hacía Casado.

De tal manera que el cargo podría darle la vocería que requeriría como eventual líder de la oposición. Otra posibilidad es que renuncie a la presidencia de la Xunta de Galicia y entre en el Senado por designación autonómica del Parlamento de Galicia en sustitución de algunos de los dos senadores que le corresponden al PP gallego. En ese caso, podría tener el tan deseado cara a cara con Sánchez al menos una vez al mes.

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