• La impulsora del programa de Madres Promotoras de Paz del Centro de Formación e Investigación de Fe y Alegría, movimiento que cumplió 67 años en el país, afirma que valentía y solidaridad son clave en la formación educativa en estos momentos | Foto: Fe y Alegría

La invasión rusa a Ucrania llegó a los hogares venezolanos, aunque quede muy lejos, y el tema no se le debe evadir a los niños y adolescentes, sugiere la profesora Luisa Pernalete. Especialista en el tema de Convivencia y Ciudadanía que profundiza en el equipo del Centro de  Formación e Investigación de Fe y Alegría, conoce los frutos de enseñar la importancia de las relaciones pacíficas en los hogares, las comunidades, los planteles.  En 2010 fue el corazón del programa Madres Promotoras de Paz que está llegado a las 177 escuelas del movimiento, donde tiene 45 años educando en los sectores más necesitados del país.       

Debemos hablarle a los niños de la guerra para enseñarlos a valorar la paz“, señala en entrevista para El Diario.

—¿Cómo educar para la paz frente a esa guerra con más de 100 niños muertos? 

—Debemos hablar con niños y adolescentes del tema, pues ninguna guerra es buena y ninguna paz es mala, como decía el educador y periodista Jesús Rosas Marcano. También indagar lo que piensan de ese conflicto bélico, de los ejemplos de valentía y solidaridad. Hay que hablar en la casa y en la escuela de los temas escabrosos, como del bullying, de la violencia sexual, o de la banda del Koki, para que el niño sea capaz de preguntar para aprender y también capaz de expresarse con libertad. ¿Qué red social no está hablando de Ucrania en este momento? Están viendo videos en los que atacan a objetivos civiles.  Hay que buscar la paz  Si la mayoría de los países están en desacuerdo, hay que decirlo. Es importante poder saber qué ayuda al diálogo y qué no. Por eso,  este proyecto educativo tiene que ver con la formación de la madre.

—¿Se está enseñando también en las escuelas?

—Se está llevando a las escuelas, porque Fe y Alegría nunca ha dejado de educar en valores. Lo que hemos hecho es enriquecer la línea de ciudadanía y de formación, en la que se trabaja con derechos humanos. 

Luisa Pernalete
Foto: Twitter

Valorar la paz ante cualquier violencia

—¿Por qué educar para la paz en Venezuela?

—Venezuela es un país muy violento, lo que ocurre es que la pandemia y la inflación han hecho que pongamos de lado las cifras. La violencia no se refiere solamente a la tasa de muertes por cada 100.000 habitantes,  aunque Venezuela tiene 6 ciudades entre las 50 del mundo con las tasas más elevadas, sino a expresiones de todo tipo. En Venezuela nos tratamos muy mal unos con otros, en las redes sociales, ha crecido la violencia intrafamiliar, la sexual para niños y mujeres. 

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—¿Cómo comenzó el programa en Guayana?

—Me lo encomiendan entre 2009 y 2010, cuando dejo la dirección de Fe y Alegría en el estado Bolívar. Yo entonces era directora de Guayana y en 2005 habíamos tenido tres muertes violentas de alumnos, en distintas circunstancias,  por balas. Y también el secuestro de una niña que apareció muerta, y eso nos tenía muy golpeados en el estado. En unos 30 colegios de la zona comenzamos a trabajar el tema de la sana convivencia, con alumnos y maestros. Y me propusieron asumir el tema de cómo prevenir y enfrentar la violencia, y diseñé el programa. Cuando me relevan del cargo en Guayana, me dediqué a estudiar más a fondo el tema, y propuse trabajarlos con alumnos, maestros y mamás. Y les dije ‘voy a comenzar con las mamás’.

—¿Por qué con las mamás?

—En primer lugar, porque está comprobado que cuando te ganas a la mamá, te ganas a toda la familia; en segundo lugar, todo el mundo le echa la culpa a la mamá de todo y quisimos ayudarla; y en tercer lugar, porque ellas son las que asisten a las reuniones. Y así, les dimos la mano y comenzamos a trabajar en varias comunidades de ciudad Guayana que conocía bien porque fui 11 años directora regional. Diseñé un curso para darles a las mamás herramientas que les permitieran promover la convivencia pacífica en su casa, y luego en la escuela y en la comunidad. Y allí me di cuenta de que la mamá es la primera que tiene que curarse las heridas de la infancia no trabajadas. Mucha gente que tiene mala convivencia y se lleva mal con todo el mundo, probablemente tiene heridas de su infancia no trabajada. En los entornos violentos de allá, con tres grupos muy vulnerables de ensayo comencé a trabajar y de las hojitas que escribía salió el libro Conversaciones sobre la Violencia y la Paz, que ya va por segunda edición. Eso en un país como el nuestro es un acontecimiento.

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Y para qué la paz

—¿En qué consistió esa enseñanza?

—Diseñamos el curso para tres niveles: el primero, la paz comienza con la fe de la persona, en el cual la mamá o la abuela se trabaja a sí misma, y trabaja el perdón; el segundo: la fe del patio de tu casa, que consiste en cómo llevarnos mejor con la familia, los hijos, conocer su entorno a través de reuniones en pequeños grupos, con orientación, y se trabaja el arte de escuchar -Y esto porque aunque se dirigía a los adolescentes nos dimos cuenta que también los chiquitos eran violentos- ; y el tercer nivel  es el de las políticas públicas: el tener derecho a vivir en paz, revisar el marco jurídico, y analizar  en el entorno que propicia la paz y los focos de violencia. El curso termina con una pregunta : ¿y usted qué va a hacer? Desde una cartelera hasta replicar los cursos. Somos Madres Promotoras de Paz (MPP), y la idea es convertirnos en Madre, Maestros, Padres Promotores de Paz (MMPPP)  y  convertirnos en un movimiento. 

—¿Qué resultado ha tenido en las mamás?

—Por ejemplo, las mamás se dan cuenta que dar pela es contraproducente y además está prohibido por la Ley Orgánica para la Protección del Niño, Niña y Adolescente (Lopnna);  uno las enseña a resolver problemas por la vía pacífica y a comunicación para la convivencia.  Cada tres meses cuando las chequeamos, me dicen cosas como esta: ‘yo peleaba con mi esposo todos los días y ahora no’. Eso no significa que se queda callada, sino que aprende a decir las cosas sin pelear. También comentan que desde que cambiaron la manera de relacionarse con los hijos, ellos también cambiaron. En todos esos casos, eran mamás que sabíamos eran violentas y a los muchachos de mala conducta y que eran así porque tenían problemas en su casa o era objeto de maltratos. Y ese es el sentido de educar para la paz en un país tan violento: precisamente prevenir que tu hijo no termine en una banda del delito organizado.

—¿Algún resultado concreto?

—En La Victoria, estado Aragua, había un grupo muy violento y propusimos hacer planes vacacionales, sobre todo para los niños que nunca habían salido del barrio. Ese grupo hoy es extraordinario y ha logrado salvar chamos que están en situación de riesgo. Cada grupo hace lo que el resultado de cada análisis les indica. En otra parroquia, hasta hace tres años propusimos como plan dar charlas de este curso a escuelas públicas y promover la convivencia pacífica. Claro, con la pandemia hemos tenido una debilidad. Los cursos eran presenciales debido a que participaban facilitadores en cada una de las siete zonas. Yo me pasé todo el tiempo formando facilitadores por todo el país para que el programa se diera en las escuelas. Y llegamos a 70.  Los indígenas no están incluidos porque me di cuenta en Guayana que la violencia no es natural, sino externa. Se aprende a ser violento. Ellos tienen otros problemas.

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Luisa Pernalete
Foto: Fe y Alegría

Una apuesta por los derechos

—¿Qué han logrado en materia de derechos humanos?

—En cada escuela y en cada zona hay un referente de derechos humanos y de ciudadanía. No digo que las 177 escuelas están en el mismo nivel porque cada uno tiene su realidad, pero te puedo asegurar que hay dos o tres en el año escolar. Aunque desde 2020  es vía online, hay una persona dentro del equipo nacional de escuelas que es responsable de Ciudadanía, y se trabaja el ABC de derechos humanos. El niño tiene que saber que por la Lopnna tiene derecho al buen trato, y lo debe saber también la mamá y los maestros. Y también que hay deberes, como el respeto mutuo, respetar a los maestros, lo cual se trabaja desde el preescolar. Es lo mismo con la equidad de género.   Ningún niño debe meterle una zancadilla a una niña, o al revés, y ningún adulto debe minimizar las quejas de los pequeños. Eso se le enseña también al personal de limpieza y al portero.

—¿Qué esperan para este año 2022, en medio de las dificultades?

—El mañana lo tenemos que hacer nosotros, pero esperamos que haya acuerdo nacional para salvar la educación venezolana porque está en emergencia mucho antes de la pandemia que empezó en 2020. La sociedad completa debe llamar la atención. Las iniciativas de formación online que hacemos, como también las universidades, puedan continuar. Nuestro objetivo es no solo que 177 escuelas de Fe y Alegría estén bien, sino que todos los niños, niñas y adolescentes y personas en edad escolar del país tengan escuela, porque sin esta ellos no tienen futuro, y así ningún país sale de la crisis.

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