• Ubicada entre Colombia y Panamá, la región de Darién se convirtió en los últimos años en un concurrido punto de tránsito para migrantes venezolanos con destino a Estados Unidos. Sin embargo, es una de las rutas más peligrosas del continente, bien sea por sus caudalosos ríos, o por la amenaza de grupos criminales que operan allí

Entre el calor sofocante y senderos de lodo que llegan hasta las rodillas, cientos de migrantes atraviesan una de las selvas más peligrosas del mundo en su camino para llegar a Estados Unidos. Del denominado Tapón de Darién, ubicado entre Colombia y Panamá, son varios los caminantes que no logran salir con vida, debido a sus condiciones extremas y la acción de grupos delictivos. En lo que va del año 2022, tres mujeres venezolanas han muerto atravesando esta región, en su intento de buscar un futuro mejor.

El caso más reciente es el de Merimar Paola Gómez Díaz. Oriunda de Caracas, falleció el 17 de marzo de 2022 tras 13 días de caminata por la región de Darién, en Panamá. De acuerdo con el portal El Pitazo, la joven había logrado completar el tramo junto a su esposo, su mamá y sus tres hijos. Sin embargo, se descompensó en el autobús cuando ya estaban rumbo a Costa Rica, debido al desgaste físico que sufrió.

Camino complicado

El esposo de Gómez, identificado como José, relató a la cuenta de Instagram Utahzolanos que la mujer comenzó a sentirse mal durante el recorrido en la selva, por lo que le pidió a su pareja que se adelantara junto a sus hijos, de 1, 2 y 15 años de edad. Por su parte, ella se quedó con su mamá, y al cabo de unos días terminaron el recorrido, reencontrándose con el resto en un campamento de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

“Estábamos por agarrar un bus para seguir el camino y ella se desmayó. No se pudo hacer nada. Nunca había sufrido problemas del corazón. Ella no estaba bien. En la selva amamantó a nuestro bebé. Estaba exhausta. Los médicos nos dijeron que fue un infarto”, contó.

Actualmente la familia está en Costa Rica, donde el cuerpo de Gómez permanece en la morgue del hospital donde llegó sin signos vitales. Su pareja indicó que no cuentan con recursos para pagar su cremación.

Cuesta arriba

El Tapón de Darién: la inhóspita selva que ha cobrado la vida de tres venezolanas durante el año 2022
Foto: Cortesía

Apenas tres días antes de la muerte de Gómez, el 14 de marzo de 2022, medios especializados en migración venezolana reportaron la muerte de Andreína Chiquinquirá Acosta. La mujer había migrado desde el estado Zulia a Colombia, y de allí cruzó a Panamá con su hijo de tres años de edad.

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Testigos señalaron que la mujer sufrió un infarto luego de siete horas continuas de caminata por una ruta montañosa. El trayecto resultó extremadamente empinado y lleno de lodo, a lo que se sumó el clima húmedo y caliente de la selva. A pesar de que fue socorrida por el resto de la caravana, falleció en el lugar. Acosta viajaba sola, por lo que su hijo está en custodia de las autoridades panameñas mientras contactan a algún familiar para que reclame el cuerpo.

Río peligroso

La primera víctima registrada del Tapón de Darién en 2022 fue Mariné Carolina Castellano Suárez. La zuliana, de 26 años de edad, había migrado previamente de Cabimas a Quito, Ecuador, en  julio de 2021. Era técnico medio en laboratorio clínico y tenía un hijo de seis años de edad.

Debido a la pandemia de covid-19, la situación económica de su familia en Ecuador se había complicado, por lo que decidieron ir por tierra a Estados Unidos, donde tendrían mayores oportunidades. Así, Castellano emprendió el viaje junto a su hijo y su esposo, Andrés Lucena.

Lucena declaró en exclusiva a El Diario que el 9 de marzo de 2022 atravesaban uno de los ríos de la selva. Aunque existe una versión narrada por los padres de la joven, en la que afirman que se golpeó la cabeza con una roca al resbalar, el esposo aclaró que la corriente la arrastró sin que pudieran rescatarla a tiempo. Su cuerpo fue recuperado por las autoridades tres días después.

“Fue muy triste. Mi esposa, nuestro hijo de seis añitos y yo, estábamos cruzando el río en la selva junto a otros migrantes cuando el nivel del agua subió y la arrastró. No pudimos hacer nada. Mi hijo vio todo. Por favor, necesitamos de sus oraciones y de cualquier apoyo económico para poder cremar el cuerpo de mi esposa. Estamos destrozados”, dijo en otra entrevista para Utahzolanos.

Una ruta peligrosa

El Tapón de Darién: la inhóspita selva que ha cobrado la vida de tres venezolanas durante el año 2022
Migrantes haitianos atravesando un río del Tapón de Darién. Foto: Cortesía

La región de Darién nace en Colombia, al norte del Departamento de Chocó, y se extiende por su provincia homónima, en Panamá. En este último país constituye un parque nacional declarado como patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Con un total de 130 kilómetros de extensión, es una selva densa y llena de pantanos, lo que hace imposible el paso de vehículos terrestres por ahí. De hecho, la carretera Panamericana, que atraviesa todo el continente desde Alaska (Estados Unidos) hasta Argentina y Chile, se interrumpe únicamente en ese tramo.

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A pesar de ser una tierra salvaje y hasta cierto punto hostil, el Tapón de Darién se ha convertido en un destino frecuentado por los migrantes. Existen varias nacionalidades, incluso africanas, pero la mayoría son haitianos y venezolanos que se dirigen a Centroamérica. Allí luego se incorporan a las caravanas que van rumbo a Estados Unidos.

Generalmente los migrantes se suelen concentrar en el pequeño poblado de Necoclí, en Chocó, y de allí cruzan en lancha hacia Capurganá, apodada como “la puerta del infierno selvático”. También existía una entrada por la población de Acandí, aunque entró en desuso debido a la alta peligrosidad de la zona. Otra ruta que ha ganado popularidad de acuerdo con la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), es la llamada “travesía del Pacífico”, que parte desde Tumaco y Juradó hasta la comunidad panameña de Jaqué. A partir de allí los migrantes se internan en la naturaleza por varios días hasta salir a alguno de los tres campamentos humanitarios. El más concurrido es el centro de recepción temporal en Lajas Blancas, ubicado en las reservas indígenas de las etnias Emberá-Wounaan y  Guna Yala.

El trayecto dentro del tapón no es apto para cualquier excursionista, pero eso no impide que diariamente lo crucen familias enteras con niños pequeños y personas de la tercera edad. Allí, además del calor y las irregularidades del camino, deben lidiar con animales salvajes, serpientes e insectos venenosos. No obstante, la peor parte ocurre en sus ríos, los cuales pueden crecer repentinamente. Una crónica de Los Ángeles Times narra cómo en estos cauces desaparecen decenas de personas, siendo uno de los puntos más difíciles para los guías conocido como “el río de la muerte”.

A merced de la violencia

La naturaleza no es el único factor de preocupación para los migrantes en Darién. Cada caravana que se interna en Darién queda a merced no solo de coyotes (guías que cobran por pasarlos ilegalmente a través de la frontera), sino también de los grupos guerrilleros colombianos y carteles de narcotráfico que operan allí. Diariamente se reportan casos de asaltos, asesinatos y abandonos en medio de la selva. Algunos pueden ser víctimas de reclutamientos forzosos y trata de personas.

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Los niveles de violencia llegaron a tal nivel que la organización Médicos Sin Fronteras debió desmantelar su campamento en Acandí, pues dejó de ser frecuentada por los caminantes. El diario español El País, reseña que esto se debió al aumento de los reportes de robos y violencia sexual en ese camino. También al asesinato del líder social Fredy Pestana, quien era el encargado de organizar a los guías que acompañaban a los migrantes. 

Las mujeres constituyen uno de los grupos más vulnerables entre los migrantes. El Centro por la Justicia y el Derecho internacional (Cejil) expresó que suelen ser víctimas de una violencia sexual sistemática, la cual en casi todos los casos suele quedar inmpune. La organización registró durante el año 2021 cerca de 300 denuncias, que incluían hasta violaciones grupales.

 Rumbo al norte

La Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) indicó en un reciente informe que durante enero de 2022 más de 2.000 venezolanos atravesaron el Tapón del Darién. Una cifra que duplica a la cantidad de migrantes que llegó a Panamá por ese pasaje en 2021. Actualmente los venezolanos integran hasta el 50 % de las caravanas, que ahora optan por viajar por vía marítima, aunque no exentos de peligro por el estado precario de las embarcaciones que utilizan.

Igualmente, la OCHA registra un aproximado de 121.600 refugiados venezolanos en Panamá. Aunque logran superar el infierno selvático, al llegar a los campamentos todavía deben enfrentar condiciones de hacinamiento e insalubridad, sin mencionar que poblaciones como Lajas Blancas han condicionado toda su actividad a la atención de migrantes. Allí desde usar el baño, hasta hacer una llamada o recarga telefónica se cobra en dólares, aprovechando el desamparo y desesperación de las personas que solo buscan un lugar para descansar.

Las historias del Tapón de Darién están llenas de muerte. Desde cuerpos abandonados sobre el lodo o flotando en los ríos, hasta personas que son dejadas atrás por su grupos al no poder continuar. Entre la fiebre y los esguinces, muchos presionan a sus cuerpos con tal de mantener el paso. Una vez en las estaciones de recepción, se puede apreciar a los migrantes tomar un respiro antes de seguir su aún largo camino al norte. Otros permanecen allí por más días, esperando que las autoridades recuperen el cuerpo de algún familiar que sucumbió a la selva.

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