• El fotógrafo y artista visual, residenciado en Suiza, fue nominado al Swiss Design Awards 2022 por su trabajo etnográfico titulado “El camino de los objetos”. Pizzoferrato conversó con el equipo de El Diario sobre las características del proceso migratorio venezolano y el foco de su obra

La primera vez que Ronald Pizzoferrato visitó las instalaciones de Art Basel ubicadas en Basilea, Suiza, fue como obrero de construcción. Ronald había emigrado de Venezuela y su primer encuentro con la sociedad suiza fue a través de un oficio común. Ahora, varios años después, Pizzoferrato vuelve a estas mismas instalaciones para exponer su trabajo como uno de los nominados al Swiss Design Awards 2022.

Pizzoferrato esconde su rostro bajo la capucha de la fotografía; mira la realidad venezolana y toma, como lo ha hecho desde su descubrimiento precoz de la vida en la noche caraqueña, los signos puntuales, pero muchas veces olvidados para el prejuicio, que constituyen la “nueva venezolanidad”. Por eso, al hablar sobre las razones de la nominación y sobre su presencia en el lugar llega a su mente, como una pequeña viruta de ceniza entre el ruido de los buses, una pregunta inevitable: “¿Qué hago yo aquí?”. 

Sin embargo, la respuesta, a su vez, es concisa y clara: “Mi razón es hacer un registro que quede en la memoria. Este proceso migratorio es algo único y es necesario documentarlo para establecer un análisis, sobre todo por nosotros mismos, no por extranjeros. Eso me motiva”. Por eso mismo su rostro – conocido por unos cuantos- se camuflajea en su trabajo, en la fotografía de un ataúd bajando las escaleras de un barrio caraqueño, de un trochero pasando por las fauces del río con una lavadora en su espalda o, simplemente, con la maleabilidad semántica de un objeto que se modifica con el camino de sus dueños.

Plomo, un fotolibro sobre la violencia en Caracas

El trabajo de Ronald Pizzoferrato está centrado en los códigos identitarios del contexto actual de Venezuela, desde el camino de los migrantes hasta la configuraciones de la violencia en el día a día del país.

Plomo es un fotolibro que analiza la identidad caraqueña que, históricamente, ha estado configurada por la violencia y en los últimos años ese factor se ha exacerbado. La mirada de Ronald no pretende un final aleccionador, lleno de moralismos vacíos, sino que busca el reconocimiento de los signos de la identidad de la ciudad.

“Mi objetivo con Plomo es mostrar la transformación de la violencia en códigos semióticos del día a día caraqueño. Lo único que hice fue categorizar las expresiones violentas en los símbolos de la vida cotidiana como la política, la cultura, la religión, etc. Nuestra manera de comunicarnos es violenta”, explicó en exclusiva para El Diario.

Una nominación inesperada

El camino de los objetos de la migración venezolana bajo el lente de Ronald Pizzoferrato
Ronald PPizzoferrato

El Swiss Design Awards es la premiación más importante en el ámbito del diseño y la fotografía en Suiza. Solo pueden participar personas naturales del país o residentes con más de cinco años. Es un premio que, como explica Ronald, está dirigido a los profesionales en el área y la nominación lleva consigo un reconocimiento. Su nombre está al lado de artistas como Leonardo Angelucci, Maxwell Ashford, Jeremy Ayer, Olga Cafiero, Claudia Colombo, Celine Ducrot, entre otros. 

El jurado de la premiación está conformado por siete miembros de la Comisión Federal de Diseño y expertos invitados. En una primera vuelta el jurado revisa el trabajo de los postulantes y, luego, escoge a los nominados para una segunda vuelta que será expuesta en las instalaciones del Art Basel entre el 13 y el 19 de junio. Ahora, entre el 16 y 19 de ese mismo mes ocurre la exposición principal del Art Basel, a la par de sus presentaciones en Miami y Hong Kong, que es la más relevante del arte contemporáneo. Este evento atrae a más de 12.000 visitantes cada año.

Al imaginar su obra en ese lugar, junto a grandes exponentes del mundo y, sobre todo, como un visor de la realidad venezolana ante el extranjero, la voz de Ronald, en este momento en Argentina, muestra los decibeles de la emoción y de la extrañeza. En un instante, como si toda su experiencia de vida se proyectara en su memoria, su relato da cuenta de sus primeros paso como grafitero en la calles de Caracas, como un chamo criado en la popular “universidad de la vida”, hasta su emigración a Suiza, su oficio como obrero y, luego, su encuentro azaroso con la fotografía. 

Para mí es una locura porque nunca imaginé que iba a llegar a exponer en ese sitio. Yo vengo de un contexto donde no estaba diseñado para exponer en ese lugar. Al final, este tipo de cosas suceden y me parece importante que las nuevas generaciones de Venezuela lo perciban: sí puede pasar”, dice.

En este caso, Ronald es tajante ante la importancia de crear y establecer nuevos análisis sobre la reconfiguración identitaria de la venezolanidad desde nosotros mismos y no, como ha ocurrido en otros procesos migratorios, desde la mirada extranjera. El país del pasado añorado es un recuerdo anclado a la nostalgia de una población herida y, en cambio, la identidad de “lo venezolano” ha tomado nuevas conductas y en su encuentro con otras culturas ha creado nuevos códigos de identificación. 

El camino de los objetos: un proyecto que analiza la migración venezolana

Ronald Pizzoferrato

Un objeto es creado con una función básica y su aparataje semántico, en un principio, se relaciona con ese uso primario. Sin embargo, los seres humanos modificamos esa función y ampliamos la potencialidad del objeto. Por ejemplo, para una familia que ha cruzado el río Simón Bolívar con una serie de pesares en su pecho, una cobija estampada con la imagen de Spiderman deja de ser, simplemente, un objeto para abrigarse y termina siendo un recuerdo de sus vínculos familiares. Este cambio es el foco principal del trabajo de Ronald Pizzoferrato. 

Este proyecto inicia a finales de 2017. Es una consecuencia de mi investigación inicial en Caracas. Y, luego, en 2018 el fenómeno de la migración masiva se convirtió en una realidad. En ese momento, como migrante, me causó curiosidad la transformación de los objetos. Eran cosas que buscaba conservar que, quizás, en un uso funcional no tenían razón, pero eran vínculos emocionales”, explica.

De acuerdo con La Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur), un promedio diario de 5.500 venezolanos dejaron el país durante 2018. En ese año inició el proyecto de Ronald Pizzoferrato y continuó en 2020 y 2021. 

La primera etapa ocurrió en los pasos fronterizos de Venezuela con Colombia, que era el lugar con el mayor flujo de migrantes. En ese lugar Ronald pudo estudiar los objetos que los migrantes se llevan por vínculos emocionales. Luego, como el mismo proyecto da cuenta en las siguientes etapas, esos objetos son dejados en el camino por su falta de utilidad o, en cambio, se transforman en nuevos artefactos adecuados a las circunstancias. 

Una de las fotografías más características de “El camino de los objetos” la protagoniza un trochero: es un hombre joven, de piel morena, que en un su frente tiene un pretal -un objeto con referencias indígenas que permite cargar objetos pesados en la espalda- para llevar una lavadora a través de los pasos desnivelados de las trochas. En la fotografía el hombre salta una pared de ladrillo rojizo, que no ha sido terminada, para llevar su carga. En ese pequeño detalle, en el uso del pretal, en la lavadora en la espalda, en el salto por las trochas se desencadenan los signos de identificación del contexto. 

El autor francés Roland Barthes en su texto La cámara lúcida denomina a estos detalles como “biografemas”, ya que le permiten al espectador una exploración de los saberes que se esconden en la fotografía. Por eso, un extranjero que camine por las salas de Art Basel y se encuentre, de retruque, con la fotografía, sin saber ni una pizca sobre Venezuela, podrá entender la pesadez que tienen los migrantes al llevarse los objetos de su hogar en la espalda. 

Luego, en 2020 el foco de la investigación cambia y llega al “tránsito” y la “estadía”. Ronald Pizzoferrato analiza en ese momento el cambio de los objetos primarios de la salida y, a su vez, la creación de una nueva economía de consumo por el flujo constante de personas: desde el trochero hasta las casas de cambios.  

Entonces, cuando vuelvo en 2020 noto que ciertos objetos han sido modificados por la misma practicidad del contexto. Por ejemplo, el pretal -objeto para sostener algo en la frente- es un objeto indigena que se usaba para cargar objetos pesados. En ese año me doy cuenta que ese pretal está identificado con la zona de Venezuela del trochero, de sus gustos, para demostrar un simbolismo del objeto. La gente empezó a adaptar objetos que eran parte de esa dinámica”, explica.

Los objetos cambian, se modifican, se adaptan y, sobre todo, se identifican. En esta etapa en distintas ciudades de Colombia, Pizzoferrato estudió la creación de los lugares de comida con la bandera venezolana, con cientos de frases de la jerga nacional estampadas en sus paredes, con el ritmo de un arpa y un cuatro entre sus mesas; las casas de cambio con la bandera venezolana; entre otras cosas. Estos detalles se entremezclan para establecer una identidad, en palabras de Ronald, exagerada. Es un nuevo lugar para “lo venezolano” desde la nostalgia y exposición de los símbolos propios ante la mirada extranjera. 

Ahora, la tercera etapa del proyecto fue en el Tapón del Darién, frontera entre Colombia y Panamá y uno de los pasos más peligrosos del continente americano. La migración venezolana por ese lugar ha crecido en los últimos años por la esperanza de un futuro mejor en Estados Unidos. Ronald cruzó la selva junto a miles de migrantes venezolanos para dejar registro de ese camino, de las calamidades de los que deciden cruzar por ahí y, a su vez, para investigar los objetos que acompañan a esos caminantes. 

En ese viaje Ronald pudo cerciorarse de una situación: la mayoría de los venezolanos que deciden tomar ese camino y cruzar la selva no vienen de Venezuela, sino de otros países a los cuales habían emigrado anteriormente. “Yo estuve entre siete u ocho días ahí y vi entre 800 y 1.000 venezolanos y solo conocí una sola familia que venía propiamente de Venezuela. La gente que se está yendo por el Darién vienen de otras zonas, sobre todo de Chile y Argentina”, comenta.

Ronald relata que el paso por el barro de la selva, la humedad y la peligrosidad de esos tramos sin ley, controlados por grupos irregulares, fue una de las experiencias más viscerales que ha vivido. Incluso, aunque su lugar en ese tránsito es el de un investigador, un fotógrafo que analiza la realidad de otros, de aquellos que han dejado, por segunda vez, todo para lanzarse a la deriva de una esperanza. 

En este momento, el proyecto de “El camino de los migrantes” cumplió con sus tres etapas para ser presentado en el Swiss Design Awards, pero es un trabajo que no tiene un final claro. El proceso migratorio venezolano todavía tiene mucho por registrar y, quizás, el futuro de este trabajo será la investigación del retorno de esos objetos que alguna vez se fueron. “Al final, la importancia de un objeto es que pueda ser inmortal”, finaliza.

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