- El Boca Ratón Museum of Art albergará hasta el 21 de mayo una muestra con la evolución de Vigas a lo largo de tres décadas de creación artística. El curador Axel Stein explicó para El Diario que esta es la primera de una serie de exhibiciones que se realizarán en diferentes latitudes, como Ciudad de México o Hong Kong
El arte venezolano tendrá un 2023 lleno de celebraciones. Se cumplen 100 años del nacimiento de Pascual Navarro, Jesús Soto, Carlos Cruz-Diez y Oswaldo Vigas, quienes fueron parte de una generación que revolucionó el arte venezolano y cuyo legado sigue presente en los muros y esculturas que simbolizan la entrada del país a la modernidad. En el caso de Vigas, desde hace meses se ha preparado una serie de homenajes, aunque la mayoría organizados en el extranjero.
Por ejemplo, la Fundación Vigas inauguró el 14 de febrero de 2022 una exposición por el centenario del maestro del figurativismo en el Boca Ratón Museum of Art, en el sur de Florida, Estados Unidos. La muestra agrupa una veintena de obras pintadas entre las décadas de los cincuenta y setenta, seleccionadas por el propio director del espacio, Irwin Lippman. Estará abierto al público hasta el 21 de mayo.
En entrevista con El Diario, el curador y crítico de arte Axel Stein indicó que la exhibición forma parte de esta celebración que se completará el 4 de agosto, cumpleaños del artista, y que inició a mediados de septiembre de 2022 en Nueva York, con la presentación del catálogo razonado de Oswaldo Vigas. Esto lo convierte en uno de los pocos artistas latinoamericanos en poseer uno, junto a Frida Kahlo, Rufino Tamayo, Joaquín Torres García y Diego Rivera. También uno de los pocos cuya obra, compuesta de más de 3.000 piezas, está completamente digitalizada en una página web gratuita.
Forma y figura
Vigas es considerado como uno de los grandes representantes de la figuración en Venezuela. Algunas de sus obras que estarán en la exposición del Boca Ratón son El alacrán o La red, ambas de 1952, o Dos Personajes Nacientes en Amarillo (1953), que forman parte de su periodo parisino. También hay otras de un periodo más informal posterior a su regreso a Venezuela en 1959. Finalmente, una serie de cuadros de los años setenta, entre los que destacan Asmodé, Hierática y Lúcida III, todos de 1970.
Durante esta etapa, Vigas se caracterizó por plasmar estructuras orgánicas sacadas de la naturaleza, como animales, hojas o figuras humanas. La investigadora del arte Susana Benko destaca en el texto curatorial el uso de la línea, con la cual crea formas puntiagudas y violentas que se transforman en fauces con colmillos, picos de aves o tramados humanoides.
Agrega que a pesar de ser un referente del figurativismo, también tuvo incursiones en la geometría abstracta. Sin embargo, a diferencia de otros maestros como Cruz-Diez y Alejandro Otero, que se inclinaron por el cinetismo y la pureza de las formas, Vigas se fue por una geometría más sensible y clínica.
“En los años cincuenta, Vigas trabajó primero una geometría con una modulación de color muy interesante y con una estructura que nos recuerda al maestro Joaquín Torres García, quien había fallecido en 1949. Inspirado de alguna manera por su obra trascendental, Vigas se aplicó durante años en trabajar en ella”, refiere el experto.
Desde las raíces
Lorenzo Vigas Castès, cineasta e hijo del artista, aseguró que su padre fue el primer venezolano en “transcribir los códigos ancestrales de nuestros orígenes, precolombinos o africanos”, adaptándose a las nuevas corrientes artísticas de su tiempo y con las que entró en contacto durante su residencia en Francia.
Logró tomar esos elementos para crear un sincretismo entre la modernidad y la tradición. Esto le permitió trabajar en múltiples formatos más allá de la pintura y el muralismo, como la escultura, el grabado, la cerámica y la tapicería.
Estas referencias culturales comenzaron a finales de los años cuarenta, de acuerdo a Stein. Aquí el artista se fue alejando del figurativismo convencional para incorporar aquellas líneas primigenias. También tomó elementos del arte popular que pudo haber visto en sus viajes a Tinaquillo (Cojedes) durante su juventud, o en Mérida, cuando comenzó la carrera de Medicina en la Universidad de Los Andes (ULA). Allí forjó su estilo, reconocido por capturar la esencia del mestizaje étnico y cultural del país.
Centenario
Oswaldo Vigas falleció en Caracas el 22 de abril de 2014, a los 90 años de edad. Poco antes, en 2010, se creó la Fundación Vigas con el fin de divulgar y preservar su legado. Debió continuar con la tarea emprendida por el propio autor de organizar su extenso archivo para tener todo el inventario de su obra. Su hijo heredó esa misión junto a Dilia Hernández, presidenta de la organización desde 2012. Con el apoyo de Stein, tardaron casi 10 años en dar forma al catálogo razonado, que salió justo a tiempo para el centenario del maestro.
Este fue apenas el abreboca de una serie de actividades que ya comienzan a concretarse con la exposición en el Boca Ratón Museum of Art. Por ejemplo, en octubre se inaugurará otra exhibición más grande en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México (MAM). No solo se mostrará más de un centenar de obras de Vigas, sino también de otros artistas que lo influenciaron o con quienes compartió sus ideales latinoamericanos. Rufino Tamayo, Wifredo Lam, Frida Kahlo y Joaquín Torres-García son parte de la selección.
Stein adelantó que se trabaja en otra exposición en Hong Kong, de la que próximamente se dará más información. En paralelo, habrá proyecciones del documental El vendedor de orquídeas, dirigido por Lorenzo Vigas sobre la vida e impacto cultural de su padre. La cinta fue parte de la sección oficial del 73º Festival de Cine de Venecia. En una entrevista previa para El Diario, Vigas Castès también dijo que pronto se editará una biografía del artista por parte de la editorial Turner. Además, inició las gestiones para crear un premio anual de pintura latinoamericana a su nombre.
“¿Cómo es posible que el centenario de un artista venezolano de trascendencia continental tenga que celebrarse en el exilio?”, cuestionó Stein. Agregó que actualmente espacios algunas vez emblemáticos como la Galería de Arte Nacional o el Museo de Bellas Artes actualmente carecen de una dirección objetiva. “No tenemos ningún tipo de representación en el gobierno venezolano que se preocupe por estas celebraciones, y menos de artistas que no pertenecen necesariamente a la revolución que ellos promueven”, agregó.
Generación dorada
En el calendario de celebraciones de este año, la artista Luisa “Nena” Palacios abre con su centenario el 10 de mayo, seguido cuatro días después por Pascual Navarro, ambos destacados pintores y muralistas que pertenecieron al grupo Los Disidentes. El 5 de junio será el aniversario de Jesús Soto, cuyos homenajes también comenzaron desde el año anterior. Luego de Vigas, cierra el 17 de agosto, con Cruz-Diez.
A esto se suma que en 2021 fue el centenario de Alejandro Otero, y para los próximos años los de otros artistas como Alirio Oramas (1924–2016), Narciso Debourg (1925–2022) o Mateo Manaure (1926–2018). Esto deja evidencia de una generación que marcó el rumbo del arte contemporáneo venezolano. Una que rompió con los viejos esquemas del figurativismo e impresionismo que imperaban en el Círculo de Bellas Artes de su tiempo.
“Esa generación tomó el relevo de los clásicos de la Escuela de Caracas y de Bellas Artes. Figuras como Rafael Monasterios, Antonio Herrera Toro y aquellos que a principios de siglo intentaron hacer mella en el alma del país. Era un país diferente, con una población escasa de apenas 2 millones de personas y dominado por la dictadura de Juan Vicente Gómez, quien era bastante conservador y no tenía mucha idea de arte”, indica Stein.
Señala que tras la muerte de Gómez en 1936, Venezuela salió de su política aislacionista. Esto permitió a estos artistas conocer otros países y empaparse con las vanguardias artísticas. Y no solo eso, sino que se convirtieron en los embajadores del nuevo arte venezolano en el exterior. Su manifiesto pronto proyectó los anhelos de modernidad del país, al convertirse en los exponentes del arte como símbolo del poder civilizador frente al pasado rural. Esto se plasmó en proyectos como la Ciudad Universitaria de Caracas, donde precisamente confluyen obras de esta generación dorada como un gran museo al aire libre.