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  • La NASA y la Agencia Nacional de Inteligencia Geoespacial (NGA) de Estados Unidos han estudiado este fenómeno en las últimas décadas | Foto principal: NASA

Científicos especialistas vinculados a la Administración Nacional de Aeronáutica y Espacio (NASA, por sus siglas en inglés) estudian un fenómeno magnético en el Océano Atlántico y que ha afectado a Suramérica en las últimas décadas.

De acuerdo con la oficial de asuntos públicos de la NASA, Jessica Evans, la llamada “abolladura” en el campo magnético de la Tierra en el Atlántico Sur podría afectar el funcionamiento de satélites y computadoras espaciales en el largo plazo.

“Una pequeña pero cambiante abolladura en el campo magnético de la Tierra puede causar grandes dolores de cabeza a los satélites”, dijo Evans en el inicio de un artículo publicado en el sitio web de la NASA.

La Tierra tiene un campo magnético que la protege de las emisiones del Sol, especialmente de las eyecciones de masa coronal, que son ráfagas de plasma y partículas cargadas con magnetismo que pueden dañar equipos electrónicos.

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“Sobre América del Sur y el sur del Océano Atlántico, un punto inusualmente débil en el campo, llamado Anomalía del Atlántico Sur, o SAA, permite que estas partículas se sumerjan más cerca de la superficie de lo normal. La radiación de partículas en esta región puede dejar fuera de servicio a las computadoras de a bordo e interferir con la recopilación de datos de los satélites que pasan a través de ella”, prosiguió Evans.

A pesar de que la llamada anomalía magnética del Atlántico Sur ha sido estudiada durante décadas por la comunidad científica, el gobierno de Estados Unidos reveló que en los últimos cuatro años el campo magnético se ha debilitado un 7% más en esa zona.

La NASA, la Agencia Nacional de Inteligencia Geoespacial (NGA) de Estados Unidos y el Centro Geográfico de Defensa (DGC) del Reino Unido confirmaron el debilitamiento de esta zona en el campo magnético de la Tierra.

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¿Qué causa esta anomalía?

De acuerdo con la oficial de asuntos públicos de la NASA  las dos posibles causas de este fenómeno son la inclinación del eje magnético de la Tierra y el flujo de metales fundidos dentro del núcleo externo del planeta.

“La Tierra es un poco como una barra magnética, con polos norte y sur que representan polaridades magnéticas opuestas y líneas de campo magnético invisibles que rodean el planeta entre ellos”, aclaró Evans.

La especialista explicó que, a diferencia de los imanes que conocemos, el campo magnético de la Tierra no está perfectamente alineado, debido a que este se genera en el núcleo externo del planeta. Ese núcleo contiene material fundido y mantiene un movimiento de alrededor de 2.900 kilómetros por debajo de la superficie.

“Estos metales agitados actúan como un generador masivo, llamado geodinamo, creando corrientes eléctricas que producen el campo magnético”, agregó Jessica Evans.

La oficial de la NASA detalló que debido al movimiento en el núcleo de la Tierra, la orientación del campo magnético fluctúa en el espacio tiempo y generan fenómenos como la anomalía del Atlántico Sur.

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Acciones a tomar para el futuro

Andrew Tangborn, matemático del Laboratorio de Geodinámica Planetaria de Goddard, sostuvo que la comunidad científica perteneciente a la NASA trabaja en modelos de prevención que les permita prepararse ante las amenazas que significan las eyecciones de masa coronal para los satélites e instrumentos espaciales.

“Esto es similar a cómo se producen los pronósticos meteorológicos, pero estamos trabajando con escalas de tiempo mucho más largas. (…) Esta es la diferencia fundamental entre lo que hacemos en Goddard y la mayoría de los otros grupos de investigación que modelan los cambios en el campo magnético de la Tierra”, afirmó Tangborn.

Terence Sabaka, geofísico del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA en Greenbelt (Maryland), expresó que la agencia seguirá monitoreando el comportamiento de la anomalía del Atlántico Sur con misiones de observación.

“A pesar de que la anomalía del Atlántico Sur se mueve lentamente, está pasando por algunos cambios en su morfología, por lo que también es importante que sigamos observándolo con misiones continuas. (…) Porque eso es lo que nos ayuda a hacer modelos y predicciones”, concluyó Sabaka.

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