En el bullicio de Caracas hay figuras que desde la discreción de sus puestos observan el movimiento de los habitantes en la ciudad. Porteros, vigilantes y parqueros son testigos de la vida urbana y acumulan un archivo de anécdotas y sucesos que no suelen trascender más allá de su círculo.
El equipo de El Diario realizó un recorrido por el oeste de Caracas para documentar algunas experiencias de estos trabajadores, ya que sus roles de vigilancia y orden los posicionan como observadores de la interacción social, la dinámica de los vehículos y las particularidades del comportamiento humano en la capital.
Desde la entrada de un local comercial en El Paraíso, un portero identificado como Ramón, con más de 20 años de experiencia, compartió su visión sobre lo que ha podido presenciar durante su labor.
“Aquí uno ve de todo. Los años pasan, las cosas cambian, pero lo que noto es que la gente siempre tiene prisa. Eso los lleva a veces a ser imprudentes. A veces uno les advierte sobre un escalón o un hueco, pero la velocidad en la que andan hace que no presten atención, y las caídas son comunes”, señaló el portero.
Estas palabras coincidieron con la observación de otro trabajador. Luis Martínez es vigilante en una urbanización de Caracas y refirió que es constante ver cómo el apuro de los transeúntes a menudo genera situaciones que requieren de su intervención.
“Más de una vez, en los tres años que tengo trabajando en la compañía de vigilancia, me ha tocado ayudar a alguna vecina a cruzar la calle. Dejo a mi compañero en la caseta y salgo a acompañarla porque he visto como intentan pasar corriendo y no voltean a ver si viene una moto”, señaló el vigilante.
Incidentes y situaciones inusuales en la ciudad
Un parquero en la zona comercial de Las Fuentes ofreció su visión acerca del manejo del espacio público, ya que es el encargado de organizar que los clientes se estacionen en las zonas habilitadas y no obstaculicen la vía ni la acera.
“Uno intenta que todo fluya, pero la gente a veces no colabora, no espera o se estaciona donde quiere. Es un constante vaivén entre el orden y el caos. Lo curioso es que algunas personas son muy metódicas y respetuosas, mientras otras ignoran cualquier señal y hasta maltratan a quien está haciendo su trabajo”, señaló el parquero de nombre José.
Con relación a la imprudencia, otro portero de un establecimiento comercial relató algunas situaciones específicas que le ha tocado presenciar durante su labor, las cuales consideró se podrían evitar si el ciudadano prestara más atención a lo que hace.
“He visto accidentes, atropellamientos, algunos por la falta de atención al salir del estacionamiento, otros por la imprudencia de los motorizados que se comen la flecha o van volando, adultos mayores que cruzan sin ayuda. A veces parece que la gente no ve a los demás. Una vez, un motorizado en contravía se estrelló contra un carro y eso fue un momento de alta tensión porque iba una niña en la moto”, narró el portero.
Estos testimonios refuerzan la narrativa de la falta de precaución al volante y la poca atención de los transeúntes al momento de cruzar una avenida o calle en Caracas.
Peleas y delitos en Caracas
El parquero José también contó para El Diario que en algunas oportunidad ha tenido que lidiar con situaciones de conflicto entre conductores, cuando los ánimos se caldean trata de intervenir.
“Los dueños del negocio cuando me contrataron me dijeron que mantuviera el área en sana paz. Lo hago pero a veces hay discusiones por los puestos, o porque alguien obstaculiza el paso y me toca intervenir para calmar la situación. Recuerdo una vez que dos conductores casi llegan a los golpes por un espacio de estacionamiento. Tuve que ponerme en medio y hablar con ambos para que entendieran que no valía la pena el problema”, señaló José.
La interacción de las personas en la calle es un punto recurrente en los relatos de estos trabajadores. Además de esto y de los incidentes viales, el portero Ramón también ha sido testigo de otro tipo de situaciones inusuales.
“He visto a personas que, por la distracción con el teléfono, se han golpeado con postes o incluso han tropezado en la acera. Algunos dan risa, pero una vez, un joven se tropezó, cayó y se golpeó tan fuerte que tuvimos que ayudarlo entre varios porque hasta perdió el conocimiento», dijo el portero.
En el caso del vigilante de la urbanización del oeste de Caracas, indicó que cuando le toca el turno nocturno tiene que estar más atento a ruidos o movimientos inusuales. Durante su labor en el último año, no ha visto robos pero hace algunos años sí vivió una experiencia que hasta ahora quedó grabada en su memoria.
“Hace años vigilaba un edificio, con otra agencia, y se metieron dos jóvenes al estacionamiento. Cuando me di cuenta, traté de sacarlos antes de que cometieran un delito pero me pegaron con una llave de cruz en la frente y me dejaron en el piso. Eso me hizo perder mi trabajo, nunca lo voy a olvidar”, acotó Martínez.
Consejeros inesperados
Para el trabajador del área de seguridad, su labor también la considera como una especie de punto de información para los vecinos, incluso agregó que en determinadas circunstancias sirven de consejeros inesperados.
“Hay residentes que bajan a conversar porque se sienten solos, sobre todo los mayores. Y me cuentan sus cosas, me piden consejos, eso creo que es parte también de nuestro trabajo. Aunque la seguridad es la prioridad, ser un apoyo para la comunidad es gratificante”, dijo el vigilante.
Los relatos de estos trabajadores, desde sus diferentes puntos de vista en la ciudad, concuerdan en varios puntos: la imprudencia de los motorizados, la velocidad excesiva de los conductores, la vulnerabilidad de los peatones y la poca atención de los ciudadanos.
Sin embargo, estos entrevistados, desde sus puestos de trabajo, colaboran más allá de lo que les corresponde realizar al convertirse en mediadores, amigos, evitadores de accidentes y documentalistas de la realidad cotidiana en Caracas.
