El cineasta y productor Luis Alberto Lamata murió el 24 de agosto, a los 65 años de edad. La noticia fue compartida por el periodista Sergio Monsalve en su cuenta de Instagram, quien lo recordó como “uno de los mejores directores venezolanos de todos los tiempos”.
“Todo el mundo tenía buenas palabras para él en el medio. Incluso, era de los pocos directores en el país que no le huía a la crítica o la menospreciaba. Más de una vez, Luis Alberto nos sorprendió con su sonrisa y seguridad, después de haberlo diseccionado por alguno de sus títulos que no nos gustaron”, escribió.
Lamata inició su carrera en la televisión, donde estuvo involucrado en la producción de decenas de telenovelas, algunas icónicas como Topacio (1984) o Pobre negro (1989). En el cine, destacó con obras como Jericó (1991), Desnudo con naranjas (1996) o Taita Boves (2010). En 2023 recibió el Premio Nacional de Cultura 2021–2022 en su mención Cine.
Joyas televisivas
Nacido en Caracas el 14 de noviembre de 1959, Luis Alberto Lamata era hijo del realizador Juan Lamata Martín, quien en los años cincuenta dirigió Lo de hoy, magazine matutino pionero en Venezuela, conducido por Renny Ottolina. Su padre luego dirigió telenovelas como La usurpadora (1971), La indomable (1974) o Doña Bárbara (1975).
Su tía fue la actriz María Luisa Lamata Martín, quien también apareció en múltiples telenovelas y películas.
Luis Alberto estudió Historia en la Universidad Central de Venezuela (UCV), aunque su contexto familiar tan vinculado al entretenimiento le hizo entrar al medio audiovisual a los 23 años de edad. Su primera obra fue el cortometraje Félix, o ¿sabes usted cuánto gana un cajero? (1984), aunque su oportunidad de oro vino en la televisión ese año, dirigiendo la telenovela Topacio para RCTV.
Junto a Luis Manzo, adaptó la obra Esmeralda de Delia Fiallo y le imprimió una personalidad propia que no solo la hizo brillar, sino que la convirtió en un éxito de sintonía incluso internacionalmente y considerada una de las mejores telenovelas de la edad de oro de la televisión venezolana. En paralelo, siguió formándose en el cine, trabajando para directores como Carlos Rebolledo y Carlos Azpurúa.
El éxito de Topacio le abrió las puertas para hacer más telenovelas como Mansión de Lujo (1986), La intrusa (1987), Señora (1988), Pobre negro (1989) y Gardenia (1990). Las dos Dianas (1992), otra joya de la televisión venezolana que marcó su etapa en el canal Venevisión, estuvo dedicada a su padre, fallecido un año antes, mientras que Calypso (1999) fue la última producción en la que participó su tía, quien murió un año después.
Tras un breve paso por TV Azteca en México para dirigir las telenovelas La hija del jardinero (2003) y Belinda (2004), regresó a Venevisión para La vida entera (2008) y El árbol de Gabriel (2011). Luego de A puro corazón (2015), en Televen, su último trabajo para la televisión fue la minserie Carabobo, Caminos de Libertad (2021), que se emitió por varios canales del Estado por el bicentenario de la Batalla de Carabobo.
Historias humanas
La consagración artística de Lamata llegó con su primer largometraje, Jericó (1991). Considerada por la crítica como una de las mejores películas venezolanas de finales del siglo XX, estuvo nominada al Premio Goya de España y fue precandidata al Oscar en la categoría de Película en lengua extranjera. Para su película, se basó en sus investigaciones de la universidad de crónicas y textos del periodo de la conquista, aunque creando una historia completamente original.
“No estoy tratando de hacer un retrato de la historia de Venezuela. Estoy contando un drama que en primer lugar es un drama personal y que por razones muy particulares ambienté en ese siglo”, declaró en una entrevista para la revista Encuadre en 1990.
Aun así, esa vena de historiador se mantuvo vigente en la mayor parte de su filmografía, en la que se dedicó a contar dramas humanos complejos y oscuros en momentos clave de la historia venezolana, que se presenta alejada de la romantización de periodos como la Guerra de Independencia. Esto se vio en su segunda cinta, Desnudo con Naranjas (1996), ambientada en la Guerra Federal (1859-1863).
Otro ejemplo de esto es Taita Boves (2010), basada en la novela Boves, el Urogallo, de Francisco Herrera Luque, y en la que hace un perfil crudo sobre el personaje y cómo la guerra y el desamor sacan a flote el lado más salvaje de los hombres. Esta película formó parte de una larga colaboración de Lamata con la productora del Estado Villa del Cine, que comenzó con Miranda regresa (2007), en su momento la película más cara hecha en Venezuela.
Historias mínimas
Si bien Lamata hizo con Villa del Cine otros encargos más biográficos como Bolívar, el hombre de las dificultades (2013) y otros dramas históricos como Azú (2013), tampoco perdió de vista la época contemporánea en sus cintas. Ejemplo de esto es El enemigo (2008), que refleja la violencia de las calles caraqueñas cruzando historias de diferentes clases sociales.
En un tono más ligero, también dirigió en 1997 La primera vez, protagonizada por Servando y Florentino Primera, como una película de promoción de la banda Salserín. Este encargo en su momento fue un éxito de taquilla entre el público juvenil, a pesar de distanciarse del estilo habitual de Lamata.
La última película del cineasta fue Historias mínimas de Parque Central. Parejas singulares (2018). Una antología de relatos que tienen como común denominador al icónico complejo urbanístico, como una suerte de exploración de la vida que florece dentro de una utopía fallida. De acuerdo con el periodista Simón Villamizar en su cuenta de X, Lamata tenía un guion que soñaba filmar, con la historia de un violín perdido que termina en manos de unas trabajadoras sexuales de la avenida Libertador de Caracas. Un proyecto truncado cuyo esbozo, curiosamente, ya había asomado en uno de los relatos de Parque Central.
“Lamata se despide con un balance que lo favorece, pues escribió algunas de las principales páginas de nuestra historia audiovisual, aquella por la que siempre creyó y luchó incansablemente. De modo que es un día de luto para el cine y la cultura venezolana. Nos deja un legado que honraremos en ciclos y cine foros, donde extrañaremos su presencia y su estilo sosegado de caraqueño empático, culto y civilizado” reflexionó Sergio Monsalve en su despedida al director.