Gabriel Cabello mira a la cámara sonriente, antes de dar vuelta al lienzo en sus manos y revelar su pintura. “Vendiendo mis cuadros hasta comprarme una casa en Venezuela”, dice en cada uno de sus videos. Sin embargo, más allá de lo personal de su meta, encierra también un reto que el pintor, oriundo del estado Portuguesa, desea demostrar al mundo que puede cumplir: vivir tranquilamente del arte, incluso dentro del contexto socioeconómico más difícil.
El objetivo no es para nada sencillo. De acuerdo con la firma de análisis inmobiliario española Fotocasa Research, 39 % de los españoles menores de 35 años de edad emprendió en 2025 alguna acción para comprar o alquilar, pero solo el 19 % logró hacerlo. En América Latina la situación se vuelve más compleja. La plataforma Best Place to Live indicó que si bien los millennials (de 31 a 42 años) representaron el 56 % de las transacciones de vivienda en la región, el grupo de 18 a 30 años sigue siendo menos del 5 %.
En esa data no se toma en cuenta a Venezuela, aunque el estudio Análisis de las barreras de la juventud venezolana en el acceso a la vivienda propia hecho en 2023 por Jesús Martínez y Rodolfo Paredes para el Centro para el Desarrollo Económico (Cende), encontró que el 68,6 % de los jóvenes entre 18 y 35 años aún vive con sus padres por la imposibilidad de acceder a una vivienda propia, mientras 14,3 % vive alquilado con su pareja y apenas un 5,7 % vive solo.
Aun así, bajo este panorama, Cabello, de 33 años de edad, quiere probar que puede construir su vida de forma independiente sin renunciar a lo que ama hacer. Reconoce que el oficio de artista no es bien remunerado, sobre todo en Latinoamérica, pero quiere probar que puede superarse con trabajo duro y disciplina, por más cuesta arriba que resulte.
“Yo tengo como pilar, no solamente en el ámbito artístico, sino en todos los ámbitos de mi vida, la disciplina. Siento que eso ha sido algo fundamental en mi vida. Ser disciplinado, hacer ejercicio, levantarme temprano, ponerme con el trabajo todos los días, indiferentemente tenga ganas o no. Eso ha sido un pilar fundamental desde hace ya varios años”, afirma en entrevista para El Diario.
Perseguir sus sueños
Cabello vive en Acarigua, Portuguesa, misma ciudad en la que creció. Desde niño siempre mostró afinidad por el arte, dibujando constantemente a sus personajes favoritos de la televisión. Los retratos de su abuela hechos por un tío también lo inspiraron, poco a poco fue aprendiendo a dibujar y pintar de forma autodidacta.
En 2015 se graduó de ingeniero mecánico, pero comenta que ese no era el camino que quería seguir en su vida. Soportando las críticas y burlas, decidió dedicarse al arte, trabajando desde entonces como tatuador, además de pintar cuadros y retratos por encargo. Admite que no fue algo fácil, pues a los prejuicios de personas que le decían que “se moriría de hambre” se sumó una época ruda económicamente para el país. En más de una ocasión Cabello consideró tirar la toalla, darle la razón a la sociedad y retomar la ingeniería, pero acota que fue todo un proceso físico, mental y espiritual para él derribar todas esas creencias negativas arraigadas.
“Muchas veces pensé en abandonar. Incluso este año recuerdo que le dije a mi mamá que iba a apostillar mis títulos y todo eso y me iba. Paradójicamente, desde ese momento comencé con esta publicación de comprarme la casa y tal, se me hicieron virales y ahora estoy haciendo una entrevista, imagínate. Eso quiere decir que sí está funcionando, estoy llegando más lejos, a más personas, y esa también es una de mis metas: llegar a la mayor cantidad de personas que pueda”, señala.
En los últimos meses su perfil de Instagram acumula más de 12,7 mil seguidores y en TikTok sus videos han llegado a superar los 800 mil reproducciones. Algunas veces con comentarios antipáticos, aunque también con muchos otros positivos, alentándolo a seguir persiguiendo su sueño.
“La verdad fue una idea que nació de una manera bastante sincera, y más allá de comprar una casa, representa deseos que todos tenemos de construir algo propio con lo que amamos hacer, en mi caso, que es el arte. Y en Latinoamérica, la verdad es que ser artista puede ser un camino bastante cuesta arriba, pero también es una forma de mi parte de demostrar que sí se puede vivir del talento y del trabajo constante”, agrega.
Vitrina virtual
Más allá de los momentos grises, Cabello destaca que ha conseguido varios resultados en lo personal y profesional con el arte. Desde todos los equipos que usa para su trabajo como materiales de pintura, máquinas de tatuar, tintas, e incluso una laptop e impresora, lo que le permite ser autosuficiente laboralmente. También ha podido pagar cursos en línea para perfeccionar su técnica, e incluso garantizar cosas tan básicas como su alimentación diaria.
Señala que desde que sus publicaciones se hicieron virales ha recibido más encargos, e incluso para exponer por primera vez en algunas salas en las que jamás imaginó ver su arte. Resalta que al ser un artista independiente fuera de Caracas, en una ciudad como Acarigua, las redes sociales jugaron un papel muy importante para darle visibilidad. Fue una vitrina que, a su juicio, debería ser aprovechada por cualquier creador que desee mostrar al mundo su obra.
“Las redes sociales han sido fundamentales desde que comencé a pintar y a tatuar. He podido llegar a personas que están en otros países. He podido conectar con personas que no conozco, que están en otra ciudad, aquí mismo en Venezuela. Siento que la tecnología va ligada al arte desde que empezó todo. O sea, el pincel es una tecnología. Antes del pincel, pintaban con piedras en las paredes. Entonces, siento que la tecnología siempre va de la mano del arte y ayuda a que tenga más proyección a nivel mundial”, dice.
Formato físico
Aunque es defensor de la tecnología como medio de expresión artística, Cabello se inclina más por lo tradicional con su propio trabajo. No reniega de la ilustración digital, ni siquiera del uso de la inteligencia artificial a la que ve como herramienta más, pero prefiere pintar en formato físico, sintiendo el olor del óleo y del acrílico, o la textura del pincel sobre el lienzo. Asegura que el poder ver las pinceladas produce un efecto en el cerebro único para cada espectador.
“La obra queda con mucha carga emocional, que va desde el artista y se transmite hacia la obra. Incluso cuando uno ve una obra en persona, te transmite algo. A veces ni siquiera sabes qué te transmite, algunos sentirán ganas de llorar, otros sentirán mucha felicidad, otros sentirán tristeza o relajación, pero siempre sientes algo. Evidentemente depende también de lo que quiera transmitir el artista, pero sí me siento mucho más cómodo con la pintura tradicional”, señala.
Señala que sus referentes artísticos precisamente parten de maestros del Renacimiento como Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel y su favorito, Caravaggio. También ha estudiado bastante la obra de pintores más modernos como Picasso, Gustav Klimt o Paul Cézanne. Por eso, aunque no descarta en un futuro explorar con el dibujo digital, señala que seguirá dedicándose a la pintura tradicional. En una época donde todo el patrimonio cultural de una persona se comprime en un disco duro o una nube, tener un cuadro tangible es tan valioso como un libro o un disco de vinilo.
Sueño cumplido
Aunque todavía no ha reunido lo suficiente para comprar la casa, Gabriel Cabello cumplió este año uno de los grandes sueños de su vida: ver uno de sus cuadros en un museo. Uno de sus retratos fue seleccionado para participar en el 1° Salón Nacional de Arte Elsa Morales, una muestra colectiva de 450 participantes repartidos en diferentes museos de todo el país. En su caso, fue incluido en la exhibición principal que se inaugura el 29 de noviembre en la Galería de Arte Nacional, en Caracas.
Indica que forma parte de tres series de cuadros, como un proyecto personal para postular a salones o galerías privadas. Afirma que ya comenzó a vender los primeros, y aspira a continuar haciendo más. “Pienso hacer 10 cuadros y ahora mismo estoy trabajando en las comisiones que tengo y en ese proyecto que es algo ya personal”, apunta.