El chavismo se va a robar toda la ayuda humanitaria que pueda de los terremotos.
Los venezolanos, en su mayoría, somos gente noble, decente y solidaria. Lo hemos demostrado en estos días de la peor tragedia natural en lo que va de siglo para nuestro país.
En nuestra bondad, creemos que cualquier gobierno, al ver la devastación causada por los terremotos del 24 de junio en La Guaira y varias zonas del centro del país, aceptaría toda la ayuda posible e invertiría todos sus esfuerzos en que esta llegue rápidamente a las víctimas.
Pero esta es la dura verdad, sustentada en la experiencia histórica y en haber padecido este sistema durante 27 años: el chavismo se va a robar toda la ayuda humanitaria que pueda. La que envían los gobiernos, las ONG o los particulares. En dinero o en especie. Si le damos la oportunidad, se la van a robar toda.
Esto no es una sorpresa. Este fenómeno ha sido ampliamente estudiado por Bruce Bueno de Mesquita y Alastair Smith en su libro El manual del dictador, un texto obligado para cualquiera a quien le interese una visión desapasionada de la política.
La gran pregunta es: ¿por qué las dictaduras se roban o desvían la ayuda humanitaria?
Bueno de Mesquita y Smith lo explican:
-Porque para las dictaduras su prioridad no es la población, sino mantenerse en el poder.
-Porque la ayuda humanitaria se convierte en un recurso para premiar a militares, funcionarios y aliados políticos (su coalición).
-Porque distribuir la ayuda entre toda la población les genera menos beneficio político que concentrarla en su base de apoyo.
-Porque las emergencias aumentan la dependencia de la población y permiten ejercer mayor control político sobre quienes reciben ayuda.
-Porque la ayuda internacional puede liberar recursos del régimen para otros fines, fortaleciendo su permanencia en el poder.
-Porque utilizan la distribución de alimentos, medicinas e insumos como un mecanismo de clientelismo y coerción.
Ya hemos empezado a ver algunas señales de esto.
El chavismo, en lugar de facilitar las labores de rescate de la sociedad civil, impone su torpe burocracia y trata de imponer la lógica del control. Hemos visto los vergonzosos videos de militares robando y saqueando apartamentos. Hemos recibido noticias de funcionarios lucrándose con la tragedia, cobrando servicios que no se deben cobrar.
En lo sucesivo, el chavismo tratará de aprovechar políticamente esta tragedia para consolidarse en el poder. Profundizará el bloqueo digital y la censura apelando al interés nacional. Y tratará de apelar al fenómeno de “todos alrededor de la bandera”, un concepto estudiado en sociología y comunicación política, donde los gobernantes tratan de aprovechar una tragedia para apelar a la unidad nacional y al nacionalismo con el fin de ganar capital político.
Ahora bien, estas historias de corrupción con la ayuda humanitaria no son la primera vez que ocurren. La historia está llena de ejemplos de regímenes autoritarios o totalitarios que manipularon la ayuda internacional durante grandes crisis.
En Corea del Norte, por ejemplo, durante la hambruna de la década de los años noventa, organizaciones denunciaron que parte de la ayuda alimentaria fue desviada y distribuida de manera selectiva para favorecer al régimen.
En Zimbabue, Mugabe fue acusado repetidamente de utilizar la distribución de alimentos privilegiando a sus simpatizantes y castigando a comunidades opositoras.
En Etiopía, durante el régimen del Derg en los años ochenta, se documentó que parte de la ayuda internacional fue utilizada para apoyar programas de reasentamiento forzoso y consolidar el control del gobierno sobre la población.
La ayuda humanitaria salva vidas.
Nos toca a la sociedad civil movilizarnos para impedir que uno de los regímenes más corruptos de la historia de la humanidad, que ya nos robó el futuro, nos prive también de los recursos para sacar a nuestros hermanos de debajo de los escombros.