El rescate de Hernán Gil se convirtió en un símbolo de esperanza para miles de personas que siguen pendientes de las labores de búsqueda de sobrevivientes en La Guaira, la principal zona de desastre tras los sismos.
La información que manejaban los equipos de rescate era que Hernán, de 44 años de edad, se había protegido debajo del escritorio de su garita, ubicada en un estacionamiento subterráneo del centro comercial que colapsó. Esa posición habría evitado que los escombros lo aplastaran de forma fatal.
Sin embargo, el vigilante permanecía rodeado por muros y toneladas de escombros, lo que complicó durante días las maniobras para extraerlo.
Última Hora
— Benemérita Cruz Roja Costarricense (@CruzRojaCRC) July 2, 2026
¡Hernán está afuera!
Tras 114 horas de esfuerzo ininterrumpido y más de siete días después de los terremotos, Hernán ha sido rescatado y ya se encuentra en una ambulancia de la Cruz Roja Venezolana.
¡Lo hemos logrado! pic.twitter.com/NQDwDljrvj
La Cruz Roja de México, la de Chile y otros equipos de emergencia lograron captar imágenes de Hernán el jueves 2 de julio. Tras más de siete días de intensas labores, los rescatistas consiguieron finalmente extraerlo con vida.
«¡Hernán está afuera! Tras 114 horas de esfuerzo ininterrumpido y más de siete días después de los terremotos, Hernán ha sido rescatado y ya se encuentra en una ambulancia de la Cruz Roja Venezolana. ¡Lo hemos logrado!», informó la Cruz Roja Costarricense.
¿Cómo ubicaron a Hernán Gil?
Allan Madrigal, un rescatista de la Cruz Roja de Costa Rica, escuchó por primera vez la voz de Hernán el domingo 28 de junio, más de 100 horas después de los terremotos.
Madrigal gritó en la zona del derrumbe para saber si había alguien con vida. A lo lejos, Hernán respondió que sí y confirmó que no estaba prensado por escombros, lo que permitió solicitar refuerzos para organizar un operativo de rescate.
La noche del miércoles 1° de julio, los rescatistas lograron establecer un contacto más cercano con Hernán. No obstante, las maniobras se complicaban porque el techo amenazaba con colapsar y el edificio contiguo se había desplazado varios centímetros durante las operaciones.
«Cuando miro alrededor no puedo creer la cantidad de personas que hay aquí ayudando», expresó Gusbimar González, esposa de Hernán, a El País de España mientras permanecía en las afueras de la zona del derrumbe.
En realidad, el apoyo no llegó de inmediato tras la alerta de los rescatistas costarricenses, pues la afirmación de que había un único sobreviviente en esa estructura parecía poco creíble. Sin embargo, insistieron hasta convencer a los equipos de otros países de concentrar esfuerzos en ese punto. Esa perseverancia fue clave para que, días después, Hernán pudiera ser rescatado con vida.