Turismo en La Guaira: el corazón económico del estado que espera volver a latir

A pesar de la destrucción y que continúan los trabajos de recuperación de cuerpos a dos meses de los terremotos, los trabajadores del sector turístico señalan la urgencia de reanudar sus actividades para llevar sustento a sus hogares
Jordan Flores
Jordan Flores - Redactor
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Cae tarde sobre La Guaira. Frente al balneario de Macuto, un grupo de niños juega en el mar mientras el sol lentamente comienza su descenso hacia el horizonte. La silueta de unos pescadores en una lancha completa la estampa, mientras un grupo de amigos con su perro llega con su cava y se sienta en la arena ante la ausencia de sillas. A unos metros de allí, un portón censura la vista del gran enorme baldío donde hasta hace dos meses solían estar las Residencias Militares, ahora completamente demolidas y despejadas.

Decenas de personas perdieron la vida allí durante el doble terremoto del 24 de junio, vecinos que frecuentaban el paseo y compartían diariamente en sus playas. Todo el camino de la avenida José María España por el sector La Quince Letras sigue siendo un recordatorio doloroso de edificios caídos en los que todavía se ven maquinarias y trabajadores. En el balneario, la gente se baña tímidamente, sin música ni jolgorio. También son habitantes de La Guaira, de zonas cercanas, buscando sanar en el océano las mismas heridas que el resto de su población.

Retomar la rutina en un estado que era el escape de cientos de caraqueños al ajetreo de la capital ha sido una tarea complicada en estos dos meses. En sectores como Caraballeda, donde se mantiene la “zona cero” del desastre, el único ruido que se escucha es el de los taladros y los escombros removidos. A lo largo de la cinta costera, sus clubes, restaurantes, estadios y centros de entretenimiento siguen tomados por campamentos militares y de organizaciones humanitarias. En el resto de la ciudad la vida sigue. Mucho más lenta y silenciosa, pero sigue.

Es entonces cuando para muchos surge, más que una pregunta, un desafío: ¿cómo reactivar el motor turístico de un estado devastado por una catástrofe?, ¿cómo atraer visitantes a un lugar en el que la poca infraestructura en pie sigue bajo observación y el luto se mantiene en cada cuerpo recuperado tardíamente?, ¿qué pasa con aquellas zonas que no fueron afectadas directamente por los sismos, pero están igual de paralizadas?

Para los comerciantes, gremios y servidores turísticos la situación es igual de compleja. El primer paso para reconstruir sus vidas empieza por volver a trabajar, y con cada día sin hacerlo la necesidad de recibir clientes se convierte en urgencia.

Brillo apagado

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Casco histórico de La Guaira. Foto: Aldenix David Ocanto/El Diario

Aunque buena parte de la cinta costera de La Guaira no sufrió grandes daños, la contingencia mantiene sus espacios desolados. La rueda de la fortuna conocida como “el Ojo de La Guaira” quedó congelada en el tiempo al igual que su parque de diversiones, mientras el estadio de beisbol Jorge Luis García Carneiro fue hasta hace poco el centro neural desde donde se coordinaba la ayuda internacional.

Al adentrarse en el casco histórico de La Guaira, entre casas de la época colonial conviven las cicatrices de diferentes tragedias. Algunas ruinas están allí desde el deslave del año 1999, mientras que otras exhiben las grietas dejadas por los terremotos. Ángel Delgado vive desde hace dos años en la calle Bolívar, y su casa resultó gravemente dañada. Parte del techo colapsó, y su segunda planta también representa un alto riesgo.

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Aldenix David Ocanto/El Diario

En entrevista para El Diario, indicó que si bien la Comisión Presidencial para la Evaluación de Habitabilidad de Viviendas e Infraestructuras inspeccionó su casa y determinó que no era segura con la etiqueta roja, todavía no ha recibido orientación de la Alcaldía del Municipio Vargas ni de la Gobernación sobre cómo proceder con las reparaciones, las cuales deben cumplir ciertos parámetros al tratarse de una zona con valor patrimonial.

Delgado tenía en su vivenda un abasto, el cual no ha podido abrir debido a la fragilidad de la estructura. Afirma que entre 6 y 10 locales están en la misma situación, principalmente en las calles más alejadas. Los negocios más cercanos a la avenida Soublette y la Casa Guipuzcoana han podido abrir con limitaciones, al igual que el Fortín El Vigía, que retomó sus actividades a principios de agosto. Destaca que el casco histórico se había convertido en un punto turístico bastante popular, lo que había llenado sus calles de una vida comercial y cultural que ahora luce lejana mientras los propietarios evalúan los trabajos por hacer.

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Casa de Ángel Delgado, en el casco histórico de La Guaira. Foto: Aldenix David Ocanto/El Diario

“En los últimos dos años ya se estaba viendo un poquito más de afluencia de público y la gente estaba visitando más frecuente el casco colonial, a medida de como lo venían reconstruyendo. Y bueno, ahorita estamos aquí viendo las afectaciones. Los negocios que lograron sobrevivir han comenzado sus labores poco a poco, con poco público, pero sí se han reactivado. Pero la gran mayoría fueron afectados y todavía estamos en la espera a ver qué podemos hacer”, señala.

Impacto hotelero

La Federación Nacional de Hoteles de Venezuela (Fenahoven) estima que alrededor de 1.150 establecimientos de servicios turísticos resultaron severamente dañados por los terremotos, comprometiendo más de 7.650 puestos de trabajo en un estado cuya economía en gran parte depende del turismo. Solamente en el Carnaval de 2026, la Gobernación de La Guaira estimó alrededor de un millón de temporadistas, la mayoría procedentes de Caracas, así como unos 70 mil trabajadores dedicados a actividades relacionadas con el turismo.

En una entrevista para Unión Radio a mediados de julio, el presidente de Fenahoven, Alberto Vieira, indicó que de los cinco hoteles afiliados a su organización, uno colapsó por completo y el resto presentó afectaciones estructurales graves. El derrumbe más conocido fue el del hotel Eduard’s Suites, donde actualmente se realizan labores de remoción de escombros tras completar la recuperación de cuerpos, cuya cifra exacta se desconoce. Otros hoteles como el Catimar, el Silvepe y Chipi´s Beach también colapsaron en Catia La Mar, al igual que el hotel La Gabarra, en Caribe, casi todos con víctimas fatales.

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Ruinas del hotel Eduard’s. Foto: Aldenix David Ocanto/El Diario

Por su parte, hoteles reconocidos como el Marriott Playa Grande, el Quince Letras, o el recientemente inaugurado Hotel Gran Cacique Maiquetía, frente al aeropuerto internacional Simón Bolívar, sufrieron daños considerables. Otros como el Olé Caribe, o el Eurobuilding Express Maiquetía, también permanecen temporalmente cerrados por reparaciones de distinto nivel.

En Macuto, el Hotel Mar Azul, justo frente a las demolidas Residencias Militares, sirvió como centro de acopio y alojamiento para los equipos de rescate internacionales, como los Topos mexicanos. Su propietario, Bras Riveiro, comentó en entrevista para El Diario que no cobraron por el uso de las habitaciones al tratarse de una emergencia nacional, y actualmente siguen hospedando a militares y bomberos que trabajan en las labores de demolición. Solo su restaurante opera con normalidad, aunque no manifiesta sentirse preocupado por la pérdida de ingresos mientras pueda seguir ayudando.

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El Hotel Santiago sobrevivió a los terremotos, aunque a su lado están los restos del hotel Eduard’s. Foto: Aldenix David Ocanto/El Diario

La Ciudad Vacacional Los Caracas, otro punto popular de La Guaira que ha pasado por diferentes destinos a lo largo de los años, no sufrió afectaciones considerables por los terremotos. Sin embargo, actualmente se ubica allí uno de los mayores campamentos transitorios del estado, con más de 255 familias damnificadas alojadas allí.

Al respecto, Vieira reconoció en su entrevista que no ve una reactivación del turismo en el futuro próximo, por lo que Fenahoven está abocada en buscar soluciones con las autoridades para atender a todo el personal hotelero que está sin trabajo. “La crisis que hay en el corto plazo para el empresariado turístico es cómo obtener capital para poder recuperar nuestras instalaciones y poder seguir desarrollando las actividades”, dijo.

Volver al trabajo

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Aldenix David Ocanto/El Diario

A pesar del panorama pesimista, algunos espacios han comenzado paulatinamente a recuperarse. El Círculo Militar de Mamo ha vuelto a recibir visitantes, mientras que en poblaciones al oeste del estado, como Chichiriviche de la Costa, Taguao, Oricao o Puerto Maya, las posadas discretamente promocionan sus servicios, al igual que al extremo este, en Osma o Todasana. En redes sociales, algunos servicios de viajes full day comenzaron a incluir otra vez en sus itinerarios destinos como Chuspa, Galipán o El Junquito.

La vicepresidenta de la Cámara de Comercio de La Guaira, Cipriana Ramos, cree necesario volver a reactivar el motor turístico del estado en la medida de sus capacidades, sobre todo en las zonas y pueblos que no resultaron afectados por los sismos. En entrevista para El Diario, indicó que muchas personas cuyo sustento depende del día a día no esperarán a que haya un anuncio oficial, e irán reabriendo por su cuenta estos espacios de forma improvisada.

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Cipriana Ramos, vicepresidenta de la Cámara de Comercio de La Guaira. Foto: Aldenix David Ocanto/El Diario

“Vargas es una zona esencialmente recreacional y turística. Ahorita tenemos un situación en la que varios hoteles colapsaron, lo cual nos pone en minusvalía para el que viene a pernoctar en La Guaira, pero el que no viene a pernoctar, sino el que está cercano a nosotros, pues tenemos espacios donde pueden ir como a las playas, porque además comercialmente y emocionalmente es importante”, afirma.

Mientras tanto, reconoce que los comerciantes formales han sido el sector más golpeado no solo por las pérdidas humanas y materiales que dejaron los terremotos, sino por el impacto de mantener su solvencia fiscal sin trabajar. Aunque la Alcaldía ha aclarado que el pago de impuestos fue suspendido hasta el 15 de julio, pasada esa fecha los propietarios denunciaron que nuevamente el monto de sus impuestos volvió a aparecer en la plataforma de recaudación de la Superintendencia Municipal de Administración Tributaria (SUMAT).

El Diario constató esta situación con dueños de paradores playeros de Macuto, quienes aseguraron no tener cómo pagar sus impuestos tras un mes cerrados y con bajas ventas por la poca afluencia de gente en la playa. Igualmente, denunciaron que también han tenido que pagar otros servicios como la electricidad o las bombonas de gas, pese a su situación.

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Aldenix David Ocanto/El Diario

Ramos indicó que la Cámara de Comercio ha solicitado varias veces a la alcaldía establecer planes especiales de pago o exoneración para los contribuyentes que perdieron sus negocios. También presentaron al Concejo Municipal un anteproyecto de ordenanza de alivio fiscal, pero en ambos casos no han tenido respuestas satisfactorias. Acota que solo el Servicio Nacional Integrado de Administración Aduanera y Tributaria (Seniat) atendió sus reclamos.

Industria sin chimenea

El balneario de Macuto tiene sus sombrillas blancas sin sillas no porque sus trabajadores mantengan sus playas cerradas, sino porque el techo del edificio de baños y vestuarios colapsó durante el terremoto, justo donde estaba el depósito en el que las guardaban. Aun así, con gente sentada en banquitos o la arena para ver el mar, los propietarios de los restaurantes y paradas poco a poco han vuelto a abrir.

Los trabajadores playeros no son ajenos a la tragedia. Celsa Malavé, presidenta de la Federación de Trabajadores Playeros de La Guaira, reportó en entrevista para El Diario que en Macuto murieron tres compañeros del gremio, entre ellos su propia hija. A esto se suman otros 26 que quedaron damnificados, solamente en el área del balneario.

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Aldenix David Ocanto/El Diario

Al repasar las playas afectadas, menciona aquellas en la zona de desastre de Caraballeda, como Playa Sheraton, Bahía de los Niños, Los Corales, El Yate y Los Cocos, entre otras, mientras que el balneario de Naiguatá tuvo algunos daños, aunque el resto de sus playas opera sin problema. En Playa Grande, epicentro de la catástrofe en Catia La Mar, aclara que las playas de Candilejas I y II, Los Surfistas y Mare no tuvieron afectaciones, aunque están rodeadas de comunidades donde hubo edificios colapsados, por lo que igual están cerradas.

Para Malavé, el corazón de La Guaira está justamente en sus playas, pues de ahí se desprende todo el ecosistema de negocios y servicios que mueve la economía del estado. Por eso coincide en que la reconstrucción pasa primero por una reactivación de su eje playero, pues ayuda a todas las personas que sufrieron pérdidas por los terremotos, o que están en situaciones precarias por el tiempo desempleados.

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Celsa Malavé, presidenta de la Federación de Trabajadores Playeros de La Guaira. Foto: Aldenix David Ocanto/El Diario

“El turismo es una industria sin chimenea. ¿Quiénes dependen directa o indirectamente de las playas? Los hoteles, que están vacíos y tienen todo su personal parado. Los restaurantes, las tascas, las pescaderías, los automercados. La Guaira se mueve por las playas. Es mentira que solamente los playeros quieren abrir. No es que queremos abrir, es que debemos abrir porque detrás de nosotros ahí se mueve mucha gente. Las playas manejan este estado, somos el fuerte, el 80% de la mano de obra es de las playas”, apunta.

Playas cerradas

La visión de Ramos y Malavé no es compartida por el gobernador de La Guaira, José Alejandro Terán, quien el 11 de agosto, reiteró la orden de mantener cerradas todas las playas mientras sigan los trabajos en las zonas de desastre. “Esto se hace obedeciendo a la razón. Un estado que está devastado en las zonas de Macuto donde murió tanta gente, donde colapsaron edificios con tantos escombros; en Caraballeda, zona cero, yo no veo allí una actividad turística en el corto plazo. Es irracional”, declaró.

Sin embargo, días después el gobernador apareció en una reunión con la ministra de Turismo, Daniella Cabello, quien acotó que si bien es pronto para hablar de turismo masivo, no se puede negar la actividad de los pueblos que no resultaron afectados. Igualmente, enfatizó que se anunciarán planes para el desarrollo turístico una vez finalicen las labores de remoción de escombros y recuperación de vialidad.

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Aldenix David Ocanto/El Diario

Justamente con la ministra Cabello y diputados de la Asamblea Nacional electa en 2025 se reunió Malavé y el gremio playero para evaluar posibles formas de operar respetando el duelo nacional y las obras de reconstrucción. Indicó que también se reunieron con la Capitanía de Puertos de La Guaira, organismo que tiene la atribución de prohibir zarpes o cerrar playas. Sus representantes negaron que haya actualmente una restricción sobre el uso de las playas en el estado, por lo que se mantienen trabajando pese a la orden del gobernador.

Gabriela Colmenares es trabajadora de la playa de Macuto, y durante el terremoto perdió su casa en la OPPPE 35 de Tanaguarena. Asegura que, a pesar de tener varios meses de embarazo, acude al balneario pues debe mantener a sus hijos sin esperar pasivamente por las ayudas en su campamento.

“El gobernador dio la orden de que no se abriera ningún quiosco, ningún parador por la cuestión de las afectaciones que hubo, y ciertamente eso nos dolió a nosotros porque fuimos afectados todos, perdimos familiares, pero también es algo de sustento para nosotros, que tenemos que a diario salir a la labor con nuestros turistas, que ellos vienen de visita”, dice.

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Gabriela Colmenares. Foto: Aldenix David Ocanto/El Diario

Malavé señala que, tras dos meses de inactividad, los trabajadores necesitan más que una bolsa de comida o un bono económico para mantenerse. Indicó que requieren de medicamentos, proteínas y dinero que desean ganar con su propio esfuerzo, por lo que solicitó al gobierno encargado de Delcy Rodríguez acudir al Paseo de Macuto para constatar su estado y buscar una manera de reanudar sus actividades.

Ayudas económicas no queremos, porque tenemos una gran dignidad como seres humanos. Aprendimos a trabajar, queremos seguir trabajando, queremos seguir dando más de lo que nosotros hemos dado hasta ahora. Dar, dar y seguir dando. Abrir, atender a nuestra gente, a nuestro público, dar lo mejor de sí para que vengan y se queden en La Guaira”, resaltó.

En la montaña

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Aldenix David Ocanto/El Diario

La Guaira no es solo costa. En las montañas del Ávila, si bien la población de Galipán no sufrió daños mayores, su comercio se ha visto afectado por la caída en las ventas. Esto mientras el Ministerio del Turismo anunció que trabaja en un “master plan” para la reactivación del sistema teleférico y las instalaciones del parque Waraira Repano, desde donde llegan la mayoría de los visitantes de Caracas.

Una de las parroquias afectadas por los terremotos fuera del litoral central fue El Junko, donde se encuentra parte del pueblo de El Junquito, de jurisdicción compartida con Caracas. Alrededor de nueve edificios de su calle principal resultaron gravemente afectados, con cuatro que colapsaron y tres demolidos posteriormente por los equipos de la Corporación de Servicios del Distrito Capital, único organismo que se ve por la zona.

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Aldenix David Ocanto/El Diario

Toda la destrucción, en la que cuatro personas fallecieron, se concentró en un tramo de la calle principal, específicamente de un lado adyacente a un barranco, por lo que todas las estructuras allí poseen etiqueta roja por riesgo de colapso, y varias viviendas del barrio La Toma, al final de la pendiente, fueron desalojados. Curiosamente, la mayoría de los edificios del otro lado de la acera poseen etiqueta verde o amarilla.

Sin embargo, los comerciantes reclaman que el problema precisamente es cómo los trabajos en una cuadra paralizan el pueblo entero. Su calle principal, antes llena de vida entre restaurantes de parrilla, puestos de fresas con crema y ventas de artesanías, apenas concentra actividad alrededor de la plaza Bolívar. Un vendedor que prefirió mantener su anonimato indicó a El Diario que a los restaurantes ubicados frente a las zonas afectadas solo se les permite abrir unas cuantas horas los fines de semana.

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Aldenix David Ocanto/El Diario

Igualmente, los comercios que están más arriba en la calle también han visto mermadas su ventas, pues a pesar de poder abrir con normalidad, los pocos visitantes que van al pueblo no avanzan al ver la cinta de seguridad y la maquinaria, por lo que deben dar la vuelta por otra calle aledaña para llegar hasta allá.

Entre Caracas y La Guaira

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Aldenix David Ocanto/El Diario

Elis Oropeza dirige uno de los restaurantes que opera sin restricciones cerca de la plaza Bolívar. En entrevista para El Diario, dice que antes de los terremotos solía tener alrededor de 80 % de capacidad los fines de semana y feriados, pero desde que reabrió el 16 de julio, difícilmente ha podido pasar del 20 %. Las bajas ventas le han llevado a reducir su personal, pasando de siete empleados a dos que se van rotando diariamente.

“Es triste que gente que tenía toda la vida trabajando en el área comercial de El Junquito ahora tenga que buscar trabajo en Caracas porque acá lo perdió todo”, lamentó.

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Aldenix David Ocanto/El Diario

A raíz de los videos difundidos en redes sociales, donde quedó registrado el colapso de varios locales en la zona afectada, señala que se ha creado la percepción errónea de que El Junquito fue destruido por los terremotos. No obstante, la verdadera amenaza no está en los derrumbes, sino en la falta de clientes, por lo que invita a la población a recuperar la rutina y volver.

La comerciante también apunta a una realidad incómoda de El Junquito que tomó importancia tras los sismos. Prácticamente la calle principal del casco central sirve como frontera entre el lado del pueblo bajo jurisdicción del Distrito Capital, al sur, y bajo el estado La Guaira, a su norte. Esa línea divisoria, que muchas veces los dejó como una zona gris ambigua, ahora parece haber sido reclamada por las autoridades caraqueñas, quienes han sido las encargadas de los trabajos de remoción de escombros en todo el sector, mientras la gobernación ha centrado sus esfuerzos en el desastre mayor en el litoral.

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Aldenix David Ocanto/El Diario

Oropeza comentó que en las últimas semanas ha escuchado rumores sobre un posible plan para incorporar todo el casco de El Junquito al Distrito Capital, aunque reconoce que hasta el momento ninguna autoridad se ha presentado con una propuesta formal.

“Esto es un pueblo sin ley. Siempre nos han dicho que la joya es el litoral, la reina del Carnaval es por allá y nosotros hemos levantado todo por nuestra cuenta. Hace días unos funcionarios nos sugirieron comenzar a pagar impuestos por Caracas, pero hasta ahora no nos han dado respuesta de eso”, agrega.

La experiencia del deslave

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Obras removiendo escombros en El Junquito. Foto: Aldenix David Ocanto/El Diario

Las comparaciones entre la destrucción dejada por los terremotos y la tragedia de 1999 se vuelven frecuentes al ver el largo camino para reconstruir La Guaira y devolverle el brillo comercial y turístico que tanto le costó recuperar. Cipriana Ramos señala que tras el deslave el estado quedó incomunicado sin carreteras ni telecomunicaciones, lo que hizo que tardara años solo en tener accesibilidad o servicios básicos.

Por su parte, Malavé recuerda que en esa ocasión, a pesar de ser más complicado, ya para los Carnavales del año 2000 los trabajadores playeros habían ejecutado un plan piloto con la Gobernación para reabrir las playas de Candilejas con un éxito moderado. Una situación similar tras la pandemia de covid-19, cuando se permitió la llegada de temporadistas respetando las restricciones sociales. Por eso ambas coinciden en que, a pesar de la magnitud de la destrucción, La Guaira aún cuenta con infraestructuras suficientes para reactivar progresivamente su turismo.

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Aldenix David Ocanto/El Diario

Reconocen que La Guaira no volverá a ser la misma a nivel turístico ni económico, y que ciertamente demorará años en volver a niveles óptimos, pero señalan que un primer paso es dejar a la gente trabajar. Para ellas, el regreso de los temporadistas, lejos de ser una falta de respeto a las víctimas, es una forma de despejar la mente y sanar heridas. También contribuir devolviéndoles la dignidad de ganarse el sustento como antes.

“Si tú abres la playa y toda la gente se viene a trabajar, drena todo eso que llevamos por dentro, el sufrimiento, nos distraemos. El dolor nadie me lo va a quitar, porque es mío, yo lo tengo adentro. Es difícil que se borre nuestro recuerdo, esos segundos marcaron nuestra vida para siempre. Eso no nos lo va a quitar nadie, ni que vengan los mejores psiquiatras ni psicólogos ni nada que ver. Entonces no podemos seguir dándonos largas, tenemos que abrir. En los momentos más difíciles que hemos tenido, nosotros somos el ave Fénix, renacemos de nuestras propias cenizas”, declara Malavé.

Jordan Flores
Jordan Flores - Redactor
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