• Desde hace 50 años la artesana cultiva y trabaja con los derivados de un cacao que es reconocido mundialmente como el mejor, gracias a las bondades naturales y a la labor de sus antepasados

Si hay un sentimiento que define a la perfección lo que significa para Edis Liendo el cacao, sin duda es amor. Es chuaeña de nacimiento. Tiene 70 años viviendo en un pueblo pequeño en demografía y espacio, pero enorme en las bondades que ofrece. Donde el mar y la agricultura son protagonistas, el chocolate nunca falta y el recuerdo de sus ancestros afroamericanos y los caseríos coloniales se conservan. Es un lugar en el que la historia se percibe y tiene un valor muy alto. 

Foto: Fabiana Rondón

Estamos en el pueblo de Chuao, ubicado en el norte del municipio Santiago Mariño del estado Aragua. Aquí no hay carreteras, la única vía es el mar. Desde Choroní salen las lanchas para trasladar a los turistas a este mágico destino. Son unos 30 minutos de recorrido donde el agua turquesa del mar te salpica en el rostro y el sol te quema la espalda. Mientras, tienes la oportunidad de apreciar la imponente costa aragüeña, un paisaje majestuoso que no tiene comparación. 

Zona histórica. Chuao es considerado el más antiguo de los pueblos de Aragua. Tiene un patrimonio arqueológico y etnográfico importante.

La primera panorámica de Chuao es su playa de agua fresca y sin oleaje, arropada por grandes montañas.

En el muelle hay pescadores alistando su jornada de trabajo y otros tejiendo atarrayas. Son las 10:00 am y en el lugar hay calma, solo se oyen las gaviotas y las notas del Alma Llanera que suenan en un pequeño reproductor dispuesto en un local de bebidas alcohólicas. 

Foto: Fabiana Rondón

Un camión de carga nos traslada al centro del pueblo costeño. Apenas inicia el recorrido se ven los grandes tesoros de Chuao: se trata de los sembradíos de cacao, la materia prima con la que en Venezuela se fabrica el mejor chocolate del mundo.

Unos cinco minutos más tarde las casitas coloniales se comienzan a ver, entre tantos colores hay una que destaca del resto, no por su tono o diseño, sino por la historia que tiene su dueña: Es la casa de Edis Liendo, una artesana cacaotera muy conocida en la localidad, que ha dedicado su vida a cultivar y alistar cada grano de cacao que sale del pueblo. 

50 años y contando

En la casa de Edis el aroma a chocolate nunca se va. Es un olor fuerte que se conserva gracias a los productos que ofrece. Desde hace más de 20 años vende helados, tortas, chupetas, ponches, todo a base de chocolate, un derivado del cacao que aprendió a querer y atesorar desde los 17 años de edad, cuando inició en la agricultura de estas semillas.

Fue su madre, otra artesana del cacao, la que en aquel entonces aupó a Liendo a iniciar en esta labor que es la principal fuente de trabajo del pueblo. Así comenzó Edis. Despertando a las 5:00 am para cumplir con largas jornadas de trabajo en la Hacienda San José, finca de 320 hectáreas donde se cultiva el cacao de la zona.

Más de 50 años después, Liendo continúa llevando a cabo un oficio que la cautivó. Un camino en el que ha aprendido de fuerza y constancia, y que le sirvió para iniciar su negocio de venta de chocolates. Espacio que hoy es una parada obligatoria para los turistas que llegan a la zona.

Foto: Fabiana Rondón

“Las jornadas de trabajo son fuertes, trabajar en la agricultura no es fácil, es muy manual. Trabajar con cacao es mantener la cultura de cómo aprender a seleccionar la tierra, la semilla, el proceso después de llevarlo a los viveros o canteros como se hacía antes”, explica Liendo, mientras recorre el patio de la pequeña iglesia de la Inmaculada Concepción de Chuao, un espacio utilizado en uno los procesos del cacao que inicia mucho antes, en los cultivos.

El machete y la vara son instrumentos indispensables para iniciar este procedimiento, se utilizan para tumbar los frutos de los cultivos que luego se abren para extraer las semillas de cacao y se vierten posteriormente en un recipiente. Un paso que la mujer de 70 años ha realizado en reiteradas oportunidades. 

Todas las semillas se llevan hasta a la empresa campesina de Cacao, donde se hacen los procesos de fermentación por tres o cuatro días para luego llevarlos hasta la plaza y hacer el proceso de secado- que ha sido muy documentado a lo largo de los años- selección y finalmente su exportación a varios países de Europa. 

La artesana recalca que el cacao de Chuao posee certificación de origen desde el año 2000, un distintivo que lleva impreso el empaque de un producto emblemático, donde indica el nombre del lugar de dónde procede. 

Este es el tercer producto venezolano que posee certificación, los otros son el Ron de Venezuela y el Cocuy de Pecaya (Falcón), mejor conocido como Cocuy de Penca.

Si hay algo que hace feliz a Liendo es que la figura femenina ha ido en aumento en estos últimos años en el sector de la agricultura, pese a la fuerza física que se requiere para trabajar la tierra. En Chuao no hay limitantes de género.

Foto: Fabiana Rondón

Ella es una prueba, sigue trabajando en el sector y de ahí no planea retirarse. Lo que sí anhela es enseñar a nuevas generaciones y traspasar todo el conocimiento que ha aprendido. No solo del cacao, también de la contribución histórica de sus ancestros para lograr que Chuao fuera un pueblo élite y referencia del cacao. 

Más que ofrecer

Sus Diablos Danzantes. En la región hacen vida los famosos Diablos Danzantes de Chuao, quienes rinden especial homenaje al Santísimo Sacramento en la fiesta central y en la víspera de la celebración del Corpus Christi.

Iglesia. La Inmaculada Concepción de Chuao fue construida en 1772 en sustitución de una antigua capilla. El 2 agosto de 1960 fue declarada Monumento Nacional.

Cruz del perdón. Una cruz de madera conocida como la Cruz del Perdón está ubicada en las afueras de la iglesia de Chuao. El monumento data de los tiempos de la colonia y es popular porque, de acuerdo con la historia, si un esclavo perseguido lograba llegar a la cruz y se arrodillaba frente a ella, no podía ser castigado. Se le absolvía de su culpa.

Caribe es Chuao 

El nombre del pueblo es una muestra de su importancia histórica. “Chuao” es una palabra indígena que significa o tiene relación con el agua, esto de acuerdo con la lengua Caribe, etnia que fue la primera en habitar la zona en el siglo XVI. 

Edis conoce muy bien de sus ancestros. Ella- al igual que el resto de la población- es descendientes de esclavos afroamericanos. La mujer comparte la información en su pueblo y mantiene vivo el recuerdo de los que ya no están, pues considera que es  importante saber de dónde vienes si quieres saber a dónde vas.

Nuestros ancestros dieron mucho, a Chuao y al país entero. Yo he investigado mucho cosas de mi pueblo y eso no se olvida, son recuerdos que marcan para siempre”, asegura la artesana que mantiene una sonrisa en el rostro y sigue pregonando el mensaje.

Justamente, los primeros que han aprendido de esa historia son sus hijos. Edis es la matriarca de una familia grande: tiene 10 hijos y 17 nietos, a todos los sacó adelante sola, con las ganancias que le dejaba cultivar el cacao. 

Foto: Fabiana Rondón

Liendo les inculcó el amor por Chuao, por su historia, por el cacao y la pesca, que desde hace unos años se ha convertido en la segunda fuente de ingreso de la localidad. Por eso es que nueve de sus hijos siguen en el pueblo y se dedican a la venta de chocolates y a agricultura. Solo una de sus hijas no está porque emigró a Perú hace dos años por la crisis del país.

En Chuao a pesar del color, de las bondades naturales, la situación también los ha afectado, especialmente las constantes fallas eléctricas.No obstante, siguen recibiendo turistas, no solo por su playa paradisiaca, sino por su cacao. Todos llegan expectantes a conocer el sitio donde se cultiva uno de los mejores granos de este fruto exótico.

Foto: Fabiana Rondón

A Edis le complace que el turismo siga llegando pese a la situación país, pero igual sueña con que las cosas mejoren. “Quisiera que como venezolanos tengamos mucha conciencia de lo que tenemos, de lo que somos como país, quisiera que Venezuela fuera un país próspero para que no tengamos que emigrar”, comenta. 

Mientras, la mujer de cabello canoso y tez oscura, continúa trabajando, ofreciendo a habitantes y turistas el sabor de su pueblo a través de helados y bombones, asistiendo a los sembradíos y germinando las semillas de cacao. Sigue inmersa en una labor en la que quiere estar hasta que muera. 

Edis es optimista y católica por eso entiende que “los tiempos de Dios son perfectos”. No sabe cuándo partirá de este plano pero sí como le gustaría ser despedida: Quiere tambores, que haya oraciones, mucha alegría y un ingrediente que, asegura, tiene que ser el invitado principal. “Tiene que estar el chocolate, que repartan mucho chocolate, porque yo lo amo”, sonríe dejando escrito el final con el que sueña despedirse. 

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