• Responsabilidad, amor, tiempo y compromiso son factores esenciales a la hora de adoptar animales en cualquier lugar, pero sobre todo en Venezuela, un país en el que se ha incrementado el abandono debido a la crisis económica y social. En El Diario conversamos con especialistas y personas que nos permiten entender este proceso

A veces no lo entendemos, pero con el paso del tiempo y gracias a la convivencia, he aprendido lo curativa que puede ser una lamida, un movimiento de cola, una nariz helada, los ojos de la inocencia, una compañía incondicional, un mejor amigo, una mascota feliz.

“Neblina”, cuando no tenía nombre, era una cachorra mestiza que tuvo la suerte— o la mala suerte, todo depende de cómo se vea— de nacer en un terreno en La Tahona, al este de Caracas. Un tanto alejada del bullicio natural de la ciudad, creció entre el cariño inconsistente de algunos cuidadores y el maltrato de un gran detractor, quien fue el culpable de que viva el resto de sus días con un miedo que con el tiempo hemos trabajado en extinguir.

Sus rescatistas la habían atendido, alimentado y puesto en adopción. Alejandro, mi pareja, y yo nos topamos con su fotografía en una de las tantas cuentas de rescate animal que sigo en mi perfil de Instagram. A veces quisiera poder adoptarlos a todos. Nos llamó la atención el hecho de que no era cachorra, tenía dos años y llevaba varios meses en busca de un hogar que le brindara la atención que tanto necesitaba. Además, su pelaje, prácticamente una mezcla atigrada, es uno de los más hermosos que hemos visto. “Es preciosa”, nos dijimos en aquel momento.

Foto: Alejandro Bonilla

Pero el proceso para adoptarla fue metódico. Debimos llenar un formulario en el que garantizaba que contábamos con los medios, el tiempo y espacio adecuados para brindarle la calidad de vida que ella y cualquier otra mascota se merece. Una vez su rescatista confirmó la información, nos citamos para conocerla.

“Neblina” —nombre que le dieron al rescatarla y que no quise cambiar— estaba asustada. Sus ojos color miel miraban con expectación y su cola, escondida entre sus patas traseras, era una señal del miedo que estaba sintiendo. La quisimos desde el primer momento.

Hemos crecido y aprendido junto a ella. El miedo ha disminuido y tenemos la certeza de que somos mucho más felices ahora.

Foto: Alejandro Bonilla

Pero como la historia de “Neblina” hay cientas más. Sobre todo aquí en Venezuela, un país en el que en los últimos años se ha incrementado el abandono animal debido a la crisis económica y social que afrontamos todos sus habitantes, de acuerdo con María Gabriela Balza, una de las fundadoras de Diario Adopta, una organización sin fines de lucro que se dedica al rescate animal en la Gran Caracas. 

Este es también el relato de “Brutus”, un mestizo de pelaje azabache brillante que muchos pudieran considerar atemorizante, pero que es amistoso y disfruta de una buena jornada de ejercicio junto con otros perros y su dueño, Jorge Andrade.

Foto: Alejandro Bonilla

“Bru”, como Jorge prefiere llamarlo, llegó a su vida tras una pérdida que lo sumió en un duelo agudo y cargado de tristeza: la muerte de su mascota anterior. Esta fue una ausencia que le costó superar y que en un primer momento le hizo desistir de la idea de volver a tener otro peludo en su vida, por lo que no quiso asumir la responsabilidad de quedarse con “Bru” cuando se lo ofrecieron por primera vez, cuando apenas era una bola de pelos negros que le cabía en su mano.

Ante la negativa de Jorge, el cachorro estuvo seis meses bajo el cuidado de la mujer que lo había rescatado en primer lugar; sin embargo, con el paso del tiempo la atención que le brindaban a “Brutus” se fue deteriorando y Jorge lo vio nuevamente. Ya no cabía en su mano, se encontraba en la calle, muy sucio, con la piel lastimada y con ciertas dificultades en su proceso de alimentación.

Tal y como muchos creen que ocurren los milagros navideños, Jorge se encontró una vez más con “Bru” un 25 de diciembre. Eran las 5:00 am y después de una larga jornada de celebración decembrina, cuando regresaba a su casa, lo encontró hurgando en la basura. 

Foto: Alejandro Bonilla

El olor de una hallaca caliente fue suficiente para que Jorge consiguiera llamar la atención del peludo azabache, a quién describe como “super pana, inteligente y super comelón”. Desde ese momento en el que compartieron una mañana helada de diciembre, nunca más se han separado. 

No me gustó que lo llamaron ‘Brutus’. Prefiero decirle ‘Bru’ o ‘Brus’, porque es muy inteligente para tener ese nombre”, confiesa Jorge, sonriente, para El Diario.

María Gabriela Balza, una de las fundadoras de Diario Adopta— organización con más de cinco años trabajando— explica que justamente diciembre suele ser uno de los meses en los que se registran más animales en las calles. Esto debido al miedo que les provocan las explosiones por fuegos artificiales, un detonador que en muchos de los casos los hace huir de casa, en pánico.

Una vez que el miedo ha pasado, no son capaces de regresar a sus hogares, por lo que terminan perdidos y a la merced de los peligros que supone una vida sin protección ni cuidados.

Época compleja. De acuerdo con una de las fundadora de Diario Adopta, los tres primeros meses del año son los más críticos. Son fechas de mayor abandono.

Todas estas situaciones las conoce muy bien Gabriela Blanco, una mujer que creció rodeada de una familia que siempre le inculcó el amor por los animales y la felicidad desinteresada que puede contener un ladrido o maullido.

La vida la convirtió en rescatista sin ninguna planificación más que las ganas de salvar vidas. Al salir de casa, del trabajo, a donde quiera que iba se topaba con algún animal que requería ayuda; ha sido de esta manera como ha logrado rescatar a 15 perros, todos en espera de un hogar adoptivo.

Dar el primer paso para salvarle la vida al primero fue una tarea que requirió de valentía y también de autoconfianza, pues supo que no sería sencillo.

Sin embargo, la certeza de que hacía lo correcto fue clave para iniciar con un proceso que la ha hecho feliz y que además de darle una segunda oportunidad a todos los perros rescatados, le ha dado la oportunidad a ella de encontrarse con “Bibi”, una mestiza territorial que está aprendiendo a llevarse mejor con otros rescatados, pero que le robó el corazón.

Foto: Alejandro Bonilla

Antes de llegar a la vida de Gabriela, a “Bibi” la había rescatado otra persona y tras el debido proceso de esterilización, alimentación y vacunación, una familia la adoptó. Cuando estos pasos se llevan a cabo, los rescatistas pasan a realizar seguimiento a la familia, con lo que comprueban que la mascota se encuentra en buenas condiciones.

Este no fue el caso de “Bibi”, a quien la encontraron en estado de desnutrición y con una enfermedad de piel severa. “La saqué de esa casa”, cuenta Gabriela, quien sin pensarlo decidió darle el hogar que realmente merecía y necesitaba. 

Foto: Alejandro Bonilla
‘Bibi’ es una belleza, es fuerte y sobrevivió mucho en la calle. Es juguetona, pero bastante territorial, creo que por todo lo que tuvo que pasar en la calle. Ahora es feliz, y somos felices todos en casa”, detalla Gabriela mientras mira a su peluda, que reposa siempre alerta entre sus piernas.

De acuerdo con el médico veterinario Andrés Galán consultado por El Diario, 50% de los animales rescatados presenta enfermedades en la piel. El otro 50% posee afecciones gastrointestinales.

Balza, quien está en contra de la compra de animales, trata siempre de explicar todo lo positivo que hay en el hecho de adoptar. Es responsabilidad, es compromiso, pero también hay amor, felicidad y mucho agradecimiento de por medio.

Estos aspectos Joy Uricare los aprendió con el paso del tiempo. Antes de adoptar a “Akila”, una Poodle despeinada y alegre que la sigue a donde sea que va, compartió su vida con “Sasha”, una Samoyedo de pelaje brillante y de colores claros que contrastaban.

Foto: Alejandro Bonilla

Pero Joy se tuvo que despedir de Sasha 11 años después de su llegada, una pérdida dolorosa que dejó una ausencia irrecuperable en su familia. Con el paso del tiempo decidieron darle una oportunidad a otro peludo, esta vez a una cachorra que, de no ser por la familia de Uricare, hubiese tenido un futuro incierto bajo el cuidado de personas que no le prestaban la atención que requería.

Con “Akila” ha aprendido a ser más cuidadosa, a fijarse en detalles que quizás antes no notaba y a llenarla de amor incondicional, entre juego y travesura. Joy ha notado el cambio en ella, en lo triste que estaba cuando llegó a su vida y en lo alegre que es ahora, sana y sobre todo querida.

Foto: Alejandro Bonilla
Lo que más me gusta de ella es que le encanta dar besos. Es muy juguetona, cariñosa, pero también revoltosa. Es amistad. Todos la consienten mucho”, cuenta Joy mientras acaricia el pelaje de “Akila”, que en ningún momento se separa de ella.

Adoptar en Venezuela: un reto de gran responsabilidad

Con el paso del tiempo y a la par de la migración masiva de venezolanos, el abandono de animales ha incrementado. Muchos de quienes deciden partir, no solo están dejando atrás su hogar, los recuerdos y las calles de su infancia, sino que en muchos casos también dejan a sus mascotas.

Y si bien algunas de ellas corren la suerte de quedarse bajo el cuidado de una familia sustituta, los menos afortunados son abandonados en las calles.

Abandono. De acuerdo con el Observatorio de Ecología Política de Venezuela (OEP), los animales que son abandonados sobreviven en las calles tan solo seis meses.

María Gabriela Balza, fundadora de Diario Adopta, es testigo de este abandono, los peligros e injusticias por las que deben pasar cientos de animales.

Sabe cuáles son los retos y es consciente de lo complejo que es ser rescatista en Venezuela, un país en el que en los últimos cuatro años la tasa de abandono ha crecido vertiginosamente y han llegado a rescatar hasta 15 cachorros en una misma jornada.

Foto: Víctor Salazar
Lo más complejo es la alimentación mensual. Una vez que los animales son rescatados, sanados y puestos en resguardo, pareciera que la gente se olvida de que necesitan comer. Afortunadamente hay mucha gente que nos apoya con esto, pero no deja de ser un reto cada mes”, explica Balza mientras sostiene la cuerda de Pedro, uno de los perros que ha rescatado y que también se encuentra en adopción.

Como ocurre con numerosas fundaciones, los donativos que recibe Diario Adopta provienen— en su mayoría— de un grupo de personas naturales que afortunadamente se hace cada vez más grande.

La labor de Diario Adopta

500

animales han rescatado desde su fundación

350

han sido adoptados desde que se fundó

55

están en busca de un nuevo hogar actualmente

Además, las fundadoras suelen organizar actividades como rifas y venta de productos para recolectar el dinero necesario que les permite seguir salvando vidas y manteniendo a los demás mientras nuevas familias se animan a adoptar.

Esta fundación, entre varias que actualmente se encuentran trabajando en el país, aparte de los rescatistas independientes, sigue luchando porque los motiva el resultado que obtienen cuando un animal es sacado de las calles, atendido, alimentado y cuidado como lo requiere.

La mayoría de ellos pasan por traumas, enfermedades y maltrato que terminan por marcar su comportamiento a lo largo de toda su vida. Pero apuestan a la recuperación que han visto cuando son adoptados por una familia que los llena de amor y se interesa por satisfacer sus necesidades, además de ayudarlos a deslastrarse de los temores desarrollados en el pasado.

Foto: Víctor Salazar

Ante esta realidad, Balza no deja de resaltar lo positivo que ha surgido a la par: la cantidad de familias que adoptan también ha crecido.

Aprovecha el incremento para resaltar la importancia del compromiso y la responsabilidad que debe tener cada persona al momento de tomar una decisión tan importante como esta, haciendo especial énfasis en que se debe contar con medios económicos y tiempo suficiente para darle a cada animal la calidad de vida que se merece.

Esta opinión la comparte también el médico veterinario Andrés Galán, quien explicó para El Diario todo el proceso que debería cumplir una persona cuando ha decidido adoptar. 

El primer paso debe ser consultar con un médico veterinario para que pueda realizarle el chequeo pertinente a la mascota, esto si previamente no ha sido atendido de ninguna manera. Hace énfasis en que en muchos de los casos esto es lo último que sucede, pues se tiende a escuchar consejos de otros y no se le da importancia a la visión médica especializada. 

No todos los perros y gatos son iguales, muchos de ellos necesitarán atención especializada para atender su caso correctamente”, detalla.

Destaca además que hacer una visita al veterinario no solo servirá para descartar alguna enfermedad en tu mascota, sino que también funcionará para definir cómo debe ser su alimentación, el tipo de cuidados que debe recibir y la importancia de que se encuentren siempre en un buen estado de salud. 

Solo los animales que se encuentran en buen estado de salud pueden ser vacunados. Si está enfermo, no podrá recibir vacunación hasta que mejore.

Conoce la situación de Venezuela y hace una salvedad para explicar que si bien las dificultades económicas y sociales que puedan estar afectando a una familia terminan por perjudicar —por ejemplo, su alimentación— es justamente el especialista quien puede guiar a la persona sobre las alternativas que puede aplicar para seguir cuidando adecuadamente al animal sin tener que hacer muchos gastos. 

La aplicación de las vacunas es otro de los aspectos esenciales que resalta Galán para que la salud de tu mascota sea óptima. En el caso de los cachorros, explica que cuentan con cierta inmunidad que los mantendrá sanos hasta los 45 días después de haber nacido, pero una vez culminado ese tiempo debe empezar con su plan de vacunación.

¿Cómo es el plan de vacunación?

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Se aplica una primera vacuna sextuple, que protege contra seis agentes infecciosos:
Distémper
Parvovirus
Parainfluenza
Adenovirus II
Hepatitis Infecciosa (Adeno I) y
Leptospira (2 cepas).

Posteriormente se aplican dos refuerzos de esta misma vacuna y por último se coloca la antirrábica.

Al terminar ese proceso, anualmente se debe aplicar el refuerzo de estas dos.

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El veterinario aclara que si bien algunos autores del área indican que las vacunas deben aplicarse hasta los ocho o nueve años de edad de la mascota, se ha topado con casos de animales adultos— de 12 o 13 años a los que dejaron de vacunarlos— que se ven afectados por enfermedades que pudieron evitarse si se hubiese continuado con el plan de vacunación.

Por lo que su opinión personal es que la vacuna se aplique a lo largo de toda la vida de la mascota.

Asimismo, el especialista recomienda siempre prestar atención en casa a ciertos síntomas que pueden suponer enfermedades, graves o no. Si deja de comer, si sus heces varían drásticamente, si se rasca o se muerde constantemente la piel o si vomita, puede estar presentando ciertas afecciones que solo pueden ser detectadas por el veterinario. 

Tener una mascota implica responsabilidades, gastos, tiempo y cuidado; Andrés hace énfasis en que la adopción no es una decisión que deba tomarse a la ligera y que siempre se debe pensar en el bienestar de la mascota, que esa siempre sea la meta.

Lo del bienestar lo entendió muy bien Vanessa Velasco, quien se topó con “Whiskey”—un mestizo de Labrador— casi por cosas del destino. Buscando desesperadamente comprar un perro de esa raza y viendo que su búsqueda no estaba dando frutos, se encontró con alquien que le ofertaba un Golden Retriever cachorro. “La foto era espectacular, dije que sí”. Se citaron para conocer al pequeño.

Foto: Alejandro Bonilla

Vanessa cuenta que en el encuentro vio a un cachorro que no era Golden, tampoco Labrador. Era, quizá, una mezcla entre algunas de esas razas, y dijo que no luego de sostenerlo un rato entre sus brazos. Pero el cachorro no quiso despegarse de ella. Parecía asustado, entonces se lo quedó.

El proceso fue complejo, “Whiskey” era apenas un bebé, pero estaba tan enfermo que los especialistas le dijeron que no sobreviviría. Afortunadamente y gracias a los cuidados de Vanessa, sobrevivió, más feliz que nunca. 

Foto: Alejandro Bonilla
Quizás no fue una adopción, pero le salvaste la vida, tú lo rescataste”, cuenta Vanesa que le dijo el veterinario tras la recuperación de su peludo, que con el tiempo ha ido aprendiendo a jugar con los demás y a no temerles.

Ha sido un proceso que Vanessa ha disfrutado al máximo. Sabe que “Whiskey” también, y eso la hace aún más feliz.

“Neblina”, “Akila”, “Whiskey”, “Brus”, todos tienen su propia historia. Y cada una de ellas es valiosa por lo que consiguieron, una familia que se preocupa por ellos, donde tienen atenciones y que buscan compartir a su lado hasta los hechos que puedan parecer más insignificantes. Una tarde en casa, un paseo largo, una comida, una siesta, un baño de playa. El amor, lo incondicional. A veces no necesitamos más que eso, una pata amiga, una nariz helada y una cola que se emocione al vernos llegar cada día a casa.

A veces no necesitamos más que eso, una razón para adoptar y cambiar una vida. 

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