• La cultura urbana vivió su máximo esplendor entre finales del siglo XIX, el XX y lo que iba del XXI. En las grandes ciudades del mundo ha sido inconcebible permanecer en casa. La pandemia del Covid-19, desafía como nunca otro evento, la vida cívica y la convivencia ciudadana alrededor del mundo. El recurso a Internet, no obstante, permite recuperar la vida puertas adentro sin desentenderse del mundo más allá, tan lejos y tan cerca. La casa no solo es mejor opción, sino prácticamente la única

En los últimos días la casa de Beatriz Becerra se ha convertido en una especie de cápsula espacial que bien podría comandar Neil Armstrong. Pero fría, distante y solitaria no sería, sin embargo, una descripción hecha a la medida de su hogar. Enclavada en algún lugar de la ciudad española de Málaga, esta cápsula es más bien una extensión de cuerpo y alma de su dueña, siempre en reinvención. Tampoco la ex eurodiputada es una astronauta, pues siempre tiene los pies sobre la tierra. Pisa firme por donde pasa. Pero es en ese lugar, hecho por y para ella, donde lleva a cabo la misión que sabiamente dice haber adquirido por recomendación de los tripulantes de las naves espaciales para este tiempo: sobreponerse al confinamiento sin desespero.

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Estamos en esta cápsula y tenemos que resistir porque tenemos una misión en común y aunque determinadas cápsulas estén en otro sitio, cada uno tenemos la nuestra y está formando parte de un mismo objetivo”, dice para El Diario.

La escena espacial la mantiene en su mente. Quizás le es familiar. Tripulante habitual también de los aviones, ha forjado su vida entre las altitudes de la política europea. Aunque desde 2019 ya no ocupa el cargo de eurodiputada, el traje de política todavía la acompaña. Esa también es una clave para hacer más llevadero el encierro. “Lo que no puedes hacer en ningún caso es quedarte en pijama, entonces hay que arreglarse también de una manera razonable para estar en casa, no te vas a poner un smoking”.

Fue desde el Parlamento Europeo donde dio voz no solo a su país, España, sino donde también hizo suya la bandera de Venezuela, mérito suficiente para ganarse el odio y amor de la clase política venezolana. “Me comprometo a seguir firme junto a Venezuela, acompañando su lucha por recuperar la libertad y el futuro que le pertenecen. Sin cansarnos ni rendirnos”, refirió alguna vez en su despedida de la cámara europea. El tema probablemente lo lleve consigo siempre.

Es el deseo de libertad lo que paradójicamente ahora también añora para ella. Quiere volver a la playa, a las calles, a los restaurantes. A dar un paseo con su marido. “Yo he sido una persona que aprecia mucho la posibilidad de estar en casa y puedo estar sola además tranquilamente, pero también me gusta mucho estar fuera. Me gusta mucho viajar, estar en una terraza con amigos, con familia. Me gusta mucho el ambiente que se vive en las calles, sobre todo en lugares como España, donde los disfrutas muchos más”. Nunca se reprochó el no pasar mucho tiempo fuera de casa.

Tarde o temprano, sabe que volverá a las calles. De algún modo, puede que ellas también le echen de menos.

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Foto: Beatriz Becerra

De momento viaja por el mundo a través de su pensamiento. Le preocupa especialmente el futuro una vez superada la pandemia del Covid-19. Asidua de la crítica, no ve en los liderazgos políticos una solución para salir de la crisis de la mejor forma, aunque siempre deja la puerta abierta para la esperanza. Piensa en una humanidad distinta, desprovista de mañas, pesares y maldad. Piensa en cómo compartir las experiencias de éxito para luego empezar de cero. Piensa en los que ya no volverán, y en los que volvieron a su vida a través de una pantalla, personas que encontró en su camino y hoy regresan por alguna charla. “Yo soy alguien que cree en pensar en otras personas, y decirle qué piensas de ellas”.  

Aunque distantes, las viejas amistades se reencuentran. Agradece hoy más que nunca las posibilidades de la tecnología.   

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Todo lo vivido no se olvida, habrá personas que tengan una marca mucho más profunda porque habrán perdido a los seres queridos. Yo creo que la casa no es más que un escenario y lo que queda después, lo que nos quedará en nuestra memoria serán probablemente las cosas buenas, y nuestra casa, da igual si es más bonita, más fea, más pequeña, será el lugar que nos protegió”, dice en tono reflexivo.

De vuelta a la Tierra, puertas adentro las experiencias las organiza, las hace rutina. Dice que es cuestión de “higiene mental”. Todo empieza a las 8:00 am. Desentraña las noticias, las revisa, las disecciona, las escucha. Siente afán por estar informada, pero no sobreinformada. Lo sabe manejar con la soltura de quien cursa un doctorado en desinformación. Tampoco pierde la costumbre de opinar sobre temas de actualidad: reprocha la actuación del gobierno de Pedro Sánchez, algún retuit para reivindicar la libertad de Venezuela y Cuba, y algún like a Juan Guaidó, entre otros. Ya en la tarde vuelve la Beatriz Becerra en constante formación: participa en charlas con expertos en foros internacionales de ciberseguridad.

Dedica además tiempo para hacer yoga. Es su casa también una prolongación de su cuerpo, es por ello que no faltan ni el color ni la alegría. Mujer coqueta, no se halla en sí si no pinta antes sus labios. Necesita estar arreglada, actualizada, moderna, sana.

“Las casas son el reflejo de quien eres, y si no lo son, no vas a vivir a gusto. Las casas reflejan no solamente una manera de ser y de estar sino también una ambición de ir hacia algún sitio. Yo creo que es muy importante que demuestre quién eres en cada momento. Si no la actualizas también cuando tú cambias, cuando enfrentas una nueva situación o un nuevo reto, pues se van produciendo desapegos. Igual que tú cambias de peinado, cambias de ropa, y a veces hasta de marido, creo que las casas hay que adecuarlas también”, dice.  

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Foto: Beatriz Becerra

No habla por ella, claro. Su marido es el mismo desde hace 30 años. Es él quien la ha acompañado en su costumbre de cambios, de trascender, de renovarse. Se sabe una afortunada, por eso no ha parado de recorrer España de casa en casa. Ya son cinco las que ha habitado. Cada una tiene su historia acorde a cada etapa de su vida. Las casas también están para acompañar. “Están íntimamente asociadas a ti, pero porque es el escenario donde vives los momentos más importantes o más señalados, o incluso por ser los más cotidianos pasan desapercibidos. Las casas son contenedores de emociones y escenario de ellas, sin duda alguna”.

El recuerdo reaviva su elocuencia. Las repasa sin mucho esfuerzo. Su primera casa, la de Madrid, la de la familia, fue también la primera que vio llegar a su hijo. A esa suele ir cuando va de paso por la capital; la segunda es la de paredes de piedra, la del patio verde que daba espacio, que se encogía para abrazar a la familia en crecimiento y se expandía para dar rienda suelta a la juventud; la siguiente fue la del regreso a la capital en el barrio de preferencia; otra fue la que permitió explorar, hacer experimentos, dar solidez a la vida adulta; y la de ahora, la de Málaga, la que está frente al mar, fue una predicción fallida: nunca imaginó que la casa que eligió para pasar su jubilación se convertiría en su guarida de confinamiento.

Por suerte o, mejor dicho, porque así lo quiso Beatriz, la de Málaga es una casa que lo tiene todo. Tiene la luz, tiene los espacios, tiene el color y el brillo que le dan paz. Una casa sin memoria ni recuerdos. Fue el verano pasado cuando decidió habitarla junto a su marido. Una casa que no piensa pero que está bien pensada. Como todas las anteriores, está hecha a su manera. La casa es suya hasta que quede algún indicio de Beatriz, algo que sea parte de ella. De resto, le resulta incomprensible que las personas se aferren a algo físico.

“Hay personas que pasan toda su vida en una casa o en dos. A mí me gusta mucho cambiar de casa, es una de las cosas que me han gustado siempre porque me parece que ese reto que significa cambiar y hacerla a tu medida y convertirla en parte de quien eres, de ese proceso que vives en ese momento, le da mucha solidez. No hay nada casual. Hay veces que con esta cosa de cambiar pues también juega mucho el que quieras arriesgar, o el que tengas determinado arraigo. Yo tampoco creo que las casas tengan que ser para siempre, puedes hacerlo si quieres, pero si no, pues significa lo que significa y la vendes. La casa la tienes tú contigo mismo”.

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Foto: Beatriz Becerra

Reacia a la idea quizás un tanto mística y romántica de que las paredes escuchan y guardan secretos, Beatriz es más bien pragmática. Para ella las paredes, paredes son. Son piedra, son yeso, son madera. Son lo que son. Y punto. “Las cosas tienen significado en función de las personas, es decir, lo que puedan significar o conllevar depende de quién las perciba o para quién sean importantes”.

Importante es, sin dudas, saber estar. Y en tiempos de confinamiento, Beatriz Becerra está presente, entera, tranquila, consciente. La misión continúa.

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