• Los habitantes de la comunidad La Vuelta de Los Manolos pasan los días esperando para contar con el servicio que se ha convertido en un lujo, por lo complejo que es tenerlo

¿Llegará o no el agua?

La comunidad La Vuelta de Los Manolos, situada en las entrañas de Petare en el estado Miranda, tiene más de 20 días que no ve el agua correr por sus tuberías. Esta imagen se repite en gran parte del interior del país y en las distintas zonas de Caracas.

Los estrechos pasillos y las irregulares escaleras se convierten en una exhibición de tubos, envases, garrafas y botellas; todos esperando a una cisterna que está por llegar, aseguran los vecinos.

Durante la espera, los niños juegan con los potes de plástico -en su mayoría de refresco- como mecanismo de distracción ante la realidad que les abruma.

La cisterna finalmente llegó. Los habitantes del sector se aglomeraron para obtener agua, aunque no todos pudieron llenar sus envases.

Durante la recolección parte del líquido se derrama y las escaleras se convierten en un lugar peligroso, al punto que un señor que llevaba dos tobos llenos de agua en sus manos se cayó.

«Mijo, pero baja uno a la vez», se escucha desde la ventana de una casa aledañas al punto donde el señor ya se levantó del suelo.

«Vino medio vacía la cisterna porque no todos pudimos llenar, ¡que vaina!», lamentan los vecinos de La Vuelta de Los Manolos.

Emprenden la marcha hacia sus casas con los envases vacíos, esperando recibir el servicio de forma directa o que nuevamente llegue una cisterna que les permita abastecerse de un servicio básico pero que para ellos es lujo tenerlo.

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