• Desde el inicio de la cuarentena en la entidad andina se han intensificado las fallas de los servicios públicos, entre ellos el gas doméstico. Esto ha obligado a los tachirenses a buscar opciones, como la leña, para preparar sus alimentos. Foto: Reuters

El pasado 15 de mayo, Freddy Bernal, el denominado protector  —impuesto por el régimen de Nicolás Maduro— de Táchira, anunció a través de su programa radial la destitución de la junta directiva de Gas Táchira que estaba encabezada por Carlos Trompiz, tras evidenciarse “irregularidades” en la venta de ese producto. En su lugar quedó Rafael Belisario. 

Bernal reveló que las plantas de distribución Libertador, en San Cristóbal, Francisco de Miranda, en el municipio García de Hevia; Cipriano Castro, en la vía que conduce al sector El Cucharo; y la planta de Capacho, quedaron bajo el resguardo de las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES).

Antes de esta medida, los tachirenses habían tomado las calles en numerosas oportunidades para expresar su descontento ante la falta de este servicio público en sus hogares. Esta situación los obliga a buscar nuevas alternativas para cocinar como leña o cocina eléctrica, aunque esta última representa una odisea para muchos. 

Los cortes de energía eléctrica en Táchira son una constante, algunos sectores pasan doce horas —e incluso más— sin electricidad, por ello, esa no resulta ser la mejor opción para la mayoría. 

Otros recurren a la leña y arman fogones improvisados para la faena diaria de preparar los alimentos, aunque los efectos de esta alternativa pueden ser nocivos para la salud y derivar en complicaciones serias a nivel respiratorio. Un problema que en estos momentos de coronavirus, todos quieren evitar.

Mientras algunos ciudadanos se debaten entre cocinar cuando hay electricidad o usar métodos más rudimentarios como la leña, otros se niegan a doblegarse ante un estilo de vida que dista de lo ideal y que por el contrario, representa un atraso en todos los sentidos. 

Protestas que no cesan

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El 6 de mayo habitantes de El Diamante de Táriba, cerca de San Cristóbal, protestaron por falta de gas y tomaron la medida de trancar una de las vías principales para acceder a la ciudad capital.

Un día después, en la población de Borotá, familias afectadas por la escasez de este servicio desde hace cinco meses, clamaron porque sus cilindros fueran llenados nuevamente para poder cocinar sin pasar por tantas penurias.

De igual forma, el 12 de mayo vecinos de Barrio Obrero, una zona en la parte media de la ciudad de San Cristóbal, decidieron trancar la vía con sus cilindros de gas doméstico para exigir mejoras en la calidad de los servicios públicos, especialmente de este, con el que no cuentan desde hace ya seis meses.

Ese mismo día se suscitó una concentración a las afueras de la planta de llenado de gas, también ubicada en San Cristóbal, donde pacientes renales, oncológicos, diabéticos, hipertensos y con otras patologías, solicitaron el despacho de dicho servicio, alegando que debido a los constantes cortes de energía eléctrica no gozan de una buena alimentación.

Al día siguiente, se generó una protesta en el sector conocido como ‘el elevado de Puente Real’ ubicado en San Cristóbal. Las personas exigían el suministro de gas, pues los apagones les impiden cocinar con hornillas eléctricas sin que sus alimentos queden a medio preparar durante un racionamiento eléctrico.

El 14 de mayo ocurrió algo similar en la población de Patiecitos, municipio Guásimos en Táchira. La comunidad, cansada de la espera, se sumó a las protestas que días antes se venían generando en diversas zonas del estado.

La comunidad de Pirineos, en San Cristóbal, protestó durante 15 días continuos para denunciar que no cuentan con gas doméstico desde octubre del año 2019. Eso, les dificulta las labores diarias de cocina y en su mayoría, deben optar por la leña para poder comer.

Estas protestas se hicieron virales a través de redes sociales. El problema con los servicios públicos en general y, de manera puntual con el gas doméstico, eran imposibles de ocultar con un dedo. Los tachirenses estaban agotados física y mentalmente a causa de un inconveniente que, por más que hicieran público, no tenía pronta solución.

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“Desde hace como un año más o menos no tengo gas”, indicó para El Diario Graciela Ramírez*, habitante del sector Pirineos 1 en la ciudad de San Cristóbal, una de las zonas más golpeadas por la escasez de gas doméstico en Táchira.

“Cocino con cocina eléctrica, esa ha sido la única solución y, bueno, anticipándome a los cortes de luz siempre”, indicó Ramírez al explicar la forma en que resuelve la preparación de los alimentos para ella y su familia a diario.

A veces es difícil porque ni así (con hornilla eléctrica) he logrado cocinar y tengo un niño de cuatro años. A veces toca esperar que llegue la luz y no podemos almorzar a la hora”, manifestó con preocupación e impotencia.
Foto: Cortesía

En esos casos, Graciela intenta solventar yendo a la panadería más cercana y comprando un poco de pan para calmar el hambre de su hijo, quien por su corta edad no comprende por qué no puede comer a tiempo cuando falla la electricidad.

Indicó que en su sector aplican un racionamiento diario de seis horas, dos veces al día; eso representa un total de, por lo menos, 12 horas sin energía eléctrica a diario, lo cual complica su rutina. 

“Aunque eso a veces ni lo cumplen”, dijo haciendo referencia al cronograma de Corpoelec. “A veces la quitan por más tiempo, en estos días la quitaron desde las 6:00 am y la colocaron a las 2:00 pm”, añadió.

Otros vecinos de Graciela solventan cocinando con leña, pero el humo se ha vuelto insoportable y afecta a la salud de quienes cocinan y de quienes viven cerca y respiran ese aire contaminado. 

“Eso nos perjudica, ese humo es dañino para los pulmones”, dijo con preocupación, pues vive con sus padres y su hijo pequeño, que ya se ha enfermado en otras oportunidades a causa del humo.

“Mi hijo ha tenido problemas respiratorios pero, ya hace como tres meses no se ha vuelto a enfermar gracias a Dios, trato de tenerlo en casa”, comentó. 

Esta es una situación que se torna compleja para muchos tachirenses, sobre todo porque no les dan una respuesta certera sobre el estatus de ese servicio en sus comunidades o la fecha en que posiblemente pueda llegar.

“No nos han dado fecha ni han dicho nada, hace como 20 días que llegaron por un lote de bombonas pero fue gente que las quiso mandar a Guatire a llenarlas. Nosotros no quisimos porque no era seguro enviarlas”, explicó.

Diferentes testimonios, mismas dificultades

Luis Eduardo Gómez* es otro tachirense afectado por el calvario que representa la ausencia de gas en su hogar, ubicado en la avenida Ferrero Tamayo en San Cristóbal. 

“Por aquí tenemos mucho tiempo que no tenemos gas y pasa lo mismo en todas las comunidades cercanas”, comentó Luis para El Diario, preocupado porque ya se cumplen siete meses con sus cilindros de gas doméstico vacíos. 

“Nos dijeron que nos lo iban a enviar pero todavía nada, ya mi comunidad no tiene en sus casas dicho servicio”, agregó.

Una de las grandes preocupaciones de los habitantes de ese sector radica en la cantidad de adultos mayores y niños que allí residen. “Por aquí hay muchas personas de la tercera edad y niños, se podrá usted imaginar lo que tienen que esperar para preparar sus alimentos”, acotó con indignación.

Unas 500 familias se ven afectadas en los alrededores de la avenida Ferrero Tamayo, entre ellas, las comunidades San Judas Tadeo, Girasol, Santísimo Salvador, El Trébol, Portofino y Porto Vallarda.

A ello se le suman muchas familias de los alrededores, como 700. Es un número grande de personas que no tenemos gas”, dijo Luis.

Por ahora, al igual que Graciela, solventa su día a día con dos hornillas eléctricas, mientras la electricidad se lo permite.

“Cocinamos con cocina eléctrica esperando que la luz no se vaya y aquí también hay un grupo familiar que cocina con leña”, enfatizó.

Foto: Cortesía

“En estos momentos los cortes son de seis horas al día, aunque dicen que ha mejorado pero por estos lados, nada que ver”, añadió.

Luis vive con tres personas más en su hogar y, aunque él no tiene niños, evita cocinar con leña por su salud y la de su familia, pero otros vecinos sí lo hacen. “Una familia si cocina con leña y eso nos afecta a todos”, explicó.

“Aquí hay mucha gente con niños, ¿cómo les preparan sus alimentos?”, se pregunta Luis con indignación.

Entre otros factores, Luis asegura que debido a la cuarentena la situación se complica aún más, puesto que “nadie puede salir por los protocolos del gobierno” y, se les hace difícil buscar una opción diferente para cocinar o para resolver mientras llega la energía eléctrica. 

Respecto a cuándo llegarán los encargados de gas Táchira a su comunidad para llevarse los cilindros vacíos, Luis asegura que no maneja esa información y tampoco tiene conocimiento de ello por parte de los encargados del tema en su comunidad.

“Todavía nada. Lo único que dicen es que esperemos cuando nos toque y mientras tanto nada. Solo que sigamos con este sacrificio, que esperemos”, enfatizó.

Las comunidades aledañas a la avenida Ferrero Tamayo habían protestado en distintas oportunidades, pero ahora, por la cuarentena, no lo han vuelto a hacer. 

María de los Ángeles Becerra* vive el mismo calvario diario que Graciela y Luis, pero en Palo Gordo, población que pertenece al municipio Cárdenas en Táchira. Ella no tiene gas doméstico desde septiembre del año 2019 y a diario se vale de una hornilla eléctrica o un fogón con leña para cocinar

En su casa viven siete personas más, entre ellas, su abuela, una adulta mayor a quien el humo de la leña le ha trastocado su estado de salud. 

“La tos más que todo es lo difícil, a mi abuela le da tos y a nosotros también, de tanto cocinar con leña”, expresó María. 

El costo de la leña en Táchira ronda los 5.000 pesos colombianos (1,4 dólares), pero María explica que eso no es suficiente para cocinar el almuerzo, por ello, deben gastar mucho más dinero, para preparar lo del día a día.

Foto: Cortesía

“Mi tío ordeña las vacas y se cambia la leña por leche y cuando no, nos toca a nosotros mismos por ahí, buscar de la seca, si no con cocina eléctrica, pero eso es de vez en cuando porque falla mucho la luz”, explicó.

El racionamiento no les favorece para usar la hornilla eléctrica, pues de las 24 horas del día, por lo menos 10 permanecen sin electricidad.

“Otra cosa es que aquí tampoco dicen nada ni los del consejo comunal ni los del CLAP, nada. Solo dicen que hay que esperar y han pasado varios meses y nada”, dijo María con notable molestia, un sentimiento que la embarga a ella y a todos sus vecinos.

Han pasado casi diez meses y aún no tiene gas. En reiteradas oportunidades protestaron pero ya no; la comunidad se cansó de no tener solución y desistió de los reclamos.

Foto: Cortesía

En Palo Gordo, unas 80 familias no tienen gas doméstico. “Todos por aquí cocinan con leña o cocina eléctrica, porque aquí nadie tiene gas, nadie”, detalló María.

Foto: Cortesía

Una dificultad que se extiende en todo el estado

A San Juan de Colón, municipio Ayacucho, también llega la falla en servicios públicos. Nancy Eslava* no tiene gas desde hace más de once meses, el 30 de junio cumple un año con los cilindros arrumados en un rincón de su casa.

“Las bombonas tienen un año guardadas, yo me solvento porque tengo una cocinita eléctrica y un fogón de estufa, entonces cuando hay electricidad cocino todo lo que puedo en la eléctrica y cuando no hay, me toca conseguir palitos y todo, para cocinar en la estufa”, explicó Nancy en entrevista para El Diario.

Para Nancy, la jornada diaria es complicada. Ella trabaja en el hospital de San Juan Colón, desde muy temprano, por ello, cuando se levanta por las mañanas sin electricidad, no tiene más opción que marcharse sin comida. 

Muchas veces, infinidad de veces, nos ha pasado (a ella y a su hijo) que no hay electricidad y a esa hora (6:00 am) es un poquito engorroso pararme a prender leña. A veces me toca irme sin desayuno”, comentó con cierta molestia.

Nancy vive con su hijo mayor, ambos trabajan. Para solventar la primera comida del día cuando no pueden prepararla en casa, deben comprar pan o algo simple para solventar mientras regresan.

“A veces me toca irme sin desayuno, aguantarnos hasta mediodía que podamos llegar y que haya energía eléctrica para poder solucionar con la cocinita eléctrica o en su defecto, llegar a arreglar lo de la leña y poder ir almorzando por ahí a las 3:00 o 3:30pm”, explicó. 

Foto: Cortesía

Ella y su hijo no son las únicas personas que se han valido de métodos primitivos como la leña para cocinar, otras familias de la zona también lo hacen. “Ya con la que yo tengo hay cuatro estufas y los que no, en piedritas, al estilo de los tiempos antiguos, mucha gente está haciendo eso”, agregó Nancy.

Sin embargo, es una opción que puede tener un costo muy alto para la salud de quienes la practican o viven cerca. La exposición frecuente al humo que origina la leña puede causar daños a nivel pulmonar. 

 “Ahorita yo tengo una estufa con chimenea pero, tuvimos que tomar la decisión de hacerla, porque yo cocinaba con un tonel y ahí habíamos organizado un fogón y metíamos la leña para cocinar, pero el humo era impresionante”, explicaba Nancy.

Foto: Cortesía

“Eran tan impresionante que mi hijo mayor cayó en una bronquitis, lo llevé al médico y luego de hacerle una placa, la doctora dijo que no podíamos seguir en esa situación porque si no era él, iba a ser yo, porque ese humo es muy dañino”, prosiguió.

Foto: Cortesía

Luego de esa mala experiencia, Nancy sabía que tenía que hacer algo al respecto. “A raíz de eso, dije no más humo y bueno, gracias a Dios, mis hijos me pudieron ayudar y se hizo una estufa que tiene chimenea”, comentó aliviada.

Foto: Cortesía

Aunque admite que no deja de ser un proceso engorroso, porque todos los días debe repetir el mismo procedimiento para cocinar. Buscar la leña, encenderla y preparar la comida, no sin antes haberse ensuciado un poco y terminar con la ropa impregnada en humo. 

“De repente los fines de semana viene un familiar y disfruta hacer cualquier cosa en la estufa, pero es un poquito complicado todos los días y más para uno, que trabaja”, indicó Nancy.

Pese a la situación, ella intenta tomar lo malo con la mejor actitud. “Yo incluso a veces me molesto, pero a veces me lo tomo como a broma. Le dije a mi hijo que íbamos a reunir para hacerle una torta a las bombonas, que el 30 de junio cumplen un año guardadas (risas)”, dijo con el buen ánimo que la caracteriza.

Por otro lado, Nancy asegura que en su comunidad, las personas prefieren no salir a protestar o a organizar trancas en las vías principales por el riesgo que ello representa. “Hace como ocho meses dijeron que iban a secuestrar al camión de gas pero no pasó nada”, culminó.

Precios del gas doméstico ‘por las nubes’

Un cilindro de gas doméstico en el mercado negro puede costar mucho más de lo que un tachirense común gana en un mes de trabajo. Pensar en adquirir gas doméstico a precio revendido resulta casi un espejismo.

“Hace como dos meses intenté por medio de una prima que me iba a meter en un cupo de la comunidad de la Unidad Vecinal, pagué y de igual forma nunca les llegó y perdí ese dinero, porque no devuelven nada”, comentó Graciela con cierto desánimo.

En los lugares donde ha podido averiguar, un cilindro de 10 kg tiene un valor de 65.000 pesos (unos 18.5 dólares), el de 18 kg puede llegar a costar 90.000 pesos (unos 25 dólares), mientras que los cilindros más grandes tienen un costo de 120.000 pesos aproximadamente (unos 34 dólares).

“Y el sueldo no alcanza para eso, yo soy analista de recursos humanos en la Universidad Bolivariana de Venezuela y gano alrededor de 1.800.000 bolívares”, finalizó Graciela. 

Para Luis, la situación es la misma. Él es educador y su salario mensual no alcanza ni siquiera para cubrir la cesta básica alimenticia, así que comprar un cilindro a sobreprecio no es una opción viable en su caso.

María está en el mismo dilema. En ocasiones ha averiguado el costo de los cilindros por grupos de WhatsApp o en ventas de Facebook; sin embargo, en ninguna de esas plataformas consigue un precio que esté al alcance de su bolsillo.

Hemos buscado pero muy caras, 60.000 pesos la de 10kg, eso ya sería mucha plata, no alcanza. Si hay para el gas, no hay para comer, es así”, comentó con impotencia.

A San Juan de Colón también llega el negocio del gas doméstico. Nancy explicó que seis meses atrás hubo una reunión con los encargados del gas en su comunidad y les informaron a todas las familias que tenían que entregar sus cilindros vacíos al día siguiente pero, para ello, debían pagar un monto en moneda colombiana.

“Por las bombonas de 10kg, que son las que yo tengo, tenía que pagar 34.000 pesos, pero usted se podrá imaginar que me digan a mí, de hoy para mañana, tiene que conseguir ese dinero”, manifestó Nancy.

En ese momento y, por la necesidad, Nancy intentó llamar a sus hijos en Colombia pero, se les hacía imposible hacerle llegar el dinero en cuestión de unas cuantas horas, pues ya era de noche y la jornada laboral había finalizado.

“Eso era de ayer para hoy, la reunión fue a las 6:00pm y al otro día a las 6:00am las bombonas tenían que estar en la casa de uno de los señores encargados de recogerlas”, puntualizó Nancy.

Estas familias son solo un porcentaje de los tachirenses que no cuentan con gas doméstico en sus hogares. La asignación de Gas Táchira a una nueva directiva desde hace aproximadamente un mes mantiene a los ciudadanos en expectativa ante las promesas de Rafael Belisario de solventar el problema y “luchar contra las mafias” en el estado. 

Entretanto, la situación no ha cambiado en las casas de Graciela, Luis, María o Nancy que, desde hace meses, esperan y ansían el momento en que puedan cocinar con gas nuevamente. 

*Los nombres de algunos de los entrevistados fueron modificados para proteger sus identidades.

Este artículo de El Diario fue editado por: Yazmely Labrador | José Gregorio Silva | Génesis Herrera.

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