• La tarde del viernes 17 de julio las imágenes de los icónicos árboles de la plaza Las Tres Gracias recorrieron las redes sociales. La indignación acompañó cada foto debido a que fueron talados.Aún se desconoce a los responsables de este ecocidio

Durante más de 60 años la ciudad de Caracas se engalanaba con un rinconcito neoclásico. La escultura de las diosas Talia, Eufrosina y Aglaé es el centro de atención del concepto artístico de la plaza Las Tres Gracias, una oda paisajística a la mitología griega en el Paseo Los Ilustres. Más allá del valor arquitectónico, artístico e histórico, la plaza poseía unos elementos que complementaban su concepto: los sauces llorones. 

Estos árboles icónicos fueron traídos a Venezuela en la década de los 40 desde Argentina, y a partir de ese momento se convirtieron en parte de la identidad de la parroquia San Pedro. Luego de sobrevivir a varios gobiernos, cambios climáticos, abandono por parte de las autoridades  y protestas antigubernamentales, los sauces llorones fueron podados el viernes 17 de julio. El responsable de este ecocidio es un misterio.

Ecocidio Es la destrucción del medio ambiente, en especial de forma intencionada.
Real Academia Española (RAE)

La plaza se inauguró en el año 1957, durante el gobierno de Marcos Pérez Jiménez, y fue diseñada por el arquitecto catalán Joseph Mimó. Cuenta con un espejo de agua y, sobre él, la estatua de las diosas griegas de la comedia, la inteligencia y la alegría. 

Glenda Yépez, arquitecto paisajista, explicó para El Diario que el concepto original de la plaza combinaba dos corrientes artísticas importantes: la romántica, representada por los sauces llorones y los cipreses; y la neoclásica, representada por la réplica de la escultura de Las Tres Gracias, realizada por Pietro Ceccarelli. 

Yepez destaca la gravedad de la poda de los sauces llorones. Eran un elemento integrador y protagónico dentro de la plaza y representaban una intención bucólica en el concepto artístico de la misma. Explica que si el objetivo era cortar estos ejemplares lo recomendable es restituirlos para respetar el concepto original. 

“La técnica de corte fue muy mal hecha. Se cortaron de forma horizontal y una poda no debería ser así. El corte se hace en un ángulo en especifico y luego se protege con alquitrán ecológico. En caso de que quede algún retoño se debe tratar el árbol para que se pueda salvar”, comenta.

Yepez explica que la poda arbitraria de estos árboles generó un impacto en los habitantes de la comunidad y también en quienes la frecuentan. Destaca que este era uno de los pocos espacios verdes del sector, puesto que el sureste y suroeste de la capital son las zonas con menos espacios verdes recreativos. 

“Mientras más nosotros talemos árboles y hagamos podas mal hechas, estamos eliminando la capa arbórea de la ciudad de Caracas. Estamos disminuyendo el porcentaje de áreas verdes recreativas por habitantes. Estamos ocasionando un impacto bastante alto”, advirtió.

Yepez explica que no es complicado recuperar el concepto y los ejemplares de la plaza Las Tres Gracias. Para lograr esto específicamente en esta plaza se debe sustituir los árboles, además se requiere mano de obra calificada para el mantenimiento de espacios abandonados y presupuesto que la Alcaldía del municipio Libertador debe contemplar para el mantenimiento de estos espacios. 

La arquitecto paisajista destaca que en diferentes partes de la ciudad se han realizado podas de árboles con mala técnica. Destaca la importancia del control y del personal calificado para realizar estas prácticas. 

Identidad caraqueña vulnerada

El sociólogo Ramón Piñango explicó para El Diario que la poda arbitraria de los sauces llorones hiere la identidad del caraqueño. Señala que es un daño que repercute en la ciudad, pues el ciudadano estaba acostumbrado a ver estos árboles al pasar por la plaza. 

“Después de ver algo por tanto tiempo es como si a uno le hubieran quitado algo importante del paisaje. En esta época en la cual los cambios son tan violentos e inesperados uno espera por lo menos que el paisaje urbano se mantenga”.

Destaca que esta situación afecta el espíritu del ciudadano porque le fue arrebatada una pieza importante de su certidumbre cotidiana. El sociólogo comenta que el ser humano necesita una cotidianidad para sobrevivir en la sociedad y lidiar con incertidumbres mucho más grandes. 

“Estamos viviendo por lo menos tres incertidumbres: la política, la económica y ahorita la de salud por la pandemia”, detalla. Piñango opina que la poda de estos árboles se debe a la ignorancia del valor histórico de los mismos. 

Daño ecológico continuado

La pérdida de los sauces llorones de la plaza Las Tres Gracias contribuye a la disminución de árboles en la ciudad, lo que significa una situación preocupante, explica para El Diario el biólogo y miembro de Provita Carlos Peláez. El especialista destaca cuatro principales problemas que se desprenden de la tala indiscriminada de árboles en la capital. 

El primer problema es el impacto climático, debido a que los árboles bajan la temperatura de la ciudad. Los árboles interceptan la luz solar mediante la fotosíntesis y eso hace que el asfalto no se caliente. Explica que se ha demostrado que en las zonas de la ciudad donde hay más árboles la temperatura está tres o cuatro grados por debajo que los lugares donde solo hay concreto y asfalto. 

“En una ciudad con muy pocos árboles en el trópico donde hay mucho calor todo el mundo necesita ir en carro. Es menos factible que la gente camine o que use bicicleta, lo cual repercute en la calidad del aire porque si todo el mundo debe usar carros pues el aire se contamina”.

Otro problema que se desprende de la tala de árboles es en el aspecto turístico. Peláez afirma que entre más se pierdan árboles en la capital, más se pierde el atractivo turístico de la misma. “Una Caracas tropical, arbolada, llena de guacamayas también es un atractivo turístico”, comenta. 

También explica que la vegetación urbana beneficia la salud mental de los habitantes de la ciudad. La Organización Mundial de la Salud (OMS)  señala que la presencia de árboles contribuye con el bienestar mental de las personas que sufren depresión o ansiedad.Además recomienda que mínimo debe haber un árbol por cada tres habitantes en las ciudades y de 10 a 15 metros cuadrados por persona. 

Nosotros estamos muy por debajo de ese requerimiento mínimo para la salud de una persona en la ciudad. Cuando estas cosas pasan (la tala de los sauces llorones) significa que no hay ninguna preocupación por la salud de las personas ni la estética de la ciudad.”comenta.

Señala que en Venezuela las personas están dispuestas a cortar árboles por cualquier motivo, lo que refleja la poca preocupación de los ciudadanos y las autoridades por la preservación de la vegetación urbana. 

Peláez destaca el hecho de que cortar un árbol en Venezuela es tipificado como delito si se realiza sin una justificación y sin el permiso correspondiente.

Artículo 12 numeral 3 de la Ley de Bosques

Otorgar los permisos y autorizaciones de tala y poda, con fines de seguridad y mantenimiento de árboles fuera del bosque, ubicados en jurisdicción urbana del municipio; salvo especies en veda.

“Incluso la ley te pide que hagas una compensación. Si cortas un árbol debes sembrar cuatro. Pero eso no pasa, la gente se consigue un permiso para cortar árboles o pasa la misión Chamba Juvenil y tala un poco de árboles y no dice por qué. Eso no debería estar pasando.”

Desde hace más de 60 años los caraqueños que transitaban por el Paseo Los Ilustres se encontraban con la belleza arquitectónica de la plaza Las Tres Gracias, un lugar que se arraigó a la identidad caraqueña. La indignación se hizo presente al conocerse la noticia de la tala de los sauces llorones mientras que Caracas se convierte en una ciudad diferente, amenazada por la indiferencia y las malas políticas. 

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