• El equipo de El Diario le realizó seguimiento al caso de una venezolana que comenzó a presentar síntomas relacionados con covid-19 el pasado 9 de agosto. La familia visitó dos clínicas privadas en Caracas, donde le negaron la hospitalización debido a que, según su personal, los seguros no están aceptando cubrir los gastos de pacientes con esta enfermedad

En el grupo de WhatsApp de la familia Martínez conversaban sobre el aumento de casos de coronavirus en Venezuela. Los primos y tíos, desde México, compartían aterrados que la cifra de contagiados se había multiplicado. Fue hasta el 9 de agosto que escribieron que la tía Amelia* tenía síntomas similares a los de una alergia. “Un vecino estaba pintando la casa, debe ser eso”, dijeron. Le pidieron que se quedara tranquila y que se tomara un antialérgico. Apagaron los teléfonos. No había motivo para alarmarse.

El lunes 10 de agosto el termómetro marcaba la  temperatura en 39 grados. Los mensajes llegaban con rapidez uno tras otro. “¿Cómo sigue?”, “¿Le dieron un acetaminofén?”, preguntaban en el grupo familiar. Las sospechas se extendían, mientras un nuevo síntoma era reportado en el chat. Esa noche la tía Amelia se desmayó dos veces. Había empeorado.

Conversación1

Desde México, la familia dejó de dormir. Preguntaban a médicos del círculo cercano a qué se podía deber los desmayos y la fiebre intensa que le recorría el cuerpo de la tía Amelia. Un médico les comentó que podía ser dengue. Los exámenes descartarían el diagnóstico. Al día siguiente fueron a un laboratorio, pidieron hacer un perfil 20 para evaluar sus plaquetas. El cuerpo ya empezaba a fallar y la fatiga le paralizaba cada movimiento. 

El examen arrojó que tenía los glóbulos blancos alterados y las plaquetas estaban ligeramente bajas. Los desmayos continuaron y con ellos la tía Amelia empezó a presentar diarrea. Necesitaba ingerir líquidos.

Urgía hospitalizarla. No se podía descartar ni dengue ni un posible contagio de covid-19.

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Una caída de los glóbulos blancos y la alteración en las plaquetas se asocia con un diagnóstico de dengue. Esta es una enfermedad capaz de incubarse de cinco a siete días. Posteriormente, empieza un primer proceso febril que está acompañado de dolor de cabeza, dolores musculares, ojos rojos o con dolor. Además, la piel adopta una “coloración camarón” por la erupción (eritrodermia). 

Según la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), hasta el 13 de junio de 2020, Venezuela había reportado 3.406 casos de dengue, de los cuales 172 habían sido confirmados por laboratorio, 13 eran casos de dengue grave y siete personas habían fallecido.

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A la familia le preocupaba que la fatiga no desapareciera luego de más de tres días. Se trasladaron desde La Pastora, en Caracas, hasta el Centro Podológico, en San Bernardino, para repetir los exámenes. El protocolo era estricto, entraron a este centro e ingresaron a un consultorio como un caso sospechoso de covid-19. Podía hacerse una prueba rápida para descartarlo por un precio de 45 dólares, pero, relata la familia, que la mejor opción que le ofrecieron los médicos en ese lugar era que la tía Amelia pudiera hacerse una prueba PCR.

Recorrido

También era necesario realizar otros exámenes. Entraron a la sala de rayos X para un examen de insuficiencia respiratoria. Sus pulmones se reflejaban comprometidos. Amelia, de 65 años de edad, había sido fumadora por más de 20 años, pero lo había dejado. Pequeñas manchas blancas aparecieron dentro de su organismo y alertaron al personal. El virus podía estar activo desde hace uno o dos días. Le dijeron que era tratable. En ese punto, se hablaba de covid-19 y el posible dengue había sido descartado.

El procedimiento que le recomendaron los médicos para tratar el covid-19 consistía en antibiótico, antiinflamatorio, antialérgico y vitaminas. A la tía Amelia le tomaron la vía, pero solo eso. Quedaron solas en la habitación, ella y su hija. En la recepción le informaron que el seguro no podía cubrir los gastos de un paciente con coronavirus. Era mentira. Llamaron al seguro. Ninguna solicitud había llegado con los datos de Amelia. No le respondieron. Le dijeron que no la podían atender, que la recomendarían a otra clínica en La Candelaria. La tía Amelia se debilitaba.

Llegaron referidas a La Candelaria. El protocolo fue similar, los doctores solo tenían tapabocas para recibir a casos sospechosos de covid-19. No había trajes especiales, mucho menos viseras que separen las partículas capaces de contagiar. La respuesta fue similar:

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Los seguros no están cubriendo casos de personas con esta enfermedad. Nos piden 20.000 dólares para el ingreso a una clínica privada”. La tía Amelia solo podía escuchar. Le costaba respirar y movilizarse cada vez era más complicado.

Su hija, quien la acompañaba, llamó más de cinco veces al servicio de atención al cliente del seguro. La clínica jamás hizo llegar una solicitud para la hospitalización. Fueron más de seis horas tratando de que fuera admitida y recibiera tratamiento. No pudieron hacer nada, se montaron nuevamente en el carro y regresaron a su casa. 

“A mi mamá no se le ha podido hacer nada y no sabemos si de verdad tiene covid-19. Hemos averiguado en distintos hospitales, pero no han dicho que no tienen disponibilidad de camas. También tenemos miedo de que los vecinos puedan denunciar y que venga un personal del gobierno a llevársela. Logramos que un doctor conocido la tratara desde la distancia”, dijo Ana* para El Diario.

Fue el domingo 16 de agosto cuando la tía Amelia se complicó. No era normal su respiración, como si las bocanadas de aire no fueran suficientes para sus pulmones. A las 3:00 am su fiebre era agresiva, sudaba y sus uñas cambiaron de color. Estaban moradas. Le faltaba oxígeno. 

Conversación1

Su hija la trasladó a un hospital en Cotiza donde recibió asistencia en la entrada del centro médico y en una silla de ruedas. Le hicieron la prueba rápida por el covid-19, esta vez era gratis. Salió negativo. Los médicos aseguran que la enfermedad pudiera estar en una etapa muy temprana y la prueba instantánea no es capaz de detectarla. Sugirieron la prueba PCR, pero los resultados hasta la redacción de esta nota, no han llegado.

Cuando los pacientes no tienen diagnóstico 

El infectólogo venezolano Miguel Ángel Navas explicó para El Diario, durante una entrevista concedida en marzo, que las pruebas moleculares (PCR) son mejores para poder obtener un diagnóstico seguro. “Son las que te permiten detectar de forma directa el virus”, añadió.

A ciegas. El régimen ha reportado la aplicación de 1.596.120 pruebas hasta la fecha, sin distinguir cuántas son PCR.

Indicó que lo que hace el régimen es contar el total de pruebas rápidas y las de PCR que realizan y por eso afirman que Venezuela es el país que más estudios hace en el mundo. 

El infectólogo señaló que hay naciones que tienen una mayor capacidad de realizar diagnósticos con menos pruebas, pero esas naciones sí aplican los estudios de PCR y hacen el seguimiento adecuado. 

Venezuela se encuentra sumergida en una etapa de crecimiento del número de contagios por covid-19. Hasta la noche del domingo 16 de agosto, en el país se han registrado 33.607 casos confirmados y 276 muertes a causa del virus.

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Los otros países están registrando pruebas moleculares, mientras que en Venezuela estamos sumando las pruebas moleculares más las pruebas rápidas. Muy probablemente el gobierno lo que está haciendo es un sesgo desde el punto de vista diagnóstico”, expresó.

La familia Martínez se mantiene a la espera, mientras los reportes anuncian más de 1.000 casos diarios. Los pulmones de la tía Amelia están comprometidos. En la radiografía, hay manchas blancas donde debería haber espacios negros, indicando presencia de aire en el interior de sus pulmones. 

En este punto de la enfermedad, el paciente se puede asfixiar. Si el cuerpo no recibe suficiente oxígeno, se produce una falla respiratoria y el corazón deja de funcionar. A la familia le dijeron que tenía que ser entubada a un ventilador mecánico. 

Sin embargo, su hija espera garantizar aunque sea una cama en un hospital de Caracas donde pueda ser atendida. Algo que, hasta el momento, no ha encontrado. 

Desde México, sus familiares se aferran a las oraciones y a la fe de que el resultado de la prueba va a llegar pronto. En el grupo de WhatsApp el último mensaje que pudo enviar la tía Amelia fue que pensaba que iba a morir. Mientras, esperan que vuelva a escribir, que esté bien, que consiga una cama en un hospital, que ya pueda respirar, que pueda superar la enfermedad, que ya se encuentre en el carro, en la vía hacia su casa.

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Pero la realidad fue otra. Amelia falleció este miércoles 18 de agosto esperando el resultado de una prueba que confirmara su diagnóstico. Se quedó a la espera de una cama de hospital, de un respirador mecánico, esperando que el tratamiento le hiciera efecto. No pudo volver a escribir que ya estaba bien, en su hogar.

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