• Los vecinos de la parroquia El Recreo no desampararon a “Toñita” durante el año que estuvo tras las rejas. Desde que fue recluida en El Helicoide hicieron turnos para visitarla, también organizaron actividades para viralizar su injusta detención

A “Toñita” no la olvidaron en la Alta Florida, en Caracas, durante este último año. Su caso fue motivo de rezos en las misas de la zona, una conversación constante en las juntas vecinales y en grupos de WhatsApp. Estuvo presente, aunque estaba lejos en un calabozo. Permaneció en el corazón de los vecinos de toda la parroquia El Recreo. Los ángeles que jamás la abandonaron durante su injusto encierro. 

Antonia Turbay es su nombre de pila, “Toñita” es un apodo con el que cariñosamente la llaman los habitantes de su comunidad en la Alta Florida. Allí el 27 de junio de 2019 llegaron los funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) para detenerla. Su delito fue ser vecina del excomisario Iván Simonovis, la acusaban de contribuir con la fuga del opositor que se mantenía en un régimen de casa por cárcel y que huyó hacia Estados Unidos. 

A la abogada de 67 años de edad la recluyeron en la sede del Sebin, en El Helicoide, sin más pruebas en su contra que una fotografía en la que aparece un poste de luz caído hacia la casa de Simonovis. Su boleta de excarcelación llegó un mes después: el 26 de julio de 2019, pero nunca se hizo efectiva. Hasta hoy su defensa desconoce la razón. 

Un “indulto” presidencial fue el que la llevó a recuperar la libertad el 31 de agosto de 2020. Aquella noche su voz se escuchó fuerte. Desde las afueras de El Helicoide comentó a los medios de comunicación las injusticias de su caso, rompió en llanto. Sus ojos llorosos, sus palabras certeras, ilustraron de forma casi perfecta el drama de muchos presos políticos en Venezuela, cuyo único delito es disentir, en su caso, ser vecina de alguien que lo hizo. 

14 meses tras las rejas. Sin poder ver a su hija Isabel, quien desde Colombia seguía, a través de sus vecinos, el caso de su madre. De nuevo sus guardianes. Un grupo pequeño que permaneció a su lado durante el que indudablemente fue el año más largo de toda su vida.

Una nueva familia para Antonia Turbay

La noche posterior a la detención de Turbay los grupos de WhatsApp de los vecinos no dejaban de llenarse de mensajes. Todas alertaban que Antonia había sido detenida. Una mujer que en ese entonces tenía 66 años de edad, y que vivía sola en Venezuela, pues su hija emigró hace unos años tras ser víctima de un secuestro exprés

Jesús Vásquez, director de Monitor Ciudad, fue uno de los que recibió el mensaje a través de un grupo vecinal. El caso lo indignó. Esa misma noche buscó un abogado que la ayudara y al día siguiente estaban recorriendo las comisarías de toda Caracas para dar con su paradero. En ningún lugar les daban información.  

“Si no lo hacíamos nosotros no había nadie que lo hiciera, estuvimos durante cinco días buscándola”, cuenta Vásquez en exclusiva para El Diario. 

Afortunadamente el joven no fue el único preocupado. A Maciel Soto y Douglas Pérez también les urgía colaborar. A Antonia la conocen porque ambos son voluntarios de la Olla Solidaria en la Iglesia Nuestra Señora de la Chiquinquirá, templo al que “Toñita” acudía con regularidad. 

Antonia Turbay suele acudir con regularidad a la Iglesia Nuestra Señora de la Chiquinquirá

Hasta ese entonces, Turbay era solo una vecina más que acudía a las misas y participaba en los eventos organizados por la comunidad, pero sintieron empatía ante su situación, después de todo, en Venezuela lo que ocurrió con Antonia le pudo haber pasado a cualquier otro. Maciel y Douglas, al igual que Jesús, se abocaron a ayudarla.

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Somos un equipo de vecinos maravillosos que estamos al servicio de la comunidad. Somos una familia que se produjo de esta crisis y de esta dictadura”, asegura Douglas.

En este grupo también está el abogado José Antonio Álvarez, quien colaboró en la defensa de Turbay. El profesional explica que el proceso de Antonia estuvo plagado de injusticias, pero siempre pudieron sortearlas gracias a los vecinos. 

Una de las que recuerda fueron los dos fiadores que el Juzgado 36 de Control fijó para que saliera bajo fianza, algo que en este caso resultaba inviable por dos motivos: ella no tenía familiares en el país y poca gente accede a ser fiador en casos con fines políticos. 

La mayoría tras las rejas. De los 110 indultos otorgados por el régimen venezolano solo 50 correspondían a personas que estaban recluidas en una celda. De acuerdo con el Foro Penal aún siguen detenidos 333 presos políticos.

“Ideamos una forma novedosa con la que la jueza sustituyó esa medida por otra. A través de la organización que tenemos entre vecinos, hicimos una colecta de firmas para pedir solicitar la revisión de sus medidas, participaron muchísimos vecinos. Recabamos más de 500 firmas. La cara de la jueza del tribunal cuando llegamos con todas las plantillas y datos de todos lo que firmaron, fue un poema”, recuerda Álvarez. 

Tras obtener la boleta de excarcelación el 26 de julio de 2019 la lucha de los vecinos siguió. Continuaron visibilizando el caso en las protestas, a través de los medios de comunicación. “En algún punto nos preguntamos qué más teníamos que hacer para que la liberaran”, confiesa Jesús, pues pese a todo el esfuerzo, Antonia siguió tras las rejas. 

Las visitas en El Helicoide 

Cuando los vecinos supieron que “Toñita” estaba recluida en El Helicoide, la misión principal de muchos fue visitarla. Algunos sentían miedo de ir “por la fama” del lugar, pero no dejaron que el sentimiento los detuviera. La idea era no abandonarla y hacer que se sintiera apoyada en este proceso. 

Turbay permaneció detenida en El Helicoide durante 14 meses
Foto: EFE

Los días miércoles y sábados son los establecidos para la visita en ese centro de reclusión. De 11:00 am a 3:00 pm. Cuatro horas para ingresar, pasar la requisa y finalmente ver al detenido. 

Jesús fue uno de los que acudió a El Helicoide la primera vez. La intimidación, asegura, estuvo desde el inicio. Le pidieron datos, documentación y lo fotografiaron para agregarlo a la base del sistema. Maciel también accedió a ir, aunque con temor, pasó por el mismo proceso. 

Antonia los recibió sorprendida, con el rostro perplejo de quien no esperaba recibir a nadie y recibió mucho en aquella oportunidad. 

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Ella nos abrazó, lloró y nos agradeció que fuéramos. Ese día todo fue más improvisado. No sabíamos que teníamos que llevarle ropa limpia, agua, porque en El Helicoide solo hay cisternas y hasta sillas si quieres sentarte en la visita”, recuerda Jesús.

Antonia Turbay compartía celda con tres presas políticas, al igual que otros sufrió de violaciones a sus derechos humanos. En ocasiones no se le permitía salir al gimnasio y le impedían recibir luz solar. Ella decidió pasar una carta al comisario de la cárcel para solicitar y fundamentar por qué debía estar, al menos, una hora bajo el sol. Su petición fue aceptada. 

Las visitas de sus vecinos a El Helicoide no se detuvieron, así que las próximas ocasiones se produjeron con más organización. El grupo armó una verdadera logística. Pasaban buscando ropa limpia en su residencia, le llevaban comida, agua potable y sillas para poder sentarse y conversar con ella. A estos encuentros acudieron religiosamente, no siempre iban todos. Se turnaban. 

Maciel recuerda especialmente el día del cumpleaños de Antonia. “Casualmente cumplió el miércoles, un día de visita y le llevamos su torta y unas flores, ella no se lo podía creer. También estuvimos con ella el 24 de diciembre”, dice.

Otro aspecto en el que ayudaron fue en mantener comunicada a la hija de Antonia con su situación. A Isabel la agregaron a un grupo de WhatsApp para que estuviera informada de todo. La separación de madre e hija fue dolorosa, pues Turbay planeaba visitarla en Colombia y acompañarla en el parto para recibir a su primera nieta hembra. La cárcel lo impidió. 

Desde que inició la pandemia por covid-19 el mecanismo para comunicarse con “Toñita” era solo el teléfono. Un vecino de nombre Miguel grababa la conversación desde su número local y luego se las hacía llegar al resto del grupo.

La esperada libertad

A Antonia le habían prometido muchas veces la libertad. “Va a salir una lista y tú estás ahí”, “te van a dejar salir mañana”, con regularidad le decían frases similares pero el resultado era el mismo: nunca pasaba nada. Sus vecinos eran conscientes de las falsas promesas, por ello cuando vieron su nombre en la lista de indultados no creyeron que se haría efectiva. 

En esta ocasión finalmente el resultado fue favorable. La noche del 31 de agosto Antonia Turbay pudo salir, aunque el proceso resultó escueto, Jesús afirma que a la lista de irregularidades que hubo en su caso, se sumó que a Antonia no le regresaron su cédula de identidad al momento de ser excarcelada. 

Con sus vecinos tuvo palabras de agradecimiento desde que habló con los medios de comunicación. Una vez en casa, en la Alta Florida, pudo agradecer mejor a cada uno porque no la desampararon durante este año. Tampoco lo han hecho desde el 31 de agosto.

Para Antonia la libertad ha sido difícil de procesar. Le ha costado conciliar el sueño. Maciel cuenta que “Toñita” siente muy grande su cama, un espacio en el que no dormía desde hace un año, el Sol también la deja aturdida. “Dice que le encandila, y es que ella tenía meses sin recibir tanta luz solar”, agrega la vecina. 

“Salir libre es como volver a nacer, yo la noto feliz pero cuando está acompañada. La casa hay que acomodarla, limpiarla, mover todas esas energías para que eso la ayude. Después de 14 meses tiene un teléfono en sus manos, a veces lo deja olvidado”, cuenta Jesús. 

La vida de Antonia Turbay cambió, no será la misma después de pasar más de un año en la cárcel, por ello sus vecinos planean seguir apoyándola en esta etapa. 

Antonia Turbay en libertad
Foto: EFE/ Miguel Gutiérrez

“Esto le puede pasar a cualquier vecino, la forma de reaccionar nuestra va a ser similar. Ir a asistirlo. Tenemos un compromiso fraternal entre nosotros, no podemos abandonarnos en medio de lo que estamos viviendo”, afirma José Antonio, vecino y abogado que ayudó en su caso. 

En la parroquia El Recreo, especialmente en la Alta Florida, el regreso de Antonia es un bálsamo de esperanza. Su nombre sigue estando presente entre sus vecinos, en las plegarias, en los mensajes, en los rosarios que le han dedicado. “Toñita” volvió a casa, de donde nunca debió salir. 

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