• Debido a su bajo ingreso económico Clara Dominguez decidió buscar una alternativa para que sus hijos puedan tener una buena educación

Oriunda de Puerto Ordaz, estado Bolívar, Clara Dominguez* es madre y docente de un centro de educación especial para niños autistas. En la actualidad sufre los estragos de los bajos salarios que el Estado venezolano le otorga a los educadores, quienes perciben menos de cinco dólares mensuales, de acuerdo con la tasa oficial del Banco Central de Venezuela (BCV). Este ingreso solo le permite cubrir a medias los gastos básicos de alimentación.

La educación venezolana se ha visto en una cuerda floja desde hace varios años para muchos niños. Padres a los que con un sueldo mínimo se les hace imposible pagar una inscripción y otros que pueden inscribirse pero no pueden pagar el resto del año escolar.

Estas son solo algunas de las razones por las que muchos buscan métodos que les permitan generar ingresos y así cubrir los pagos que les exigen los colegios. 

Dominguez es una de las tantas madres venezolanas que en medio de la situación económica que atraviesa el país y en medio de la pandemia por covid-19 ha tenido que buscar opciones que le permita seguir pagando por la educación escolar de sus hijos.

“Soy docente especialista con un sueldo paupérrimo con el cual no puedo comprar un pollo ni un kilo de carne. El docente que trabaja para el gobierno lo hace por vocación. Yo estudié muchos años e hice sacrificios para hacer mi licenciatura porque creo que nací para esto, no es justo el valor que nos dan”, relata Dominguez para El Diario.

Su amor por la cocina hizo que encontrara en ella una ventana de esperanza que la ayudaría a reunir el dinero necesario para así poder pagar la inscripción del nuevo año escolar de sus dos hijos. 

Dominguez usó los conocimientos que tiene en el área de la panadería para hacer lo que ella considera son los mejores pancitos de su parroquia. Su textura y su sabor asegura que pueden encantar a cualquiera y a pesar de que, la receptividad de la gente de su entorno y zonas adyacentes donde ha ido a vender, ha sido un poco apática, no pierde sus ganas de seguir amasando. 

Para mí es una satisfacción enorme hacer esas dulces y saladas creaciones con tanto amor, me siento orgullosa de lo que estoy haciendo y sobre todo para el fin que lo hago, por el bienestar y la educación de mis hijos cualquier esfuerzo y sacrificio vale la pena”.

A pesar de lo motivada que se siente no puede dejar de expresar la frustración e impotencia que la invaden al saber que tiene una profesión con tantos años de trabajo y aún así no pueda pagar a sus hijos ni siquiera su necesidad básica y vital como es la alimentación y la educación.

Pan dulce
Foto: Cortesía

Sin rendirse hasta lograr la meta

La inscripción para el nuevo año escolar de cada uno de sus hijos tiene un costo de 75 dólares los cuales son para Dominguez casi inalcanzables de adquirir. El costo de cada uno de sus panes no llega ni a 1 dólar por lo que su esfuerzo y dedicación debe ser a tiempo completo para poder llegar a la cuota de inscripción.

Amo lo que hago y lo hago con esmero y devoción así los resultados no sean lo esperados mis hijos son el motor que me impulsan a seguir esta ardua labor”, comenta.

A Dominguez le da impotencia que la situación del país sea tan crítica que un docente no puede pagar para que un colega eduque a su hijo ya que es exorbitante el costo de los colegios en este país.

Maestros en paro por los bajos salarios

A causa de los bajos salarios la Federación Venezolana de Maestros (FVM) hizo un llamado a los docentes de todo el país a no incorporarse a clases en ninguna de las modalidades, ni a distancia ni presenciales, dado los bajos salarios que está percibiendo el sector.

La federación exige un salario para los docentes de 600$ lo cual aseguran es equiparable con los gastos de la canasta alimentaria que hay actualmente en Venezuela.

Asegura que cuando retome su rutina no podrá seguir adelante con la venta de pan porque no dispone de los recursos (cocina, implementos, capital) para convertirlo en un trabajo formal.

Clara siente temor, aún no alcanza a cubrir la cifra que necesita para pagar por las inscripciones. Explica que no descansará para darle la mejor educación posible a sus hijos. Para ella hablar de estudiar en un colegio público significa que no estudien ni aprendan lo suficiente por las fallas en el sistema nacional.

*El nombre del entrevistado fue modificado para preservar su identidad.

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