Los estragos cometidos por, y en nombre de la religión, son bien sabidos por todos. Los personajes del reciente filme que se pasea por la plataforma de streaming Netflix no son ajenos a tal conocimiento. Sin embargo, dejan en evidencia su afán por ignorarlo a toda costa. Como si supieran que la única manera de contemplar y alcanzar el paraíso es tener aún más presente el mismísimo infierno, se dejan llevar por la violencia que antecede a cualquier tragedia.

Dirigida por Antonio Campos, producida por Jake Gyllenhaal y Randall Poster, y protagonizada por Tom Holland, Bill Skarsgård, Robert Pattinson y Mia Wasikowska (entre otros), The Devil All the Time (El diablo a todas horas) narra las historias interconectadas de los habitantes del pueblo sureño de Knockemstiff, en Ohio, el cual se torna el lugar ideal para que se desencadenen los acontecimientos que, en apariencias, suelen ser la consecuencia de un Dios ausente.

The Devil All The Time (L-R) Bill Skarsgård as Willard Russell, Michael Banks Repeta as Arvin Russell (9 Years Old). Photo Cr. Glen Wilson/Netflix © 2020

Basada en la novela homónima, escrita por Donald Ray Pollock –quien también presta su voz para narrar la película en un característico plan omnisciente–, la película, ambientada entre 1957 y los 70’, comienza siguiendo a Willard (Skarsgård), un veterano de Vietnam, ateo en principio pero devenido en fiel –y extremista– creyente a causa de la educación religiosa de su madre. Tras la miseria que conlleva la pérdida inevitable de cualquier familiar, el hijo de Willard, Arvin (Holland), se ve solo y termina bajo los cuidados de su abuela junto con otra nena adoptada por la anciana que, casualmente, también perdió a sus padres. Mientras tanto, por el pueblo rondan una pareja  de asesinos, un policía corrupto, y un nuevo predicador (Pattinson) que se aprovecha de la ingenuidad campesina y la fe ciega.

Enmarcada en el gótico sureño, con pinceladas bizarras y un elenco deslumbrante, El diablo a todas horas promete y cumple con varios elementos que sirven para futuras conversaciones de sobremesa. La debacle social, los extremos hacia los que empuja la pobreza, el callejón sin salida construido por una ignorancia transmitida de generación en generación, y la no menos importante cuña que cualquier religión puede introducir ahí donde el suelo es lo suficientemente fértil para recibir la semilla del pensamiento mágico, el mismo que, al final, continuará conduciendo la vida de la humanidad cuando todo lo demás falte.

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