• La psicóloga forense Saraí Pérez comentó para El Diario que es la sociedad la que fomenta la conducta de este tipo de personas, quienes en principio poseen muy baja tolerancia a la frustración, inseguridades, y eso los hace celosos y sobreprotectores con las mujeres

Lo que hace un feminicida es atenuar la esencia de una mujer en la sociedad hasta finalmente acabar con ella. Ante esto, las señales iniciales de violencia física, psicológica y sexual, no solo vienen dadas con el victimario sino que ha sido un proceso que socialmente se ha ido desarrollando a través de los roles de género, crianza y educación al respecto.

Ante esta situación, las cifras de asesinatos de mujeres en Venezuela van en aumento en lo que va de 2021. En menos de 48 horas hubo tres femicidios en el estado Portuguesa durante el mes de febrero. Mientras que un monitoreo previo contabilizó un total de 18 casos de femicidio en enero.

Lo que trae como consecuencia que diariamente en condiciones deplorables, la mujer continúe siendo víctima de un sistema que no ha desarrollado los mecanismos de defensa necesarios para el cese de este tipo de delitos (incluyendo a menores de edad).

¿Cómo identificar el perfil de un feminicida?

Pueden existir diversos rasgos característicos o generales en el feminicida, puesto que es una persona promedio que no posee una marca que lo identifique. Es decir, cualquiera con un estilo de vida aceptable dentro de la sociedad, por ejemplo, desde un profesor universitario, un médico, un obrero hasta un delincuente.

Lo que hace que lleguen a esos extremos de violencia son ciertos rasgos y características de personalidad. En principio hablamos de una persona con una muy baja tolerancia a la frustración, tienen inseguridades de sí mismos y eso los hace ver celosos, sobreprotectores, vigilantes, muy cuidadosos de supuestamente esa persona que ellos quieren”, explicó para El Diario Saraí Pérez, especialista en psicología forense y criminología, egresada de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Actualmente reside en España y forma parte de la asociación Lunes Lilas Navarra (integrada por mujeres que han sido sobrevivientes de violencia y femicidios frustrados).

La experta comentó que hay una dificultad para el control de los impulsos de los victimarios que los acompaña, porque son personas que en otros espacios o lugares de vinculación o relación suelen tener estallidos. Son impulsivos para la toma de decisiones y eso facilita después el hecho de la violencia.

Pero sobre todo, hay una ausencia total de una mirada crítica sobre su condición de supremacía y posesión de esa mujer a la que finalmente le quitan la vida. La psicóloga destaca que para ellos las relaciones con las mujeres están vinculadas al hecho de tener una propiedad que les suministra bienestar sexual, afectivo, familiar. Y como tal, el feminicida asume esa relación desconociendo las necesidades y características de la víctima.

feminicida
Foto cortesía

Pérez detalla que cualquier hombre que haya sido criado en una sociedad que tenga algunos rasgos de violencia, dificultades para manejar la frustración y que además tenga problemas de autoestima e inseguridades, es potencialmente un feminicida.

“El victimario es un hombre cualquiera, no es un enfermo mental o con trastorno; sin embargo, puede que exista dentro de los femicidios alguno que tenga un trastorno, pero eso es una casualidad. El feminicida se construye socialmente a través de una historia de formación, de educación que comienza evidentemente en el seno de la familia, la escuela y los diferentes espacios de vinculación y aprendizaje de la socialización que van a ir recargando esas características de personalidad que facilitan después que él se vincule con las mujeres desde la utilización como un objeto y la supremacía del hombre sobre la mujer; y que a partir de allí se despliegan una serie de conductas que lo lleven a cometer este tipo de actos”, desarrolló Pérez. 

Asimismo, es un tema que tiene que ver con la forma de socialización y con cómo se construye el concepto de relación entre hombres y mujeres; así como la definición afectiva. La especialista comenta que en estos elementos radica lo que va a facilitar la comisión de un hecho como el femicidio.

El discurso de la sociedad

El enfoque feminista está conectado con la noción de patriarcado, que enfatiza el hecho de que el poder se distribuye de manera desigual entre hombres y mujeres dentro de la sociedad. Es decir, que la violencia es utilizada a menudo como una herramienta para ejercer control sobre el género femenino.

«El sistema es tan complejo, que el hombre es el dueño, simbólicamente hablando, del discurso. Y ese discurso se va hilando poco a poco en un espacio donde se anulan las capacidades  de la mujer. En el que además se normalizan los hechos de violencia en una sociedad compleja. Evidentemente no es solo un tema de discurso vinculado con la opresión de género. Sino también a la relativización, el uso de la fuerza para el control y el manejo de los otros», expresó la psicóloga.

El “deber” de la mujer

En este sentido, la violencia infligida contra mujeres tiene sus raíces en normas de género ampliamente aceptadas sobre la autoridad dentro de la sociedad en general y de la familia.

El informe publicado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc) reveló que las investigaciones muestran que los hombres y niños que se adhieren a visiones rígidas de los roles de género y masculinidad, tienen más probabilidades de usar la violencia contra su pareja hasta llegar al femicidio. Un ejemplo es, la creencia de que los hombres deben dominar a las mujeres (incluso sexualmente).

Todas esas cosas permiten darles suficientes argumentos a los victimarios para justificar sus acciones. Ellos tienen un arsenal enorme de relatos que dicen: ‘es que ella me fue infiel, es que ella no me cuidó, es que ella no cumplió su deber como mujer’. ¿Y quién define ese deber?”, comentó la especialista.

Pérez indicó que estas definiciones vienen dadas por justamente ese discurso, donde se coloca a la víctima dentro de un espacio de control absoluto que tiene que ver con el cuidado y la atención de los otros. Sobre todo en el cuidado y  la atención del hombre, desconociendo por completo las necesidades de la mujer.

¿Es lo mismo feminicidio que femicidio?

La psicóloga Saraí Pérez, explica que la diferencia entre femicidio y feminicidio tiene una connotación desde el punto de vista social y político. Cuando no se hace solamente la acotación de que se mata a una mujer sino que se reconoce que el Estado ha fallado en todos los mecanismos para minimizar la violencia de género, es cuando hablamos de feminicidios.

“Es una terminología que desde mi experiencia tiene más que ver con un hecho político; desde la reivindicación y de la visualización de la puesta en escena de lo que implica el asesinato de una mujer. No solo porque se le quita la vida a un ser humano del sexo femenino, sino porque ese homicidio tiene una carga de desprotección por parte de los diferentes organismos del Estado; así como de la estructura social, patriarcal y violenta hacia las mujeres”, destacó.

En otras palabras, el feminicidio es permitir que se llegue a ese extremo de la violencia porque no existe un sistema de protección jurídico, social, educativo e histórico que garantice la protección de la vida de la mujer afectada.

“El feminicidio, además de un delito, es una expresión. Un hecho político que pone en evidencia un sistema patriarcal que anula a la mujer como sujeto social y ser humano en igualdad”, dijo Pérez.

No obstante, la noción de homicidio requiere una comprensión de qué actos están relacionados con el género. Algo que está sujeto a un cierto grado de interpretación. Por ejemplo, en muchos casos existe un continuo acto de violencia (de la pareja) que culmina en el asesinato de mujeres. Incluso cuando los perpetradores no tienen motivos específicos (misóginos).

Medidas a tomar

1. La necesidad de generar respuestas eficaces a la violencia contra la mujer en materia de prevención del delito y justicia penal que promuevan la seguridad y el empoderamiento de las víctimas.

2. El Estado y el sistema judicial deben garantizar la rendición de cuentas de los agresores.

3. En un estudio de la Unodc, se solicita una mayor coordinación entre la policía y el sistema de justicia; así como los servicios de salud.

4. Destacar la importancia de que los hombres participen en la solución, incluso mediante la educación temprana.

¿Cuáles son los tipos de femicidios más comunes?

“Son los que ocurren en la pareja, que además suelen estar orientados por niveles de violencia muy atroces. Cuando revisas las historias de la forma en que son asesinadas estas mujeres por sus parejas o exparejas, te vas a dar cuenta de que, por lo general, son asesinatos donde hay una cercanía física que marca justamente la intimidad del hecho. La necesidad de controlar de forma directa a la mujer”, dijo Pérez.

Los asesinatos no suelen ser el resultado de actos aleatorios o espontáneos. Más bien de la culminación de violencias relacionadas con el género, así como los celos y el miedo al abandono, entre otros motivos.

Es en ese espacio donde la mujer es más vulnerable y es la sociedad la que se ha encargado de que sea así. ‘Desde cuándo no se dice que lo ocurre dentro de la pareja no se comenta afuera o que entre problemas de dos nadie se mete’. Es decir, hay una serie de mecanismos sociales que buscan aislar a la mujer y desprotegerla ante las situaciones de violencia; y si además le sumas una historia de violencia que va desde antes de tener la relación formal con la pareja, tenemos a una mujer anulada, que no sabe que perdió la confianza en sí misma y que termina en las manos de su homicida”, detalló la psicóloga.

Cabe mencionar, que muchas de las víctimas de femicidio son asesinadas por sus parejas actuales y anteriores. También el feminicida puede ser el padre, hermanos, madres, hermanas y otros miembros de la familia por su rol y condición de mujeres.

“Después de este tipo pueden haber diferencias en término de las características de las sociedades. Yo tengo dos años fuera de Venezuela y he perdido un poco el contacto con los números y estadísticas; pero si te hablo de España, hay una segunda forma muy vinculada al abuso sexual. Aquí hay un auge bastante grande de situaciones de violencia que muchas terminan en feminicidios o no, pero terminan con daños físicos atroces. Las violaciones múltiples o de ‘manadas’ como  les llaman, que es un fenómeno que al menos aquí, se está viendo con mucha frecuencia”, añadió.

Un concepto erróneo del “amor”

Existe un sistema de relaciones que va denigrando por completo la estructura y características más importantes de la personalidad de la mujer. Y desde esa anulación es que se ejerce esa violencia extrema, que comienza como una violencia psicológica, sutil, que no es evidente a simple vista.

Perfil del feminicida
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La psicóloga forense aconseja que si no se plantea un cambio en los procesos educativos de los niños sobre el concepto del amor -como un ejercicio de reciprocidad, que además tiene que ver con el cuidado mutuo, y de la otra persona desde lo afectivo, físico, sexual, económico y material-, la división en los roles de género y la violencia seguirá palpable en la sociedad.

“Esta forma de vincularse suele estar muy bien maquillada a través de todas las historias que nos han pintando sobre el amor romántico. Por ejemplo, en las novelas, vemos que el amor siempre está de la mano de situaciones de violencia como los celos, las inseguridades, las descalificaciones, la vigilancia, entre otros. Es como si el amor estuviera siempre permeado por una necesidad de sufrir y de hacer sufrir a esa otra persona. Esto hace que sea muy difícil identificar en términos preventivos, por decirlo de alguna manera, a los feminicidas”, comentó la experta.

¿Qué daños psicológicos puede encontrar en una mujer que ha sufrido de violencia sexual o física por parte de su victimario?

—Siempre vamos a encontrar la presencia de un estrés postraumático; pero en el 90% de los casos encontramos unas estructuras de personalidad terriblemente afectadas, golpeadas, por una historia de múltiples violencias consecutivas dirigidas a la capacidad de verse a sí mismas como personas capaces, dignas y merecedoras de afecto.

Desde esa herida emocional, a este hombre se le hace mucho más fácil después intentar un hecho de este tipo. Por ejemplo, de los muchos casos que tuve que evaluar desde el punto de vista forense de mujeres que sobrevivieron a intentos de femicidios fallidos, cuando uno las evaluaba el efecto emocional de minimización de las capacidades yoicas, de la posibilidad de sentirse capaces de sí mismas era tan brutal que a veces solapaba el propio estrés postraumático del hecho violento. Entonces, el trabajo de superación psicológica con estas mujeres es un proceso que lleva mucho tiempo. Pasa por una reconstrucción de la identidad porque la pierden y se anulan ante estas historias de violencia.

Después, desde mi acompañamiento ya terapéutico, no desde lo forense, sino lo que vengo haciendo en mis años de ejercicio con mujeres sobrevivientes, es poderoso cuando recuperan su propia identidad y se dan cuenta de lo capaces, fuertes y maravillosas que son.

Muchas de esas mujeres te dicen que no sabían que podían vestirse cómo querían, que podían comer lo que querían o hacer cualquier actividad cuando quisieran, porque el victimario se encargó de borrarles esa posibilidad.

También hay algunos casos que presentan trastornos de ansiedad y se va complejizando debido a su situación de sobrevivencia a estos hechos frustrados de femicidio. Se acompañan otro tipo de trastornos, como los alimenticios, del sueño, entre otros.

Pero mucho más allá, hay una herida psicológica muy profunda que ellas vienen arrastrando. Solo con un trabajo terapéutico se pueden lograr grandes frutos. Creo que una de las grandes debilidades de nuestro sistema de atención a las mujeres es la imposibilidad de sostener y de mantener estos procesos terapéuticos, porque son procesos lentos. Que se tienen que ver constantemente para poderlas ayudar a reconstruir su propia identidad.

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