• Lorena González Inneco es la curadora de la exposición La trayectoria inédita. Mirar al mundo de nuevo, que se exhibe en los espacios de la Hacienda La Trinidad Parque Cultural y que nace de un concurso de arte contemporáneo realizado con el apoyo de la Embajada de España en Venezuela. Participan 36 trabajos que indagan en la odisea que representa ese viaje hacia la incertidumbre. Foto principal: Constanza De Rogatis

Habitamos una embarcación que es a la vez mudanza y destino. De entre las ruinas de un país que parece siempre a punto de desaparecer, el viaje y el cuerpo se convierten en el único relato de lo que somos, de ese vivir buscando, recomponiendo una cartografía de ausencias. Incertidumbre, conexiones, inestabilidad y sonidos, trozos de lo que una vez fue una certeza se funden en el nuevo itinerario que implica el espacio anhelado, como lo llama Lorena González Inneco, investigadora de arte, docente y curadora de la exposición La trayectoria inédita. Mirar al mundo de nuevo, que se presenta en los espacios de la Hacienda Parque Cultural La Trinidad.

La muestra es el resultado de un concurso de arte contemporáneo, organizado con el apoyo de la Oficina Cultural de la Embajada de España en Venezuela, en el que se inscribieron 203 artistas con 194 obras inéditas. 

Luego de un proceso de selección, que estuvo a cargo de González Inneco y los también curadores Élida Salazar y Gerardo Zavarce, la gerente cultural Silvia Fuentes y el artista José Luis García (quien es también el museógrafo de la muestra), fueron seleccionadas 36 piezas para integrar la exposición, que permanecerá abierta al público hasta el 10 de octubre, con visitas presenciales, luego de año y medio de confinamiento por la pandemia del covid-19. 

El concurso parte de una premisa histórica y conmemorativa: la celebración del V centenario de la primera circunnavegación del globo iniciada por Fernando de Magallanes y concluida por Juan Sebastián Elcano. El argumento propuesto a los artistas incluyó la idea de “nuevos mapas y representaciones: formas diversas de relatar la historia, aparición de lugares extraviados, revelación de otras geodesias e identidades que se han ido despertando en el increíble surgimiento de ámbitos nunca vistos”, como señala el jurado en su documento de selección.

Los fragmentos que componen el arte de un país desdibujado
Lorena González

Recuerda González Inneco: “Cuando comenzó el confinamiento por la pandemia dije: ‘¿Qué va a pasar con el arte contemporáneo? Con la producción venezolana, con la producción artística’. A mí me dio como un espasmo (…) Entonces con esta circunnavegación del globo con Fernando de Magallanes y Elcano, se abre ese territorio que no tenían visualizado en su tamaño completo, porque las primeras exploraciones del continente americano la mayoría se habían hecho caminando, y muchos datos no eran exactamente correctos. Y me parecía la odisea ante la incertidumbre, un punto de conexión importante para, desde la celebración de ese centenario, hacernos preguntas”.

A estas preguntas la curadora las llama detonantes: “quiénes éramos antes, quiénes somos ahora, cómo estamos elaborando los caminos de la metáfora en estos espacios intersticiales, cuáles son las preguntas que nos hacemos y si el arte puede seguir construyendo”. 

Para la investigadora, se fueron armando tres territorios: el histórico –representado en el viaje–; el mundo global y el conflictivo momento pandémico; y un país que lleva casi dos décadas luchando contra la incertidumbre desde lo humano, lo institucional, lo conocido. “Nuestro país es como una vuelta al mundo una vez al año, sino todos los días. Uno se pregunta quiénes éramos antes y quiénes somos ahora. Todo lo que conocíamos entonces ya no existe”, agrega.

Al inicio del proyecto, González Inneco tenía la certeza de que para el artista venezolano que estaba en el país estos detonantes prenderían la inspiración y la máquina en el desarrollo de proyectos que fuesen una suerte de respuesta a esta odisea de la incertidumbre, de las trayectorias inéditas, de supervivencia, de encuentros. “De construir ese camino de la metáfora tanto para los que están aquí como para los que están afuera, porque también son planteamientos desoladores de cambios de ruta completamente inesperados. Porque habrá muchos que se fueron hace años, como el caso, por ejemplo, de Amalia Caputo, que quería trabajar afuera. Pero hay otros que se fueron en situaciones de dificultad, a raíz de todo lo que está pasando y viendo la debacle el país. Entonces yo tenía la certeza de quef iban a responder los creadores, porque sé más o menos los trabajos que están haciendo, los mapas, los cambios de territorio, la fragmentación, la memoria, esa estructuración de la historia que es mi diario. Es decir, ante la debacle de todo lo conocido, la historia terminas siendo tú mismo, porque no hay otra forma de construirla. Se pierden los referentes, los territorios tambaleantes”, continúa. 

La trayectoria inédita. Mirar al mundo de nuevo reúne trabajos de creadores que van desde los 25 hasta los 73 años, de los cuales 56,4% son mujeres y cerca de un 70% de los seleccionados reside en el país. Exhibe las obras premiadas del concurso: Hartazgo de la fauna de José Vivenes, Meridiano de la Villa de Génesis Alayón y Nowhere de Raúl Rodríguez, ganadores del primer, segundo y tercer premio, respectivamente. Junto con las menciones honoríficas otorgadas a Salomé Rojas por Morir en la orilla, Rafael Arteaga con Itertropismo y María Virginia Pineda por su Majestad vegetal. También exponen Emilio Narciso, Nela Ochoa, Muu Blanco, Amalia Caputo, Corina Briceño & Rodolfo Graziano, Isabel Cisneros, Constanza De Rogatis, Lucía Pizzani, Manuel Eduardo González, Javier Grajales, Pedro Medina, Efraín Ugueto, Analy Trejo, Vasco Szinetar, Antonio Briceño y Wilkellys Pirela, entre otros. 

José Vivenes. Primer Premio
Los fragmentos que componen el arte de un país desdibujado
Génesis Alayón . Segundo Premio. Foto: Manuel González
Los fragmentos que componen el arte de un país desdibujado
Raúl Rodríguez. Tercer Premio.

Señala la curadora que los trabajos están distribuidos entre la Casa Hacienda y Secadero 3 en tres núcleos narrativos: el viaje físico y sus nuevas cartografías, la poética del recorrido interior en relación con el paisaje que está afuera, y el ojo que mira ese mundo con ironía y crítica, desde lo lúdico y la parodia. “Lo que hicimos fue trazar este abanico que estaba perdido. Dónde estaban los artistas, qué estaban haciendo. Y es muy hermoso encontrar los testimonios que ellos mismos levantan”, indica. 

Efraín Ugueto

Paseando la mirada por el sector de las artes visuales en el país, ¿cuál es el estatus de la educación e investigación artísticas?

Muy grave. Gravísimo. Digamos que hay elementos universitarios, diplomados de arte contemporáneo como los que maneja la Universidad Metropolitana. Pero están más enfocados hacia lo teórico, igual que en las escuelas de arte y las humanistas. Es decir, no hay lo que consolidó el Instituto Universitario de Estudios Superiores de Artes Plásticas Armando Reverón y lo que después fue la Universidad de las Artes. Y eso es un vacío garrafal. Quisiera empezar a buscar aliados y consolidar ese proceso de, por lo menos, tres años de estudios que les pueda brindar a los artistas más jóvenes la posibilidad de crecer y experimentar, desarrollarse.

¿Qué consecuencias deja ese vacío para Venezuela en un contexto de arte en la región?

Terrible. Son lagunas que después cuesta muchísimo trabajo llenar. Si hubiéramos tomado en cuenta las alarmas de los museos hace cinco o seis años y hubiéramos elaborado un plan de contingencia para que la sociedad civil, los artistas y todo el mundo en comunión acudieran a ese rescate o se hubieran buscado apoyos, pues la situación sería mucho más sencilla. Considero también que hay que gestionar situaciones que permitan la conexión entre distintas generaciones, que es una de las cosas que ocurrió en el concurso y que debería continuar pasando. Evidentemente el tema de la educación en las artes visuales, y seguramente en otras áreas, no está a la altura de los tiempos de Alejandro Otero. Esto crea mucho rasgo autónomo. A veces es conmovedor ver gente muy joven con rasgos muy autónomos, muy interesantes y evocadores. Hay algunas cosas que son suplantadas frente a lo que sería otro tiempo porque, por ejemplo, las plataformas digitales, Google, brindan la posibilidad de buscar y encontrar, investigar, de forma más abierta. Pero ves a los jóvenes carentes de referentes, de significados. Los ves, trabajas con ellos, y pueden ser muy interesantes y avanzadas sus propuestas. Pero sin las referencias de otros momentos, puedes caer en repeticiones, en un bagaje que ya fue estudiado y superado por otros. Ahí hay un desconocimiento, un vacío cultural de conceptualismo venezolano que dejas de conocer. O de alguna trayectoria que había detrás de ti, un pasado que fue prolífico y que generó movimientos y cambios vanguardistas, emergentes, contundentes dentro de las artes visuales. Eso genera una especia de distorsión. Y para mí no solamente el problema de la educación focalizado en el artista, sino también en el campo curatorial. Nosotros necesitamos nuevos curadores. Faltan escuelas de formación de investigadores. La crítica cultual también se perdió. Estamos vacíos. 

En un mundo hiperconectado, con enorme cantidad de información a la mano, ¿cómo discernir qué es de calidad?

Apenas empezó la pandemia vi a varias agrupaciones o personas montando plataformas de salas virtuales. Eso es desconocimiento, porque no te estás adaptando al medio. Nadie recorre eso. A la gente le fastidia. O estar montando exposiciones virtuales en las que ni ves cómo es la obra. Esos son errores que si se analizan con calma, desde la institución académica y no dentro del esnobismo, podrían aportar mejores cosas.

¿Qué están haciendo los artistas en la actualidad?

Yo diría que el hilo conductor, si pudiéramos hablar de una característica en ese nuevo país de las artes visuales que llamó Félix Suazo a la exposición La trayectoria inédita, es la fragmentación, todas las obras son fragmentadas. Todas están compuestas por fragmentos. Hay un término bellísimo: pecio. Los pecios son los restos del naufragio. Y pensando un poco en los artistas que se quedaron aquí, creo que se están alejando un poco de ese tema de cuestionamiento de la modernidad, de cuestionamiento social y dramatismo, y la mayoría está construyendo poéticas de la recuperación de la memoria, del territorio, de la historia, del vínculo, del yo, de la identidad. Inclusive mezclando tiempo, desde el juego crítico, del guiño irónico, como las piezas de La trayectoria inédita que están en Secadero 3; la desestabilización de lo conocido. O desde situaciones más poéticas, como ese Mar de anhelo de Corina Briceño en esa obra tan bella. O esas piecitas de Muu Blanco, fragmentos de esa nueva vida que le tocó vivir y que no sabía qué hacer con ellas. Armar ese auto registro. Diría, entonces, que es esa poética de la recuperación a través del fragmento y de la construcción de esos fragmentos, volvernos un nuevo territorio que los une a todos.

Exposición La Trayectoria inédita

Es bello y terrible trabajar esa poética del fragmento…

Es terrible pero bello. Y me parece interesante porque en este caso, como el argumento estaba afuera: como en una línea transversal del tiempo. Es decir, ese remitir a ese evento de la trayectoria de Magallanes y Elcano, entonces es muy interesante porque los sacó del localismo. Lo que se pudiera haber quedado como un tema local salió un poco del orden descriptivo. Y eso es un rango interesante que uno siempre tiene que trabajar en la formación. Hay artistas que se concentran mucho en los temas locales que tienen en su rango, pero qué pasa con la materialización de una obra para que lo lea otro, la obra finalmente logra ser lo que es en tanto su tiempo presente puede multiplicarse en la mirada de muchos espectadores. 

Reconstruirse a partir de los trozos es una idea con la que se pueden identificar muchos en esta época de éxodos y guerras

Y si algo lamento es que no podamos hacer itinerante esta exposición, llevarla por cualquier parte del mundo. Porque estoy segura de que ahí hay respuestas, metáforas, imágenes importantes para cualquier persona que haya pasado por lo que estamos viviendo en el mundo en pandemia. Un trabajo que no se quedó aquí, sino que hizo su vuelta al mundo.

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