• Los politólogos Ana Milagros Parra y Pablo Andrés Quintero explicaron para El Diario que a pesar de la aparente incompatibilidad entre ambas estrategias, la nueva estrategia de la oposición venezolana se debe nutrir de aspectos neurálgicos del gobierno interino y de los sectores que apuestan por la vía electoral

Barinas sacudió el tablero político de la oposición venezolana. Para distintos sectores, el inesperado y contundente triunfo de Sergio Garrido como gobernador en ese estado fue la demostración que la vía electoral es el mecanismo ideal para salir del régimen de Nicolás Maduro. Otros, a pesar del buen resultado, se aferran al gobierno interino de Juan Guaidó y al quiebre político, al considerar que el caso Barinas no es equiparable con una eventual elección presidencial. No obstante, el panorama es mucho más complejo y requiere de una alternativa que se nutra de estas dos estrategias polarizantes, de acuerdo con politólogos consultados por El Diario.

Que el desenlace sea visto como una bocanada de aire fresco para los sectores que apuestan por las elecciones tiene poco de casualidad. Barinas fue una especie de reducto de todas las desventajas que enfrenta la oposición en Venezuela: ganó a través del voto en las regionales del 21 de noviembre pero el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) afín el chavismo ordenó repetir los comicios e inhabilitó a Freddy Superlano, quien había sido electo como gobernador; el Consejo Nacional Electoral (CNE) aceptó la candidatura de Jorge Arreaza por el chavismo y de Claudio Fermín como efecto divisor, a pesar de la ilegalidad que suponía; y el chavismo usó todo el poder del Estado para favorecer a su candidato.

Y, aún así, la oposición derrotó al régimen de Nicolás Maduro en el feudo que gobernaba el chavismo desde hacía 23 años.

De Barinas a Miraflores

La politóloga Ana Milagros Parra considera que sería un error pensar que algo similar podría ocurrir en una eventual elección presidencial. La diferencia, señala, es que Barinas realmente no ponía en riesgo el poder central del gobierno, como sí lo harían unas presidenciales.

Lo que pasó en Barinas es un empujón para la oposición o envía el mensaje de que el régimen no es todopoderoso”, dice Parra. “Pero hay que ver el contexto que se haya ganado una elección en un estado que no representa una amenaza al poder del gobierno de Nicolás Maduro y que en términos morales para el régimen no significa nada. Significa algo para el chavismo de base, dogmático, pero no para el madurismo. Eso no quiere decir que hay una ruta electoral”.

Para la politóloga, el discurso “si votamos, sacamos a Maduro” esconde las complejidades de la política venezolana, así como la debilidad institucional en el país, que garantice el respeto de un resultado electoral adverso para el chavismo. “El régimen aprendió de las parlamentarias de 2015 y sabe que no puede permitir algo igual, porque sí amenaza su estadía en el poder. Ahí Venezuela dejó de ser un autoritarismo competitivo y empezó a ser un autoritarismo cerrado”, comenta.

¿La victoria en Barinas debe devolver a la oposición a la ruta electoral para salir del régimen chavista?

El politólogo Pablo Andrés Quintero, en cambio, considera que el voto como estrategia sí toma fuerza entre la población, especialmente después de que el mensaje durante los últimos años fue que no era posible derrotar en ese campo al chavismo por no tener las condiciones necesarias. No obstante, Quintero coincide con Parra en que el voto, en cualquier caso, debería ser una herramienta más de un conjunto de medidas que configuren una estrategia más amplia dentro de la oposición.

“Las irregularidades existen y desafortunadamente van a existir en un gobierno autoritario. Las condiciones electorales siempre van a ser adversas”, opina Quintero. “Para sacar del poder al gobierno no basta con ir a unas elecciones presidenciales. Construir una transición por la vía electoral es parte de muchísimos pasos previos y posteriores. La negociación y el diálogo con aquellos sectores ultraradicales del oficialismo va a ser importante”, añade.

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A juicio de Quintero, a pesar de la victoria en Barinas y de lo alentador que puede significar para los sectores que apuestan por la vía electoral para salir del régimen chavista, en Venezuela no están dadas las condiciones para una transición en el poder. “No porque el chavismo no esté débil, sino porque la oposición no está fuerte”, esgrime.

Lecciones aprendidas

Un aspecto clave para que Garrido lograra derrocar el feudo chavista fue la reunificación casi total de la oposición: desde Henri Falcón, pasando por Fuerza Vecinal, hasta el G4, apoyaron sin condiciones su candidatura. Incluso Guaidó o Leopoldo López, quienes se opusieron a las elecciones regionales del 21 de noviembre, cambiaron sus discursos para la repetición electoral en Barinas y se acercaron, aunque no activamente, a la participación en esos comicios.

No en vano todos estos sectores han querido acercar la victoria a sus postulados. “Fuimos unidos, organizados y movilizados con un objetivo común”, escribió López en Twitter. Henrique Capriles afirmó que la circunstancia “es una ratificación de la importancia de los liderazgos regionales para avanzar en el anhelado cambio que pide el país”. Falcón apostó por la reunificación. “Nadie sobra, todos hacemos falta en la misión de recuperar a Venezuela.” Guaidó, por su parte, respondió a El Diario durante una rueda de prensa que revisar a qué grupo político benefició el resultado es una derrota para la sociedad. “Barinas nos dio la razón a todos los que luchamos”, zanjó el presidente interino.

Más allá de que cada grupo busque anotarse el triunfo, al menos en los diagnósticos y mensajes poselectorales parecen tener un buen rumbo. El punto común, que también mencionan los politólogos, es la lección de que las estrategias son más eficaces si todos los grupos se unen.

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¿La victoria en Barinas debe devolver a la oposición a la ruta electoral para salir del régimen chavista?
La candidatura de Garrido unió al G4 con otros partidos minoritarios. Foto: Cortesía.

“Es una lección de que si se organizan y logran tener mecanismos internos para resolver diferencias, se puede avanzar bastante”, opina Parra. “Si se coordinan estratégicamente, si tienen una narrativa directa y logran motivar a las personas con una narrativa que no sea ‘si votamos, ganamos’, sino que es más enfocado en el largo plazo, se pueden lograr resultados. Una oposición unida, es una oposición fuerte”.

En esa misma línea, Quintero asegura que la oposición debe comprender que el chavismo pierde espacios siempre y cuando su organización política sea eficiente. Para el politólogo, otra de los aprendizajes que los resultados en Barinas deben dejar en la oposición es comprender el daño que ha hecho el “paracaidismo político”. Es decir, el no apoyar los liderazgos regionales y municipales. “La política debe ser local para luego ser nacional”, asevera.

Unir estrategias es posible

El interinato y la vía electoral plantean un panorama en el que la oposición debe decidir entre blanco o negro. Sin embargo, los politólogos coinciden en que ambas posturas no son irreconciliables y que la estrategia opositora debe pasar por la unión de aspectos neurálgicos de cada una de ellas.

“Cada uno tiene narrativamente elementos válidos, pero las dos se deben utilizar. Por ejemplo, no desechar totalmente la vía electoral pero sabiendo que es solo una parte de una estrategia más grande. Pueden vivir las dos, efectivamente, si no se encasillan en una opción y la otra”, opina Parra.

¿La victoria en Barinas debe devolver a la oposición a la ruta electoral para salir del régimen chavista?
Henrique Capriles y Juan Guaidó. Foto: Cortesía.

Esa falta de moderación de estos dos grupos, dice Quintero, le ha hecho daño al andar de la oposición. En consecuencia, cree que ambos sectores deben unir esfuerzos y trazar una ruta alejada de los extremos. “Se puede convivir con todas las fuerzas políticas pero lograr un 100 % de compatibilidad es complicado”, sostiene.

Quintero primero repasa las fallas para luego analizar las ventajas. Sobre el gobierno interino, considera que es un error plantear un cambio rápido, el cual no cree posible, cuando “no tiene capacidad operativa” en Venezuela sino que “depende” de Estados Unidos. Con respecto al sector electoralista, resalta que ha sido negativo culpar a los demás de los fracasos de la oposición, cuando ha tenido un rol activo en esas estrategias. “Lo más importante de un lado y del otro es que le des explicaciones al país”, afirma Quintero. “Unos de por qué no se construyó el cese de usurpación, gobierno de transición y elecciones libres; y otros de por qué no se ha construido una plataforma sólida para que la oposición pueda construir cambios en Venezuela”.

Con respecto a las fortalezas de cada grupo que puedan servir para tejer una nueva ruta, el politólogo señala: del gobierno interino, la interlocución con Estados Unidos y buena parte de la comunidad internacional, el control de los activos de Venezuela en el exterior, y el aún existente capital político en sectores de la población; mientras que del grupo electoral, encabezado por Henrique Capriles, la relación con los sectores populares que ha tejido recientemente, las buenas relaciones con parte de la Unión Europea, así como una buena capacidad organizativa a través de los partidos políticos.

Una de las tareas de la oposición de aquí a 2024 es luchar en organismos nacionales e internacionales para construir condiciones electorales un poco más equiparables. Pero soy de la idea que mientras exista un gobierno autoritario, no se van a dar condiciones absolutamente favorables para la oposición”, el politólogo.

Parra traza cinco ejes que debe administrar la nueva estrategia opositora: presión interna, movilización, motivación, coordinación interna y presión internacional. “Esto ayudaría a unificarlos y saber que deberían ser más pragmáticos”, dice la politóloga. “Cuando pudiste crear una estrategia a largo plazo es porque lograste unirte, coordinarte estratégicamente y vas a poder crear de ahí un discurso coherente”.

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El guion autoritario

Luego de las elecciones de Barinas, en el difuso panorama venezolano aparece el referendo revocatorio, que algunos grupos minoritarios estiman activar en 2022, y las elecciones presidenciales que corresponden para 2024. Más allá de los retos internos de organización, los politólogos consideran que la oposición debe prepararse para la nueva ofensiva chavista para impedir su expansión política. Harán todo lo posible para que las facciones que se le oponen no tengan posibilidad de llegar al poder”, asevera Parra.

Para Quintero, la ofensiva del régimen se traducirá en el mismo guion que ha ejecutado hasta ahora. Es decir, generar múltiples crisis internas dentro de la oposición, cooptar a algunos dirigentes opositores o perseguir a líderes de peso.

Parte del guion del régimen de Maduro, coinciden los analistas, será renovar su narrativa especialmente en el ámbito internacional, dejando de lado incluso al chavismo ortodoxo o más radical. Los efectos de eso quedaron en evidencia después del 9 de enero, cuando el ex vicepresidente de España, Pablo Iglesias, ironizó sobre el carácter dictatorial del régimen de Maduro. “Qué extraña dictadura la de Venezuela donde la oposición gana unas elecciones regionales y el candidato socialista reconoce su derrota”, escribió el ultraizquierdista.

A juicio de Parra, es difícil lograr que ese discurso no cale en otros países. La solución, sin embargo, pasa por comprender los propósitos del chavismo y establecer un discurso nuevo propio. “La oposición debe empezar diciendo y creando una estrategia. Cuando tú tienes eso y están unidos, puedes crear un discurso coherente compatible con todos los grupos de la oposición. Todas las contradicciones juegan a favor del régimen”, concluye Parra.

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