• La Coordinación de Extensión Universitaria de la Facultad de Humanidades de la Unimet creó el diplomado online, que comienza el 15 de junio. Su coordinador académico, Fanuel Hanán Díaz, explicó a El Diario la importancia que tiene la literatura infantil a pesar de ser menospreciada como género

Para el escritor venezolano Fanuel Hanán Díaz, los libros infantiles son una ventana al mundo de los sueños. Ese donde el niño, explorando entre palabras, aprende a conocerse a sí mismo y al otro. Por eso, con sus años de experiencia como escritor y profesor universitario, busca transmitir esa pasión por la literatura infantil a quienes deseen incursionar en el género, o usarlo como apoyo pedagógico en clases.

Díaz es el coordinador académico del diplomado de Literatura Infantil de la Universidad Metropolitana (Unimet). El curso es organizado por la Coordinación de Extensión Universitaria de la Facultad de Humanidades. Cuenta además con la participación de las reconocidas escritoras Sashenka García y Vanessa Anaís Hidalgo en sus dos módulos. Actualmente las inscripciones están abiertas, comenzando su primera clase el 15 de junio de 2022.

“Para mí es muy valioso poder hacer un aporte desde todo lo que ya he estado haciendo afuera. Cómo se comienza a recoger parte de lo que ha significado el aprendizaje de la consolidación de una diáspora que ahora mira con ojos atentos qué puede hacer por el país”, señala en entrevista para El Diario.

Único en su especie

El docente afirma que este es el primer diplomado de su tipo que se hace en Venezuela. De hecho, reconoce que pocos centros de estudios en Latinoamérica  actualmente abordan a profundidad la literatura infantil. Algunos de ellos son la Universidad Javeriana, en Colombia, donde Díaz trabaja como profesor, o la Universidad Nacional de San Martín (Argentina). En otras universidades de Chile, México o Perú se suele estudiar también como un postgrado, o en ramas afines como la edición y la enseñanza.

En el caso del diplomado de la Unimet, de acuerdo con su página web, será bajo modalidad a distancia, con clases online por la plataforma Zoom. Serán 120 horas académicas divididas en dos módulos: el primero, del 15 de junio al 17 de agosto; y el segundo, del 5 de octubre al 14 de diciembre. El único requisito necesario para inscribirse es poseer título de bachiller.

Para el primer módulo, Díaz dará el ciclo de conferencias “Autores y formas de la literatura infantil contemporánea”. Por su parte, García se encargará de enseñar “Principios básicos de Literatura infantil”; e Hidalgo, “Libros para niños en espacios formales”. Para la segunda parte, habrá conferencias como “Libros para un país imaginado”, “Libros y niños: respuestas lectoras y emociones” y “Más allá de los libros, el discurso para la infancia”.

“Yo creo que esto debe tener un impacto significativo, porque estamos dentro de un mar de malas noticias, ¿pero qué tal si dentro de todo esto aparece una flor, un oasis que pueda ayudar a muchos docentes que están en el interior del país? Ahí hay mucha desasistencia, y pueden tener la oportunidad de formarse con profesores de primera línea”, comenta.

Aprender a soñar

Fanuel Hanán Díaz. Foto: Cortesía

A finales de 2021, Fanuel Díaz fue uno de los tres ganadores del Premio Nacional de Literatura Infantil Pedrito Botero de Colombia. Lo hizo con el cuento Hemos llegado a Berlín, que narra la travesía de una familia de migrantes venezolanos a través de los páramos colombianos, vista desde la inocencia de un niño. Explica que la literatura infantil está lejos de ser un estereotipo de historia a lo Disney, o de textos simples. Por el contrario, resalta su complejidad para tocar temas serios, como la diáspora y el desarraigo, de una manera sutil y acorde a las capacidades de un niño.

Asegura que un buen libro infantil tiene la capacidad de estremecer como una novela adulta, y de sembrar reflexiones para pensar al cerrarlo. Señala que tienen el poder de transportar al lector a nuevas realidades, acercarlo a diferentes problemáticas de forma digerible y, sobre todo, desarrollar la empatía. También destaca otras cualidades como mejorar el vocabulario de los niños, así como su soltura al hablar y crear temas de conversación.

“Yo creo que los libros infantiles tienen esa magia. Ayudan a explorar varios mundos, pero también a reconocer el otro como concepto. A meterse en los zapatos de un personaje de ficción. Esto tiene muchas implicaciones, no solamente por la formación de la empatía, sino por la capacidad de generar compasión”, agrega.

En el campo de la no ficción, acota que estos además de ser educativos, estimulan la curiosidad de los niños. Esto puede ayudarles a descubrir tempranamente cuáles son los temas que les apasionan, e incluso una potencial vocación. Menciona como ejemplo el caso del alemán Heinrich Schliemann (1822-1890). De niño, leyó ávidamente los poemas de Homero, y su padre le regaló un tomo de Historia Universal para los niños, de Georg Ludwig Jerrer. Esto despertó su interés por la arqueología y, ya de adulto, logró probar los relatos que había leído en La Ilíada estaban basados en lugares históricos reales. Encontró las ruinas de la mítica ciudad de Troya, así como la tumba del rey Agamenón.

Apoyar la educación

Como coordinador académico, Díaz señala que este diplomado está diseñado para cualquier persona que desee aprender los fundamentos teóricos de la literatura infantil, más allá de si posee o no aspiraciones de escribir. Igualmente, acotó que es ideal para docentes, quienes pueden encontrar allí una herramienta para discernir mejor qué libros usar en clases y aportar al ya deteriorado sistema educativo venezolano. 

“Si quieres algo de impacto social, puedes hacerlo con los libros, ya que pueden cambiar realidades”, apunta.

En este sentido, el diplomado hace hincapié en la promoción de la lectura, tanto en escuelas y bibliotecas, como en espacios no formales, como hospitales, casas hogar o áreas públicas. Destaca la labor en los Altos Mirandinos de la profesora Susana González, quien dirige un programa de lectura en el Hospital Victorino Santaella de Los Teques, así como en centros para privados de libertad. También rescata la experiencia surgida de las filas del Banco del Libro de Caracas, donde Maité Dautant (actualmente radicada en Bogotá) organizó proyectos similares de biblioterapia en sectores populares.

De su experiencia propia, recuerda “Renovemos la educación básica rural”, que se desarrolló con el apoyo de Unicef. “Nosotros íbamos en burro, lancha o autobús a comunidades lejanas. Teníamos que caminar llevando bibliotecas comunitarias en cajas, las dejábamos instaladas y hacíamos un proyecto de formación para que los habitantes no se quedaran solos con los libros sin saber qué hacer”, evoca.

Pago por partes

El diplomado tiene un costo de 440 dólares o su equivalente en bolívares a la tasa de cambio oficial. Díaz reconoce que si bien el monto es inferior al de otros cursos similares en otros países, resulta complicado para la realidad socioeconómica de Venezuela. Por eso señala que existe una modalidad de financiamiento en tres partes, con una cuota de $200 y dos de $120. Igualmente, hay un descuento de 5 % para los alumnos que se inscriban antes del 9 de junio.

Señala que algunos colegios privados y fundaciones están al tanto de la iniciativa, por lo que han abierto la posibilidad de becar a docentes e investigadores interesados, pero que no cuentan con los recursos económicos. Díaz menciona algunas como la Fundación Empresas Polar, el Banco Provincial o la Librería Sopa de Letras.

El patito feo

Díaz es egresado en Letras de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). Sin embargo, su experiencia en el campo de la literatura infantil se forjó en el Banco del Libro, donde fue  director del Departamento de Selección de libros para niños y jóvenes. Cuenta que ni en su alma máter ni en el resto de universidades venezolanas se tomaba en consideración este género en sus planes de estudios. “Era un territorio desconocido, ignorado, y en muchos casos ninguneado. El patito feo de la literatura era siempre la infantil”, dice.

Desde los tiempos de Tío Tigre y Tío Conejo, los cuentos infantiles venezolanos se marcaron por una tradición oral que luego fue heredada por sus primeros autores, como Antonio Arráiz o José Rafael Pocaterra. Posteriormente otros escritores hicieron incursiones en el género, aunque no fue hasta ldécada de los setenta que surgieron voces como Luis Eduardo Egui, Pilar Almoina, Julio Garmendia u Orlando Araujo. Todos ellos formados por “la escuela de la vida”.

Aun así, Díaz destaca que Venezuela fue un país adelantado a su tiempo en cuanto a literatura. Destaca el doctorado en promoción de lectura de la Universidad de Los Andes (ULA). También el surgimiento de propuestas editoriales enfocadas en el público infantil y juvenil como Ekaré en 1978, por Carmen Diana Dearden y Verónica Uribe, y con la guía de Monika Doppert. También menciona otras más recientes como Camelia y Playco Editores.

“Venezuela fue pionera en literatura infantil y promoción de la lectura. El Banco del Libro es una institución que lleva más de 60 años de existencia. Hizo programas pioneros y tuvo un centro especializado en literatura infantil a donde iban estudiantes de diferentes carreras a documentarse”, rememora.

Recuperando terreno

Foto: Cortesía

Al igual que sus colegas, Díaz tuvo que formarse en otras latitudes para vivir la literatura infantil no solo como autor, sino también como académico y conferencista. Destaca que aquellos tiempos de Pocaterra y Garmendia en los que se escribía artesanalmente quedaron atrás. Explica que hoy en día, tanto escritores, como ilustradores, diagramadores y editores poseen un nivel de profesionalización mucho mayor, especializándose en el estilo que los libros actuales demandan.

Hay temas, formas de abordar la literatura infantil e intereses que colocan al horizonte del lector en otro lugar distinto al de la literatura adulta”, añade.

Afirma que en las últimas dos décadas, la literatura infantil ha encontrado el lugar que le corresponde dentro del gremio, con prestigiosos festivales y premios, como el Hans Christian Andersen, o el Premio Memorial Astrid Lindgren. Igualmente, en países de América Latina como Brasil, México, Argentina y Colombia, se ha ganado un espacio importante en el campo académico.

Por ese motivo, Díaz busca aprovechar su estadía alternada entre Bogotá y Ciudad de México para generar recursos que pueda importar a Venezuela. Por ejemplo, indica que actualmente gestiona la participación de profesores invitados de otros países, y concentra su energía en el desarrollo del diplomado de la Unimet. Esto con la esperanza de recuperar ese tejido social que se ha deteriorado tanto en el país, usando la magia de los libros.

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