• El equipo de El Diario recogió los testimonios de tres venezolanos que decidieron volver “como turistas” para redescubrir qué tanto ha cambiado el país del que migraron 

Desde el año 2015 la migración venezolana creció exponencialmente debido a las dificultades económicas que atravesaba el país. Las circunstancias obligaron, en principio, a la población más joven a irse en búsqueda de mejores condiciones de vida, pero luego al éxodo se incorporaron incluso las personas mayores.

La situación creó en muchos migrantes el rechazo o animadversión hacia el país. El sentimiento estaba fundamentado por los bajos salarios, la escasez de comida o medicinas, y las precarias posibilidades de crecimiento personal y profesional.

La mayoría de los migrantes se estableció en otros países de Latinoamérica como Colombia, Perú, Ecuador y Argentina, de acuerdo con los datos de ACNUR y la plataforma R4V. 

Algunos prefirieron optar por Norteamérica y Europa. De esos continentes, Estados Unidos y España son los destinos más comunes.

Migración Venezolana para 2025 De acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el número de migrantes venezolanos alcanzará los 8,4 millones en 2025, lo cual representa más del 25 % de la población total del país para 2015.

Actualmente, los indicadores económicos oficiales muestran señales de mejoría, aunque el posible regreso de una economía hiperinflacionaria y la pérdida del poder adquisitivo siguen estando sobre la mesa.

Según los datos del Observatorio Venezolano de Finanzas (OVF), la tasa de inflación en diciembre de 2022 alcanzó 37,2 %, y se convirtió en la más alta en los últimos 20 meses. Asimismo, la inflación anualizada se cifró en 305,7 %.

Pese a ello, los migrantes que salieron de Venezuela hace cinco años o más han retornado de forma temporal para atreverse a ver de primera mano cómo es ahora el país que ellos dejaron, y con base en sus propias experiencias, narrar cómo se sienten desde la posición de visitantes en su propia tierra.

De migrantes a turistas: la perspectiva de los venezolanos que visitan el país 
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El equipo de El Diario recogió los testimonios de tres venezolanos que decidieron reencontrarse con sus familias y redescubrir cómo han cambiado las dinámicas de vida desde que ellos migraron.

Gabriel Hernández: “El país que me expulsó no es el mismo con el que me reencontré”

En abril de 2018 Gabriel Hernández con 25 años de edad, tomó la decisión de renunciar a su empleo como relacionista industrial e irse a Brasil. El haber aprendido el idioma portugués desde Venezuela le abrió la posibilidad de llegar a ese país con una oferta de trabajo, y alcanzar la estabilidad económica que no tenía en Venezuela. 

Hernández dijo que de no haber existido tantas dificultades en ese momento no hubiese tomado la decisión de emigrar. Sin embargo, no se arrepiente de haberse atrevido a vivir esa experiencia.

Detalló que las dificultades propias de la pandemia le impidieron visitar a su familia antes, pero en septiembre de 2022 pudo finalmente cumplir su promesa y regresar como turista.

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“Tuve que hacer conexión aérea a través de Bolivia para conectar con Maiquetía. Nada más ver desde la cabina la costa de La Guaira me hizo llorar. Yo no sabía que me iba a sentir así, pero de alguna manera fue una experiencia sanadora porque yo era de los que no quería saber nada de allá”, relató.

Tras su reencuentro con familiares y amigos en Caracas tuvo la posibilidad de experimentar cuánto había cambiado la dinámica de la ciudad. Comentó que cuando se fue todavía había escasez de productos, la única vía de utilizar dólares era haciendo transacciones de forma irregular a través del mercado paralelo, y el “bachaqueo” (reventa informal) de productos de primera necesidad era la norma.

De acuerdo con Hernández, ahora las personas comenzaron a crear sus propias formas de sobrevivencia y dejaron de creer que las soluciones serían ofrecidas por los políticos.

Me impactó mucho que las personas hayan hecho las paces con ellos mismos, para comenzar a trabajar en pro de un mejor país. Vi mucho esfuerzo propio en el emprendimiento, desde el más pequeño y humilde hasta el más grande. Pese a ello, también están presentes las cicatrices de la desidia gubernamental. Los servicios públicos siguen fallando, hay que llenar bidones o tener tanques en los apartamentos para garantizar el acceso al agua. Además, el tema de todos los días no es la escasez porque sobran los productos, ahora el problema es lo que cuestan”, sostuvo.

En su análisis, insistió que siente un mejor enfoque en la sociedad venezolana que quiere mejorar y seguir adelante pese a las adversidades.

“El país que me expulsó no es el mismo con el que me reencontré. Los problemas no se han ido, pero hay una mejor actitud para hacerle frente. La gente quiere trabajar y garantizar que no falten las cosas en su casa pese a lo caras que puedan ser. Hay una energía diferente y eso se aprecia”.

De migrantes a turistas: la perspectiva de los venezolanos que visitan el país 
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A lo largo de tres meses, Hernández tuvo la oportunidad de recorrer espacios públicos, ir a la playa y reconectar con ciertos lugares que para él estaban asociados con malos recuerdos.

“Los sitios que pude recorrer durante mi estadía en Caracas están, salvo algunas excepciones, renovados y cuidados. La sensación de inseguridad no es tan grande como en 2018 cuando salí del país. Realmente, hasta sentí que con cuidado puedo sacar el teléfono y tomarme una foto sin que me lo arrebaten de la mano”.

Para Hernández, no está en sus planes la posibilidad de volver como residente en el corto plazo porque ya tiene una vida en Brasil, pero expresó que pudo sanar muchas ideas que le hacían sentir rechazo a la hora de plantearse un futuro regreso a Venezuela.

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Haydee Martínez: “Mejoró el ambiente de miseria que se sentía cuando me fui, pero hay mucho trabajo por hacer”

Haydee tiene 33 años de edad y vive desde hace seis años en Buenos Aires, Argentina. Con ayuda de su esposo planificó el viaje para el reencuentro sin avisarle a su familia. Llegó a Venezuela el 10 de diciembre de 2022 y salió del país el 6 de enero de 2023. 

Aseguró que su visión de la Venezuela de ahora es un poco “agridulce” en cuanto a sus expectativas y lo que pudo observar.

Dijo que una de las cosas que le sorprendió fue que ahora podía conseguir cualquier producto, sobre todo el importado desde Estados Unidos.

Para los que emigramos entre 2016 y 2017 es una sorpresa conseguir tanta variedad de productos. Salimos de Venezuela en la época de la peor escasez jamás vista, donde teníamos que hacer largas colas para comprar comida o comprar con sobreprecio. Eso es una cicatriz que va a quedar para siempre”, afirmó.

Martínez cree que hay un cambio económico notable y eso impulsó a que las personas en la calle se vean y se sientan mejor en varios aspectos.

Mejoró el ambiente de miseria que se sentía cuando me fui, pero hay mucho trabajo por hacer. La brecha entre los que tienen más poder adquisitivo y los que tienen menos se hizo mucho más amplia. Es notable todas las opciones de lujo o con sobreprecio y que la mayoría parece aceptar sin problemas”, destacó.

Para Martínez, las llamadas “burbujas económicas” son reales y considera que han hecho que muchas personas hayan perdido la apreciación real del dinero.

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“Hay un cierto rechazo del venezolano de a pie a que se compare la realidad de los precios con los países donde ahora vivimos, porque ahí es cuando te das cuenta que no hay justificación para muchos excesos”.

Sostuvo que los servicios públicos no han mejorado en casi nada y en algunos casos se han encarecido sin justificación alguna. Sin embargo, rescató que es evidente el interés de las personas en tener un mejor país e invertir.

“Noté un aumento en los negocios de servicios, pero siento que aunque todo se superdolarizó aún se está frente a una economía distorsionada que impide que se logre la tan ansiada mejora económica que todos esperamos”.

Al consultarle sobre si en sus planes estaba la posibilidad de regresar a vivir en el país indicó que no cree que estén las condiciones para volver a empezar desde cero en Venezuela.

“Tengo familia acá, y por ese vínculo volveré las veces que sean necesarias, pero solo de visita. Mi proyecto de vida está en Argentina y por ahora es el lugar donde quiero estar”, concluyó.

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Carolina Padrón: “Lo mejor de mi visita a Venezuela fue la sonrisa de mi mamá y mi papá. Solo por eso valió la pena”

Desde 2016 Carolina Padrón colocó su vida en dos maletas y decidió proyectar abrirse camino en Chicago, EE UU. Con esfuerzo y dedicación logró establecerse en un país con nuevas reglas e idiosincrasia que le ofrecía una mejor calidad de vida.

En noviembre de 2022 cumplió con el deseo de sus padres y pasó la Navidad y el Año Nuevo con su familia. Admitió que si bien estaba al tanto de las cosas que habían cambiado fue increíble toparse con algunos contrastes.

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“Mis padres me habían advertido que las bombas internacionales no habían colas, pero desde que llegué vi colas para echar gasolina en todas partes. Eso lo contrasto con las plazas llenas de gente riendo, jugando, conversando, vi gente feliz pese a los problemas”.

Otra de las realidades que le impactaron en su estadía fue la normalización de las operaciones en dólares y como incluso los precios aumentan en dólares.

Resulta absurdo como pagas con billetes de dólares y como no tienen cambio te sacan conversiones y te devuelven el dinero en otra moneda (bolívares) y por pago móvil. También me sorprendió la ligereza con lo que las personas dan las claves de sus tarjetas de débito sin temor a nada. Eso en EE UU es inconcebible”.

Padrón resaltó el esfuerzo de todas las personas que pese a cualquier adversidad decidieron quedarse en Venezuela y salir adelante.

La migración siempre es una historia cargada de dolor por lo que debes dejar. Es por ello que intento enfocarme en lo positivo. Muchas personas decidieron quedarse y trabajar, es algo que bien vale la pena apreciar y reconocer. Eso cambió mucho mi percepción de las cosas, hasta cierto punto pensé que la gente simplemente se había resignado, pero la realidad es que no lo hicieron”.

Relató que el viaje la cambió como persona, y disfrutó cada abrazo, cada reencuentro familiar y cada comida que tenía tiempo sin comer.

“Lo mejor de mi visita a Venezuela fue la sonrisa de mi mamá y mi papá, solo por eso valió la pena. Dejar atrás los abrazos virtuales fue una inyección de energía que me hizo sentir plena”, expresó.

Rescató la capacidad de reinvención de los ciudadanos y esas ganas de avanzar y desarrollarse para mostrar una cara más amable.

“La gente está cambiando y eso va más allá de quien gobierne. Yo seguiré siendo migrante pero no dejaré de decir que el país no está muerto. Está vivo y sé que Venezuela siempre será mi hogar”.

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