Economía informal en Caracas: los rostros de quienes buscan sustento vendiendo en las calles

En zonas como Sabana Grande, Chacaíto, La Hoyada y el centro de la ciudad, varios vendedores informales le contaron a El Diario cuáles son los desafíos y realidades que viven cada día
Fiorella Tagliafico
Fiorella Tagliafico - Redactora
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El dinamismo comercial en las calles de Caracas sigue impulsado, en gran medida, por el mercado informal que se despliega en diversas zonas de la ciudad. En un recorrido realizado por el equipo de El Diario desde Chacaíto hasta el centro de Caracas, se evidenció que la venta de alimentos y textiles suele ser el refugio económico para cientos de ciudadanos que no logran insertarse en el mercado laboral formal.

Para muchos, esta actividad representa la única vía para esquivar la precariedad salarial y asumir el rol de ser “su propio jefe”, a pesar de las condiciones de vulnerabilidad que implica trabajar en el espacio público.

Un informe del Centro de Innovación y Emprendimiento del Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA)en 2025 reveló que más de 50% de la población trabajadora venezolana está inserta en actividades informales y de bajo valor agregado.

De acuerdo con un estudio de PoliData, la alta tasa de informalidad en el país tiene varios efectos negativos para los trabajadores de este sector:

– Ingresos bajos e inestables

– Falta de protección social

– Menor estabilidad

– Pocas posibilidad de desarrollo profesional

Economía informal en Caracas: el rostro de quienes buscan sustento vendiendo en las calles
Foto: Mauricio Villarreal/El Diario

La necesidad de llevar el sustento diario a los hogares lleva a los vendedores informales a enfrentar jornadas de exposición constante al sol y la lluvia, factores que definen la rutina de quienes dependen del flujo peatonal para concretar una venta.

“Esto me ayuda a conseguir el sustento, es trabajar todos los días pero ser mi propio jefe. Lo malo de este oficio es llevar tanto sol, aguantar la lluvia, tiene sus desventajas, pero tenemos que hacer lo posible para llevar comida a la casa cada día”, relató Carlos para El Diario, quien tiene un espacio en Sabana Grande para vender ropa.

La aspiración a la formalidad

Desde Chacaíto hasta Plaza Venezuela, la venta de alimentos preparados se ha convertido en un nicho de crecimiento orgánico que permite a decenas de caraqueños ofrecer sus preparaciones desde que sale el sol hasta que se oculta.

Ana María, quien recientemente incursionó en este mercado tras vender juguetes y otros artículos, explicó que la clave del éxito reside en la constancia y en saber ganarse el recibimiento de los clientes.

Su transición de la venta de objetos a la preparación de arepas demuestra la adaptabilidad del trabajador informal ante las demandas del consumo masivo. A pesar de los buenos resultados y del incremento progresivo en su producción matutina, el sueño de Ana María es lograr la estabilización dentro de una estructura física que le brinde seguridad jurídica y operativa.

Economía informal en Caracas: el rostro de quienes buscan sustento vendiendo en las calles
Foto: Mauricio Villarreal/El Diario

“Soy optimista, veo más allá, no dejo de soñar con que un día tenga un local, así sea pequeño, para vender mi comida. He tenido buen recibimiento, la gente me da buenos comentarios. Empecé vendiendo poco, me llevaba de regreso algunas arepas y ahora traigo todos los días más de 35 y se me acaban rápido”, dijo Ana María.

La ausencia de crédito como barrera

Para los vendedores de textiles en Chacaíto y el centro de Caracas, la informalidad no es una elección de estilo de vida, sino una consecuencia directa de la sequía de financiamiento bancario en el país.

Economistas han atribuido parte de esa contracción a años de encaje legal elevado, una política que limitó la capacidad de los bancos para otorgar créditos.

El Informe Monitor Global de Emprendimiento (GEM) destacó que los negocios informales no prosperan por la falta de capital, financiamiento o al no ver rentabilidad. Además, el poco acceso a créditos en la banca nacional se suma a estas dificultades para financiar un negocio.

En ese sentido, el estudio planteó que el 19 % de los emprendimientos cierran estrictamente por falta de financiamiento.

Asimismo, los expertos señalaron que muchos de los emprendedores no hacen el salto a la formalidad por la carga fiscal y la excesiva burocracia.

Economía informal en Caracas: el rostro de quienes buscan sustento vendiendo en las calles
Foto: Mauricio Villarreal/El Diario

Norbis y Keneth, vendedores de ropa, coincidieron en que el contacto directo con la gente en la calle es su mayor ventaja competitiva, una que no podrían sostener dentro de un centro comercial o local privado debido a la falta de capital de inversión.

Además, ambos refirieron que la red de apoyo entre vendedores se convierte en su sistema de seguridad social, ya que les permite resistir las temporadas de bajas ventas que preceden a las fechas festivas o especiales.

La vulnerabilidad ante el clima y la estacionalidad del consumo son los riesgos que asumen con el empleo informal a cambio de la posibilidad de rotar su mercancía sin los costos fijos de un arrendamiento.

“Lo mejor de trabajar de manera informal es el acceso a la gente para poder ofrecer nuestros artículos, sin capital no tenemos la posibilidad de hacerlo en una tienda. Lo malo es que nos exponemos al clima, a las bajas ventas cuando no hay una fecha como el Día de las Madres, diciembre u otra temporada”, acotó Norbis sobre los desafíos de su jornada en Chacaíto.

Los expertos también refieren que la informalidad requiere que el emprendedor consiga las herramientas que le permitan ingresar al mercado formal para poder aportar a la economía venezolana y mejorar sus ingresos.

Economía informal en Caracas: el rostro de quienes buscan sustento vendiendo en las calles
Foto: Mauricio Villarreal/El Diario

“Los datos del GEM revelan que el modelo de autoempleo informal en bienes de consumo está enfrentando un fuerte agotamiento y barreras de sostenibilidad insalvables. La gran oportunidad es convertirse en proveedor de empresas más grandes. Estar en la cadena de valor de una corporación hoy te da más estabilidad que ir a pedir un crédito bancario”, explicó Edwin Ojeda, profesor del IESA en una entrevista previa para El Diario.

Brecha tecnológica y resiliencia

En el sector de La Hoyada, la informalidad tiene nombres propios y trayectorias de más de una década. Como es el caso de Yinli, vendedora de ropa íntima y medias, quien representa la estabilidad del comercio de calle.

A pesar de su crecimiento sostenido, que inició con apenas una docena de medias, se enfrenta a una nueva barrera en 2026: la brecha digital y el deseo de expandir su alcance a través de las redes sociales.

Yinli resaltó que esa meta se ha visto truncada por la imposibilidad de cambiar su teléfono por uno que le permita grabarse, tomar fotos y subir contenido a las redes para dar a conocer su emprendimiento callejero y, en el futuro, tener el capital para mudar su negocio a un local comercial.

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Foto: Mauricio Villarreal/El Diario

“Aquí no estamos seguros, porque esto es un lugar público, no es de nosotros, sin embargo, nos va bien sobre todo cuando se acerca una fecha como el Día del Niño, de las Madres, Navidad. Me gusta hacer sentir bien a los clientes para que vuelvan a comprarme”, narró quien se identificó como la “catira de La Hoyada”.

El recorrido de El Diario por estas zonas con un mercado de economía informal en Caracas reveló que, aunque la actividad garantiza la alimentación inmediata de las familias, el techo de crecimiento es bajo sin políticas de inclusión financiera y digital.

Para costear la canasta alimentaria familiar, un trabajador informal necesitaría alrededor de 692,32 dólares, el equivalente a 308.084,33 bolívares, de acuerdo con las cifras correspondientes al mes de marzo del Centro de Documentación y Análisis de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM).

La mayoría de los trabajadores informales consultados no rechazan la formalidad; por el contrario, la ven como la meta definitiva para proteger su esfuerzo de las inclemencias del tiempo y la incertidumbre de trabajar en la vía pública.

Fiorella Tagliafico
Fiorella Tagliafico - Redactora
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