Regreso a clases tras los terremotos: claves para abordar el impacto emocional de los niños

Especialistas advirtieron que el regreso a las aulas puede actuar como un catalizador de la angustia, por lo que recomendaron a las familias y escuelas priorizar la seguridad de los niños e identificar cambios de conducta que puedan requerir atención profesional
Santiago Moreno
12 Min de lectura

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Más de dos meses han transcurrido desde los terremotos que afectaron a Venezuela el 24 de junio. Tras la suspensión de actividades en las zonas afectadas y el proceso de evaluación y recuperación de los planteles, los estudiantes regresarán a las aulas el lunes 14 de septiembre.

Para algunos niños, el regreso a clases puede reactivar o hacer visibles manifestaciones de angustia relacionadas con la experiencia de los terremotos. Ante este escenario surge la pregunta: ¿cómo ayudar a los niños a adaptarse nuevamente a las dinámicas escolares?

En ese sentido, la organización social sin fines de lucro Centros Comunitarios de Aprendizaje (Cecodap) aseguró que, después del desastre natural, la escuela puede convertirse en uno de los principales factores de protección para la infancia, siempre que existan condiciones adecuadas para ello, y sostuvo que la permanencia escolar debe ser una prioridad compartida.

Las especialistas consultadas por El Diario advirtieron que un abordaje inadecuado del impacto emocional puede favorecer la aparición de fobias, dificultades de aprendizaje o respuestas de miedo ante situaciones que recuerden el evento sísmico.

Rosiris Sofua, psicóloga clínica, psicoanalista de niños, niñas, adolescentes y adultos y miembro de la Asociación Psicoanalítica Internacional (API), y María Antonieta Ponte, psicóloga infantojuvenil, explicaron cómo pueden prepararse las familias y las escuelas para el regreso a clases, qué manifestaciones deben observarse y cuándo es necesario buscar ayuda profesional.

Regreso a clases tras los terremotos: claves para abordar el impacto emocional de los niños
Foto: Jose Daniel Ramos @danielj2511

Cómo puede afectar emocionalmente a los niños

Sofua aseguró que el regreso a clases suele despertar emociones contrapuestas, pero este año ocurre en un escenario excepcional porque la estructura emocional de muchas familias quedó conmocionada tras los terremotos.

Explicó que los sismos alteraron la sensación de seguridad de muchas familias, un temor que puede reaparecer en el niño al momento de separarse de sus padres frente al colegio.

“Ya no es miedo a las tareas, a los profesores o a los amigos, ‘si seré simpático o me harán bullying’, es la fantasía de que al alejarse de su hogar algo malo vuelva a pasar”, aclaró.

La especialista señaló que los niños pueden postergar la manifestación de su malestar hasta percibir una nueva amenaza o cambio. Por ello, el regreso a clases puede actuar como un catalizador de la angustia asociada al terremoto.

“La mayoría de los niños y de los adolescentes ya no se encuentran en esa fase de shock agudo inicial sino en un periodo de procesamiento, integración o reactivación de la angustia porque el hito del regreso a clases puede actuar como un catalizador de esa vivencia”, explicó.

Regreso a clases tras los terremotos: claves para abordar el impacto emocional de los niños

El impacto, sin embargo, no se manifiesta de la misma manera en todas las edades. Ponte precisó que la experiencia dependerá de la pérdida sufrida, de cómo se vivió el evento y del ambiente que rodea al niño.

Sofua explicó que, entre los 2 y 5 años de edad, el malestar puede expresarse principalmente a través del cuerpo, debido a que todavía no cuentan con un manejo completo del lenguaje para comunicar lo que sienten. Pueden aparecer regresiones en el control de esfínteres, dificultades para dormir, berrinches atípicos, apego excesivo o miedo a la separación.

Entre los 6 y 11 años de edad, el juego puede convertirse en una vía para elaborar la experiencia.

“Entre los 6 y 11 años la elaboración es distinta porque pueden utilizar el juego como una herramienta que permite ir entendiendo. Por ejemplo, pueden recrear terremotos, derrumbes, pueden jugar a que ellos son los rescatistas y eso no es patológico. Ni los maestros ni los padres tienen que asustarse porque el juego es una aproximación de elaboración para pasar de ser víctimas pasivas a sujetos activos de la experiencia”, detalló.

En los adolescentes pueden aparecer mecanismos de racionalización, aislamiento, irritabilidad o cambios bruscos de humor. También pueden surgir preguntas recurrentes sobre la seguridad del lugar donde se encuentran.

La psicoanalista destacó que no se debe esperar que un niño o un adolescente exprese verbalmente su estrés. El malestar también puede aparecer mediante cambios en el juego, el sueño, dolores físicos o conductas distintas a las habituales.

“El adulto debe actuar y validar”, afirmó.

Qué pueden hacer las familias y las escuelas

Ponte aseguró que, dependiendo de cómo haya vivido el niño la situación en su casa y de las pérdidas que haya sufrido, estará más o menos abierto al regreso a clases. Por ello, la familia debe transmitir tranquilidad y confianza y procurar que el niño conozca las condiciones de seguridad del lugar al que regresará.

Sofua señaló que los padres o representantes son “el espejo en el que los niños se ven”, por lo que deben procurar autorregularse antes de acompañarlos.

También recomendó anticipar cómo será el día: cómo llegará el niño al colegio, quién lo buscará y a qué hora. La previsibilidad puede reducir las fantasías de abandono o catástrofe y ayudar a recuperar la rutina.

La despedida, agregó, debe ser afectuosa pero breve, sin prolongar innecesariamente el momento de separación. Si el niño expresa miedo, los adultos deben validar la emoción sin transmitir pánico.

Regreso a clases tras los terremotos: claves para abordar el impacto emocional de los niños
Foto: REDHNNA

Cuando existe resistencia a volver a clases, Sofua recomendó indagar qué está provocando el rechazo y qué teme el niño, en lugar de minimizar sus preocupaciones.

“Sé que da miedo pero eres capaz de hacerlo y yo voy a estar esperándote de aquí a la salida. Yo llamo a esto firmeza o disciplina amorosa, eso es lo que devuelve la seguridad que el niño ha podido perder”, subrayó.

En el caso de las escuelas, las especialistas consideraron necesario que antes del regreso exista comunicación entre padres, representantes, maestros y directivos. Allí deben abordarse aspectos como la seguridad del plantel, los planes de evacuación y los mecanismos de comunicación con las familias.

Durante las primeras semanas, además, recomendaron priorizar el vínculo y la seguridad emocional sobre la presión académica. Sofua sugirió incorporar actividades recreativas, juego libre y dibujo, así como mantener una actitud flexible ante las distintas formas en que los niños procesen lo ocurrido.

También planteó postergar la presión evaluativa durante al menos cuatro semanas para permitir un proceso de adaptación, diagnóstico emocional y revinculación del grupo.

“Donde lo académico, por lo menos en ese primer mes, no va a ser lo prioritario. Tiene que ser un proceso adaptativo. No va a haber aprendizaje posible en un cerebro que se sienta amenazado”, dijo.

Las especialistas también señalaron que los docentes necesitan espacios de escucha y apoyo, debido a que ellos mismos pueden haber sido afectados por los terremotos.

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Foto: La Verdad de Monagas

Señales de alerta y cuándo buscar ayuda

Los cambios de conducta no necesariamente significan que un niño esté atravesando un problema que requiera atención profesional. Sin embargo, las especialistas recomendaron observar aquellas modificaciones que sean persistentes y superen lo esperado para su edad.

Entre las principales señales están:

  • Alteraciones persistentes del sueño.
  • Miedo intenso, apego excesivo o angustia de separación.
  • Dolores físicos recurrentes.
  • Reacciones exageradas ante ruidos.
  • Irritabilidad, agresividad, llanto o apatía.
  • Dificultades de concentración en el aula.
  • Cambios en la alimentación.
  • Conductas que interfieran con la dinámica familiar o escolar.

Sofua advirtió que los padres o representantes también deben reconocer cuándo necesitan ayuda.

“Si los padres (o representantes) están afectados deberían buscar ayuda profesional porque no van a ser capaces de proteger psíquicamente al niño o al adolescente si no se contienen a sí mismos”, aconsejó.

Ponte recordó que existen instituciones que ofrecen ayuda psicológica gratuita, entre ellas la Federación de Psicólogos de Venezuela (FPV), Cecodap y la Universidad Central de Venezuela (UCV).

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Foto: Psicochamos

Hablar del terremoto sin revictimizar

Las especialistas consideraron importante hablar sobre lo ocurrido cuando el niño plantee el tema, pero con información adaptada a su edad y sin recurrir a detalles morbosos o dramatizaciones.

El objetivo no es obligarlo a recordar el terremoto, sino ofrecerle un espacio seguro para expresar lo que siente y responder sus preguntas.

“El silencio pedagógico o familiar no va a proteger al niño ni al adolescente, al contrario, va a dejar la fantasía a merced de los miedos, por ende, revictimizar no es hablar del hecho sino reexponer al niño al pavor sin ofrecerle un marco de contención y procesamiento. La palabra contiene y simboliza”, detalló Sofua.

En ese proceso, también recomendaron limitar la exposición repetida a videos e imágenes de los terremotos. Sofua sostuvo que la reiteración constante de este contenido puede mantener al niño en un estado de alerta y dificultar la elaboración de lo ocurrido.

Por ello, planteó sustituir parte del tiempo frente a las pantallas por actividades como dibujar, jugar, construir o realizar otras actividades manuales que permitan recuperar la cotidianidad.

La especialista también resaltó que un niño que perdió su hogar enfrenta una experiencia distinta a quien únicamente percibió el terremoto como una amenaza. En esos casos, además de recuperar la sensación de seguridad, puede ser necesario reconstruir el sentido de pertenencia y la identidad.

El regreso a clases, por tanto, no debe entenderse únicamente como la recuperación de las actividades académicas. Para algunos niños será también el momento de reencontrarse con compañeros, docentes y rutinas después de una experiencia que alteró su sensación de seguridad.

“Si logramos que un estudiante vuelva a reír en el recreo, a jugar con sus compañeros y a confiar en que sus maestros saben cómo protegerlos, el aprendizaje académico fluirá de forma natural. Primero la seguridad y el vínculo, y después la materia”, indicó Sofua.

Santiago Moreno
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