• Caring Aguilar vive en la zona más afectada por el Covid-19 en Italia. Contó en exclusiva para El Diario cómo han sido sus días desde la declaración de la cuarentena. A pesar de todas las medidas impuestas por el gobierno italiano, ella continúa saliendo todos los días al trabajo 

Salir al trabajo, regresar a casa a las 8:15 am para alistar a su hija y llevarla al colegio, volver a casa, buscarla a las 3:30 pm. En ocasiones la llevaba al parque o se iban a casa a merendar mientras esperaban a su papá para dar una vuelta; así transcurrían los días de Caring Aguilar, una venezolana que salió del país en junio de 2007 y que actualmente reside en Lombardía, Italia. 

Su rutina cambió con la llegada de Covid-19 al país, pues a pesar de las medidas impuestas por el gobierno italiano debía seguir trabajando. Caring contó en exclusiva para El Diario cómo han sido sus últimos días de aislamiento, su preocupación ante la situación y lo que hace para distraer a su hija Cloe de todo el caos que los rodea. 

Las primeras noticias acerca de la expansión del coronavirus de Wuhan recorrieron el mundo entero, muchas personas no imaginaban el impacto que tendría en las demás naciones. Sin embargo, para Caring el panorama estaba un poco más claro pues siempre estuvo consciente de que en cualquier momento podría llegar al país en el que se encuentra. 

Los primeros casos en territorio italiano se confirmaron el 31 de enero, cuando dos turistas chinos dieron positivo. Una semana después un ciudadano italiano repatriado desde la ciudad de Wuhan, en China, también se había contagiado. Era el tercer caso en Italia. El 21 de febrero se detectaron 16 casos en la provincia de Lombardía y al día siguiente ya eran 60 casos más. 

Durante la primera semana de marzo el brote era cada vez más significativo, todos los días las noticias se llenaban de reportes nuevos. Caring siempre pensó que tarde o temprano llegaría, aunque no con la misma intensidad con la que golpea al país. Para ella el gobierno italiano tardó mucho en tomar las medidas preventivas necesarias para evitar la propagación masiva en tantas regiones.

Italia (hasta este 29 de marzo)

97.689

personas contagiadas

13.030

personas recuperadas

10.779

personas fallecidas

Su esposo, Andrea, también continúa trabajando a pesar de la situación y de la cuarentena. Ella es empleada en un supermercado y se desempeña en el área de entrega de periódicos y revistas; mientras que él es parte de una compañía de servicio técnico que se encarga de garantizar que el Internet y las líneas telefónicas funcionen. De acuerdo con el gobierno, ambos empleos son considerados de primera necesidad.

Andrea es quien está más expuesto de los dos, pues debe permanecer más tiempo en la calle. Caring sale temprano de casa para ir trabajar y regresa más tardar a las 9:00 am para continuar su día junto a su hija. Cada vez que debe salir a la calle utiliza al menos tres pares de guantes por si alguno se rompe y cuando termina de tocar las revistas y los periódicos se quita un par. Sin embargo, a pesar de que mantiene sus manos protegidas, no usa tapabocas. 

Caring es personal externo del supermercado, no cuenta con el kit de seguridad completo porque la empresa no se lo dio, a pesar de que a los empleados internos sí les dieron tapabocas y guantes.

“La empresa me informó por correo electrónico que tendrían disposición de algunas mascarillas de tela”, dice. 

Medidas preventivas del gobierno italiano

Desde el martes 10 de marzo todo el país está sujeto a medidas de aislamiento para tratar de ralentizar la propagación del Covid-19, desde restricciones de viaje hasta la prohibición de reuniones públicas.

“Se trata de evitar los movimientos en toda la península, con excepción de casos de necesidad por motivos laborales o de salud”, dijo el primer ministro italiano, Guiseppe Conte.

-Restringida la libre circulación de personas.
-Museos, cines y teatros cerrados en todo el territorio nacional.
-Suspensión de las manifestaciones y los espectáculos públicos o privados.
-Cierre de discotecas y salas de fiestas.

La nueva rutina

Todo ha cambiado. Apenas llega a casa Caring se quita los zapatos en la entrada y los deja siempre en el mismo lugar, mientras que la ropa se la cambia lo más rápido posible para inmediatamente después lavarse las manos y tomarse la temperatura.

Su hija también tiene más de un mes en casa, pero Caring dice que a pesar de todo no pide salir mucho “ella es feliz si no va a la escuela”. Asegura que no es fácil pues tiene que estar más pendiente para que no se aburra. 

La rutina laboral de Andrea también ha cambiado. Ya no puede revisar averías en viviendas o compañías, solo debe hacerlo en la central o en las cabinas telefónicas. Sin embargo, la empresa le indicó que para los casos urgentes aplicarían un procedimiento para el ingreso. 

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Foto: Caring Aguilar 

El procedimiento es sencillo, solo deben proteger los instrumentos de trabajo con plástico y utilizar una bata plástica para cuidar el uniforme. Otra de las medidas que tomó la empresa fue disponer de un seguro médico para que puedan tratarse en caso de que se contagien por el virus.

Hay compañeros de Andrea que, a pesar de tener medidas de protección, evitan trabajar porque aseguran que igual siguen poniendo en riesgo sus vidas, explica Caring. 

Ante esta situación su esposo aprovechó que tenía unos días pendientes de vacaciones y los tomó para resguardarse en casa, pasar tiempo con su hija y poder ayudar a Caring en el hogar. Retomar el trabajo le genera angustia, pero no piensa ni un segundo en dejarlo. Sin embargo, muchos de sus compañeros sí han pedido reposo o dejado de asistir porque no quieren contagiarse.

A pesar de la serenidad que Caring mantiene en casa, resulta inevitable para ella no experimentar cierto temor cada vez que Andrea sale a trabajar, pues tiene contacto con muchos objetos en las calles.

Estar tranquila

Caring y su familia viven en Rescaldina, una localidad de la provincia de Milano ubicada en la región de Lombardía. Su localidad está ubicada a 30 minutos de Milán y a 40 minutos de Bérgamo, ciudad más afectada por el virus. A pesar de ser vivir en la zona con más contagiados por el Covid-19, en su sector no hay muchos casos “pero uno nunca sabe si aumentan de un día para el otro”, comenta.

Los primeros días de la llegada del virus al país pasaba mucho tiempo revisando las noticias, pero se dio cuenta de que eso podía afectar su tranquilidad y decidió solo estar atenta al balance oficial diario de las 6:00 pm. 

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Foto cortesía

Para ir a trabajar, hacer mercado o ir a la farmacia se necesita un justificativo explicando el motivo por el que la persona se encuentra en la calle. Ser empleada en un supermercado ha sido un beneficio completo, pues las veces que necesita reponer alimentos lo hace al terminar sus horas laborales, pero cuenta que muchas personas buscan cualquier excusa para ir y considera que las autoridades deben controlar eso. 

Controles. En los supermercados y farmacias de Rescaldina limitaron la cantidad de botellas de gel antibacterial y alcohol que pueden comprar los ciudadanos; solo pueden adquirir dos por persona.

Dice que muchos ciudadanos salen y no hacen mayor compra, en ocasiones gastan hasta menos de cinco euros solo para poder salir de casa. Entiende que es un momento de angustia y zozobra, pero afirma que todos deben ser conscientes ante la pandemia, pues Italia es uno de los países más afectados por el virus. 

Se ríe cuando ve personas saliendo a la calle con la excusa de hacer ejercicio cuando nunca habían tenido el hábito de trotar, pero el encierro es tanto que una excusa es buena para cualquiera. En esos casos la policía ha sido lo suficientemente estricta y los devuelve a casa porque no es un asunto de primera necesidad. 

“Nadie me cree, pero yo estoy tranquila a pesar de todo”, expresa mientras se le escapa una risa, pues nadie se imagina que ante esa situación alguien pueda mostrar cierta  serenidad. Sin embargo, asegura que si no se mantiene así, podría afectar a su hija y no es la idea, además de que tendría mucho miedo de ir a trabajar.

En ocasiones ha pensado que si no se contagian es porque la suerte está de su lado, pues asegura que el nivel de exposición que tienen es amplio.

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Foto: Caring Aguilar 

Caring comenta que su madre, quien vive en otra localidad del país, cuestiona en muchas ocasiones que siga acudiendo al trabajo, pero si no lo hace no tendría nada para comer “así sean tres lochas que me paguen, pero con eso vivo”, detalla.

También comenta que el 20 de marzo fue uno de los días más extraños que ha tenido durante la cuarentena. Era su cumpleaños, estaba con su esposo e hija y al momento de picar la torta tuvo que hacer una videollamada con su mamá, su hermano y una tía para que compartieran el momento con ella. A pesar de la lejanía se quedaron unos minutos más hablando entre ellos contando un poco sobre las cosas que han hecho a pesar del encierro. 

La fecha tope para las medidas de seguridad impuestas por el gobierno italiano es el 3 de abril; sin embargo, Caring está casi segura de que lo extenderán porque la cantidad de casos no ha disminuido. Piensa el que plazo puede llegar hasta finales del verano, una idea que la llena de ansiedad debido a las altas temperaturas que suelen registrarse en esas fechas y el hecho de permanecer encerrados.

Estar lejos de casa

Saber que está en uno de los países con más personas contagiadas no es el principal motivo de su angustia, pues todavía tiene a muchos familiares en Venezuela y cuando supo que el virus había llegado al país entró en un estado de nervios.

Piensa mucho en la situación venezolana y por lo que ha visto en Italia cree que no podrán controlar por completo el brote de Covid-19.

Cada vez que habla con su familia le aconseja que compren suficiente comida para evitar salir a las calles. Se impresiona cada vez que ve videos de personas que siguen saliendo, pero entiende que no debe ser fácil no tener suficientes recursos para comprar grandes cantidades de productos para soportar una cuarentena.

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Si en Venezuela llegan a unos números muy altos será muy crítico”, dice preocupada.

Solo espera que su familia pueda entender la gravedad real de la situación. “Que entiendan un poco porque por lo menos no están pidiendo que salgamos a una guerra, solo están pidiendo que se queden en casa para prevenir contagios y eso hay que aceptarlo tengan las autoridades que tengan”, expresa. 

Caring espera mantener su serenidad y le pide a Dios todos los días por su familia y por su salud. Sabe que se juega la vida tanto de ella como la de su hija y esposo al tener poca protección cuando va al trabajo, pero también sabe que si no lo hace no tendrá los recursos para mantenerlos. Confía en que todo mejorará y está segura de que este momento dejará una gran enseñanza e historias que contar para el futuro. Un futuro que ansía que llegue.

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