• El equipo de El Diario conversó con Gustavo Tovar, activista de Derechos Humanos, abogado, poeta y educador sobre su recorrido en la política nacional. Además, sobre las razones que cimentaron la escritura de su poemario Piel Negada 

La llamada duró más de una hora, con algunas interrupciones leves, pero con la conversación campante entre las experiencias de una vida y la búsqueda que, al final, le da sentido a todo. Pronto llegaría a su fin porque Gustavo Tovar, el entrevistado tenía varias ocupaciones que cumplir. De repente, entre el protocolo necesario para la despedida y la reprogramación de la entrevista, la tierra empezó a temblar en México D.F. A través del auricular se podían escuchar los gritos de incertidumbre. “Ana Carlota, ¿está temblando?”, le preguntó a su esposa. El edificio crujía y en la voz de Tovar se escuchaba el temor de un movimiento telúrico. Los pensamientos, imagino, recorrían la mente y las preguntas que hacía minutos marcaban el paso de una conversación rutinaria se habían esfumado. 

A los pocos minutos me llega otro mensaje. “Ya se acabó”, decía. El tiempo de temor había pasado. Quedaba, simplemente, el vestigio de una verdad que se asoma en los momentos de completa normalidad: la muerte es certera y cercana. Ocurrió el 23 de junio de este año a las 11:00 am. La magnitud del terremoto fue de 7.4 Mw. Luego, con mayor tranquilidad, cuando la tierra gelatinosa se había detenido y la población mexicana recogía los escombros, el relato de la vida de Gustavo Tovar pudo continuar sin detenimiento. 

Se califica como un “activista por la libertad”. Desde muy joven, quizás sin saberlo, tomó las riendas de una actitud contestataria ante las concepciones canónicas de la sociedad. Todo tenía respuesta y, sobre todo, lo preestablecido se veía como un amarre a las ideas que sobrevolaban entre las lecturas del positivismo francés del siglo XIX. Estudió durante un tiempo Derecho y Comunicación Social en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), pero su delirio poético, rememorando la figura de la bohemia constante del verso vivo, lo hizo dejar la escolaridad a los 24 años de edad para dedicarse al hecho de vivir, podría decirse, poéticamente. Decidió viajar a México, lugar de nacimiento de su madre, donde su familia materna había construido durante décadas una estabilidad económica a través del empresariado. 

Gustavo Tovar también es porte y educador
Foto: Gustavo Tovar

El joven Tovar deseaba, por sobre todas las cosas, perderse entre las dificultades de la métrica y buscar en los versos las cosas imposibles en la verosimilitud de la realidad. Se quedó durante un tiempo en la casa familiar ubicada en en Lago Pátzcuaro, en Michoacán. Sus días transcurrían entre un sembradío de rosas y unos cuantos versos que, al final, le brindaban la sensación de pureza. Un día llegó su tío Pablo Arroyo, un reconocido empresario de Morelia, México, para extraerlo de la nebulosa de la vida entre rosas y versos y aterrizarlo en la tierra inamovible, a la realidad que golpea, pero que, a veces, tiembla.

Dejó atrás el sembradío en las orillas del lago y comenzó a trabajar con su tío en el área de finanzas. Un cambio drástico, podría pensarse, pero lógico si se reconoce la descendencia de Tovar. Una familia donde el pan no ha faltado durante siglos, comentó alguna vez, que forma parte del Consejo Michoacano de Hombres de Negocios. 

Volver a Venezuela 

El artificio poético había terminado de alguna forma, pero quedaba en el ideario de Tovar las bases incólumes de la libertad. Regresó a Venezuela en el deslumbramiento del nuevo siglo XXI. El chavismo había llegado con un discurso de insurrección y unión nacional, donde los pobres, desvalidos en el imaginario de la nueva ideología, sentían una especie de sosiego. La sociedad todavía no había escuchado las palabras de Uslar Pietri y de muchos otros sobre el peligro que se avizoraba en el horizonte nacional. Gustavo Tovar volvió para dirigir algunos negocios familiares. Sin la pretensión, siquiera, de enfrentar al gobierno de turno. Pero un hecho cambió su perspectiva del mundo y lo empujó, de alguna manera, a involucrarse de forma activa en el proceso político venezolano. 

El 11 de abril de 2002 la población venezolana se dirigió a las inmediaciones del Palacio de Miraflores para reclamar por su libertad. Es una fecha que, como muchas otras cosas, se ha visto modificada por el discurso político del chavismo a través de los años. Para Tovar, por otra parte, el quiebre ocurrió cuando fue asesinado Jesús Mohamed Capote Espinoza, hijo de un gran amigo suyo. En un segundo, tan rápido como si del aleteo de una mosca se tratase, la vida de ese joven se encontraba derramada en el asfalto. Él, al escuchar la noticia, sintió la necesidad de sublevar su talante contestatario ante la vorágine que el chavismo construía a la par de un militarismo maligno y una irrupción en el lenguaje venezolano. 

Luego, su oficio empresarial estaría a la par de su búsqueda como activista, como defensor de los jóvenes que esperaban resarcir al país y evitar el resquebrajamiento de todo lo conocido. En los meses siguientes al asesinato de Mohamed armó un equipo legal para llevar el caso de las víctimas de ese fatídico día a instancias internacionales. Además, creó la Fundación Humano y Libre en el patio de su casa llamada La Michoacana, en Caracas. Las conversaciones de la fundación, en las cuales participaron algunos de los representantes políticos del presente, fueron el primer bastión para la renovación de los participantes de la política nacional en 2007. 

Gustavo Tovar es un activista social
Foto: Gustavo Tovar.

El libro que, para él, dejaría su marca en la dirigencia política juvenil de ese momento fue Estudiantes por la libertad, publicado ese mismo año. Lo escribió entre las conversaciones con el Movimiento Estudiantil que se fortalecía para la época, con jóvenes repletos de ideales y una necesidad imperante de responder a los atropellos del uniforme verde oliva y la boina roja. Los conoció en su regreso a la Universidad Católica Andrés Bello. Tenía dos hijos, una esposa y 34 años de edad, pero volvió a las aulas, como un estudiante más, para completar sus estudios en Derecho. En los pasillos y aulas de la UCAB conoció a Yon Goicochea, David Smolanksy, Manuela Bolívar, Freddy Guevara, entre otros. 

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Para el Movimiento Estudiantil mi primer esfuerzo era que existiese un cambio del lenguaje, que saliéramos de la refriega de las balas y sembráramos un nuevo talante verbal. Use mucho El arco y la lira de Octavio Paz. El arco y la lira es el mismo instrumento con dos fines diferentes. El arco lanza flechas asesinas y la lira tonalidades musicales. El arco quita la vida, el otro la enaltece. Entonces, para mí era muy importante estar muy claro y darle a los jóvenes la importancia del cambio en el lenguaje”, comentó para El Diario.

Las conversaciones en La Michoacana fueron el primer ápice, para Tovar, de una nueva dirigencia política, preocupada por las infinitas posibilidades del lenguaje para afectar la vida pública y con las ansías de aprovechar la algarabía nacional para un cambio. Ese Movimiento Estudiantil se dio a conocer con el cierre de Radio Caracas Televisión (RCTV) y con la propuesta de la reforma constitucional. Ambos eventos, importantes para las acciones de los años siguientes, determinaron la figura de una serie de jóvenes que tendrían su oportunidad en el ámbito político. 
La figura de Tovar detrás de los telones era con cada paso más importante e influyente en las acciones del grupo juvenil. Los cambios en el país eran instantáneos. Cada día el chavismo, de una u otra forma, se adueñaba de nuevos espacios para establecer su discurso como único. Por eso, para él, era imperante establecer desde el libro Estudiantes por la libertad los pasos de un hombre nuevo en el sombrío panorama venezolano.

“Con él intenté forjar una visión y una nueva antropología del venezolano. Reconocernos y dignificarnos a través del reconocimiento del respeto de sus derechos y sus libertades. El nuevo hombre debe reconocer al prójimo de esa forma”, agregó.

Tovar contra el chavismo: dimes y diretes 

En 1992 se coló, como estudiante de Comunicación Social, en la cárcel de San Francisco de Yare. Ahí conoció a Hugo Chávez. En ese momento, envuelto en las lecturas de un cambio prominente y una utopía alcanzable, este personaje le pareció interesante. Tenía un lenguaje mordaz y una oratoria que se esparcía por los rincones de cada salón. Años después, sin saberlo ni imaginarlo, ese hombre sería el comandante de las largas cadenas televisivas, de las consignas y la entronización. Luego, el devenir del chavismo en un proceso represivo lo llevó, como aquel contestatario universitario, a revelarse. 

“El chavismo es el heredero de la expresión del terror que impuso la revolución soviética hace 100 años en Rusia. Yo creo que es subyacente en el espíritu de esta atrocidad histórica que es el chavismo, en él late la crueldad, la maldad, el terror y el miedo que impusieron Lenin y Trotsky y que, posteriormente, perfeccionó Stalin. Nuestro problema no es la metodología psiquiátrica cubana, sino la soviética. Ese es el horror ideológico que vemos y percibimos los venezolanos cuando lidiamos con el chavismo”, dijo. 

Aunque, como demuestra en su último poemario Piel Negada, su visión del chavismo se construyó en la comparecencia ante él mismo. Una anécdota con Lina Ron, la fallecida militante chavista que prometió “plomo” a todos los detractores, es una muestra de su reconocimiento de las bases que fundamentan al chavismo.

“Me di cuenta de que a veces uno tiende a reflexionar y a atender los temas políticos y sociales de manera muy descarnada, intelectual, y que para atender el problema chavista había que encarnarlo, vivirlo, verlo y ese fue mi encuentro con Lina”.

La vivencia de un signo que en algún momento se vistió con los ropajes de lo popular se logra a través de la cercanía, no de las distancias reflexivas, acostumbradas y aprendidas del positivismo. Gustavo Tovar acordó una amistad con Lina. Esto le salvó la vida un par de veces al activista y abogado. Ella representaba un reto, un signo distinto de una Venezuela que desconocía y, ahora, tenía el poder. Era necesario acercarse a ellos y desmenuzar, a través de la experiencia, las razones del ideario chavista. 

Un par de veces, comenta, atentaron contra su vida. La llamada de Lina llegaba primero. “Cuidado, que te van a atacar”. Un día lo intentaron mientras estaba reunido en su casa. Sin saberlo, un grupo afín al gobierno se preparaba para lanzar un par de bombas sonoras en el jardín. Él estaba preparado cuando de repente, a las dos horas, se escuchó el motor de una motocicleta y, luego, el sonido estruendoso de la bomba. No pasó nada grave. 

El chavismo representa para Tovar el eterno enfrentamiento de la sociedad venezolana: civilización vs barbarie. Esa dicotomía que se hizo clara en el universo galleguiano y su obra más importante, donde la barbarie es una figura de poder oscuro y la civilización, con las enseñanzas del positivismo y la buena lengua, se aparece para luchar contra ese enemigo. El chavismo es la barbarie, es la figura del pirata que desea, sencillamente, saquear lo que alguna vez hubo.

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Entre el salvaje y el ilustrado francés se debate el venezolano. Es el gran debate antropológico de nuestra sociedad y lo trató tanto Rómulo Gallegos en su literatura. Para mí el venezolano es una lucha espasmódica, epiléptica, entre el bárbaro y el civilizado que somos”, agregó.

Una diatriba que se mantiene una y otra vez. El chavismo, por su parte, es “la peste” para Gustavo Tovar. Así lo enuncia su documental que en el momento de su estreno, en 2018, provocó la reacción del gobierno. En este trabajo elabora una presentación cronológica de todos los hechos que marcaron la historia contemporánea de Venezuela. En su realización fue perseguido por el gobierno e injuriado por sus cabecillas. 

Gustavo Tovar creador del documental

El Tribunal Supremo de Justicia prohibió en 2019 el documental El chavismo: la peste del siglo XXI. El dirigente Tarek William Saab alegaba que la cinta audiovisual “incitaba al odio”. Sin prestar atención al artículo 57 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela que establece: “Toda persona tiene derecho a expresar libremente sus pensamientos, sus ideas u opiniones de viva voz, por escrito o mediante cualquier otra forma de expresión, y de hacer uso para ello de cualquier medio de comunicación y difusión, sin que pueda establecerse censura”. La posición autoritaria de  Hugo Chávez y su mitificación como mártir chavista, la recolección de imágenes sobre las ruinas del contexto actual en Venezuela, las pruebas y testimonios que analizan el saqueo, como ese delirio del pirata, que ha realizado el chavismo, fueron algunas de las razones para la censura del documental. 

Ahora el objetivo de Gustavo Tovar como activista de la libertad que, a su vez, infiere en la política, es presentar la realidad del venezolano en el extranjero. Muchas veces la bruma ideológica enmascara, bajo un discurso totalizante, los hechos verdaderos y es imperante mostrarlos en su máxima expresión.

Piel Negada: un poemario con muchos secretos

“Solo la piel nos reconcilió en el goce civilizador, y la poesía, con su palabra fundadora, con su verbo redentor, ofrece el primer puente”, puntualiza un fragmento de la introducción. Gustavo Tovar reconoció, luego de un encuentro con Lina Ron, la imposibilidad del pensamiento racional para entender las bases del chavismo. ¿Sería el erotismo y el signo de Baco la única forma de encontrar un punto de encuentro? Esta pregunta engloba la premisa de este poemario de Tovar. 

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Esa escogencia de ser en el amor o en el erotismo encuentra su punto culminante. Cuando dos cuerpos se unen, se columpian en el sexo, fluyen entre sí, se despojan de miradas, porque tu mirada, tu espejo, tu pareja queda totalmente desnuda de ideologías y prejuicios. Para mí el evento más entrañable de la libertad, donde te despojas de ti mismo y te armas con otro ser, es el amor”, comentó.
Gustavo Tovar
Foto: Gustavo Tovar.

Tuvo dos referentes primordiales para establecer su perspectiva del erotismo como punto medio, como el espacio de conexión de la relación humana, sin las cargas de la ideología y el materialismo. El primero fue el autor estadounidense Ronald Hubbar. “Él habla del sexo como algo sublime, desde el punto de vista filosofico, algo creativo, constructivo y necesario. Esa interpretación tan prácitca, pero al mismo tiempo tan poética, me forjó esta concepción tan elevada del sexo”. El segundo es Octavio Paz y su análisis historiográfico del amor y el erotismo en la Llama doble. La percepción de la sexualidad como un aspecto negativo, resguardado entre pudores, nace de la exacerbación de la banalidad, pero, para Tovar, el prejuicio ante la existencia sexual del Ser es un atentado a la propia humanidad.

Los primeros poemas de Piel Negada se remontan a los primeros años del siglo XXI. En uno de ellos, aparece, de forma sútil, un interlocutor femenino irreconocible en un principio, pero que El Diario pudo, después de recibir la información, descubrir que se trataba de Marisabel Chávez, cuando todavía era esposa de Hugo Chávez. 

¿Es cierto que los poemas de este libro nacen de una correspondencia epistolar con Marisabel Chávez? 

— No sé de dónde sacaste esa información, pero no tengo ningún problema en conversarla. Yo escribía mis artículos semanales y recibí una respuesta anónima de una mujer y tuve la percepción, por lo que respondía en favor de Chávez, que se trataba de Marisabel. Como ven, estimulado por la poesía provenzal pensé que una manera de fragilizar y menoscabar las bases del tirano, de Hugo Chávez, era sacudiendo sus espacios íntimos. La poesía provenzal es aquella en la que los poetas de Provenza cautivaban a las reinas cuando los reyes salían a pelear en las cruzadas. Entonces, yo pensé en una versión contemporánea de ese evento histórico y, bueno, de manera un poco audaz comencé a mandarle algunos de mis poemas a Marisabel. Obviamente sedienta de amor, de sudor y hambrienta, como todo chavista, de sutileza y estética fue, imagino yo, cautivada por lo que atrevidamente escribí. 

Bueno, la historia después muestra que Hugo Chávez enloqueció. Eso también trajo sus consecuencias personales porque, obviamente muy irritado, me mandó amenazas con diferentes personas y las amenazas de muerte y los ataques. Tenía mucho que ver con la ira que le causé con los poemas, porque a Marisabel solo la vi una sola vez en mi vida. Sin embargo, sí me atreví a enviarle y escribirle algunos de los poemas que están en Piel Negada. Habría que preguntarle a ella las agonías y los terremotos que le cause. Sólo ella lo puede contestar.

La respuesta de Hugo Chávez, relata Gustavo Tovar, estuvo llena de furia. Isaías Rodríguez un día lo llamó para avisarle que el presidente lo estaba buscando por el intercambio epistolar con su esposa. Luego, con el pasar de los días, pensó que el momento de zozobra había pasado, pero en el frente de su casa un par de hombres habían dejado la cabeza de un perro, todavía con restos sanguinolentos del decapitamiento. También lo golpearon frente a su casa y su esposa recibió constantes llamadas amenazando la vida de sus hijos. Todo ocurrió en 2002. Un año de quiebre para Tovar y para Venezuela. 

El poemario es un muestrario de las asperezas limadas ante la sensación de erotismo. El cuerpo como signo humano se presenta, para Tovar, como el puente entre las disparidades ideológicas. Claro está, a la par del uso poético, el objetivo del activista de pelo canoso y boina negra es la liberación de Venezuela del “tiempo apocalíptico” marcado por el chavismo; una ideología arraigada en la silla del poder y que solo podrá salir, según su análisis, a través de una rebelión popular de gran magnitud. 

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