• El equipo de El Diario conversó con Francisco Javier Pérez, catedrático, lexicográfico y Secretario General de la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale) sobre el concepto de aporofobia y su relación con el contexto venezolano actual

La filósofa española Adela Cortina se preguntó en una entrevista para El País: “¿Realmente molestan los extranjeros o molestan los pobres, sean extranjeros o sean de la propia casa?”. Esta es la reflexión principal de Cortina para la escritura de su extenso ensayo Aporofobia, el rechazo al pobre: un desafío para la democracia (2017). El término proviene del griego “áporos” (sin recursos) y “fobia” (temor o pánico). La Fundación del Español Urgente (Fundéu) la consideró como la palabra del año en 2017. Para Cortina, la importancia del concepto reside en la enunciación de una realidad existente, histórica y recurrente que se pierde con el paso del tiempo por su ausencia lingüística. Es necesario nombrar lo que concierne al ser humano para establecer, posteriormente, una incidencia positiva en el estudio ético de la filosofía política y en el pensamiento social. 

“Existen otras realidades que son mucho más negras y nefastas, que son el mundo de los odios y el mundo de las fobias. No podemos señalar con el dedo el antisemitismo, la xenofobia, la cristanofobia, la islamofobia y todas las fobias que vayan pensando, incluida la misoginia. Son realidades a las que debemos ponerle una palabra, porque no podemos señalarlas con el dedo. Cuando les ponemos una palabra las reconocemos, las identificamos y, sobre todo, intentamos tomar posición frente a ellas. Pensemos si queremos cultivarlas o queremos, por el contrario, desactivarlas”, comentó Cortina en una charla TEDx en Valencia, España. 

El primer aspecto relevante de este concepto es la conformación de la palabra clasificatoria. Aquella que permite reconocer el hecho y la actitud en la realidad de los hablantes. Para Francisco Javier Pérez, catedrático venezolano, lexicógrafo y secretario general de la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale), en exclusiva para El Diario, la conceptualización bajo una lengua específica es una manera de ver el mundo, edificarlo, pensarlo, comunicarlo y modificarlo.

La conceptualización realizada por Cortina ante el rechazo de los pobres y los refugiados permite, en primera instancia, la posibilidad de reflexionar y cambiar la incidencia de la segregación en la democracia contemporánea. Los procesos migratorios de las últimas décadas, en un sensación a veces artificiosa de un mundo globalizado, han despertado la duda sobre el trato al otro, al diferente, al extranjero y al pobre. 

Foto: cortesía

Ahora, la pregunta es: ¿la pobreza es el único factor relevante para el rechazo? Para Francisco Javier este concepto es parte de la mezcla de aspectos contextuales de una situación migratoria y no debería aislarse del resto de significantes pertenecientes al rechazo.

Cuando hablamos de aporofobia, de rechazo a las personas pobres, surgen muchas dudas: ¿cómo se comprende esto? ¿El rechazo viene por el hecho de ser pobre o hay otros factores en juego? A mí me parece que ahí está la clave para comprender la problemática aguda que está detrás del concepto y su divulgación científica: procesos de rechazo social, discriminación y segregación en distintos niveles, pero, de alguna forma, están relacionados con el rechazo al pobre, al extranjero por el solo hecho de ser extranjero, de migrantes sin las documentaciones requeridas. No existe, para mí, la aporofobia en estado puro (solamente rechazo al pobre); se mezclan distintos tipos de rechazos históricos y asimilados anteriormente”, explica.

Es decir, el uso de la aporofobia en el lenguaje común y en la clasificación de procedimientos sociales es importante para determinar el rechazo que padecen millones de inmigrantes y refugiados. Pero es pertinente, según Pérez, reconocer que detrás de la expulsión existe una relación entre la xenofobia, el racismo, la aporofobia; entre otros tipos de rechazo. Cada uno de estos aspectos constituye la actitud específica ante la persona que llega a un país determinado. 

¿Cuáles son las diferencias entre migrante pobres y ricos? 

Uno de los ejemplos que usa Adela Cortina en su texto refiere a la inmigración calificada de médicos españoles en el Reino Unido y de jubilados ingleses en las costas del mar mediterráneo español.

Ambos son inmigrantes, extranjeros, que residen en países de acogida, pero no existe, según Cortina, una aversión a su residencia porque son parte del crecimiento económico de los dos países.

“Y es que no repugnan los orientales capaces de comprar equipos de fútbol o de traer lo que en algún tiempo se llamaban ‘petrodólares’ ni los futbolistas de cualquier etnia o raza, que cobran cantidades millonarias pero son decisivos a la hora de ganar competiciones. Ni molestan los gitanos triunfadores en el mundo del flamenco ni rechazamos a los inversores extranjeros que montan en nuestro país fábricas de automóviles, capaces de generar empleo, centros de ocio, a los que se da el permiso de fumar en sus locales y bastantes privilegios más. Y todo ese largo etcétera de aportaciones extranjeras que aumentan el PIB”, establece Cortina. 

Es una observación compartida por Francisco Javier Pérez. Ya que, ciertamente, la realidad del inmigrante es diferente cuando se le considera un “inversionista” o “mano de obra calificada”. Son personas que estudiaron, con incidencia en el crecimiento del PIB del país de acogida, que no supondrán grandes costos educativos para el Estado.

El que llega con dinero ya no es un inmigrante, es un inversionista. Ahí está la clave que yo considero perversa: si alguien viene con mucho dinero puede tener (dependiendo del país) la nacionalidad de una vez o la residencia. Ahí hablamos que el inmigrante está vinculado estrechamente con la idea de ser ilegal, extranjero, sin recursos y por eso ocurre el cóctel de fatalidad que produce el rechazo”, comenta Pérez.

La aporofobia en el caso venezolano

En el caso venezolano se reconocen distintas olas migratorias entre 2002 y 2020. En este momento, de acuerdo a las cifras presentadas por la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur), existen 5.400.000 venezolanos en calidad de refugiados o migrantes. 

La primera ola migratoria, entre los años 2002 y 2003, después del golpe de Estado y el paro petrolero, estuvo conformada por personal altamente calificado en las áreas de petroquímica y por altos inversionistas. En este momento Estados Unidos y España eran los lugares predilectos por los venezolanos. La segunda ola se establece entre 2006 y 2007, con una mayoría calificada. Y la tercera, y última por ahora, empezó en 2013 y se ha incrementado en los últimos años. 

De acuerdo con la investigación realizada por José Ramón Padilla, Carmen Cecilia Torres y Laura Michelena para el ensayo Migración: tendencia irreversible, para 2007, 31% de los venezolanos emigrantes estaban en la categoría de “profesional altamente calificado”. Convirtiéndose así en el primer país de Latinoamérica en porcentaje de emigrantes de este tipo. La migración cualificada se mantiene y para 2016 más de 883.000 profesionales venezolanos había emigrado; 90% con nivel universitario, 40% con maestría y 12% con postgrado y doctorado. 

Foto: colprensa

Durante estos primeros años del éxodo venezolano calificado la reacción principal era de regocijo para los países de acogida. Incluso, en 2010, el escritor colombiano Andrés Hoyo escribió una columna en El Espectador llamada “El desembarco”. En ella expone la llegada de la primera ola migratoria de Venezuela a Colombia. Una nación acostumbrada al exilio por la violencia y las desigualdades, pero desconocedora de inmigrantes. 

“Están por todas partes, ponen restaurantes, abren almacenes, instalan droguerías, invierten en negocios, compran apartamentos, perforan pozos y asisten con entusiasmo a cuanto evento (…). Son el desembarco venezolano, así sus integrantes no vengan en barco, sino en avión(…). Se les nota por los modales, los gustos y la energía que son burgueses acostumbrados a vivir bien y a trabajar. No se parecen a las demás migraciones vividas por nuestro país en las últimas décadas, motivadas más que todo por la penuria económica, por la falta de oportunidades y por la violencia”, escribió Hoyos. 

Al finalizar su artículo explica que, aunque “la burguesía” tiene sus fines claros, es un factor de crecimiento económico y cultural para los países de acogida. Es un ejemplo claro de la percepción del migrante venezolano bajo los cánones de la inversión y el trabajo calificado.  

No obstante, después de 2014 la población emigrante se democratizó por la crisis humanitaria e institucional. La escasez de alimentos, el aumento represivo de las fuerzas del régimen de Nicolás Maduro, la inflación exorbitante, la inseguridad, entre cientos de factores más, son las razones para calificar la nueva ola migratoria en Venezuela. Esto ha provocado distintas reacciones en los demás países del continente porque, como explica Cortina en su argumento ético, el pobre no tiene nada que ofrecer, aunque es parte de una mano de obra necesaria para el crecimiento obrero de una nación.

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De acuerdo con el informe presentado por Humans Right Watch (HRW), algunas naciones de Latinoamérica, entre 2015 y 2018, incrementaron las dificultades en los procesos migratorios.

“Sin embargo, más recientemente, algunos de estos gobiernos han adoptado progresivamente una línea más dura. Esto ha generado que sea más difícil para los venezolanos regularizar su situación migratoria. Algunas de estas decisiones podrían poner en riesgo los derechos de solicitantes de asilo venezolanos. Otra cuestión cada vez más alarmante son los incidentes recientes de violencia xenófoba, y un clima que podrían propiciar que esos ataques se incrementen”, puntualizó en informe.

El inmigrante venezolano: un chivo expiatorio 

En 2020 y 2021, con un contexto pandémico a cuestas, la realidad migratoria de los venezolanos se oscurece entre la bruma del rechazo, la segregación, la aporofobia y el maltrato físico. La economía se detuvo durante varios meses y todavía es inestable en la mayoría de los países del mundo. Venezuela, como era de esperar, incrementó la incidencia de la crisis en los hogares que, de acuerdo con las cifras de Encovi, 96% de ellos se encuentra en situación de pobreza y 76% en pobreza extrema. 

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En los primeros meses de la cuarentena obligatoria cientos de migrantes retornaron a pie a Venezuela por la dificultad económica provocada por la pandemia. Migración Colombia determinó que 58% de los venezolanos que ingresaron en 2019 se encontraban en situación irregular; y en Perú, 67% de los venezolanos trabajan en pequeñas empresas o en el comercio informal y 95% vive en pensiones rentadas; por lo cual un retraso de 15 días significa un pronto desalojo. 

Esta es una de las razones para su retorno, pero al llegar a Venezuela el discurso de Nicolás Maduro los catalogó de “trocheros” y los segregó a condiciones infrahumanas como defensa antes la expansión del virus. Por eso mismo, una encuesta realizada por la Plataforma Regional de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela (R4V), integrada por distintas organizaciones en Colombia, Chile, Panamá, Perú, Ecuador, Guyana, Brasil y República Dominicana expuso que 73% de los venezolanos en el extrajero sienten mayor temor de volver a Venezuela que mantenerse en los países de acogida, sea en la situación que sea.

En los últimos meses se han visto distintos casos de xenofobia y aporofobia hacia la migración venezolana en el contexto pandémico. Justo cuando las opciones de estos refugiados son ínfimas ante la persecución, la escasez, la inseguridad, entre otros factores. Por ejemplo, en noviembre de 2020 la alcaldesa de Bogotá argumentó la violencia en la capital colombiana con la presencia de los venezolanos. “No quiero estigmatizar a los venezolanos, pero hay unos inmigrantes metidos en criminalidad que nos están haciendo la vida de cuadritos”, dijo. 

Esto produjo una matriz de desinformación y rechazo sistemático; mientras que las cifras que presentó Migración Colombia establecieron que 4% de los delitos en el país los cometen extranjeros en general, no solo venezolanos.

Además, el organismo explicó que las cifras actuales del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec) de Colombia establecen que hay 2.700 extranjeros detenidos, de los cuales 1.500 son venezolanos, lo que representa el 0.8% del total de detenidos, y apenas el 0.62% del total de venezolanos en Colombia.

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“¿Es la migración responsable de la criminalidad en Colombia? No, porque no se puede explicar el fenómeno con el 1%. La población migrante, ni venezolana ni de otro país, es responsable de la criminalidad en Colombia”. Así lo señaló Francisco Espinosa Palacios, director de Migración Colombia, en ese momento. 

El 10 de febrero de 2021, deportaron de Chile a 138 personas, en su mayoría venezolanas. En el mes de enero ingresaron al país suramericano más de 3.600 personas por pasos fronterizos alternos a los cruces migratorios normales. Las autoridades chilenas alegaron que solo permitirían personas que hayan cumplido con los procesos migratorios; sin embargo, de acuerdo con la presidenta del Servicio Jesuita a Migrantes Macarena Rodríguez, ese “visado no se puede conseguir hoy día”. 

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Este factor ha provocado el ingreso de cientos de refugiados al país por pasos peligrosos y largos trechos por el desierto. La desesperación de estos migrantes los ha obligado a poner en peligro su vida. Y la respuesta del gobierno chileno, tanto por el contexto pandémico como por el incremento en la tasa migratoria, ha sido la creación del decreto 265, que permite la participación de las Fuerzas Armadas en las labores de control migratorio. 

Para Francisco Javier Pérez este tipo de comentarios producen una legitimación de la xenofobia y la aporofobia cuando la realidad, amparada bajo el argumento estadístico, es todo lo contrario. “Las personas que huyen de su país para ir a otro van con una esperanza. Yo creo que la mayoría de estas personas tienen la voluntad de instalarse, trabajar, poder crecer con tranquilidad, no creo que vayan con la idea de vivir de los favores de los gobiernos o ser delincuentes. Entonces, los discursos políticos han sido muy desventurados porque han creado una matriz de opinión negativa y egoísta”, agrega.

La aporofobia es un concepto pertinente para entender las reacciones de acogida ante la migración, un proceso tan antiguo como la humanidad misma. Permite encontrar puntos de reflexión en el contexto político y social actual; además de establecer un camino para el reconocimiento de las diferencias como un factor importante en la evolución de cada país. Tanto Cortina, desde sus textos, y Francisco Javier, desde la conversación, reconocen que una de las formas para desactivar la incidencia de este tipo de rechazos es a través de la empatía, el estudio y entendimiento del otro bajo las máximas de la dignidad humana. 

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