• Antes considerado como uno de los principales aliados de la diplomacia venezolana, desde la llegada de Hugo Chávez al poder y con la continuidad de Nicolás Maduro, la relación con el país europeo ha atravesado varias crisis que se profundizan con la arremetida del régimen contra la ministra española de Asuntos Exteriores

Las relaciones diplomáticas entre Venezuela y España atraviesan una nueva crisis. Después de la visita de la ministra de Asuntos Exteriores del país europeo, Arancha González, a la frontera venezolana con Colombia, Nicolás Maduro atizó contra el gobierno español: “Ya basta de agresiones, se lo advertimos al gobierno de España a tiempo (…) Nosotros somos los hijos de Bolívar que expulsamos al imperio español de estas tierras para siempre. Los hijos de Bolívar victoriosos. Ayer invencibles, hoy invencibles por siempre”. La arremetida del jerarca del chavismo, aunque abre un nuevo capítulo de disputa, viene a tono con la tensión política entre ambos países desde la llegada de la “revolución bolivariana” al poder.

Maduro, en medio del altercado con la Unión Europea (UE) -ordenó la expulsión de la embajadora europea en Caracas, la portuguesa Isabel Brilhante, luego de que la UE impusiera sanciones a 19 funcionarios chavistas-, adelantó que revisará “a fondo” todas las relaciones entre Venezuela y España, “a todo nivel”. El gobierno español respondió con la convocatoria del encargado de Negocios de Venezuela en Madrid, Mauricio Rodríguez, con el fin de transmitirle su “decepción” por las declaraciones.

Foto: Schneyder Mendoza / AFP

No es la primera vez que las relaciones entre ambas naciones entran en revisión o bajo la amenaza de una ruptura. Con gobiernos conservadores del Partido Popular (PP); con administraciones socialistas como Felipe González o José Luis Rodríguez Zapatero; e incluso con una coalición de gobierno que incluye a Podemos, el partido cercano a la “revolución bolivariana”, el régimen chavista ha llevado al límite sus tensiones con España. Y viceversa.

Golpe de 2002

El detonante de una crisis diplomática continuada, con altos y bajos, tiene sus orígenes en 2002. Con el golpe de Estado a Hugo Chávez, el chavismo buscaría responsables no solo a lo interno, sino más allá de las fronteras venezolanas. Entre los acusados por los bolivarianos de estar detrás del intento de destituir por la fuerza a Chávez, estuvo el gobierno español que entonces presidía el derechista José María Aznar, del PP.

En una declaración conjunta entre Estados Unidos y España, sus gobiernos rechazaron los actos de violencia, así como su solidaridad con el pueblo venezolano y su deseo de que Venezuela entrara en la plena normalidad democrática cuanto antes. Contrario a países como Argentina, Brasil, Chile, México y Paraguay, no rechazaron abiertamente el golpe.

En el año 2004 surgieron los rumores. Terminada la Administración de Aznar, el nuevo titular del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación de España, Miguel Ángel Moratinos, declaró que el expresidente del gobierno español había girado instrucciones al embajador de España en Venezuela, Manuel Viturro, para apoyar el golpe de Estado. Tiempo después, Jorge Castañeda, ministro de Relaciones Exteriores de México para 2002, aseveró que el diplomático español, como el de Estados Unidos, estuvieron activos en consolidar la destitución de Chávez.

El chavismo se aferró a la teoría de la intervención española. Chávez lo calificó como un “gravísimo error” por parte de España, pero aseguró que el incidente quedaba atrás debido a que ambos países tenían “un presente de integración promisorio”.

Aznar siempre negó la participación de su gobierno en el evento del 11 de abril de 2002. En el año 2013, en la segunda entrega de sus memorias “El compromiso del poder”, reveló que incluso se lo llegó a decir a Chávez.

Por supuesto, es rotunda y absolutamente falso que España tuviera algo que ver en el intento de golpe de Estado en Venezuela”, escribió Aznar. “Yo mismo me encargué de decírselo personalmente a Chávez, cenando una noche en el restaurante La Rosa Náutica, de Lima, con motivo de la cumbre iberoamericana de la que el presidente peruano Alejandro Toledo era anfitrión. Hablamos claro. Muy claro”, prosiguió. “Le dije que estaba harto de sus acusaciones, e incluso fui un poco más lejos: ‘Mira, Hugo, si yo hubiera querido dar el golpe y lo hubiera organizado, te aseguro que tú ahora no estabas aquí´”.

Pero aquel altercado solo sembró profundas diferencias que tardaron en subsanar.

“¿Por qué no te callas?”

A pesar de que Chávez había asegurado que la tesis de la participación de España en el golpe de Estado en su contra era cuestión del pasado, años más tarde llevó sus diferencias a la XVII Cumbre Iberoamericana que se realizó en Chile en 2007. En su penúltima intervención, el entonces presidente venezolano reveló que durante una supuesta conversación que tuvo con Aznar durante una visita a Caracas, su par español le habría pedido cambiar su ideología socialista. Chávez se enfureció y atizó contra Aznar en plena cumbre:

“Aquel hombre (Aznar) allí develó todo el rostro horrible del fascismo, el racismo y todo lo demás; por supuesto, nosotros en Venezuela seguimos nuestro camino, no entramos a ese club porque somos humanos, y los fascistas no son humanos, tienen forma humana, pero no son humanos; yo creo que una serpiente es más humana que un fascista o que un racista; un tigre es más humano”, soltó.

El agravio del líder bolivariano hacia Aznar tuvo el rechazo inmediato del entonces presidente del gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, quien intervino para pedir respeto hacia el exmandatario español, argumentando que había sido elegido democráticamente por los españoles.

Fue allí cuando se produjo el choque. Chávez interrumpió a Zapatero constantemente, lo que generó la reacción del entonces rey de España, Juan Carlos I. Primero señaló a Chávez con un gesto de “tú”, mientras este exigía respeto hacia Venezuela. Ante las incesantes interrupciones de España, el Rey soltó una ya célebre frase: “¿Por qué no te callas?”.

La reacción del chavismo fue subiendo de intensidad. En un principio, Chávez solo respondió que no había escuchado la pregunta del rey, y que esperaba que esa situación no empañara las relaciones entre ambos países. Pero el mismo Chávez se encargó de hacerlo, a medida que el gobierno español intentaba rebajar las tensiones.

El 14 de noviembre de ese mismo año, Chávez volvió al ataque.

Las empresas españolas van a tener que empezar a rendir más cuentas y yo voy a meterles el ojo a ver qué están haciendo aquí, a todas las empresas españolas que estén en Venezuela”, dijo.

Semanas después del incidente, afirmó que, si el rey Juan Carlos I no pedía disculpas “por haberle agredido” en la XVII Cumbre Iberoamericana, tomaría “acciones”.

Chávez insistió en 2008, amenazando con que si “la derecha española ―en alusión al PP― volvía al gobierno de España”, nacionalizaría los bancos españoles en Venezuela.

Este episodio se habría subsanado ese mismo año, cuando Chávez aseguró que el rey de España lo habría felicitado después del referéndum constitucional que se celebró en Venezuela el 2 de diciembre de 2007, y esto había sido interpretado como una señal de distensión.

La era Maduro

Chávez y Zapatero supieron mantener relaciones estables durante sus gestiones. Incluso zanjaron de manera amistosa algunas polémicas. Entre ellas, en 2010, cuando la Audiencia Nacional de España afirmara que el gobierno venezolano colaboró en la relación entre la banda terrorista ETA y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Zapatero solo pidió información y no exigió explicaciones sobre la acusación, algo que celebró Chávez.

Foto: EFE

Pero cambiaron los gobiernos de ambas naciones y, con ello, se estableció una diplomacia más álgida. En 2013 el Consejo Nacional Electoral (CNE) venezolano declaró como ganador de las elecciones presidenciales a Nicolás Maduro. La oposición venezolana, liderada entonces por el candidato Henrique Capriles, denunció fraude electoral. El ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, José Manuel García-Margallo, no reconoció la supuesta victoria del elegido de Chávez, aceptando la teoría de la oposición venezolana. El presidente del gobierno español Mariano Rajoy tampoco envió al príncipe de Asturias a la toma de posesión, como es habitual. Ante esto, Maduro llamó a consultas a su embajador en España.

Las tensiones cobraron fuerza en un asunto que ni siquiera involucraba a Venezuela. Ese año, algunos países europeos negaron al presidente boliviano Evo Morales sobrevolar su espacio aéreo por una presunta orden de detención de la CIA estadounidense. Entre ellos Francia, Portugal, Italia y España –aunque este último negó que lo hubiera hecho-.

Maduro, aliado de Morales, atizó contra el presidente español Mariano Rajoy luego del suceso. “Lo que ha hecho el gobierno de España es infame, pretender revisar el avión de un presidente suramericano, ¿qué se cree ese presidente Rajoy, que los suramericanos somos esclavos de ustedes?”, dijo el jerarca del chavismo. Y continuó: “Nosotros vamos a evaluar nuestras relaciones con España, con el gobierno de España, no con el pueblo de España”.

Apoyo a la oposición

Luego de varias amenazas, las relaciones llegaron a un punto de ruptura luego de que el gobierno de España recibiera oficialmente a Lilian Tintori, esposa de Leopoldo López. Maduro interpretó como una “injerencia” en los asuntos internos de su país que Rajoy pidiera la liberación del líder opositor encarcelado ese mismo año, en 2014. Esto a pesar de que el presidente del gobierno español la recibiera en la sede del PP y no en la Moncloa.

Maduro ignoró este matiz. En un acto televisado señaló: “Ahí está el presidente Rajoy, abusador, metiéndose en los asuntos internos de Venezuela, cuando sencillamente no tiene moral para hablar de la Venezuela bolivariana. A Venezuela se le respeta, señor Rajoy, ¿me oyó? Vaya a hablar del desastre que usted está haciendo y de la tragedia en España contra el pueblo español. Con mi patria no te metas, Rajoy, Venezuela se respeta, ¿oyó? Bastante paciencia le hemos tenido a gente como usted, de ultraderecha, que viene ahora a apoyar a grupos responsables de la muerte de más de 40 venezolanos, responsables de los ataques terroristas. Viene usted a alentar desde España, desde Madrid, el terrorismo contra Venezuela”.

Inmediatamente después, el jerarca del chavismo emplazó a su entonces vicepresidente político y canciller, Rafael Ramírez, a revisar todas las relaciones con España. Pero fue un paso más allá y retiró a su embajador de España. Rajoy se limitó a decir, durante una entrevista televisiva, que él intenta llevarse bien “con todo el mundo”, pero que le gusta “la democracia”.

Foto cortesía

Una vez más, Maduro llamó a consultas a su embajador en España, Mario Isea, al que mantuvo cuatro meses fuera de su plaza. Maduro retomó los resquemores del chavismo con el expresidente Aznar. Lo responsabilizó por la muerte de más de un millón de iraquíes como consecuencia de la invasión del país árabe por parte de Estados Unidos y sus aliados. España respondió convocando al encargado de negocios de la Embajada venezolana, ante la ausencia del embajador, para presentar su queja.

Luego de la detención del alcalde de Caracas Antonio Ledezma, el gobierno español pidió al Ejecutivo de Maduro “un comportamiento acorde a un Estado de Derecho”. Tiempo después Rajoy recibió en Madrid a Mitzy de Ledezma, lo que desató la ira de Maduro y lo llamó “franquista”.

Pero el apoyo a la oposición venezolana no solo se produjo desde el gobierno central, sino también desde el Congreso de los diputados. En una moción presentada por el PP y apoyada por el PSOE, Ciudadanos y otras formaciones, el Parlamento español condenó al régimen chavista por la detención de dirigentes opositores venezolanos y pidió sus liberaciones.

Maduro reaccionó nuevamente llamando “racista” a Rajoy y amenazó con nuevas medidas contra España. “Ustedes lo buscaron. Por vía diplomática alerté durante meses al presidente Rajoy y a las Cortes de España”, dijo. “Si no saben mantener un respeto mínimo se acabó”, agregó. España convocó a Isea, a quien advirtió que las “declaraciones, insultos y amenazas” proferidas por Maduro contra España son “intolerables”.

Foto cortesía

Entre 2015, 2016 y 2017 la crispación aumentó. Maduro, durante varias alocuciones, insultó a Rajoy. “Sicario”, “basurita”, “imperialista”, “racista”, “colonialista”, “cobarde”, o “corrupto” fueron algunos de los insultos del líder chavista al presidente español durante esos años.

Últimos años

En los últimos momentos de Rajoy al frente del gobierno español, las tensiones volvieron a tocar un punto máximo. El régimen de Maduro declaró persona non grata al embajador español Jesús Silva Fernández “en virtud de las continuas agresiones y recurrentes actos de injerencia en los asuntos internos de nuestro país por parte del gobierno español”, según un comunicado emitido por la cancillería chavista. Se refería a las sanciones de la Unión Europea contra siete jerarcas del chavismo. El ministro español de Exteriores, Alfonso Dastis, advirtió que su país respondería “con proporcionalidad y reciprocidad”.

Las relaciones se restablecieron el 19 de abril de 2018, durante la crisis diplomática de Venezuela con Panamá y en medio de duras sanciones de la comunidad internacional contra el régimen.

El 26 de enero de 2019, en el contexto de la crisis presidencial de Venezuela de 2019, el presidente del gobierno español Pedro Sánchez instó a Maduro a la convocatoria inmediata de elecciones en el plazo de ocho días. En caso de no hacerlo –como finalmente ocurrió–, Sánchez reconoció a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela. Esto, a pesar de que el gobierno socialista de España había abogado por un cambio en las relaciones, al pasar de las sanciones a proponer un diálogo entre las partes en Venezuela.

A finales de 2020, los insultos de Maduro se afilaron contra Sánchez –aunque mucho más débiles que contra Rajoy–. El motivo: recibir a Leopoldo López en Madrid, quien antes se encontraba en la residencia de la embajada de España.

Foto: Inma Mesa (PSOE) / El País

“Siempre cometes errores con Venezuela, Pedro Sánchez, tu subestimación, tu desprecio por la realidad venezolana”, dijo el máximo representante del chavismo. Acusó al embajador Silva de aliarse con López para llevarlo al país europeo.

A pesar de los bandazos del gobierno de Sánchez –su vicepresidente, Pablo Iglesias, y otros representantes llamaron a Guaidó “líder opositor” y no presidente interino–, el chavismo vuelve a cerrar filas contra España. Lo que antes era considerada como una diplomacia cercana por la historia que une a ambos países, sigue distanciándose por las diferencias políticas.

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