• Hace dos años el régimen de Nicolás Maduro indultó a más de 100 opositores, entre ellos al exjefe del Despacho de la Presidencia interina de Juan Guaidó. En entrevista exclusiva a El Diario, cuenta los detalles sobre su reclusión en los calabozos del Sebin y la importancia de liberar hoy a los presos políticos restantes como parte de la lucha democrática de la oposición

“Cuando uno está preso es tratado como si fuera mercancía”, dijo Roberto Marrero ante las cámaras la noche del 31 de agosto de 2020. Entre abrazos y gritos de alegría de las personas que lo esperaban, el exjefe del Despacho de la Presidencia Interina de Juan Guaidó tenía a sus espaldas El Helicoide, sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin). Allí estuvo preso por año y medio, en un proceso rechazado por la comunidad internacional y reconocido como un acto de persecución política.

Marrero obtuvo su libertad ese día como parte de un grupo de 110 opositores a los que el régimen de Nicolás Maduro les concedió un indulto en el marco de las negociaciones previas a las cuestionadas elecciones legislativas de 2020. La mayor parte de los beneficiados fueron diputados de la Asamblea Nacional, quienes estaban en el exilio o asilados en embajadas por el allanamiento de su inmunidad parlamentaria. 

Pero también había presos políticos como el periodista Nicmer Evans o el sindicalista Rubén González. Además de ciudadanos como Antonia Turbay, detenida en 2019 tras la fuga del comisario Iván Simonovis solo por ser su vecina, y que estaba retenida en El Helicoide a pesar de tener boleta de excarcelación.

Dos años después de la medida, Roberto Marrero considera que actualmente Venezuela tiene más presos políticos que nunca. En entrevista para El Diario, afirmó que todos los venezolanos, de alguna u otra manera, son prisioneros del régimen. Un país convertido en cárcel y en cuya lista de espera, como la llama, no solo están aquellos excluidos e ignorados por los indultos. También hay perseguidos políticos, pacientes que mueren de mengua en los hospitales, trabajadores reprimidos por exigir sus derechos, y casi 7 millones de prófugos que han escapado en busca de mejores condiciones de vida.

Factura política

Roberto Marrero - Reuters
Roberto Marrero (derecha) junto al presidente interino Juan Guaidó (izquierda). Foto: Cortesía

Roberto Marrero ha sido testigo de gran parte de los acontecimientos políticos recientes como operador político de la Asamblea Nacional y el gobierno interino. Durante su detención solían confundirlo con un diputado, cosa que responde afirmando que pudo serlo, pues ganó en su circuito electoral en 2015, aunque el Consejo Nacional Electoral (CNE) rechazó su postulación días antes de los comicios. Aun así, se desempeñó primero como secretario del Parlamento, y luego como jefe del Despacho de Guaidó en 2019. Para la tensión política que se vivía en Venezuela entonces, realmente poco le habría servido la inmunidad parlamentaria.

La madrugada del 21 de marzo de 2019, varias comisiones del Sebin allanaron la casa del diputado Sergio Vergara, del partido Voluntad Popular. Justo en la casa vecina vivía Marrero, quien fue secuestrado por los encapuchados y, tras varias horas desaparecido, se confirmó su detención en El Helicoide. El entonces ministro de Interior, Justicia y Paz, Néstor Reverol, acusó al abogado de integrar una supuesta célula terrorista con el plan de asesinar a figuras importantes del oficialismo. Mostró como evidencia un lote de fusiles y explosivos encontrados en la vivienda de Marrero, aunque años después el exdirector del Sebin, Manuel Cristopher Figuera, reconoció que las armas habían sido sembradas por los mismos agentes. El régimen también lo señaló días antes de haber sido uno de los presuntos autores intelectuales del apagón nacional ocurrido las semanas previas a su arresto.

El rechazo de la comunidad internacional, y especialmente de Estados Unidos, se hizo notorio desde el primer día. Comenta que esto le dio un poco de tranquilidad, pues sabía que en un sistema que ya había detenido arbitrariamente a diputados y militares, el impacto mediático lo mantendría bajo la lupa de organizaciones como las Naciones Unidas. Sobre todo por tratarse del principal articulador y mano derecha de Guaidó, en un momento en que otras figuras cercanas al líder opositor también eran perseguidas por el régimen.

“Me quitaron el placer de compartir con mi hijo durante un año y medio, de estar con mi esposa. Estuve tras una reja con condiciones que no eran las adecuadas, en un cuarto sin ver el sol. Las visitas de los presos no se deben prohibir y me las prohibían a cada rato”, comenta. 

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—Entonces su detención no fue por las razones que le imputaron, sino para afectar  al gobierno interino.

—Tanto es así, que el general Figuera declaró públicamente que mi cárcel fue ordenada por Maduro para darle un golpe a Guaidó. No podían tocarlo por el tema de la inmunidad parlamentaria y el respaldo de los países, no era conveniente políticamente para ellos. Entonces quisieron darle un golpe a su equipo operativo, a la persona política, y ese fui yo. Ese era el riesgo. Que yo era una persona que componía, que mantenía relaciones con el Parlamento, los diputados y los partidos políticos y ese era mi gran peligro. 

Acuerdo fallido

Roberto Marrero: “Cuento con la suerte de estar vivo y libre”
Roberto Marrero a su salida de El Helicoide, el 31 de agosto de 2020. Foto: Cortesía

Jorge Rodríguez, quien en ese momento era el ministro de Comunicación del régimen, fue el encargado de anunciar el indulto a los opositores. Aseguró que se trataba de un gesto para “profundizar el proceso de reconciliación nacional” de cara a las elecciones parlamentarias, las cuales fueron consideradas como ilegítimas por la oposición.

“Esa fue una de las tantas políticas erradas de Maduro. Hizo ese indulto buscando legitimarse ante la Unión Europea para que fueran reconocidas las elecciones parlamentarias fraudulentas. Esa fue la idea: liberar a unos presos y meter a la oposición en la cuestión electoral, pero no sé si es que él no dominaba internamente las distintas corrientes del chavismo para la época, porque no logró darle un espacio a la oposición”, dice Marrero.

En ese momento algunos sectores liderados por Henrique Capriles y Stalin González mantenían conversaciones con el oficialismo en paralelo al conflicto sostenido con el Parlamento. De estos acercamientos se logró que días antes del indulto, el 28 de agosto, el diputado Juan Requesens saliera de El Helicoide con medidas cautelares. Aunque la idea era que a cambio ese grupo opositor participara en los comicios, Marrero señala que al final el propio régimen bloqueó las garantías ofrecidas y nunca se llegó a un acuerdo.

El resultado fue que la oposición en bloque se abstuvo de participar. Igualmente, la AN invocó el artículo 233 de la Constitución para aprobar su continuidad administrativa fuera de su periodo legal. En cuanto al Parlamento afín al régimen de Maduro, no obtuvo la legitimación que buscaba ante la comunidad internacional. “Ni la Unión Europea ni la ONU ni ninguno de los otros países reconocieron a ese Parlamento, porque es una elección fraudulenta. No se logró ninguno de los objetivos que quería Maduro”, acota.

Vecinos y hermanos

Resumen del sábado - Juan Requesens
Foto: Cortesía

Roberto Marrero recuerda que su arresto ocurrió un jueves, día en que los abogados suelen visitar a los presos en El Helicoide. Cuenta que desde la primera celda en la que estaba vio a un colega suyo caminar por un pasillo. Aunque no intercambiaron palabras, le reconfortó ver una cara conocida en medio de la incertidumbre. Un rato después escuchó una voz que lo llamaba desde la celda de al lado. Era Juan Requesens, quien tenía ya meses detenido allí.

Ambos fueron vecinos de celda por un largo tiempo, en el cual se apoyaron mutuamente. “Dentro de todo yo sentí un alivio que era alguien a quien yo conocía. Alguien que ha ido a mi casa como Juan Requesens, que nos unía un lazo de amistad, y que ahora es de hermandad. Escuchar esa voz amiga me dio una tranquilidad y me hizo sentir que no estaba solo”, rememora. 

El 4 de agosto de 2022 un tribunal sentenció a Requesens a ocho años de cárcel, siendo quien tuvo la pena más corta entre los acusados por el fallido intento de asesinato a Nicolás Maduro. Aunque actualmente cumple su condena en casa, las posibilidades de que pueda volver a prisión están más latentes que nunca. “El régimen sabe que él no es culpable. Saben que no tiene nada que ver con el caso del dron y lo culpan injustamente. Él debería estar libre. Además, nunca debió estar preso porque tiene inmunidad parlamentaria, y la sigue teniendo hasta que no haya una elección válida”, precisa. 

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Un día tras las rejas

Cárceles de tortura y centros clandestinos en Venezuela que nombra la ONU
El Helicoide, sede del Sebin y uno de los mayores centros de detención y tortura del régimen de Maduro. Foto: Cortesía

El ex preso político explica que su día a día en el Sebin estaba marcado por la rutina. Sin relojes ni contacto con el exterior, las actividades diarias eran clave para mantener la noción del tiempo. Por ejemplo, indica que sabía que ya había amanecido cuando escuchaba a los guardias caminar y abrir las rejas. Roberto Marrero pasó la mayor parte de su reclusión en una habitación de 2×2 metros, de la cual solo salía para la hora del gimnasio.

“Uno va no porque quiera hacer ejercicio, sino para poder salir. O estás en la celda, o en el gimnasio. Yo prefería ir. Entonces todos los días hay rutina y es un mecanismo de castigo, porque si pasa algo o usted se portó mal, le quitan el gimnasio”, agrega.

Uno de los momentos más felices para los reclusos eran los días de visita. Normalmente eran los miércoles, aunque en su caso eran los jueves y algunos domingos. Afirma que ya desde el día anterior estaba a la expectativa, pues era la única oportunidad que tenía para ver a su familia, o para que le dieran comida que no fuera la que repartían los carceleros.

“Es increíble cómo el ser humano termina acostumbrándose a todo. Había veces que yo deseaba que fueran ya las 7:00 pm para poder ir al gimnasio. ¿Cómo me puedo alegrar porque me abren la celda para ir a un gimnasio? Y era estar encerrado bajo techo en un sótano como lo es El Helicoide, con unas paredes de concreto que tienen como medio metro de grosor, pero salías”, cuestiona.

Al desatarse la pandemia de covid-19 en Venezuela, fue solo cuestión de tiempo para que se expandiera por el sistema carcelario, donde los reos están hacinados y carecen de un servicio de salud óptimo. Marrero asegura que todos los prisioneros del Sebin se contagiaron. Uno de ellos, enfermo ya de gravedad, fue entregado a su familia poco antes de fallecer. Al contarlo, el político hace una pausa y se queda reflexivo. 

Se crea una camaradería muy importante y allí hay unos hermanos, gente que conocí valiosísima, que está luchando porque los tienen injustamente 15 o 18 años presos. De verdad me siento afortunado por estar libre. En el exilio, que no es lo ideal, pero por lo menos estoy con mi familia. Ellos no pueden tener esa suerte”, apunta.
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Foto: Cortesía

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—Se dijo mientras usted estaba en el Helicoide que había sido víctima de torturas y maltratos; sin embargo, luego de ser liberado lo desmintió. ¿Cómo fue realmente su trato con los guardias del Sebin?

—Cuando tú estás preso estás a merced de ellos y no puedes hacer nada. Decir que me torturaron físicamente y me cayeron a golpes no es verdad. Cuando me aprehendieron, fueron más de 100 funcionarios, y ahí sí te puedo decir que fue el momento quizás más hostil, además de uno que otro incidente. Pero decirte que me torturaron, eso no ocurrió, al menos físicamente. Ahora, que me dieron 60 días sin visitas, me presentaron de manera extemporánea en el tribunal, me sembraron pruebas como fusiles y granadas y que se contradijeron durante el juicio, sí. Todo eso son violaciones de los derechos humanos y cualquier detención arbitraria es una forma de tortura. 

No fui tratado adecuadamente según los cánones de presos en el mundo; sin embargo, para lo que pasa en Venezuela como el caso de Fernando Albán o Rafael Acosta Arévalo que los asesinaron, o de Baduel, que le negaron el derecho a la salud hasta provocarle la muerte en presidio, creo que cuento con la suerte de estar vivo y libre”, prosigue.

La lista de espera

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Foto: EFE/ Miguel Gutiérrez

“Tenemos un problema grave, y es Maduro usurpando el poder. Él viola los derechos humanos y el más grave de todos, que es la libertad. En Venezuela el que no está preso está padeciendo, está en el exilio o está afuera. Somos ya 7 millones de venezolanos en el exterior”, señala Roberto Marrero, quien pocos meses después de su liberación partió a Estados Unidos.

Presos políticos en Venezuela

245

Es el número de presos políticos para el 29 de agosto de 2022, de acuerdo con el Foro Penal.
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Más de 9.000

Siguen sujetos a medidas restrictivas de su libertad, a pesar de estar excarcelados

El abogado señala que todavía queda pendiente una larga lista de presos políticos que el régimen se niega a liberar. Cita por ejemplo a los hermanos Rolando y Otoniel Guevara, acusados por el asesinato del fiscal Danilo Anderson y presos desde 2004. También los exfuncionarios de la Policía Metropolitana detenidos por los hechos del 11 de abril de 2002. De ellos, todavía siguen en prisión Erasmo Bolívar, Héctor Rovain y Luis Molina. Roberto Marrero afirma que por su tiempo de condena tienen derecho a optar por una medida sustitutiva de libertad, la cual les ha sido negada por los tribunales.

“Están en lo que yo llamo la lista de espera, que no es solo de presos, sino de familiares de víctimas como Fernando Albán, Robert Redman y Bassil Da Costa, entre tantos más. No podemos olvidar que este es un régimen que asesina a la gente que es disidente. A Óscar Pérez lo mataron a pesar de que ya se había rendido. ¿Cómo se puede hablar de derechos humanos con estos señores?”, asevera.

El dirigente político ve con preocupación las recientes medidas del gobierno de Estados Unidos en la que se flexibilizan algunas sanciones impuestas al régimen. Esto como incentivo para el proceso de negociación en México. A su juicio, es importante mantener los mecanismos de presión para forzar al oficialismo a cooperar. Y esto no solo desde el ámbito internacional, sino también a lo interno con la articulación de la ciudadanía y todas las fuerzas sociales y políticas. Desde los partidos opositores tradicionales, hasta movimientos identificados con el chavismo, pero que hoy son disidentes de la facción madurista que ocupa el poder.

“Todo pasa porque haya una democracia para poder trabajar todos estos temas. Por eso es tan importante la liberación de los presos políticos, porque sin eso no podemos tener unas elecciones creíbles, no va a haber un cambio de gobierno y no se van a arreglar los problemas de la gente”, reflexiona.

Las implicaciones legales de un “indulto presidencial”
Foto: Cortesía

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—¿Qué rol cree que deben tener los presos políticos dentro de la mesa de diálogo? ¿Deberían tener su propia representación, o la oposición ha hecho suficiente abordando este tema dentro de la agenda?

—Yo creo que el doctor (Gerardo) Blyde conoce perfectamente la Constitución, y lo que queremos es que la hagan cumplir. Gerardo es un buen representante, pero el problema es el régimen. Tienen que haber pruebas reales de liberaciones de presos políticos y no hace falta que tengan representación en esa mesa para saber que ese es el problema. No estoy en contra de la inclusión de sectores, pero es que puedes incluirlos a todos y si Maduro no tiene la voluntad para avanzar en la negociación, no vas a lograr nada. No es un problema de representación política, sino de buscar una solución. Venezuela no puede esperar dos años más, hasta el 2024, para que empiece el camino.

—¿Cree que las acciones de la Plataforma Unitaria actualmente están encaminadas a la salida de Maduro?

—Sí creo. Yo soy amigo de que hay que hacer las primarias, pero creo que hay que ponerles fecha. Tienen que ser ya para abril del año que viene, sí hay tiempo para hacerlas. ¿Que Maduro va a jugar adelantado? Bueno, pero nosotros no podemos poner los tiempos, porque el que decide el terreno de lucha es el que tiene la fuerza, y ese es Maduro. Él tiene las Fuerzas Armadas, que son las que ostentan el poder, pues si le retiran el respaldo a su gobierno no puede hacer nada, porque es ilegítimo.

Hay que ponernos de acuerdo. Hay que tener una renovación de la política en Venezuela y recobrar el valor del voto. Pero no hay que dejar de protestar y hacer presión. Creer que vamos a sentarnos gratis y hacer las primarias, dejar que Maduro nos ponga fecha mientras sigue metiendo gente presa y persiguiendo a los disidentes, eso es mentira que va a soltar el poder. El que no suelta un preso no suelta el poder”.

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—Acaba de culminar la gestión de Michelle Bachelet como alta comisionada para los Derechos Humanos de la ONU. ¿Cómo valora el trabajo que hizo con Venezuela?

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—Creo que el trabajo de la alta comisionada en líneas generales no fue malo. Obtuvo algunas victorias, creo que pudo haber hecho más. Pero el tema es que no es un órgano coercitivo, como sí lo es la Corte Penal Internacional, donde hay que poner el foco. Recordemos que este es un régimen forajido, y el informe (de la ONU sobre derechos humanos) fue muy negativo, al igual que el que redactó la Unión Europea sobre las elecciones de 2021. Al régimen le ha ido mal en todos los escenarios internacionales, y por eso creo que llega el momento de hacer presión entre todos y que no nos flaqueen las piernas.

Si ellos (el oficialismo) quieren negociar tienen que dar garantías, porque los venezolanos estamos cansados de que siempre lo estén alargando y postergando. La oposición tiene que ser muy firme al encararlos como una dictadura que no tiene palabra. Nosotros no podemos dar cheques adelantados. Si lo hacemos, no tenemos ninguna autoridad moral para que las democracias del mundo nos sigan apoyando.

Vale la pena

Roberto Marrero: “Cuento con la suerte de estar vivo y libre”
Foto: Cortesía Manaure Quintero

“Tengo 53 años, 20 de ellos adversando a este gobierno. Se me ha ido la mejor etapa de mi vida en esto, pagué año y medio preso, y sigo pensando que hay que buscar una solución, porque Venezuela se lo merece”, comenta Roberto Marrero. En los dos años que han pasado desde su liberación, asegura que el régimen de Maduro inició una nueva investigación en su contra, por lo que no puede regresar al país. De hecho, añade que las autoridades le incautaron todas sus pertenencias, incluyendo su casa.

No ha sido el único. Muchos de los indultados en tiempos recientes han sido objeto de inhabilitaciones políticas, reanudación de sus causas judiciales y hostigamiento. Incluso han sido detenidos, como en el caso de Freddy Guevara. Otros nuevos presos como el director de Fundaredes, Javier Tarazona, evidencian la política de represión conocida por abogados y activistas como “la puerta giratoria”. Mientras unos son liberados para fingir apertura política en momentos puntuales, otros son encarcelados después para mantener a la disidencia a raya.

Vasco Da Costa, activista del Movimiento Nacionalista y parte del grupo de liberados por el indulto, murió el 13 de agosto a causa de un accidente cerebrovascular. Estuvo preso por razones políticas en varias ocasiones, la última durante dos años en la cárcel militar de Ramo Verde. En cada una de sus detenciones fue víctima de torturas sistemáticas, llegando a sufrir el desgarramiento de un ojo que luego se convirtió en un tumor.

Aunque a su funeral asistieron varios activistas y compañeros de lucha, lo cierto es que su muerte no tuvo el impacto esperado en la opinión pública. Una evidencia de la desconexión que actualmente la ciudadanía parece tener con la política.

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—¿Ha sentido que todo por lo que pasaron usted y otros presos políticos fue en vano?

—No lo creo. Lamento mucho la muerte de Vasco, pues a pesar de que murió en libertad, fue una consecuencia de su presidio y de lo mal que la pasó. Estar preso es malo, es lo peor que inventó el ser humano. Si muchos lo vivieron en sus casas durante la pandemia, y aun así podían salir a tomar aire, imagínense encerrado en un cuarto 2×2 y con unos funcionarios que siempre te dicen qué hacer y cuándo.

La cárcel es inhumana, pero sí siento que valió la pena porque hay gente que no se nos torció. Compañeros que siguen ahí presos, o hasta el propio Guaidó que está dando la batalla. Eso es valioso. Eso es mentira que la oposición no sirve, es el discurso de la antipolítica con el que ganó Chávez. Yo no tengo problemas con que haya un candidato outsider, pero en Venezuela, en todos los estados, hay liderazgos valiosos que no se torcieron, que estuvieron allí firmes y le dijeron que no al alacrán. ¿Que lo podemos hacer mejor?, sí, y lo tenemos que hacer. Pero toda esta lucha vale la pena.

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