Los recuerdos de Luis Peche de aquel día se mantienen vívidos en dos imágenes. La primera es la de dos sujetos encapuchados bajando de un vehículo, uno de ellos en dirección hacia él; la segunda, del cañón de un arma apuntándolo a la cara. Lo siguiente en su memoria es un sonido y un pensamiento: el estruendo de las detonaciones y el instinto de arrojarse al suelo, esperando que ninguno de los impactos resultara fatal.
Ese 13 de octubre de 2025, el consultor político y el activista Yendri Velásquez sobrevivieron a un atentado cuando salían de su residencia en Bogotá, Colombia. Habían llegado allí para resguardarse de la represión en Venezuela, al igual que muchos otros disidentes al gobierno de Nicolás Maduro. Sin embargo, la misma violencia de la que escaparon los encontró en lo que creían era un lugar seguro. Fueron víctimas de un ataque armado cuyas causas y autores todavía se desconocen, y del que resultaron gravemente heridos.
Un mes después, las investigaciones para esclarecer el hecho continúan sin mayores avances, mientras Velásquez y Peche intentan recuperarse de las secuelas físicas y psicológicas. En entrevista para El Diario, Peche comparó lo ocurrido con una onda expansiva cuya magnitud todavía no acaba de procesar. No solo por sus implicaciones personales, sino porque expone el estado de vulnerabilidad en el que se encuentran los activistas venezolanos incluso fuera de su país.
“La recuperación es muy lenta. Es un proceso lento, pero la verdad es que lo tomo con mucha calma, con mucha serenidad. Yo puedo decir que estoy entregado al proceso, honestamente. Estoy entregado al proceso en el sentido de decir que pudo haber sido mucho peor. La verdad es que esto pudo haber sido… Yo podría no estar contándote esto en este momento. Hay personas que mueren de un solo disparo. Yo recibí seis y estoy contándolo y eso es un milagro”, contó.
Tiempos violentos
Velásquez y Peche pertenecen a una estadística invisible e incómoda dentro de los casi 8 millones de migrantes que integran la diáspora venezolana: la de los exiliados por causas políticas. En Venezuela, Yendri Velásquez desarrolló una importante trayectoria como defensor de los derechos humanos y activista del colectivo LGBTIQ+, sin embargo, el 3 de agosto de 2024 fue detenido en el aeropuerto internacional de Maiquetía cuando planeaba viajar a un encuentro del Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial en Ginebra, Suiza.
En ese momento el país estaba sumergido en una ola de violencia y persecución política contra opositores tras las elecciones presidenciales del 28 de julio. Los funcionarios del aeropuerto le dijeron que su pasaporte había sido anulado y por varias horas estuvo desaparecido hasta ser liberado la noche siguiente. En ese momento emigró a Colombia, donde solicitó protección como refugiado. Para noviembre de 2025, este trámite sigue pendiente sin una respuesta de las autoridades.

Por su parte, Luis Peche es internacionalista y director de la agencia de consultoría Sala 58. En mayo de 2025 debió salir del país también por razones de seguridad, luego de que su mejor amigo, el periodista Carlos Marcano, fuera detenido y enviado a la cárcel de Tocorón (estado Aragua). Fue acogido en Bogotá por Velásquez y otros activistas, quienes se convirtieron en su red de apoyo. Desde allí ambos mantuvieron sin interrupciones sus actividades en defensa de los presos políticos y los derechos de los venezolanos.
Durante este año Colombia ha vivido un nuevo ciclo de violencia política, con 166 líderes sociales y comunitarios asesinados hasta noviembre, así como ataques guerrilleros contra objetivos policiales y militares. El caso más destacado fue el magnicidio del senador y excandidato presidencial Miguel Uribe Turbay, quien recibió dos disparos en la cabeza el 7 de junio durante un mitin político en Bogotá y murió el 11 de agosto tras meses en Cuidados Intensivos.
“Que no te vayan a dar en la cabeza”
El 13 de octubre se conmemora en Colombia el Día de la Diversidad Étnica y Cultural, que coincidió además con un lunes, por lo que el feriado transcurrió con la parsimonia de un fin de semana largo. Esa mañana Peche salió a correr temprano, como solía hacer en Caracas cuando se preparaba para alguna carrera. Era su momento del día para aclarar la mente, y en esa ocasión encontró las calles despejadas, sin nada sospechoso que llamara su atención.
“La verdad es que no habíamos recibido ningún tipo de amenaza. Yo hacía vida en Bogotá de forma bastante normal, estaba intentando rehacer mi vida en esta ciudad, y no había sentido en ningún momento que algo de esta magnitud para nada podía llegar a pasarme. Sentía que era una ciudad segura y que estaba poniendo las cosas poco a poco en su sitio luego de la salida de Venezuela”, relata.
Compartía con Velásquez un apartamento en el barrio Los Cedritos de la localidad de Usaquén, al norte de la ciudad. Durante el resto de la mañana ambos trabajaron desde casa con normalidad, hasta que al mediodía Peche quiso aprovechar el feriado para hacer una diligencia en un centro comercial cercano. Velásquez le propuso acompañarlo y pidieron un taxi. Alrededor de las 12:15 pm la aplicación les notificó que el conductor ya estaba en camino, por lo que bajaron a la entrada del edificio a esperarlo.

Apenas estaban saliendo cuando un vehículo se detuvo y Peche pudo ver a tres hombres encapuchados a bordo, de los cuales dos se bajaron y fueron directo a atacarlos. Uno de ellos, al que describe como de tez morena y aproximadamente 1,85 metros de altura, lo apuntó a la cabeza y apretó el gatillo, pero el arma se trabó. “Tengo muy fijo en mi mente el sonido de cuando el arma se engatilló. Escuché cómo la persona intentó tres veces accionar el arma y fue a la tercera que comenzó a disparar y creo que eso fue lo que salvó mi vida”, aseguró.
En esos segundos cruciales Peche se lanzó a una jardinera de sansevieras que estaba a su lado. Cuando el arma finalmente disparó, una de las balas le rozó el abdomen, mientras que el resto le dio en las piernas. Escuchaba las detonaciones y las sentía en su carne, pero en su mente solo se mantenía un pensamiento. “Protégete la cabeza, que no te vayan a dar en la cabeza, que no te vayan a dar en la cabeza”, se repetía cubriéndose con los brazos.
“No nos detendremos”

Los atacantes dispararon 20 veces antes de huir en el mismo vehículo. Peche supo que seguía vivo al incorporarse y escuchar los gritos de su amigo. Ambos estaban completamente ensangrentados. Seis balas alcanzaron a Peche, mientras que Velásquez recibió ocho impactos en el hombro, piernas y abdomen.
Varios vecinos y personas de los edificios cercanos salieron a auxiliarlos de inmediato, y en cuestión de minutos llegaron también policías. Una persona que pasaba por allí en una camioneta los llevó a la Clínica Reina Sofía, a menos de 20 minutos del lugar. “La verdad es que esa rápida acción entre los funcionarios policiales, el conductor y la gente de la zona fue lo que me permite decir que hoy estamos con vida”, resaltó Peche.
A partir de allí, el consultor político califica las horas siguientes como “muy raras”. En todo momento mantuvo su teléfono consigo, por lo que contactó a su familia y principales amigos para informarles que estaba consciente y fuera de peligro. Poco a poco intentaba responder la avalancha de mensajes mientras presentaba su declaración a las autoridades y recibía atención médica. La situación de Velásquez era más delicada. Los disparos habían afectado su estómago, vejiga, cadera, hombro y rodilla, por lo que debió ser operado de emergencia.

El lugar se llenó de policías y funcionarios de la Defensoría del Pueblo colombiana para protegerlos y tomar sus denuncias. Desde su teléfono Peche pudo ver cómo sus nombres comenzaban a abarcar titulares en los medios de comunicación de Colombia, Venezuela y las principales agencias internacionales. “Era muy raro ver cómo la noticia comenzaba a rodar. La verdad es que vi en tiempo real la avalancha de mensajes. Pasé a tener miles de mensajes, muchas personas muy preocupadas”, acota.
Varias organizaciones no gubernamentales e instancias como Amnistía Internacional, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y las Naciones Unidas expresaron su consternación por el ataque. El líder opositor venezolano Edmundo González y la premio Nobel de la Paz María Corina Machado también condenaron públicamente el hecho, enviando su solidaridad con los afectados.
En medio de huracán de incertidumbre por su situación, Peche publicó en su cuenta de X un mensaje que convirtió luego en un manifiesto de resistencia: “Hacer política, defender derechos humanos o hasta opinar sobre lo que pasa en Venezuela puede ser causa de asesinato, ya no solo dentro del país. Hoy mi hermano de vida @yendrive y yo lo vivimos en carne propia. Todavía lo estoy procesando, pero lo más importante es que afortunadamente estamos contándolo. Gracias a todos los que han escrito. No nos detendremos”.
Partido a partido

Peche y Yendri llevan en sus brazos el mismo tatuaje con la frase “partido a partido”. Esas eran las palabras que solía decir su amigo Carlos Marcano, periodista detenido el 23 de mayo de 2025 por la Policía Nacional Bolivariana (PNB) y acusado de conspiración por el gobierno de Maduro. Era su mantra tanto en el fútbol como en la política para decir que las cosas se resolvían poco a poco, un paso a la vez, y decidieron llevarlo en la piel para homenajearlo cuando cumplió 100 días en prisión.
Y así, partido a partido, ambos han sobrellevado también el largo proceso de volver a la normalidad este último mes. Peche se tuvo que someter a dos intervenciones quirúrgicas, la primera para engrapar una herida abierta en su muslo derecho; y la segunda, de varias horas, para extraer una bala alojada en su pie izquierdo y colocar un fijador. En ese pie presentó cuatro fracturas que aún requieren nuevas operaciones. Por su parte, Velásquez también se ha recuperado progresivamente.
Para correr nuevamente pasará un tiempo, pero Peche lo toma con calma. Lo primero será volver a caminar. “Me siento tranquilo, entregado al proceso, que sea el tiempo que tenga que ser, porque cualquier tiempo obviamente es mejor que haber perdido la vida”, comenta.

Lo que sí le costará más recuperar será la confianza que sentía por la seguridad de Bogotá. El mismo día del atentado, el teniente coronel de la Policía Nacional de Colombia, Ricardo Chaves, informó que el vehículo involucrado fue encontrado en la localidad de Suba, al noroccidente de Bogotá. Se trató de un Mazda 626 Matsuri modelo 1995, de color perla, y en su interior se hallaron dos pistolas presumiblemente usadas en el ataque.
De acuerdo con el Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) de la Fiscalía colombiana, los videos de seguridad recogidos revelaron que el auto salió del mismo edificio en el que Velásquez y Peche residían. De hecho, el diario colombiano El Tiempo señaló que el CTI también descubrió que los atacantes usaban un apartamento apenas unos pisos abajo, por lo que posiblemente tenían tiempo vigilando a sus víctimas. Peche asegura no tener mayor información al respecto que la ya publicada por la Fiscalía.
Respuestas contundentes

Desde el ataque contra Velásquez y Peche, varios activistas venezolanos exiliados en Colombia han manifestado ya no sentirse seguros. Apenas unos días después, el 15 de octubre, la directora de la fundación Juntos se Puede y exmilitante del partido opositor Voluntad Popular, Ana Karina García, denunció que su asistente fue asaltada por dos venezolanos quienes le preguntaron si trabajaba con ella antes de quitarle su celular.
Tanto la oposición venezolana como activistas en la diáspora han asegurado que el atentado se trató de un acto de violencia transnacional posiblemente vinculado al gobierno de Maduro. Algunos incluso lo compararon con el caso del teniente Ronald Ojeda, militar disidente quien fue secuestrado el 21 de febrero de 2024 en Santiago de Chile, y luego asesinado por miembros del grupo criminal Tren de Aragua. Hasta el momento la Fiscalía chilena aún investiga si pudo tratarse de un sicariato ordenado desde Venezuela.

Aunque la Defensoría del Pueblo y la Fiscalía colombianas han manifestado su compromiso por resolver el caso de Velásquez y Peche, la respuesta no ha sido tan contundente por parte del gobierno de Gustavo Petro. El día del hecho, el presidente izquierdista apenas se pronunció en X citando una publicación de la Defensoría. Sin referirse directamente a ellos, se limitó a decir que la Unidad Nacional de Protección (UNP) ampliaría su cobertura a defensores de derechos humanos “de cualquier país del mundo”, y que los venezolanos eran libres de asilarse en Colombia “independientemente de sus ideas”.
Desde el gobierno venezolano no hubo pronunciamiento formal del Ministerio Público ni de ninguna institución del Estado. Tan solo hubo comentarios difamatorios de algunos voceros oficialistas para minimizar el ataque y negar que tuviera un trasfondo político. Velásquez y Peche no solo los desmintieron, sino que desestimaron cualquier expectativa de encontrar justicia de ese lado de la frontera.

Sin embargo, sí esperan una respuesta urgente de las autoridades colombianas. En una carta abierta publicada por ambos el 13 de noviembre, reconocieron la protección brindada por el Estado, pero instaron a la Fiscalía a que avance con celeridad en el esclarecimiento del caso. Allí, aseguran que en efecto fueron víctimas de la represión transnacional, por lo que más que temer por su seguridad, les preocupa que pueda repetirse con otros compañeros.
“Este hecho no puede quedar sin respuesta. La impunidad no solo nos pone en riesgo a nosotros, sino que envía un mensaje preocupante a toda la comunidad de activistas y defensores de derechos humanos venezolanos que hoy se encuentran en territorio colombiano. El silencio o la inacción institucional pueden interpretarse como tolerancia frente a la violencia política transnacional, una realidad que exige respuestas contundentes por parte del Estado”, reclaman.
Peche considera que el hecho de seguir respirando es un milagro de José Gregorio Hernández, el médico venezolano que ese mismo mes fue oficializado como santo por el Vaticano. Y mientras espera por la justicia, el internacionalista agradece a todas las organizaciones que se han solidarizado con él y lo han apoyado durante este mes. También a todos los amigos y familiares que han sido su círculo de contención en los días difíciles, y que lo han acompañado en ese largo e incierto proceso que es retomar la vida después de volver a nacer.
