• Además de enfrentarse a la nostalgia de dejar su vida atrás, los inmigrantes venezolanos también deben padecer el rechazo y la violencia provocada por la xenofobia

La migración venezolana ha significado un desequilibrio en América Latina. Según cifras de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), 4.000.000 de venezolanos han dejado su país debido a la creciente crisis.

El masivo desplazamiento de venezolanos que ha abarrotado las carreteras del continente produjo una reacción negativa en los habitantes de cada uno de los países receptores debido a que se han suscitado algunos casos de delincuencia e indigencia. Tanto para estos migrantes como para los habitantes receptores, la aparición de este problema significa un desequilibrio en su rutina.

La xenofobia hace referencia al rechazo o aversión de otra persona, simplemente, por el hecho de ser extranjero. Esta reacción negativa, notable en los países del continente latinoamericano, construye el discurso xenófobo.

Últimamente los venezolanos se han visto afectados por este fenómeno. En algunas zonas incluso se pueden leer carteles donde se prohíbe la entrada de venezolanos a locales o comercios y en casos extremos, hasta los golpean y agreden verbalmente.

El sociólogo venezolano Tomás Páez Bravo explicó para El Diario que los actos xenófobos pueden ser consecuencia de cómo se maneja la migración venezolana en la prensa y por ello señaló que se debe concientizar a los medios de comunicación de cualquier parte del mundo para que le den un mejor trato a la noticia y así evitar este tipo de actos. “El manejo de la prensa contribuye”, apuntó.

Ante los recientes ataques a venezolanos en Perú, Amnistía Internacional, también le pidió a los medios de comunicación informar de manera responsable la situación migratoria de los venezolanos para evitar que se promueva la xenofobia. De igual forma, el organismo exhortó a las autoridades peruanas a que se abstengan de usar discursos discriminatorios que inciten a la violencia.

El especialista en temas migratorios también considera que la salida de venezolanos de su país no va a disminuir, pues las principales y verdaderas razones por las que estos huyen como la inseguridad, la escasez de comida y medicinas y la crisis económica , no se han resuelto. Asimismo, afirma que esto influye más en la decisión de salir de Venezuela que los actos xenófobos que puedan existir en los países a donde pretenden emigrar.

Testimonios de la discriminación

Mauricio Barrueta, venezolano residente en Panamá, explicó para El Diario que, aunque trataba de disimular su acento para evitar represalias en la empresa en la que trabajaba sus compañeros llamaron a migración cuando se enteraron de su nacionalidad.

“Tuve que desalojar las instalaciones por el hecho de ser venezolano”, agregó.

Otro venezolano, que prefiere mantenerse en anonimato y es también residente en el país centroamericano, relató que él y su esposa trabajaban los fines de semana en un autolavado de la capital panameña. Un día, mientras cumplían con su horario de trabajo, un ciudadano panameño le preguntó a su esposa sobre su nacionalidad. Cuando ella respondió que era venezolana, este hombre le dijo, con un tono burlesco y agresivo, “todas ustedes son unas perras, porque no se va para su país. Aquí ya hay muchos”. Con los ojos aguados y aguantando las palabras para no perder su trabajo, decidió quedarse en silencio ante los insultos.

En Colombia, el país con mayor inmigración venezolana en la región, una residente venezolana contó para El Diario que sufrió malos tratos en su lugar de trabajo por su nacionalidad. Explicó que sus compañeros la insultaban por su acento y que cada vez que cometía un error, le gritaban “venezolana”, dando a entender que por su procedencia era incompetente. Luego, en un partido de fútbol entre Venezuela y Colombia, señaló que un compañero le dijo: “Ya no eres venezolana, tienes que apoyar a Colombia. Tienes que hablar, comer, vestir, pensar como nosotros. No eres nadie”.

Después de vivir “un infierno”, como lo catalogó la joven, fue despedida. Sus antiguos jefes se encargaron de llamar a todos los lugares de trabajo para desprestigiarla por su nacionalidad, alegando que los venezolanos eran “flojos y ladrones”.

En la última década los venezolanos se transformaron en la población inmigrante más numerosa del continente. Según Acnur, los venezolanos que solicitaron la condición de refugiados aumentó 8.000% desde el año 2014.

En ese sentido, Colombia ha sido el país que más venezolanos ha recibido en los últimos años, con una cantidad de 1.298.300; seguido por Perú, que ha recibido 806.875 venezolanos; Chile, donde residen 288.233; Brasil, con 168.357; Argentina, que cuenta con 145.000 y Panamá, con 94.400. El resto está esparcido por Europa, Estados Unidos, los países caribeños y otras naciones centroamericanas.

El caso más reciente de xenofobia se regristró en Perú, donde se han hecho numerosas denuncias a través de Twitter sobre venezolanos que han sido agredidos verbal y físicamente en sus áreas de trabajo o en las calles.

Wilson García, portavoz del partido Voluntad Popular en Zaragoza, España, dio a conocer un video en el que fuerzas de seguridad peruanas golpeaban a un venezolano fuertemente. Presuntamente el ciudadano vendía café y arepas en las calles, pero no poseía el permiso laboral requerido.

En una encuesta que realizó el diario El País, para febrero de 2018, la opinión de los habitantes en Lima sobre los venezolanos era 49% positiva, mientras que para septiembre de ese mismo año el porcentaje bajó más de 10 puntos, ubicando la percepción sobre los migrantes venezolanos en 55% negativa.

La encuesta reveló que para abril de 2019, la opinión de la ciudadanía en Lima era 69% negativa porque la presencia de venezolanos aumentaba la delincuencia y el desempleo, de acuerdo con la conclusión de los datos de la encuesta.

Recientemente el gobierno de Perú activó planes migratorios para los venezolanos, como la exigencia de una visa humanitaria que deben pedir en los consulados peruanos en Venezuela, esto como medida para tratar de controlar el gran flujo de ciudadanos venezolanos que ingresan diariamente a Perú. De igual forma, el gobierno de Chile implementó en junio la exigencia de una visa turista para los venezolanos que desearan entrar en su territorio.

La noche de los vidrios rotos

El 19 de enero se hizo viral el video de un hombre de nacionalidad venezolana que apuñaló hasta la muerte a su pareja, de nacionalidad ecuatoriona, en la plaza principal de la localidad de Ibarra, Ecuador. El asesinato causó que la población reaccionara contra todos los venezolanos de la localidad y se desencadenó una persecución contra ellos.

Daniel García, un comerciante de 25 años que se encontraba en Ibarra, declaró al New York Times que al enterarse de la situación, él y sus cinco compañeros de habitación cerraron todas las puertas, pero no fue suficiente para detener a la muchedumbre.

“Gritaban:‘Matenlos, asesinos, les vamos a sacar la madre’”, explicó el joven venezolano. En el resto de la ciudad se repitió esta situación, donde los venezolanos fueron desalojados de sus residencias, golpeados e insultados.

El periodista Fernando del Rincón publicó un video alusivo a la persecución de venezolanos en dicha localidad en su cuenta de Twitter:

Luego de este suceso, el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, publicó un tuit en el que abogaba por la creación “inmediata de brigadas para controlar la situación legal de los inmigrantes venezolanos en las calles, en los lugares de trabajo y en la frontera”.

Esta medida tomada por el gobierno nacional agravó las persecuciones y maltratos a los venezolanos que no tenían ninguna responsabilidad en el hecho.

La llegada de miles de venezolanos abrió la puerta a categorizar la inseguridad, la falta de empleo y demás problemas de las naciones receptoras, creando consecuentemente rechazo ante cada venezolano.

El pasado 31 de mayo el doctor Wilfredo Bello publicó en su cuenta de Twitter un video, grabado por una joven venezolana, en el que figuran dos mujeres ecuatorianas insultándola. “Larguense de nuestro país, venezolanos. Son una escoria”, es uno de los insultos enunciados por una de las señoras.

Por otra parte, en Panamá, la diputada por el Partido Revolucionario Democrático (PRD) y vicepresidenta del Congreso, Zulay Rodríguez Lu, presentó el 9 de julio un anteproyecto de ley para acabar con “el desorden migratorio”. Ante la Asamblea Nacional de ese país, la diputada exclamó que los extranjeros, específicamente venezolanos: “nos han quitado y nos están robando nuestro país. Los excluidos somos nosotros, así que ya vamos a tomar determinaciones. No podemos permitir el ingreso de personas que no conocemos. Estamos creando la Unidad Migratoria de Campo para que analice y le den seguimiento a quienes se les ha dado ese permiso, vamos a fiscalizar quienes están en nuestro país y si cumplen o no con los requisitos”.

El anteproyecto de ley reza que aquellos extranjeros que pongan “en peligro” las plazas de trabajo y que hayan cometido “ofensas administrativas” serán expulsados por 15 años del país centroamericano y procura culpabilizar a los extranjeros, en su mayoría venezolanos, de todos los problemas que surgen en la nación panameña.

En relación con la inmigración venezolana, Rodríguez Lu, en una entrevista para NTN24, exclamó: “(Los venezolanos) allá con Maduro no se enfrentan, no insultan a Maduro, no pelean sus derechos, pero vienen aquí a Panamá a insultarnos, a calumniarnos y a difamarnos”.

Venezuela en el pasado fue un receptor de inmigrantes debido a su crecimiento económico y las oportunidades que brindaba para aquellos que se habían visto en la obligación de salir de sus países de origen por gobiernos totalitarios, guerras o crisis. Cada uno de los casos de xenofobia contra los venezolanos demuestra la dificultad que se vive ante un proceso migratorio extenso y traumático. Más allá de la nostalgia, de las largas caminatas u horas en autobús, del llanto y la pena, los venezolanos tienen que enfrentarse al las trabas y al rechazo de los ciudadanos que no comparten su nacionalidad.

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