• En la ciudad capital los llamados “perrocalenteros” deben trabajar sin hacerse notar, ya que la policía no permite que vendan ni siquiera en la modalidad de delivery, como hacen los restaurantes y las cadenas de comida rápida desde que inició la cuarentena

Casi 47 años ininterrumpidos tiene Alfonzo Restifo, mejor conocido como “Rulo”, dedicado a la venta de perros calientes. En Caracas su carrito es popular, lleva el mismo nombre de su apodo. Está ubicado detrás del centro comercial El Tolón, en la avenida Orinoco de Las Mercedes. Se reconoce a simple vista porque siempre luce repleto de clientes, al menos así era hasta que el lunes 16 de marzo del año en curso entró en vigencia el decreto de cuarentena para evitar la propagación del covid-19. 

El confinamiento ha supuesto un golpe duro para los sectores económicos, pero especialmente para los trabajadores informales. En el caso de los vendedores de perros calientes, no se les ha permitido trabajar en gran parte del decreto, ni siquiera con la modalidad del delivery con la cual han podido seguir operando los restaurantes y las cadenas de comida rápida. 

Carrito de perros calientes
Foto: Fabiana Rondón

Hace unos meses, algunos decidieron aventurarse y comenzar a vender pese a las restricciones. Su justificación es el hambre. Si no trabajan, no comen. 

Los perros calientes de “Rulo” 

Desde que inició la cuarentena, la esquina del este de Caracas donde “Rulo” vendía sus famosos perros calientes quedó desierta. No le permitieron trabajar con su carrito en los primeros meses, así que decidió ubicar un cartel con sus datos en el lugar y ofrecer sus productos para llevar.

En el último mes esta nueva forma de venta ha ido variando. En ocasiones puede trabajar por largas jornadas, pero en otras la policía le pide retirarse del sitio. Hace dos semanas podía ubicar el carrito de perros calientes en la esquina donde habitualmente vende, pero debido al aumento de casos por covid-19 en la Gran Caracas ya no se lo permiten. 

Ahora opta por un nuevo mecanismo: deja un trabajador en la esquina de la avenida Orinoco para que ofrezca los perros calientes y cuando llega un cliente lo dirigen al galpón que está ubicado cerca, donde actualmente preparan la comida. Así ha logrado continuar generando ingresos. 

Ignorados en el 7+7 Desde que inició el esquema 7+7 para la flexibilización de la cuarentena, el régimen de Nicolás Maduro ha aprobado que 23 sectores (además de los esenciales) puedan trabajar cada siete días, actualmente esto solo aplica para los estados exceptuados de la cuarentena radical. Los vendedores informales no han sido incluidos en estas medidas.

“No les quito la razón (a los policías), pero es incómodo para uno que vive del día a día. Nosotros duramos tres meses parados, ahora estamos rotando a los trabajadores para evitar despedirlos”, cuenta “Rulo” en entrevista para El Diario

Este nuevo mecanismo de venta no ha impedido que la clientela disminuya. A “Rulo” no le gusta decir cuánto vendían normalmente, pero enfatiza que desde el confinamiento ha mermado la compra “muchísimo”. A esto se suma el alza de los ingredientes que utiliza, eso no lo ha detenido la cuarentena. 

“Los precios de los materiales han subido una barbaridad. En  enero yo compraba 100 cajas de salchichas que valían Bs 125.000.000. Ahora con esa cantidad solamente compro 25 cajas, y yo trabajo con productos de calidad”, explica Rulo, quien por ahora continuará con su modalidad de delivery, generando ingresos, así sean pocos. Anhelando que los mediodías de colas de clientes alrededor de su carrito de perros calientes regresen pronto. 

“Nos tratan como si vendiéramos drogas” 

-“A la orden. Seguimos trabajando. Pida para llevar”, desde hace unos meses esa es la frase que repite insistentemente Luis Niño, dueño de “Pepitos y algo más”, un carrito que vende perros calientes, hamburguesas y pepitos en la avenida principal Las Mercedes, cerca de la bomba de gasolina (antigua Texaco). 

Luis define las ventas antes de la cuarentena “como un paraíso”. Le llegaban muchos clientes, especialmente los fines de semana cuando las personas salían de madrugada de clubes nocturnos ubicados en la zona. Ahora el panorama es otro. 

Carrito de perros en Las Mercedes
Foto: Fabiana Rondón

“Hay que hacer milagros para vender, hay que estar pegando gritos a la gente para que sepan que estamos trabajando”, cuenta en entrevista para El Diario. 

Las ventas bajaron y poder trabajar a diario se volvió un reto. Pesea que al igual que Rulo ofrece el servicio de delivery y la opción de comida para llevar, la policía recorre con frecuencia la zona para verificar que todo esté cerrado, lo que dificulta que pueda hacer su trabajo con normalidad. 

Luis compró un carrito más pequeño y lo ubicó cerca de su negocio, allí con todas las medidas de bioseguridad, sus trabajadores (que ahora tiene turnos establecidos) preparan los productos que las personas piden por delivery o para llevar. 

En el carrito principal –el que está ubicado en Las Mercedes– solo está Luis, quien es el encargado de tomar los pedidos. Pese al esfuerzo las ventas han disminuido y la policía continúa sin dejarlos trabajar de forma regular.

La policía no nos quiere ver aquí parados, nos dice que arranquemos, como si fuéramos unos delincuentes, yo tengo que comer. Cuando llega la patrulla a uno le toca esconderse para que vean que no hay nadie (…). Tenemos que cuidarnos de ellos (los policías), que los clientes no se acerquen al carro, llevarlos lejos para concretar la compra. Nos tratan como si vendiéramos drogas”, expresa Niño indignado, pero también esperanzado en que las cosas mejoren pronto.
Perros caliente por delivery
Foto: Fabiana Rondón

El panorama cambió en “La calle del hambre”

A las 5:00 pm de un viernes cualquiera, la famosa calle del hambre en Plaza Venezuela ya estaba repleta. Varios carritos ofertando perros calientes, pepitos y hamburguesas, mientras los clientes pasaban con regularidad. Pero con el confinamiento, el horario y el día ya no influye en el ambiente de la famosa zona. Ahora la calle luce desierta. 

No se observaban carritos de perros calientes, en su lugar solo hay algunos vendedores con los menús en mano para ofrecer productos para llevar. La modalidad es la misma que en Las Mercedes, la preparación la hacen en un local cercano. El cliente solo pide, cancela y el trabajador le acerca el pedido. 

Jorge Luis Ramos trabaja en “El Mollejuo” y se ubica diariamente cerca de la torre la Previsora, en Plaza Venezuela. Allí ofrece el menú a los transeúntes. Afirma que la clientela no es la misma que hace unos meses, pero igual sigue vendiendo. “Poco, pero se vende”.

La calle el hambre
Foto: Fabiana Rondón

“Gracias a Dios siempre llegan clientes, no como antes de la cuarentena, pero llegan. Estamos vendiendo muchas hamburguesas. Los precios sí han subido un poquito por la cuarentena”, expresa. 

Sobre la presencia policial, Ramos dice que es constante. En ocasiones le piden que se retiren alegando que no tienen permitido trabajar, en otras los dejan hacerlo. Así han sorteado estos dos últimos meses de cuarentena. Esperan seguir haciéndolo en los que están por venir. 

Al otro extremo de la ciudad capital, en el municipio Baruta, hay otra de las populares “calles del hambre”. En la actualidad luce desolada, atrás quedaron esos días de gran afluencia de personas y comercios abiertos. 

Calle el hambre, en Baruta
Foto: Fabiana Rondón

En aquella calle solo un local tiene su santamaría entre abierta. Los empleados tratan de vender para generar ingresos económicos, pero las autoridades no lo permiten. Las medidas se intensificaron a mediados de julio. 

Venta de perros calientes, hamburguesas y pepitos
Foto: Fabiana Rondón

Anteriormente podían ofrecer su servicio por delivery o para llevar, ya se les dificulta por las restricciones. Pese a ello, algunos comerciantes se arriesgan y siguen intentando vender. 

Carrito de perros calientes cerrado

En otras zonas –como en el municipio Chacao– no hay presencia de vendedores de perros calientes. A lo largo de la avenida Francisco de Miranda no se ven los carritos estacionados en la acera, tampoco trabajadores ofreciendo el menú, como lo hacen en Las Mercedes o Plaza Venezuela. 

En Altamira se observan algunos carros estacionados, pero desiertos. No hay ventas. En esta zona de la ciudad las medidas han sido más restrictivas. 

Carrito de perros calientes cerrado
Foto: Fabiana Rondón
Carrito de perros calientes cerrado
Foto: Fabiana Rondón

Hay distintos panoramas del sector en toda la ciudad capital, pero un indicador que se repite: la poca disposición de las autoridades en permitir que los vendedores ofrezcan sus servicios, así sea con la opción del delivery. 

A diferencia de las facilidades que se permiten a grandes comercios, la orden para los “perrocalenteros” es no trabajar hasta que la cuarentena culmine. Así los recursos económicos mermen y la comida falte en casa. 

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