• La visión predominante es que en 2021 seguirá la contracción del PIB y la hiperinflación, pero a tasas menos dramáticas. El régimen de Nicolás Maduro avanza hacia un nuevo sistema con actores emergentes que favorecerán su permanencia en el poder

Venezuela no ha sufrido un conflicto bélico pero su situación es un parte de guerra. Tras siete años consecutivos de caída, la economía es enana, la escalada de los precios se traduce en la segunda hiperinflación más larga de la historia y, salvo una pequeña élite, la población se empobreció a un ritmo salvaje.

Después de esta debacle, analistas esperan una moderación del retroceso. La visión más extendida es que en 2021 la economía tenderá a estabilizarse en el foso y los precios, aunque seguirán aumentando a tasas de dos dígitos mensuales, perderán impulso. Incluso, algunos sectores podrían beneficiarse del nuevo sistema en gestación: un capitalismo donde la mayoría permanece excluido de un bienestar focalizado en pocas áreas.

El consenso de 20 analistas de firmas especializadas y bancos extranjeros como Goldman Sachs, UBS, Fitch Solutions y Ecoanalítica, consultados por LatinFocus Consensus Forecast, prevé que en 2021 el PIB de Venezuela caerá 2% y la inflación acumulará un salto en el año de 1.566%; mientras que la cotización del dólar en el mercado oficial, actualmente en un millón de bolívares, alcanzará la cumbre de Bs. 12,3 millones.

Si bien las proyecciones lucen catastróficas, representan un panorama menos duro que este año, donde Ecoanalítica proyecta que la economía cayó 32% y la inflación será de 1.962%.

La economía tenderá a caer menos porque ya sufrió una reducción de 80% en siete años y la precaria producción de bienes y servicios no seguirá deteriorándose a la misma escala; además, factores como el aumento de las remesas, que de acuerdo con Ecoanalítica, aumentarían desde 1.500 millones de dólares este año hasta alrededor de 1.900 millones en 2021, ayudarán a darle oxígeno al consumo.

“Vamos a seguir contrayéndonos a un menor ritmo que antes, es una estabilización en el foso con menor inflación, pero sin salir de la hiperinflación”, dice Asdrúbal Oliveros, director de la referida firma consultora. Dijo que la mejora en el consumo, focalizada en los hogares que reciben remesas y los que tienen ahorros o ingresos en dólares beneficiará las ventas, principalmente de alimentos y productos de cuidado personal.

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Desde el subsuelo

José Guerra, exgerente de estudios económicos del Banco Central de Venezuela (BCV) y diputado de la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional, explica que “el próximo año podemos esperar que crezca la demanda de petróleo porque la economía global mejorará tras la pandemia y por ende podría aumentar las exportaciones de petróleo a Asia, el principal mercado de Venezuela”.

Tras años de mínima inversión, fallas de gerencia y corrupción rampante, la producción de petróleo, la principal fuente de divisas del país, comenzó a caer velozmente en 2017 y en 2019 las sanciones de Estados Unidos aceleraron el descenso. La consecuencia es que el país produce, de acuerdo con las cifras entregadas por el gobierno a la OPEP, 400.000 barriles diarios, un nivel similar al de 1935.

Francisco Monaldi, experto en el tema petrolero y académico de la Universidad Rice en Houston, calcula que la producción de petróleo que en la década de 1950 llegó a ser de 150 barriles por habitante, hoy se ubica en torno a cinco barriles por habitante.

En 2021 se espera que la producción de petróleo no siga cayendo. En un entorno donde la concesión de facilidades e incentivos a empresas de países aliados de el régimen de Nicolás Maduro, como Rusia e Irán, ayudarán a detener el declive.

Fuentes de Petróleos de Venezuela (Pdvsa) explican a El Diario que “hay petróleo almacenado, la capacidad de producción es mayor a lo que se está produciendo, lo que ocurre es que las sanciones de Estados Unidos que entorpecen las exportaciones y la caída de la demanda en Asia por la pandemia de coronavirus han hecho que se copen los tanques de almacenamiento y tengamos que disminuir más la producción”.

Las proyecciones que maneja Pdvsa a lo interno consideran que el próximo año, con el aumento de la demanda en Asia e inversiones a concretarse, la producción de petróleo del país aumentaría a unos 650.000 barriles diarios.

Por su parte, Ecoanalítica señala que “en una visión optimista, asumiendo una recuperación parcial de la demanda internacional” se concretaría el alza de las exportaciones petroleras y el gobierno obtendría por esta vía alrededor de 7.190 millones de dólares, mientras que este año recibirá menos de 5.700 millones de dólares.

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Sigue allí

La hiperinflación que estalló en noviembre de 2017 obedece a un Estado en bancarrota que recurre a la creación de dinero para pagar salarios, pensiones y cubrir gastos de todo tipo. El aumento del ingreso por exportaciones petroleras aliviaría el déficit en las cuentas públicas y el gobierno reduciría la creación de dinero para financiar gasto, algo que ayudaría a mitigar la presión inflacionaria.

No obstante, la hiperinflación va a seguir allí. La mayoría de los economistas emplea la definición de Phillip Cagan, según la cual la hiperinflación culmina cuando en un período de doce meses no ha habido un mes con inflación superior a 50% y en noviembre la inflación registró un salto de 65%.

De esta forma, la hiperinflación venezolana se extenderá al menos hasta noviembre de 2021, cuando acumulará una duración de 48 meses y en los registros históricos solo sería superada en extensión por Nicaragua, donde alcanzó 58 meses.

A la espera de Biden

Estados Unidos, al igual que una larga lista de países considera ilegítimas las elecciones de 2018 en las que Nicolás Maduro se reeligió como presidente. En 2019 Donald Trump bloqueó el comercio de petróleo entre Venezuela y Estados Unidos. Además, ha sancionado a compañías extranjeras que transportan petróleo de Venezuela a otros mercados.

Para evadir las restricciones, Pdvsa recurre a intermediarios que le compran petróleo a un precio muy inferior al del mercado y lo revenden en Asia. Pero un factor a tomar en cuenta es la posibilidad de que el gobierno de Joe Biden en Estados Unidos alivie las sanciones por razones humanitarias. 

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La internacionalista Elsa Cardozo explicó en un foro organizado por el Centro de Estudios Políticos de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), que “por lo dicho en la campaña electoral y por voceros vinculados al gabinete de Joe Biden no parece haber un movimiento de eliminación de levantamiento irrestricto de sanciones; mi impresión es que la expectativa que puede haber es la revisión de aquellas sanciones que tienen efectos sociopolíticos indeseados”.

Javier Corrales, profesor de Ciencias Políticas de Amberst College, afirmó en un evento de Ecoanalítica que “la política exterior hacia Venezuela crea un consenso entre el ala de Trump y Biden. Ambos buscan terminar el mandato de Maduro”.

Agregó que “con respecto a Venezuela no veo que se creen grandes rupturas en el camino trazado”.

El sistema

Venezuela ingresará a 2021 con una economía miniaturizada. Datos del Fondo Monetario Internacional y proyecciones de Ecoanalítica indican que de acuerdo a la renta per cápita el país que en 2013 era la quinta economía de América latina ha quedado en el olvido.

“Cuando medimos el tamaño de la economía en términos per cápita en la región solo superamos a Haití, países como Honduras, Nicaragua o Paraguay están por encima”, dice Asdrúbal Oliveros.

La causa de la bancarrota es simple: tras no ahorrar durante los años en que el barril se cotizó a niveles récord, no invertir para mantener la producción petrolera, endeudarse masivamente, malbaratar el dinero y perder el crédito internacional, la “revolución bolivariana” se quedó sin suficientes dólares y recortó la oferta de divisas, propiciando una severa disminución en las importaciones que las empresas necesitan para producir.

Al mismo tiempo, el gobierno originó la hiperinflación y el desmoronamiento de la moneda creando dinero en grandes cantidades para tapar artificialmente el desbalance en sus cuentas. Posteriormente, se añadió el impacto de las sanciones de Estados Unidos.

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Pero el colapso de la industria petrolera dejó sin base al sistema económico del “socialismo del siglo XXI”: un Estado que distribuye petrodólares, cobra pocos impuestos, posee cientos de empresas y reparte subsidios.

La renta petrolera se esfumó y la recaudación de impuestos, que ya de por sí era baja, se redujo severamente por la hiperinflación y la recesión. La consecuencia es un Estado en quiebra incapaz de mantener las empresas públicas, proveer educación y salud o garantizar la infraestructura mínima que requiere la economía.

El gasto público, que entre 1990-2013 se mantuvo entre 30 y 40 puntos del PIB, ha caído a tan solo 15 puntos. Es en este contexto que Nicolás Maduro ha comenzado a girar hacia un nuevo sistema económico que le permita mantenerse en el poder.

Capitalismo de amigos

Con la aprobación de la Ley Antibloqueo, Nicolás Maduro ha dejado en claro que se dirige a lo que expertos denominan un capitalismo de oligarcas donde el sector privado opera con reglas de mercado, pero el acceso al sistema proviene de la cercanía con el poder.

El régimen justifica la Ley como necesaria para enfrentar las sanciones de Estados Unidos, pero asfalta el camino para que de manera discrecional se privatice o transfiera la gestión de empresas estatales al sector privado. De esta forma grupos locales o compañías de países aliados como Turquía e Irán podrán incrementar su presencia en el sector petrolero, gas, alimentos, telecomunicaciones, electricidad, cemento, entre otros.

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Maduro podrá decidir, al momento de tomar decisiones de negocios, si aplican o no los procedimientos y aprobaciones que estipulan el resto de las leyes y reglamentos.

La ley Antibloqueo indica que “el Ejecutivo Nacional procederá a inaplicar, para casos específicos, aquellas normas de rango legal o sublegal cuya aplicación resulte imposible o contraproducente” como consecuencia de las sanciones.

La idea de reestructurar el rompecabezas de empresas del sector público queda clara al permitir que el gobierno modifique “los mecanismos de constitución, gestión, administración, funcionamiento y participación del Estado de determinadas empresas públicas o mixtas, tanto en el territorio nacional como en el exterior” y cuente con la facultad de levantar las restricciones a la comercialización “en actividades estratégicas de la economía nacional”.

El texto abre la puerta para que el sector privado gestione empresas que han sido estatizadas al prever que “los activos que se encuentren bajo administración o gestión del Estado venezolano como consecuencia de alguna medida administrativa o judicial” podrán “ser objeto de alianzas con entidades del sector privado”.

Las transacciones pueden permanecer ocultas para la mayoría de los venezolanos ya que “por tiempo determinado” y para contrarrestar el efecto de las sanciones las autoridades “podrán otorgar el carácter de reservado, confidencial o de divulgación limitada a cualquier expediente, documento, información, hecho o circunstancia, que en cumplimiento de sus funciones estén conociendo, en aplicación de esta Ley Constitucional”.

Asdrúbal Oliveros resume que todo apunta hacia el “desplazamiento del sector privado tradicional por nuevos actores emergentes ligados a la cúpula de poder”.

En el influyente libro Good Capitalism, Bad Capitalism, and the Economics of Growth and Prosperity, el economista William Baumol describe el capitalismo oligárquico como un sistema donde el poder y el dinero están concentrados en pocas manos, existe una gran desigualdad entre la población y el objetivo principal de los grupos favorecidos es maximizar sus ganancias en poco tiempo.

La oferta de prosperidad y desarrollo del “socialismo del siglo XXI” naufragó, una nueva economía comenzará a consolidarse en 2021.

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