• Amazonas es un estado venezolano que está rodeado de agua, pero que pasa varios días sin el líquido y se ve a la gente lavando a orillas del río, o en los corredores de las calles. Mientras unos sectores llevan semanas sin recibir el servicio, en otros se observa cómo se bota el agua sin reparo. Además, existen zonas que dejaron de recibir el agua por tubería y solo les llega cuando pagan una cisterna para que los surta. Foto: Madelen Simó

“Desde hace 30 años no llega el agua por tubería acá en el barrio (Cataniapo, sector El Calvario). Y lo sé porque es la edad de mi hija. Recuerdo que ella tenía meses de nacida y cuando el agua llegaba de madrugada, me levantaba a lavar su ropita. Luego, el agua dejó de venir y nos teníamos que ir hasta la piedra a buscarla en tobos”. Así lo recuerda la señora Jacinta cuando piensa en el tiempo que llevan padeciendo las fallas del servicio en una región que, paradójicamente, está rodeada de agua. 

El Orinoco es considerado el río más grande de Venezuela y el cuarto de América Latina, ubicado en el estado Amazonas, al sur del país. Tiene una longitud de 2.140 kilómetros de agua, la cual ha servido a los pueblos originarios de esta tierra para sus necesidades básicas, de acuerdo con Ríos del Planeta. Sin embargo, en los tiempos modernos a los que ha intentado entrar Puerto Ayacucho, la capital del Amazonas venezolano, no se ha concretado la posibilidad de surtir de agua por tubería a todas las comunidades, para que llegue directamente hasta los hogares. Por ello, el peregrinar de los amazonenses con el agua los ha arropado por muchos años. 

Crónica del agua: Secos en medio del Orinoco
 Cerca de 100 litros de agua carga Leroy en su carretilla. Foto: Madelen Simó.

Ante esta situación, los pobladores de esta “tierra de gracia” se las han ingeniado para hacerle frente a los problemas del servicio. Por un lado, algunos adquirieron, tiempo atrás, una motobomba que usan para conectarse con las tuberías de las calles, a través de metros de manguera, y llenar los tanques de agua y demás envases de sus hogares. Otros, hicieron pozos de agua en sus casas desde los cuales se surten; mientras que hay quienes van al Orinoco a lavar y buscar agua, y los más osados usan las calles como un corredor donde lavan su ropa, los utensilios de cocina y hasta se bañan. 

El líquido en carretillas

Leroy es un padre de familia que se levanta a las 5:00 am para “pescar” el agua que llega por la tubería, a unos 600 metros de su casa. Camina por una cuesta formada por la irregularidad de las piedras milenarias, sobre las cuales se instalaron algunos pobladores hace más de 40 años, cuando llegaron desde San Carlos de Río Negro hasta la capital del estado Amazonas, específicamente al barrio Cataniapo, en pleno centro de Puerto Ayacucho. 

Él no tiene la suerte de algunos de sus vecinos, quienes aún conservan su motobomba y sus mangueras para conectarse desde la tubería, y bombear el agua hasta sus casas. Leroy coloca tres botellones sobre una carretilla, y los lleva hasta una parte desde donde sobresale un tubo del asfalto. Con una pequeña manguera los llena lo más rápido que puede, pues nunca sabe bien el tiempo que durará el líquido saliendo de la tubería en la calle.   

Crónica del agua: Secos en medio del Orinoco
Sobre los hombros toca cargar el agua. Foto: Madelen Simó

El hombre hace de tres a cuatro viajes, para descargar el agua de los botellones de 40 litros sobre un pipote en el que puede almacenar cerca de 500 litros. Esa cantidad la debe administrar para el consumo, la cocina y el baño. Su familia está compuesta por seis personas: cuatro adultos, un adolescente y un niño. 

El recorrido ya se ha convertido en una cotidianidad para Leroy y los otros hombres con quienes se topa en el camino, con jocosidad se saludan y se ríen de sus penas, en un humor propio del venezolano. “Va busca pa´lavate tu sobaco y tú ´pilila”, se les escucha decir entre ellos. 

Leroy tiene 45 años de edad, y desde niño recuerda este peregrinar en Cataniapo. Una situación que se repite en otros barrios del centro de Puerto Ayacucho, como Monte Bello, Luisa Cáceres, 5 de Julio, Pedro Camejo. 

Ante esta situación, algunos habitantes de estos sectores buscaron la forma de hacer un pozo en sus hogares, los cuales aún están funcionando. “Sí vale, todavía no se ha secado”, le contesta una señora a Leroy en medio de su caminata. Con el peso de los más de 100 litros de agua encima, el hombre sostiene con más fuerza la carretilla y apresura su paso por la subida, para llegar a una parte más plana para descansar, lo cual es breve, porque debe seguir para concluir esta labor mañanera y dejar todo listo antes de irse al trabajo. 

Crónica del agua: Secos en medio del Orinoco
 Entre diversión y cotidianidad, esta joven se resigna a lavar la ropa en el Orinoco. Foto: Madelen Simó

La bondad del Orinoco

El Orinoco sigue protegiendo a los habitantes de Puerto Ayacucho, como lo hizo en tiempos milenarios. Y aunque lo agradecen, les sigue pareciendo insólito que, viviendo tan cerca del río, no tengan agua. 

Desde una de las bajadas del barrio Bagre, desde donde se llega a una de las playas del río, Aurora camina con sus dos hermanas hasta la orilla. Lleva una cesta de ropa y una olla con platos y demás utensilios de cocina. Las jóvenes llegan con algarabía, dejan los objetos sobre una piedra y se meten al río para refrescarse, pero antes hicieron la señal de la cruz sobre sus rostros y se lanzaron al afluente. La más grande tomó la ropa y la mojó en el Orinoco, le echó jabón, la fregó entre sus manos y comenzó a golpear la ropa sobre las piedras. “Esto es para sacarle el sucio”, alcanzó a decir Aurora. 

Las hermanas reían y contaron que las ollas las debían dejar bien limpias. “Se pusieron negras porque cocinamos a leña, ya el gas se nos fue. Pero trajimos arena y eso las deja brillanticas”, revelaron para El Diario

Entre los hombres se ayudan para conectar la manguera de la tubería de la calle. Foto: Madelen Simó

“Acá nos bañamos y lavamos la ropa y los platos, pero no bebemos esta agua. Para cocinar y beber solo usamos el agua de la tubería o de la cisterna”, dijo una de las jovencitas. Cuando terminaron las actividades domésticas, volvieron de nuevo al agua, pero esta vez con jabón en mano para bañarse, una imagen que se repetía en otras zonas del río con otro grupo de personas.

Para ellas, ir al río a cubrir estas necesidades básicas ya es rutina y lo ven como una diversión. Su mamá no les pone restricciones de horario, como cuando van a una fiesta o a encontrarse con sus amigos. 

Un pañito de agua tibia

Para algunos habitantes, el sistema de distribución de agua por cisterna, lanzado por el gobierno de Miguel Rodríguez, actual gobernador de Amazonas, ha sido solo “un pañito de agua tibia” sobre una situación que trastoca el día a día de los amazonenses, pero a la que muchos se han resignado. 

El cronograma que Hidroamazonas publica en sus redes sociales para la distribución del líquido no se cumple a cabalidad y presenta irregularidades en cuanto a los días asignados. Así lo indicó Jacinta para El Diario, pues como no cuentan con el servicio de agua por tubería, deben abastecerse comprando el líquido a Hidroamazonas, que en la actualidad cobra 200.000 bolívares por 1.000 litros de agua. 

Con arena logran conseguir el brillo de unas ollas ahumadas por cocinar a leña. Foto: Madelen Simó. 

Sin embargo, señaló que han pasado más de una semana esperando la cisterna, a pesar que pagan por adelantado el servicio. “Yo les he dicho a los vecinos que debemos exigir, que nos reunamos y salgamos a protestar a la calle, pero a la gente le da miedo o pereza, prefieren callar”, sostuvo. 

En los carnavales pasados, la escasez del agua se intensificó y el presidente de Hidroamazonas, Michel Fabien, declaró en ese momento que “han buscado responder a las necesidades de la población desde que el gobernador Miguel Rodríguez asumió la competencia de los servicios”. Además, señaló que la dificultad en la distribución se debía a que solo tres camiones cisternas estaban operativos, debido a que cuatro se habían dañado y estaban a la espera de repuestos, de acuerdo con El Pitazo.  

Las calles como lavaderos 

 Una calle sirve como corredor de lavandero y surtidor de agua. Foto: Madelen Simó

En una calle paralela a la avenida Orinoco de Puerto Ayacucho, muy cerca de donde quedaba la cadena de supermercados Mercatradona, se ubica una cuneta desde donde sobresalen varios tubos, en una cuadra cercana a los 50 metros. El espacio sirve para que las familias que viven cerca se instalen allí y por los minutos que llega el agua a esas tuberías, se convierta en un lavandero y surtidor de agua. 

Al mismo tiempo se observa a un grupo de hombres tratando de llenar los envases para el traslado del agua hasta sus hogares. Sobre la calle uno sostiene la carretilla, mientras que otro se mete dentro de la cuneta para agarrar el tubo con fuerza, porque el agua estaba llegando con presión. Se les oye decir que, en otra zona del centro de la ciudad, el agua ya se había ido y esperan que allí dure más para poder surtirse del líquido. 

A los pocos metros está una joven lavando ropa. El sol está fuerte y sobre su cabeza posa un sombrero de ala grande que la protege de los rayos, también oculta un poco ese rostro que no levanta la mirada y solo se concentra sobre una ponchera que reposa sobre el asfalto. Un poco más allá, está una madre que lava los utensilios de cocina, mientras su pequeña hija se baña en una cava que funge como bañera. 

 En la mayoría de las casas tienen tanques que reposan sobre el suelo, porque ahora los llenan con cisternas. Foto: Madelen Simó

Eran las 8:00 am del primer viernes de marzo, y esta situación ocurría de manera natural, frente a la mirada de los transeúntes y de los negocios que están cercanos del lugar: una barbería, un centro de costura y una venta de tequeños. 

Y mientras esto ocurre, existen sectores del mismo centro de la capital amazonense donde hay botes que generan el desperdicio del agua, según denunciaron vecinos del lugar. Por ello, hicieron un llamado a las autoridades locales para que atiendan la problemática y realicen las reparaciones correspondientes. 

Así, en medio de la ruralidad, se mantiene la zona urbana de Amazonas, donde sus habitantes pasan las vicisitudes de un precario servicio de agua, entre la resignación y la ingenuidad. La mayoría cree que esa agua que les llega de las cisternas, o en las tuberías de las cuales se conectan en la calle, se puede consumir directamente sin necesidad de filtrarla o hervirla. Pero basta con hacer la prueba en un filtro y ver los sedimentos de tierra que tiene; esto sin llegar a saber si contiene algunas bacterias invisibles al ojo humano. 

Bote de agua cerca de la avenida Orinoco. Foto; Madelen Simó

Por ello, algunos grupos ambientales y activistas políticos de Amazonas aprovecharon que el pasado 22 de marzo se conmemoró el Día del agua, para dar a conocer que pese las fallas del servicio del agua en el estado, existen otros aspectos de salubridad importantes que atender. Como la contaminación que poco a poco va teniendo el río, bien sea por las aguas residuales que en algunas zonas están desembocando en el Orinoco, o por el mercurio en las zonas más cercanas a la explotación minera. Ese mágico afluente que por tiempos ancestrales ha cuidado de los amazonenses, pudiera llegar a ser letal si no se toman los correctivos a tiempo. 

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