• La fotógrafa documentalista y fotoperiodista venezolana fue una de las ganadoras del premio World Press Photo 2024. En entrevista para El Diario, habló sobre el valor humano que marca las historias que retrata, y la importancia que tiene la imagen para dar rostro a la compleja realidad del país

En una foto, un hombre camina entre las aguas verdes y llenas de basura del lago de Maracaibo, en el estado Zulia, con su pesca del día en la mano y de fondo varias torres petrolíferas y buques. En otra, unos niños en la orilla miran con recelo las mismas aguas contaminadas por algas, mientras uno toca con la punta del pie una gran mancha de petróleo que flota en su superficie. Otra imagen, muestra cómo un grupo de mujeres y niños juegan una lotería de Animalitos frente a su casa, mientras el cielo nocturno se ilumina de un rojo apocalíptico detrás de ellas por los mechurrios de la refinería cercana.

Esta realidad que marca el paisaje de los pueblos cercanos a campos petroleros de Venezuela fue el objeto del reportaje Red Skies, Green Waters (Cielos rojos, aguas verdes) publicado por el diario estadounidense The New York Times. El trabajo, que documenta las condiciones de vida en estas poblaciones y el impacto que la industria ha dejado en el medio ambiente y la calidad de vida de sus habitantes fue hecho por las periodistas venezolanas Sheyla Urdaneta, Isayen Herrera y Adriana Loureiro. Esta última se encargó de todo el trabajo fotográfico.

Precisamente a principios de abril, Loureiro fue una de las 24 ganadoras del premio World Press Photo 2024. Fue uno de los seis trabajos seleccionados por la región de Suramérica, en la categoría Historias.  

“Estoy orgullosa de que el proyecto haya sido reconocido. Tengo la fortuna de trabajar con un equipo increíble en Venezuela, de gente talentosa y muy dedicada, a quienes admiro mucho. Trabajar en Venezuela nunca ha sido tan difícil como lo es ahora, entonces me enorgullece mucho que nuestro trabajo reciba más exposición”, indicó en una entrevista para El Diario.

Talento venezolano

Además de Loureiro, el venezolano Alejandro Cegarra también fue galardonado por la World Press Photo, como uno de los cuatro ganadores de categoría global. La organización reconoció su serie fotográfica Two Walls (Dos muros), que comenzó a publicarse en el año 2018, sobre las caravanas de migrantes latinos que han quedado varadas en la frontera entre México y Estados Unidos tras el endurecimiento de las políticas migratorias con el actualmente derogado Título 42.

“Alejandro Cegarra es un gran amigo y un fotógrafo a quien admiro muchísimo desde que arrancamos. Siento que pertenecemos a la misma generación de fotógrafos y que hemos crecido juntos en la profesión. Me contenta de más estar premiada junto a él y me parece muy merecido que su trabajo haya recibido reconocimiento en la categoría global”, comentó Loureiro sobre el hecho de haber dos venezolanos premiados este año por la World Press Photo.

Retratar al país

Adriana Loureiro: “El fotoperiodismo es una lección de humildad que no acaba nunca”
Foto: Adriana Loureiro

Adriana Loureiro Fernández estudió Comunicación Social en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), de la cual egresó en 2012. Luego de ejercer como fotógrafa independiente y colaborar con portales como Efecto Cocuyo, se mudó a Estados Unidos en 2015 para estudiar una maestría en Periodismo en la Universidad de Columbia. 

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Durante ese tiempo que vivió en el extranjero, la crisis económica y social venezolana se agravó hasta convertirse en una emergencia humanitaria compleja, por lo que sintió el llamado del deber y regresó al país en 2017, con la justa intención de documentarlo todo. Para entonces ya trabajaba como fotoperiodista para The New York Times (NYT), así como  de forma freelance para otros medios de comunicación venezolanos como TalCual, Contrapunto, La Razón o la revista Marcapasos

Ese impulso que la llevó a regresar a Venezuela en sus horas más oscuras siempre había latido en su interior. Loureiro relató que, desde que tiene uso de razón, el país ha estado sumido en una crisis continua que no hizo más que empeorar. Tenía apenas 10 años de edad cuando Hugo Chávez llegó al poder en 1998, por lo que cuenta que creció en una generación marcada por la decadencia, pero también por el deseo de cambio.

“Lo que hemos vivido, como país y como generación, me llevó al fotoperiodismo. Ha sido la forma de mostrar mi propia inconformidad con lo que nos tocó vivir. Yo estudié para retratar la realidad de mi país justamente”, dijo.

Diferentes realidades

Adriana Loureiro: “El fotoperiodismo es una lección de humildad que no acaba nunca”
Foto: Adriana Loureiro

Durante su carrera, Loureiro ha documentado diferentes aristas de la realidad venezolana. Desde la escasez de anticonceptivos en uno de los países con mayor tasa de embarazos adolescentes de Latinoamérica, hasta el impacto cultural del Miss Venezuela y la percepción de la belleza en la sociedad, en contraste con las dinámicas de exclusión y discrimnación de los estratos más pobres. 

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Su trabajo ya la había acercado antes a Maracaibo, ciudad que a pesar de ser epicentro de la actividad petrolera que mueve al país, en la última década fue extinguiendo su antiguo brillo entre apagones y las políticas del gobierno de Nicolás Maduro. Parte de ello lo retrató en Ghost Town (Pueblo fantasma), publicado en 2019 por la revista alemana Der Spiegel. 

De igual manera, dio rostro al problema del tráfico de migrantes venezolanas en Trinidad y Tobago para redes internacionales de prostitución. Esto como parte de un reportaje publicado por NYT en julio de 2019. Casi en paralelo, también publicó en ese periódico un trabajo sobre la crisis migratoria de los indígenas Wayuu, quienes han sido desplazados por la emergencia humanitaria en la región fronteriza de la Guajira, Zulia, hacia el lado colombiano.

“A mí lo que más me marca es la valentía de quienes comparten con nosotros sus historias. A pesar de todo lo que se ha hecho para silenciar a las personas, a pesar de lo que se puede perder por hablar, el venezolano insiste. Siento toda la admiración del mundo por cada persona que decide compartir su historia. El fotoperiodismo es una lección de humildad que no acaba nunca. Cada trabajo enseña algo nuevo”, destaca.

Marcas

Adriana Loureiro: “El fotoperiodismo es una lección de humildad que no acaba nunca”
Foto: Adriana Loureiro

Aun así, Loureiro afirma que una de las coberturas que más la marcó tanto a nivel personal como profesional fue nuevamente en Zulia. Grupos terroristas se instalan en Venezuela mientras crece la anarquía fue un reportaje publicado por NYT en abril de 2021, y en el que documenta la presencia de grupos guerrilleros colombianos en la Península de la Guajira. 

Aunque afirma que como venezolana todas las historias relacionadas a su país la conmueven, aquel trabajo le marcó porque afectó a las familias wayuu la guerra entre bandas de crimen organizado por el control de las rutas de contrabando en la frontera. Y cómo la llegada de grupos como el Ejército de Liberación Nacional (ELN), si bien trajo calma, también sembró terror en la población, además de demostrar la pérdida de control del Estado venezolano en su propio territorio.

“En esa ocasión, el trauma colectivo a raíz de la violencia que habían presenciado era tal, que muchas de las personas que conocimos aún no podían verbalizar lo que habían vivido. Fueron conversaciones difíciles, dolorosas”, relató.

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Verde y rojo

Adriana Loureiro: “El fotoperiodismo es una lección de humildad que no acaba nunca”
Foto: Adriana Loureiro

En su veredicto, World Press Photo la serie fotográfica de Loureiro, como una evidencia de la decadencia de la industria petrolera venezolana en un país con un 82 % de su población en situación de pobreza, de acuerdo al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Para el reportaje, las periodistas recorrieron diferentes pueblos alrededor del lago de Maracaibo, como Punta de Mata, Cabimas o Musipán. 

En cada sitio, encontraron dos colores que se repetían. Uno era el verde, por la contaminación del lago con un tipo de cianobacteria conocida popularmente como el verdín, y que sumado a los continuos derrames petroleros, ha mermado las actividad pesquera. El otro era el rojo de los mechurrios que constantemente queman el excedente de gas producido por las refinerías, y que ha provocado en las comunidades aledañas un pico de enfermedades respiratorias por la contaminación del aire. 

Aun así, la fotógrafa resalta el lado humano de cada una de sus visitas. Señala que a pesar del recelo inoculado en la población a hablar con la prensa, nunca dejó de encontrar personas abiertas a contar sus historias. Allí, señala, pudo apreciar la resiliencia de las familias que, a pesar de la falla sistemática de los servicios públicos, entre tobos de agua y velas para los apagones, mantienen una vida digna. Acota que eso define su enfoque al momento de tomar sus fotografías.

“Para mí es importante partir desde la voluntad de quien retrato. Hacerlo con respeto, con consentimiento. Reconociendo siempre la dignidad y la humanidad en el otro.  Venezuela me enseñó a apreciar la belleza en las imperfecciones. También me enseñó que hay detalles lindos en casi todo lo que nos rodea, incluso en contextos difíciles o tristes”, expresa. 

Adriana Loureiro: “El fotoperiodismo es una lección de humildad que no acaba nunca”
Foto: Adriana Loureiro

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—Su trabajo no solo le muestra al mundo situaciones y realidades muy difíciles que ocurren en los rincones olvidados del país, sino que incluso a los propios venezolanos que no saben que eso ocurre bajo sus narices

—Claro, además estamos en un contexto donde deliberadamente intentan que no sepamos lo que pasa. Mientras más vivamos en nuestra burbuja, aislados de la realidad de los demás, mejor. Para mí es importante que quede el registro, por eso mismo. A veces pienso que trabajo para el futuro, más que para el presente.

—¿Siente que esto reivindica el protagonismo que tiene actualmente la imagen en el trabajo periodístico? 

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—A pesar de que tenemos completa autonomía entre texto e imagen, trabajamos mano a mano. Sus palabras potencian mis imágenes, mis imágenes potencian sus palabras. Tengo mucha suerte de poder trabajar con todo el equipo. Aquí en Venezuela, pero también mis editores afuera. 

Cada persona que se involucra en el proceso va mejorando la calidad del trabajo. Mi trabajo no tendría la calidad que tiene ahorita, si no fuese por todo el equipo. La investigación que hacen los reporteros nutre muchísimo lo que busco en la imagen.

Paraíso fotográfico

Adriana Loureiro: “El fotoperiodismo es una lección de humildad que no acaba nunca”
Foto: Adriana Loureiro

En 2012, Loureiro comenzó uno de sus proyectos fotográficos más personales: Paraíso perdido. En su página web, reseña que comenzó como un registro de la violencia que sufría Venezuela en su época, pero que con el paso de los años se ha transformado en una bitácora de la evolución de Caracas y otras ciudades, con sus altas y bajas, y todas aquellas historias de vida que se esconden entre sus esquinas.

Indicó que en la actualidad sigue trabajando en Paraíso perdido, que ganó en 2017 el premio Ian Parry’s Highly Commended Award; y en 2019, el Rémi Ochlik Award de Visa Pour L’Image. Agregó que está por terminar un proyecto con la fundación Leica Society para presentar Paraíso Perdido en una exposición en la ciudad de Porto, Portugal.

Sobre el destino del fotoperiodismo (y el periodismo en general) en un contexto de restricción cada vez mayor de la libertad de expresión como el que padece Venezuela, Loureiro reconoce que está lleno de incertidumbre. Sobre todo al estar enmarcado por otro problema más grande, de carácter mundial, que es la caída de las suscripciones y del financiamiento a los medios de comunicación. Señala que actualmente el periodismo no paga, lo cual complica los ingresos de aquellos empeñados en seguir ejerciendo.

“No sé a dónde va la profesión en Venezuela, pero sé que aún quedamos varios fotoperiodistas que queremos seguir. Sé que aún quedan muchas personas que quieren contar sus historias. Mientras ambas cosas existan, queda trabajo por hacer. La calidad de trabajo en Venezuela es muy alta, sobre todo considerando lo difícil que es desarrollarse como fotoperiodista aquí. Para mi, el World Press Photo de este año es un mensaje: tenemos que seguir”, apunta.

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