• Exhibiciones dañadas y desoladas en plenas vacaciones escolares son parte de la realidad del espacio

La soledad invade cada rincón del Museo de los Niños a 37 años de su inauguración. Llegar al recinto un sábado pasadas las 10:00 am, hora a la que abre sus puertas, no representa la misma experiencia de años atrás: ya no hay niños jugando en el parque de la entrada, ni autos, ni personal visible en el lugar además de quien recibe los boletos.

“El recorrido es completamente libre” informa uno de los trabajadores al entrar; sin embargo, en cada uno de los pisos del edificio principal un amigo guía espera con una sonrisa para darle la bienvenida a quienes visitan el lugar.

Pero a pesar de la sonrisa cálida de cada guía, recorrer las instalaciones antes del mediodía supone encontrarse con un silencio abrumador. Las atracciones no cuentan prácticamente con ningún espectador y otras permanecen cerradas por tener un horario distinto. “Después del mediodía suele haber más personas”, comenta un empleado tratando de explicar la ausencia.

Foto: Adriana Fernández

La idea de crear el Museo de los Niños surgió a principios de la década de los setenta luego de que el Programa Arte y Cultura para los Niños, puesto en práctica por Alicia Pietri, esposa del ex presidente Rafael Caldera, dejara en evidencia la necesidad de vincular a los pequeños con el arte, la ciencia y la tecnología.

El 5 de marzo de 1974 se firmó un Acta Constitutiva para crear la Fundación Privada Museo de los Niños como un proyecto que pudiera tener la garantía de mantener su continuidad con el paso del tiempo y de forma independiente respecto a la política.

Los museos más avanzados del mundo fueron estudiados por un equipo de investigadores para adaptar sus funciones a las necesidades de los venezolanos y se establecieron las áreas básicas del lugar: Biología, Comunicación, Ecología y Física, donde se ofrecerían experiencias dirigidas a pequeños entre los 6 y 14 años de edad.

El Museo de los Niños fue inaugurado el 5 de agosto de 1982 por Pietri, como una institución privada donde los niños pudieran reforzar los conocimientos que adquirían en la escuela gracias a las actividades educativas y recreativas que se desarrollarían en el lugar. El primer museo de niños en América Latina, un espacio donde pudieran “Aprender jugando”.

Foto: Adriana Fernández

Golpe de patria

A pesar de que El Museo de los Niños fue diseñado desde sus inicios con un efecto de cámara oscura donde las luces y el color fueran los protagonistas, actualmente esa oscuridad ha tomado más espacio del que le pertenece debido al mantenimiento de varias de las instalaciones y la falta de iluminación en áreas que, incluso, impiden la lectura de los carteles de ciertas atracciones o simplemente caminar.

“La exhibición está enferma, se curará pronto” y “pronto podrás interactuar conmigo”, son parte de los anuncios que pueden leerse en varias áreas. Un comunicado en la puerta del ascensor explica el motivo de su avería: “Estamos en espera de la respuesta del Indepabis”.

El lunes 15 de julio, en plenas vacaciones escolares, el Museo de los Niños anunció vía Twitter que las puertas del edificio principal se cerraron luego de que tres cables de alta tensión que suministraban de electricidad a las exhibiciones fueron robados.

La situación provocó la intervención de Corpoelec y, una semana después, se dio a conocer la reapertura del espacio. Sin embargo, la advertencia de posibles daños en las exhibiciones por la falta de electricidad también fue hecha por las redes oficiales del museo.

Foto: Adriana Fernández

“A nuestros visitantes les tenemos que advertir que aún no conocemos todos los daños que la falta de electricidad pueda haber causado en las exhibiciones. Pedimos disculpas por ello y trataremos de subsanarlas con prontitud”, se pudo leer en Twitter.

Para poder restablecer la luz en el lugar, se requirieron de aproximadamente 300 metros de cables de alta tensión, valorados en aproximadamente 14.000 dólares.

La inoperatividad del Museo de los Niños durante una semana también afectó los ingresos monetarios que recibe el lugar para mantener las instalaciones en funcionamiento, y es que al ser una fundación privada la venta de las entradas, cuya tarifa general es de 16.240 bolívares, representa la única forma de financiar el espacio.

Foto: Adriana Fernández

Decenas de pequeños agrupados en las exhibiciones del Museo de los Niños mientras los guías explican cada sección y juegos en las instalaciones interactivas son momentos que parecen haber quedado en el recuerdo de quienes llegaron a visitar el lugar durante sus mejor época, cuando la palabra “crisis” no era tan frecuente en el vocabulario del venezolano.

Foto: Adriana Fernández
Noticias relacionadas